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LA EMEPERATRIZ, DAMA DE LA NOCHE...

LA EMEPERATRIZ, DAMA DE LA NOCHE...

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:23.1k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Mil años atrás, la emperatriz Lían Hua fue ejecutada por adulterio. Antes de morir, juró una maldición: en su próxima vida ningún hombre la llamaría esposa. Sería ella quien los hiciera sus esclavos.
Mil años después, Lían despierta en el cuerpo de Valentina Saggese, una madam recién envenenada por la esposa de su amante. Hereda un club nocturno, quince chicas leales, una venganza pendiente, y una sola advertencia: no te enamores.
Para sobrevivir crea una identidad secreta: la Dama del Fénix, una bailarina enmascarada que enloquece a dos hombres a la vez. El que la asesinó. Y el que, sin saberlo, va a cambiar todo lo que ella se prometió no volver a sentir.
Una emperatriz no perdona. Pero también puede romperse.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8 — El regreso de Dante

El viernes llegó con sol, lo cual era una mala señal.

—Cuando hay sol los viernes, hay problemas en la noche —dijo Sofía mientras le servía el café del horrible—. Es una superstición de Andrea.

—¿Y Andrea sabe?

—Andrea trabaja aquí hace cuatro años. Sabe.

Lían bebió un sorbo. La cosa seguía amarga, pero el cuerpo de Valentina ya la pedía sola. Algo había aprendido a tolerar en mil años: la mierda con la que el cuerpo se acostumbra.

—¿Cuántos esperamos hoy?

—El salón al doble otra vez. La lista de espera ya no la miro. Andrés cerró las reservas el martes.

—¿El millón?

—Llegaron a setecientos.

—Que sigan subiendo.

—Vale, en serio, en algún momento alguien te va a hacer una oferta que…

—Sofía. Si la Fénix se vende, se mata sola. No te vuelvas codiciosa.

Sofía levantó las manos.

—Lo intento.

—Lo intentas mal.

A las siete de la tarde, Lían estaba revisando los pedidos de licor de la semana cuando alguien tocó la puerta de la oficina.

—Adelante.

Andrea asomó la cabeza.

—Vale. Abajo.

—¿Quién?

—El que estuvo hace dos viernes. El que no mira a las chicas.

Lían levantó la cabeza.

Dante Rivas. Tercer viernes seguido. Hijo de puta puntual.

—¿Trae cita?

—No.

—¿Qué dijo?

—Que necesita cinco minutos.

Lían se quedó mirando el techo un segundo. Después cerró el libro de pedidos.

—Dile que suba.

Andrea pestañeó.

—¿Acá?

—Acá. La oficina es la oficina. Si quiere hablar, que hable donde se habla. Si quiere mirarme bailar, que se siente abajo y espere su turno como todo el mundo.

Andrea soltó una risita.

—Vale, eres una hija de puta.

—Es la frase de la semana, parece.

—Te queda.

Andrea bajó.

Lían se levantó. Caminó hasta el espejo pequeño que tenía detrás del escritorio. Se acomodó el cabello. Se ajustó el cuello de la blusa de seda. No era vanidad. Era preparación. Una mujer que va a recibir a un hombre en su despacho se asegura de que el hombre la vea exactamente como ella quiere ser vista.

Y Lían quería que Dante Rivas la viera como dueña.

Tocaron dos veces. Lían dijo adelante.

Dante entró.

Traje gris esta vez. Camisa azul oscura, sin corbata. El pelo igual de despeinado que la primera vez, como si fuera un detalle permanente y no un descuido. Cerró la puerta detrás de él con cuidado.

—Señora Saggese.

—Señor Rivas. Siéntese.

Dante se sentó en la silla del otro lado del escritorio. Lían volvió a la suya. Cruzó las manos sobre la madera. Esperó.

—Vine a hacerle más preguntas.

—Lo supuse. ¿Quiere algo de tomar?

—No, gracias.

—¿Café?

—No, gracias.

—Sirvo bien el café, Rivas. No es del que tengo arriba.

Una mueca. Casi una sonrisa.

—Está bien. Café.

