⚠️🚫🔞Gus se ve arrastrado al peligroso entorno de Arlo, un lugar donde el lujo se mezcla con la letalidad de la mafia. En esta atmósfera de alta tensión y misterio, la resistencia inicial de Gus se transforma en una fascinación oscura hacia su captor. Atrapado en una red de secretos y deseos intensos, Gus deberá decidir si luchar por su antigua vida o sucumbir a la magnética y peligrosa atracción de un hombre que no acepta un no por respuesta. Una historia de poder, entrega y los límites del alma.🔞🚫⚠️
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Estás sediento de mí
Las luces rojas de emergencia bañaban el estudio subterráneo con un resplandor carmesí espeso. El olor a pólvora quemada se mezclaba con el hedor de la sangre fresca que se expandía sobre el suelo. Arlo Baxter continuaba de pie, manteniendo a Gus fuertemente abrazado contra su pecho ancho. El cuerpo del cantante aún sufría pequeños espasmos de pura adrenalina y terror, con los ojos fijos en los dos cuerpos inertes de los sicarios.
La puerta magnética se abrió de golpe por segunda vez. Cuatro guardaespaldas sobrevivientes de la familia Baxter irrumpieron en la sala con sus armas largas en posición de alerta. Sus trajes negros lucían desgarrados y el sudor les corría por las sienes, delatando la intensidad del combate que acababa de ocurrir en los pisos superiores.
—Señor Baxter —anunció el jefe de seguridad, inclinando la cabeza con un respeto absoluto—. El perímetro exterior está asegurado. Eliminamos a doce atacantes en los jardines. La propiedad del está comprometida, pero el helicóptero ya está listo en el helipuerto secundario. Debemos evacuarlo a usted y al joven Fletcher al otro búnker de inmediato.
Arlo ni siquiera parpadeó. Su mandíbula permaneció rígida, demostrando la frialdad de un auténtico jefe de la mafia.
—Limpien este desastre —ordenó Arlo. Su voz, gruesa y áspera, resonó en el búnker con una autoridad militar—. No dejen rastros de estos perros aquí. Que el equipo de limpieza borre cada gota de sangre. Nosotros nos movemos ahora mismo. Toda la seguridad se traslada conmigo.
—Sí, señor —respondieron los hombres al unísono, comenzando a arrastrar los cuerpos de los invasores de inmediato.
Arlo no esperó a que terminaran. Sin romper el contacto físico, cargó a Gus en sus brazos con esa facilidad descomunal que dejaba al artista completamente indefenso. El cantante no opuso resistencia; la sobredosis de adrenalina del combate lo había dejado sin fuerzas para pelear. Cruzaron los pasillos internos de la fortaleza bajo la estricta vigilancia de sus soldados armados, subieron al helicóptero blindado en medio de la noche cerrada y volaron hacia el sur, devorando la distancia en un silencio aterrador.
El búnker del sector sur era una fortaleza subterránea blindada, construida en las entrañas de una propiedad oculta de la familia Baxter. No tenía ventanas, solo paredes de hormigón reforzado, tecnología militar y una suite privada diseñada para el aislamiento total del líder de la mafia.
Al entrar a la suite del búnker, iluminada únicamente por tenues luces LED empotradas en los muros, Arlo depositó a Gus sobre la inmensa cama de piel negra. La adrenalina de la balacera y el olor a peligro aún corrían por las venas de ambos hombres, transformándose de golpe en una tensión sexual salvaje, un fuego que amenazaba con incinerar el orgullo del cantante.
Arlo se desabotonó los puños de la camisa blanca salpicada de sangre enemiga y se la quitó de un tirón, dejando al descubierto su torso masivo, sus hombros anchos y sus abdominales tallados. La imponente silueta del mafioso ensombreció el colchón por completo. Sus ojos negros devoraban la figura de Gus, quien permanecía acostado bocarriba, jadeando sutilmente, con el cabello revuelto y los pantalones oscuros ceñidos.
—Estás vivo porque yo lo decidí, Fletcher —dijo Arlo, subiendo a la cama con movimientos lentos y calculados, como un depredador que finalmente acorrala a su presa en el rincón más oscuro de su guarida—. Tu vida me pertenece por completo ahora. Y tu cuerpo va a pagar el precio de esa protección esta misma noche.
—Baxter... —el nombre del mafioso salió de la boca de Gus como un quejido trémulo, un sonido espeso que delataba el cortocircuito total de su mente. Se había evaporado ante el salvajismo del entorno—. Vi la muerte de cerca... esos hombres...
—Esos hombres ya no existen. Solo existo yo —sentenció Arlo, atrapando las muñecas de Gus con su mano izquierda, clavándolas por encima de su cabeza contra la estructura metálica de la cama—. Vas a entregarte por completo, Gus. Sin negaciones, sin mentiras. Ahora muéstrame cuánta sumisión tienes guardada para tu dueño.
Con un movimiento dominante, Arlo desgarró los pantalones oscuros del cantante, dejándolo completamente expuesto sobre las sábanas negras. Gus soltó un gemido ronco al sentir el aire frío del búnker golpear su piel, pero el calor que desprendía la anatomía robusta de Arlo, que ya se posicionaba entre sus muslos, anuló cualquier rastro de frío. El miembro del artista estaba endurecido y húmedo, latiendo al ritmo de su corazón desbocado.
