No creas ni por un instante que mi historia de vida será la típica de hombres salvajes y predecibles. La mía se escribe con fuerza, con intención, con estrategia… con una presencia que se desliza bajo la piel y deja huella.
Haré que tu corazón pierda el compás, que se acelere y se rinda al ritmo de mis movimientos, como si cada paso que doy marcara el destino entre nosotros.
No será una simple historia… será mi historia la que te deje un pulso constante, una tensión que te erice la piel y te obligue a sentir cada latido en sintonía conmigo.
ACTUALIZACIÓN DIARIA
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Promesa
El aire estaba impregnado de un perfume dulce y fresco. Las flores se mecían con la brisa ligera, y el reflejo del cielo teñía el agua de tonos rosados y azules. Era un paisaje que parecía tejido por la fantasía misma: pétalos como pequeñas llamas de seda, hojas redondas flotando como espejos verdes, y el murmullo constante del agua marcando el ritmo de aquel viaje lento y casi irreal.
Mientras avanzábamos, sentí que el mundo quedaba atrás, reducido a la armonía entre el remo, el agua y la infinita danza de los lotos.
Cuando entonces, sin previo aviso, sentí unas manos grandes y firmes envolver mi cintura. Sintiendo un escalofrío en todo mi cuerpo.
El gesto no fue brusco, sino seguro, cálido… como si siempre hubieran sabido exactamente dónde pertenecer. El leve balanceo de la barca se intensificó apenas, obligándome a inclinarme hacia atrás, y al girar el rostro lo encontré tan cerca que el reflejo del lago parecía haberse quedado atrapado en sus ojos.
Su frente rozó la mía primero, en un contacto suave, casi reverente. El mundo pareció detenerse. El sonido del remo, el murmullo del agua, incluso la brisa… todo se volvió lejano, como si el lago entero contuviera la respiración.
Sus brazos me rodearon con mayor firmeza, protegiéndome del vaivén, y yo sentí cómo mi sombrilla resbalaba de mis dedos. El papel crujió apenas antes de soltarse y caer al agua, donde flotó unos segundos entre los lotos, alejándose lentamente como una pequeña luna dorada sobre un mar rosado.
Nos abrazamos, y en ese abrazo había algo más que cercanía: era refugio, era destino. Cuando sus labios finalmente encontraron los míos, el beso no fue precipitado, sino profundo y lleno de emoción contenida. El lago respondió con un susurro de hojas moviéndose, como si celebrara en silencio.
La barca continuó deslizándose entre los lotos divinos, testigo de ese instante suspendido en el tiempo, mientras el cielo y el agua parecían fundirse en un mismo latido eterno.
- Cuéntame más sobre este mundo y sobre tí. Le dije a Lucien recargandome en su pecho siendo abrazada por él.
- Bien. Pero mi esposa debe contarme sobre el mundo de donde viene también. Dijo melodiosamenten Lucien Duskryn.
- Trato. Solté una risita.
Entonces él empezó a contarme.
Este mundo hace milenios de años solo estaba conformado por hombres bestias, animales salvajes y en el reino superior, Dioses.
- Tú no has sido la única que ha llegado a este mundo.
Anteriormente, había llegado una mujer de un mundo distinto al nuestro, se hizo rápidamente de un harem con hombres sumamente fuertes para ese entonces. Enfrentando dificultades difíciles pudieron finalmente ascender al mundo de los dioses, convirtiéndose en dioses nuevos.
Pero todo tiene una causa y consecuencia.
El convertirse en Diosa causó un cambio por completo en el mundo. El mundo empezó a distorsionarse apareciendo poco a poco nuevas razas. Empezando con los vampiros, demonios, Elfos, Enanos, y terminando con Adas.
Todo fue causado porque ella es humana, una anomalía de este mundo. Aunque no fue malo el cambio, el poder de nuestro mundo se disparó, creando distintas formas de poder.
Pero desde ella nunca se ha vuelto a ver un nuevo humano. Al parecer en los bastos mundos los humanos son los más raros de encontrar.
La mujer podía aumentar enormemente el poder de sus esposos, fué y es aún codiciada por todos.
- ¿Entonces tú también la codicias? Dije con un nudo él la garganta.
- No, jamás me fijaría en la mujer de uno de los descendientes de mi difunta hermana. Además, por mucho que se hagan fuertes no podrán superarme en poder. Dijo Lucien Duskryn con firmeza.
- ¿Es así? Sonríe.
- Sí. Continuaré. Dijo acariciando suavemente el rostro de Aelina Moonveil.
Debido a que ella puede aumentar relativamente el poder de sus esposos se dice que debido a la codicia de monopolizar y sumando que si llegara a aparecer un nuevo humano definitivamente traerá un gran desastre, habrá guerras entre razas queriendo apoderarse del humano. El mundo podría distorsionarse nuevamente o incluso llegar a la destrucción.
- Pero yo... Yo soy humana... Dije con un nudo en la garganta al saber que podría llegar a destruir un mundo con tan solo mi presencia en él.
Lucien Duskryn quedó en un estado perplejo por lo que ella acaba de declarar. Pues él ya sabía que ella no era de esté mundo, pero nunca se le pasó por la mente que justo iba a ser de la misma raza que esa mujer. Un gran desastre si se hiciera público.
- Tengo miedo... Tal vez ahora se esté arrepintiendo de formar un vínculo conmigo. Pensé hacía mis adentros con el corazón en la mano.
De repente Lucien Duskryn levanto ligeramente su dedo índice y sin dudar decapitó al eunuco que había estado escuchando la conversación de ellos dos. Y antes de que Aelina Moonveil se percatara, el cuerpo del euno desapareció como brizna en primavera.
- No te preocupes, si el mundo llegara a su final sin dudar definitivamente te protegeré incluso si eso significa que viajemos a otros mundos.
Recuérdalo, mi nombre es Lucien Duskryn, el dios ancestro dragón. Soy el Dios más antiguo de este mundo y para mí nada es imposible. Dijo Lucien Duskryn con solemnidad.
Cuando aquellas palabras resonaron en el aire, algo dentro de mí no floreció… se contrajo.
Porque si había una posibilidad —una sombra susurrada por profecías antiguas— de que fuera yo la causa de la destrucción del mundo, entonces su promesa no era solo romántica.
Era trágica.
Al escucharlo decir que me protegería incluso si el mundo llegaba a su final, mi pecho se apretó con una mezcla de alivio y dolor. Mis manos, que segundos antes descansaban tranquilas, se tensaron contra la tela de mi túnica.
No levante la mirada de inmediato.
- ¿Protegerme… incluso de mí? Esa fue la pregunta que atravesó en mi mente humana.
Cuando él proclamó su nombre con solemnidad —Lucien Duskryn, dios ancestro dragón, el más antiguo de todos— Sentí el peso abrumador de la eternidad enfrentándose a mi propia fragilidad. Él hablaba de imposibles como si fueran simples puertas que podía abrir con un gesto. Pero yo… yo era carne, duda y miedo.
Si realmente existía la posibilidad de que mi existencia desencadenara la ruina, entonces su protección no era un acto simple de amor.
Era una elección contra el mundo entero.
bueno lo importante es que el la esta cuidando pero hay le va tocar difícil con todas esas mujeres
hay no que paso