Lían levantó el intercomunicador, le pidió a Camille dos cafés decentes. Mientras los traía, ninguno habló. Dante miraba la oficina como mira un investigador: los libros, los archivos, las fotos de Valentina con las chicas en las paredes. Lían lo dejó mirar. No tenía nada que esconder en ese cuarto. Las cosas importantes estaban en su cabeza.

Camille entró con la bandeja, dejó los cafés y se fue.

—Empiece —dijo Lían.

Dante sacó una libreta del bolsillo interior. La abrió en una página marcada.

—La subasta del año pasado. La que organizó La Asamblea. Hace una semana confirmó usted que cambia de nombre cada seis meses. ¿Sabe cómo se hacen llamar ahora?

—No.

—¿Tiene cómo averiguarlo?

Lían tomó un sorbo de café. Bebió tranquila. El café estaba bueno, había que reconocerle a Camille la maña.

—Mejor que eso.

—¿Qué tiene?

—Una invitación.

Dante se quedó muy quieto.

—¿Para qué?

—Para la próxima subasta. Cuatro de febrero. Once de la noche. Casa Verde, kilómetro veintisiete sur. Una invitada, no más.

Dante se inclinó hacia adelante. La voz se le bajó un tono.

—¿Cuándo la consiguió?

Dante apretó la mandíbula.

—Señora Saggese.

—¿Sí?

—Esa invitación dice una invitada, pero necesito ir con usted.

Dante la miró.

Lían le sostuvo la mirada un segundo más. Después dejó la taza sobre la mesa.

—Rivas, hay una manera.

—¿Cuál?

—Una invitada puede llevar un acompañante. Un guardia, un chofer, alguien que la lleve. Esa gente no se cuenta. Entran con la invitada, esperan en una sala aparte, los dejan acercarse al salón principal solo si el comprador lo pide. Las invitadas con guardia son las que pujan fuerte. Las invitadas sin guardia son las novatas.

—¿Y usted llegaría como invitada con guardia?

—Llegaría como invitada con guardia, siempre lo hago.

—Y el guardia sería yo.

Dante se quedó pensando.

—Es un riesgo grande para usted.

—Tengo el mismo riesgo siempre que voy, Rivas.

—¿Y si me reconocen?

—¿Lo conocen ahí?

—Llevo cinco años intentando que no, pero no lo puedo asegurar. Algunos de los que organizan pueden reconocerme. Sabe que tengo plata. Saben que tengo una hermana perdida, está en varios portales de noticias.

—Entonces vamos a cambiarle la cara.

—¿Cómo?

—Como se cambia la cara la gente que entra a sitios donde no debería: cabello distinto, ropa de empleado, postura de empleado, no hablar a menos que se le pregunte, no mirar a los ojos a nadie.

Dante la miró un segundo largo.

—¿Cómo sabe usted eso?

—Lo intuyo.

—Lo intuye.

—Sí.

—Señora Saggese, llevo cinco años buscando a mi hermana. He pagado a media docena de detectives. He sobornado a tres policías. He gastado más plata en cosas inútiles de las que debería confesar en voz alta. Y la única invitación real a una subasta clandestina que he visto en cinco años acaba de aparecer en su cajón.

—Tuve suerte.

—No fue suerte.

—Llámelo como quiera.

Dante cerró la libreta despacio.

—¿Por qué me lo dice?

—¿Por qué le digo qué?

—Lo de la invitación. Podría haber ido sola. Sacar información. Mantenerme afuera.

Lían lo miró.

Porque la chica que está en esa subasta no es mi cuenta pendiente, Rivas. Es la tuya. Y porque si la cuenta es tuya, los recursos los pones tú. Yo no soy idiota.

Dante asintió.

—Entiendo.

—Bien.

—¿Cuándo planificamos?

—Tiene tres semanas para que lo afine. Mande lo que necesite a este teléfono. —Lían le dio el número de Sofía—. Sofía lo coordina. Es la única que sabe que voy.

—¿Solo ella?

—Solo ella. Y ahora usted. Si esto sale de los tres, me muero, Rivas.

—No saldrá.

—Bien.

Dante se levantó. Lían también.

—Una cosa más —dijo Lían.

—¿Sí?

—Si vamos a entrar juntos a un lugar donde la gente mata por menos de lo que vamos a hacer, vamos a necesitar confiar el uno en el otro. Hablo en serio. Si usted tiene algo que no me ha contado, este es el momento de contármelo.