Antes de la intromisión total de su cuerpo, Arlo sabía que el desgaste físico de Gus requería una preparación rigurosa para no lastimarlo, pero la paciencia del mafioso estaba al límite debido a la adrenalina del combate. Tomó un frasco de aceite aromático de la mesa de noche, derramando el líquido transparente sobre sus dedos largos y callosos. El aroma amaderado inundó el espacio cerrado.
Gus soltó un sollozo ahogado al verse tan vulnerable, con la pelvis elevada ante la fijeza implacable de esos ojos negros.
—Abre la boca, Gus —ordenó Arlo con su barítono profundo, metiendo dos de sus dedos cubiertos de aceite lubricante entre los labios del cantante para humedecerlos con su propia saliva antes de descender hacia su intimidad—. Quiero escuchar cada gemido que intentes esconder.
Arlo presionó el primer dedo lubricado contra la entrada estrecha de Gus. El cantante arqueó la espalda con un espasmo violento, apretando los dientes con fuerza. El chasquido húmedo del aceite y la fricción de la piel callosa del mafioso contra su zona más sensible provocaron un tirón caliente e insoportable en el bajo vientre de Gus.
—Duele... Baxter, va demasiado rápido —jadeó Gus, con las lágrimas del éxtasis humedeciéndole los ojos. Sus músculos sufrieron un pequeño espasmo involuntario, intentando cerrarse ante la invasión.
—Relájate para mí, dócil —susurró Arlo cerca de su oído, introduciendo un segundo dedo con una firmeza que no admitía réplicas. El pulso pesado del corazón de Arlo golpeaba contra el pecho de Gus, transmitiéndole una seguridad que derribaba cualquier intento de defensa psicológica—. Deja que el aceite prepare tu cuerpo. Tu mente obsesiva quiere pelear, pero tu anatomía ya sabe cómo dilatarse bajo mi mano. Siente cómo me reclamas por dentro, Fletcher. Estás sediento de mí.
El sonido rítmico y húmedo de los dedos de Arlo moviéndose dentro de él, estirando las paredes de su masculinidad con una paciencia dominante, llevó a Gus al borde del delirio. Involuntariamente, el cantante comenzó a mover las caderas hacia adelante, buscando más presión, soltando gemidos espesos y desvergonzados que llenaron el búnker de máxima seguridad. Los dos hilos de energía carmesí en su muñeca y tobillo brillaron con un tono rosa carnal, confirmando la adicción física total al toque del líder criminal.
Cuando Arlo consideró que la preparación previa era perfecta y que el cuerpo de Gus estaba lo suficientemente suave y receptivo, retiró los dedos con un chasquido espeso, dejando al cantante suspendido en una agonía de necesidad.
Arlo se acomodó, alineando su inmensa masculinidad, que ya goteaba de anticipación, con la entrada preparada del artista. Agarró con fuerza los muslos trabajados de Gus, clavándolos contra el colchón para que no pudiera retroceder ni un milímetro.
—Mírame a los ojos, Gus —demandó Arlo en un susurro grueso que vibró en las paredes de hormigón—. Mira al hombre que te va a domar por completo esta noche. Di mi nombre.
—Arlo... por favor, Arlo... tómame ya —rogo Gus, rompiendo el orgullo, entregándose por completo al fuego de la pasión que lo consumía por dentro.
El mafioso empujó hacia adelante con una fuerza implacable, introduciendo todo su cuerpo dentro del cuerpo de Gus en una sola embestida profunda y reclamante.
—¡Aaaah! —Gus soltó un grito desgarrador, un gemido largo y ronco que se mezcló con el sonido sordo del impacto de sus pelvis chocando con violencia.
La sensación de plenitud y el calor abrasador de Arlo llenándolo por dentro provocaron un cortocircuito en su sistema nervioso. Gus cerró los ojos, con el cuerpo sacudiéndose en un espasmo de puro éxtasis. Se sintió completamente devorado, inmovilizado bajo las dos toneladas de músculos del criminal que ahora comenzaba a moverse con un ritmo pesado, rítmico y despiadado.
—Eres mío, Fletcher —decía Arlo entre embestidas, y cada una de sus palabras se hundía en el alma del cantante junto con su cuerpo—. Siente cómo te reclamo. Siente el peso dentro de ti. No hay agencias, no hay prensa, no hay novias. Solo estás tú, de rodillas en mi mente, sirviendo a tu dueño.
El búnker se transformó en un santuario de lujuria y sumisión prolongada. Arlo cambió la posición de Gus en la cama, obligándolo a ponerse a cuatro patas, con el rostro hundido en las sábanas de piel negra y laa nalgas elevada hacia el techo. Desde atrás, el mafioso lo atrapó por la cintura con sus brazos de hierro, dejando marcas visibles en sus caderas mientras continuaba con sus empujes brutales y posesivos.
El sonido húmedo de la fricción corporal, los hilos de saliva que Gus derramaba sobre el colchón y los jadeos acoplados de ambos hombres crearon una atmósfera sofocante. El fluido caliente de la eyaculación involuntaria de Gus comenzó a manchar las sábanas debido al roce de sus anatomías conectadas, rompiendo su resistencia. El doble lazo carmesí brilló con un resplandor rosa eterno en la penumbra del búnker, sellando una noche de castigo y placer de la que Gus Fletcher jamás querría escapar.