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Propuesta Matrimonial Con El Villano

Propuesta Matrimonial Con El Villano

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Reencarnación / Fantasía épica
Popularitas:49.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Melany. v

Charlotte, doncella bastarda de la casa Elara. su destino está maldito por su hermana. la única manera de salvarse es casándose con el hombre más malvado del reino. Nathaniel Cyrus.

Las reencarnaciones tiene a sus favoritos y a sus mejores guerreros.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 10: ¿Se acabó?

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Paula cayó al suelo como una piedra, sin dignidad, con el cuerpo doblándose de lado como si le hubieran quitado los huesos. El golpe contra la alfombra fue seco. Charlotte no se movió de inmediato. Solo la miró.

Su pecho estaba ligero. La presión constante que llevaba semanas clavada bajo las costillas había desaparecido. No había mareo, no había ese sudor frío que la obligaba a sentarse cada cierto tiempo. Respiró una vez, sin complicaciones.

Miró a su hermana tirada en el suelo con el cabello desordenado y el rostro pálido. Era extraño. Durante años había imaginado venganzas exageradas, gritos, humillaciones públicas. Y al final todo se reducía a esto.

— Voy a llamar a alguien.

Charlotte salió al pasillo y llamó a la primera sirvienta que encontró. Tuvo suerte. Era la misma mujer de la mañana anterior, la de la broma.

La sirvienta llegó casi corriendo.

— ¿Su gracia? ¿Ocurre algo?

Charlotte señaló dentro.

— Mi hermana se desmayó.

La mujer abrió los ojos al ver a Paula en el suelo.

— ¡Santo cielo! ¿Se cayó?

— No. Siempre ha sido débil. Desde pequeña. Se marea con facilidad.

— Ya veo.

No hizo preguntas.

— Solo está inconsciente. La llevaremos a la sala principal. ¿Quiere que llamemos al médico

— No gracias. Ella ya tiene el suyo en su casa. Es personal y conoce lo que tiene mi hermana—dijo Charlotte—. ¿Podrías preparar té caliente cuando despierte? Algo suave.

— Claro.

Entre ambas levantaron a Paula. Charlotte sostuvo el peso sin quejarse. No era liviana, pero tampoco pensaba dejar que la arrastraran como un saco. Aunque debería.

Mientras caminaban, la sirvienta murmuró en voz baja.

— Su familia siempre le causa problemas, ¿verdad?

Charlotte soltó una risa corta.

— Desde que nací.

— Lo siento.

— Ya me acostumbré.

La acomodaron en uno de los sofás largos del salón. La sirvienta colocó un cojín bajo su cabeza y cubrió sus piernas con una manta.

— Traeré el té —dijo—. Y agua fresca.

— Gracias.

Cuando se quedó sola, Charlotte se sentó enfrente y observó el rostro de Paula.

Se veía más joven dormida.

— Si hubieras sido amable conmigo aunque fuera una vez —murmuró—. Quizá esto sería distinto.

No esperaba respuesta.

Minutos después la sirvienta regresó con una bandeja.

— Aquí está. Avíseme cuando despierte.

— Lo haré.

El reloj del salón avanzó lento. Charlotte cruzó las manos sobre el regazo. No sentía dolor. Seguía comprobándolo cada pocos segundos, como si temiera que regresara.

Por primera vez desde que despertó en este cuerpo, se sentía sana.

Paula se movió. Frunció el ceño.

— Mmh…

Charlotte se inclinó.

— Despacio.

Paula abrió los ojos, confundida.

— ¿Dónde…?

— En la sala del duque. Te desmayaste.

— ¿Qué?

Intentó incorporarse y volvió a marearse.

— Me siento horrible… como si me hubieran golpeado.

— Te pusiste pálida de repente y caíste. Siempre has sido delicada.

Paula parpadeó varias veces.

— No recuerdo nada.

— Te quejaste de dolor de cabeza. Luego te desplomaste.

La sirvienta intervino con naturalidad.

— Le traje té, señorita. Ayuda a estabilizarse.

Paula aceptó la taza con manos temblorosas.

— Qué vergüenza… desmayarme en casa ajena…

Charlotte sonrió leve.

— No es casa ajena. Es mi casa.

Paula hizo una mueca.

— Sí… claro.

Bebió un sorbo.

— Me siento rara.

— Entonces deberías irte a descansar.

— Vine a hablar contigo.

— Puedes hacerlo otro día. No te ves bien.

Paula dudó. Miró alrededor como si sospechara algo, pero no encontró nada extraño.

— Tal vez… sí. No quiero que ese duque piense que soy una molestia.