Dante la miró.

—Tengo una cosa.

—Dígamela.

—Llevo cinco años sospechando de uno de mis socios. Marcelo Alarcón. Es un peón. Pero está adentro.

Silencio.

Lían no movió la cara. Once años de palacio.

—¿Marcelo Alarcón?

—Sí. ¿Lo conoce?

—Lo conozco.

—¿De dónde?

Lían dejó pasar dos segundos. Tres.

—Fue mi amante doce años. Es el responsable de que Renata Alarcón intentara envenenarme. ¿Tiene problema con eso, Rivas?

Dante se quedó quieto.

Después soltó una risa corta, sin alegría.

—Señora Saggese.

—¿Sí?

—Vamos a llevarnos mejor de lo que pensaba.

—Eso veremos.

Caminó hasta la puerta. Antes de abrirla, se giró.

—Señora Saggese.

—¿Sí?

—La bailarina.

Silencio.

Lían sintió, por primera vez en toda la conversación, una pequeña electricidad bajándole por el cuello. No la dejó subir a la cara.

—¿Qué pasa con la bailarina?

—¿Sale todos los viernes?

—Todos los viernes.

—Gracias.

Salió.

1
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
jajaja me encantaría ver si bien no sus bailes al menos sus vestuarios la corona esa hermosa máscara que la cuida 🥰🥰
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
esto se puso sospechoso
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
excelente
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
alguien me explica cómo se hizo famosa tan rápido jajaja los reservados del viernes debes cobrar todo al triple sacan plata pero sin vender su cuerpo y eso te dará mucho más capital para ayudar a más chicas
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
me encanta la novela amaría que tuviera imágenes o fotos para disfrutar mas
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
y cobrales con intereses a todos mi ciela
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
al menos está Clarita que lo va a mandar a freír espárragos si es que vuelve🤬
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
hablando de cobardes 🤷🏼‍♀️
Roxana C Añez
Me enamoré de la historia, fue... refrescante leer algo tan original.
Me dejó imaginando si se volverían a ver Valentina y su loco Marcelo... me dió lastima ese pobre hombre, perdido en su locura de amor 😔🥺💔
Roxana C Añez
Podrá haber sido un pendejo... pero está parte me dolió 🥺
Su corazón y su mente le pertenecen a ella, aunque tarde se dió cuenta... ojalá se encuentren en la otra vida 🥺
Corina Galantti
una historia hermosa, muy triste, pero con final FELIZ! ME ENCANTÓ. BENDICIONES ESCRITORA
Celia Maza
muy pero muy buena. tenía tiempo que no leía una novela asi
Elizabeth Delvicier
bien fuerte en época machista donde los hombres comían de cada plato y las mujeres tenían que esperar para ser visitadas en sus alcobas
Evelyn
Me encanta como escribes yo leo desde México y me encanta la protagonista una mujer empoderada y que no se dela dominar por nadie
Guadalupe Flores
👏👏👏👏👏👏 Que bonito final. Se fue en paz Valentina. No me gustó que muriera Lucía. Y me quede con ganas de ver más sufrir a Remata. Jajaja felicidades escritora muy bonita novela
Guadalupe Flores
Imaginate jaja3 dos niñas y un niño. Lucia, Lin Hua y el niño que no recuerdo el nombre del papá de Dante. Sería perfecto 👏👏👏👏
Guadalupe Flores
Desde la primera vez que dijiste verdad vieja me recordó a mi mamá ella tenía esa costumbre de decir esas mismas palabras y hablarse a si misma así. 😭
MariaVG😘
hermosísima historia. Te hace sentir muchas cosas emociones. Me encantó la vieja y su hijo de puta🤭🤭 felicidades autora tienes un talento increíble 👏👏👏💐💐💐
MariaVG😘
hermosísima historia. Te hace sentir muchas cosas emociones. Me encantó la vieja y su hijo de puta🤭🤭 felicidades autora tienes un talento increíble 👏👏👏💐💐💐
Lucia Feliciano Falcao
Este pandillero cobarde y ladrón está charlado, no ve que cuando la limosna es grande el ciego desconfía y el cree que la mafiosa de la mujer va le regalar esa suma de dinero por su cara demacrada sin querer nada a cambio.😸😸😸
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