— Él no piensa mucho en visitas.

— Mejor.

Charlotte se levantó.

— Pediré un carruaje.

— No hace falta. El mío está afuera.

Cuando el carruaje estuvo listo, Charlotte la acompañó hasta la puerta.

Antes de subir, Paula la miró con desconfianza. Luego apartó la vista.

— Hablaremos luego.

— Claro.

El carruaje se fue.

Charlotte se quedó observándolo hasta que dobló la esquina.

Luego exhaló largo.

— Se acabó —murmuró.

Esa parte de su vida, al menos.

Más tarde, lejos de la mansión, en el palacio administrativo donde se resolvían asuntos del ducado, Nathaniel firmaba documentos sin pausa.

Un hombre alto, de cabello claro y acento extranjero, se dejó caer en la silla frente a él con familiaridad.

— Te ves de buen humor hoy —dijo.

Nathaniel no levantó la vista.

— Estoy igual que siempre.

— No. Hoy no tienes esa cara de “quiero matar a todos”.

— Qué observador.

El hombre sonrió.

— ¿Entonces?

Nathaniel terminó de firmar y dejó la pluma.

— Me casé.

El silencio fue inmediato.

— ¿Qué?

— Me casé.

— ¿Así sin más? ¿Con quién?

— Con mi esposa.

— Muy gracioso. Pensé que ibas a morir solo.

— Yo también.

El hombre apoyó los codos en la mesa.

— ¿Y cuánto durará?

Nathaniel se encogió de hombros.

— Un tiempo.

— ¿Un tiempo?

— Cuando todo se estabilice, probablemente nos separemos.

— Eres terrible.

— Le dejaré dinero suficiente. Una casa. Seguridad. No quiero depender emocionalmente de nadie.

— Eso suena más a testamento que a matrimonio.—el hombre suspiró.— ¿Y cómo es ella?

Nathaniel pensó un momento.

— Muy alegre.

— ¿Solo eso?

— Se mete mucho en la cocina. Habla demasiado. No sabe comportarse como noble.

— Entonces te gusta.

— No he dicho eso.

— Pero no has dicho nada malo.

Nathaniel guardó silencio.

— Está un poco… loquita —añadió.

El hombre sonrió amplio.

— Esas son las mejores.

— No empieces.

— Lo digo en serio. Los cuerdos son aburridos. Los raros hacen la vida soportable y felíz.

Nathaniel tomó otro documento.

— No necesito que mi vida sea feliz. No la necesite cuando era niño. Ni mucho menos ahora.

— Quizá —murmuró el extranjero— Esa compañía te cambie más de lo que crees. Es más, ya estás cambiando y todos lo que me dices no va a pasar. Te quedarás con tu esposa hasta el final.

Nathaniel no respondió. Pero la idea no le pareció desagradable.

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,Muchas gracias por leer. No olvide dejar su me gusta y su comentario. ❤️

1
Anonymous
La verdad es que esa Esme me cae de la patada, pero ninguna mejor merece que tener relaciones sea doloro y feo, toda mujer por más terrible que sea debe sentirse si no amada, por lo menos respetada en ese àmbito, porque o si no sería casi casi una violación
Iliana Curiel
dios santísimo están guapísimos esos chef
Carolina Carcamo Hargous
muy simpáticos... tengo curiosidad por los familiares de ella, como tomaron la noticia de que ahora dependen de ellos. pero en fin es igual de buena que las demás...
Limaesfra🍾🥂🌟
🤰bebe a bordo👶👼
Limaesfra🍾🥂🌟
asi juntos ambos contra el mundo..
buen Charlotte muestra tus💪
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Espero que Catty también tenga pronto buenas noticias
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Que lindos la dulce espera
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Que bueno cambios favorables 🥰
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Hanna
apenas cosechó lo que planteaste...
Hanna
qué es tuyo? Nathaniel? Gastón?😡
Hanna
a mí también me pareció estupido
Hanna
siii..🥰🥰🥰
Mónica Aulet
Charlotte es demasiado buena, que agradezcan que les de trabajo
Mónica Aulet
Actuó como niña ,ahora que se maneje. Pero después del matrimonio no se ponga a dar problemas a nuestros protas
Iliana Curiel
me encanta tu novela autora excelente, fascinante y muy entretenida ❤️❤️❤️
lirio
💕 yo también Nathan 🔥
elisa desire Segovia
ufff demasiado gracias autora otro maratón jajaja ojalá y Esme se enamore y el principe de ella y entienda lo que es el Mor real
elisa desire Segovia
siiiiii un maratón genial gracias autor
Dueña de Renaceres
que mal nacida es la esme esa
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