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Trazos De Silencio.

Trazos De Silencio.

Status: En proceso
Genre:Enfermizo / Omegaverse / ABO
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Andy GZ

Haru creía que el amor era sacrificio. Graduado con honores en Tokio y con un futuro brillante en el arte y las letras, lo dejó todo por un matrimonio de contrato con Ren, un alfa que solo le devolvió desprecio y violencia. Tras tres años de infierno, Ren lo desecha como a un mueble viejo, dejándole solo un pequeño apartamento en un complejo exclusivo.

En el ático de ese mismo edificio vive Kaito Kuroda, el heredero de un imperio que se mueve entre la legalidad empresarial y las sombras de la mafia japonesa. Kaito no cree en el amor romántico; para él, la lealtad solo existe en la sangre. Sin embargo, su paz se ve interrumpida por un vecino ruidoso que huele a miedo y a pintura fresca.

Lo que comienza como roces por paquetes mal entregados y quejas por mudanzas nocturnas, se convierte en una conexión inevitable. Pero la libertad de Haru es una amenaza para el ego de su exesposo.

NovelToon tiene autorización de Andy GZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: El Trono de Sombras y la Corona de Acero

Mientras Haru se desangraba en el silencio de una mansión que era su tumba, a pocos kilómetros de allí, el aire vibraba con una energía muy distinta: la del poder absoluto. En el piso 50 de la Torre Kuroda, el cristal blindado separaba el cielo nocturno de Tokio de un hombre que parecía haber sido tallado en obsidiana.

Kaito Kuroda, el alfa y CEO de Kuroda Holdings, observaba las luces de la ciudad como si fueran piezas en un tablero de ajedrez. A sus 32 años, su presencia era una anomalía de elegancia y peligro. Su traje de tres piezas, de un gris marengo casi negro, estaba hecho a medida para ocultar los músculos de un guerrero y los tatuajes que trepaban por su espalda, marcas de una herencia que la mayoría de los civiles preferiría no conocer.

—El cargamento de Kobe ha sido interceptado, hermano —la voz de Yuki, el menor de los Kuroda, rompió el silencio del despacho.

Yuki entró caminando con una confianza perezosa, limpiándose una mancha de sangre del puño de su camisa blanca con un pañuelo de seda. Detrás de él, Hana, la hermana mediana y genio de las finanzas del clan, revisaba una tableta con expresión aburrida.

—Los hombres de la facción rival creyeron que podían cobrarnos un "impuesto de paso" —continuó Yuki con una sonrisa cínica—. Les enseñé que el único impuesto que aceptan los Kuroda es el de la vida.

Kaito no se movió. No necesitaba mirar a su hermano para irradiar una autoridad que hacía que el aire en la habitación se volviera pesado, saturado con su aroma a tormenta, madera de cedro y un rastro metálico de ozono.

—Te he dicho mil veces, Yuki, que no quiero carnicerías innecesarias —la voz de Kaito era un barítono profundo, gélido y perfectamente controlado—. Somos una institución. Si derramas sangre, asegúrate de que sea la última vez que ese nombre aparezca en nuestros libros. La eficiencia no es opcional.

—Cálmate, Kaito —intervino Hana, ajustándose las gafas de montura de oro—. Yuki se encargó de que pareciera una disputa interna entre ellos. Legalmente, nuestra empresa de logística está limpia. Los beneficios del trimestre han subido un 15% gracias a esa ruta. Padre estará complacido en la cena del domingo.

Kaito finalmente se giró. Sus ojos, de un ámbar oscuro casi felino, escanearon a sus hermanos. Para el mundo, eran los empresarios más exitosos de Japón; para el submundo, eran la mafia que dictaba quién vivía y quién moría. Pero para Kaito, ellos eran su única debilidad y su única fuerza.

—¿Y madre? —preguntó Kaito, su tono suavizándose apenas una fracción.

—Insiste en que te busques un omega —soltó Yuki con una carcajada—. Dice que la casa de campo se siente vacía y que un alfa de tu estatus necesita un consorte que le dé herederos. Ya sabes cómo es... cree que el amor de pareja es el "ancla" que te falta.

Kaito soltó una risa seca, un sonido carente de cualquier rastro de calidez.

—El "amor" es un error de cálculo, Yuki. Una variable inestable que solo sirve para que tus enemigos encuentren un punto débil donde clavar el cuchillo. He visto a hombres más fuertes que yo caer de rodillas por un omega que terminó vendiéndolos al mejor postor. Mi lealtad es para esta familia. Para la sangre. Lo demás son cuentos de hadas para quienes no tienen un imperio que proteger.

Caminó hacia su escritorio de caoba maciza, donde una pila de documentos esperaba su firma. Entre contratos de fusión de empresas y órdenes de liquidación de activos, Kaito buscaba algo que su fortuna no podía comprarle: paz.

—Voy a mudarme al apartamento de Minato durante unas semanas —anunció de repente.

Hana levantó una ceja, sorprendida.

—¿El edificio residencial? Es un lugar de perfil bajo, Kaito. ¿Por qué no te quedas en el ático de la torre o en la mansión principal?

—Porque en la mansión madre me presentará a un omega diferente cada noche, y en la torre el trabajo nunca duerme —respondió él, firmando un documento con trazos agresivos y perfectos—. Necesito silencio. Necesito un lugar donde nadie sepa quién soy fuera de mi nombre en el buzón. Ese edificio es tranquilo, habitado por gente que valora la privacidad. O al menos eso dice el reporte de seguridad.

Kaito guardó su pluma estilográfica de oro. No sentía nada. No había emoción en su vida, solo deber, estrategia y una soledad que había aceptado como el precio de su corona. No sabía que, mientras él buscaba aislamiento, el destino ya estaba moviendo las piezas para lanzarle a los pies a un omega que era todo lo que él despreciaba: frágil, roto y cargado de una tormenta emocional que ningún plan de negocios podría prever.

—Si surge algo que requiera mi presencia física en el puerto, llámenme —ordenó Kaito, poniéndose su abrigo de lana italiana—. De lo contrario, no quiero ser molestado.

Salió del despacho, escoltado por las sombras de sus guardaespaldas que se fundían con las paredes. Kaito Kuroda, el hombre que no creía en el destino, estaba a punto de entrar en un ascensor que lo llevaría directamente al encuentro de la única persona capaz de hacerle dudar de su propio código de hierro.

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Maria Quintero
búscate 3 alfas y que lo violen peor que a Haru
Maru19 Sevilla
Por favor que no lo mate pronto que lo encierre y lo martirice por años
Maru19 Sevilla
Por favor que alguien atrapé a Ren
Maria Quintero
Haru en verdad vivió un infierno con ese Alfa de cuarta 😭 me duele leer y a la vez imagínarme lo que vivió me parte el corazón nadie debería vivir así 😭
Maria Quintero
me va encantando la historia, me encanta este alfa que quiera ayudar al Omega a recuperarse del infierno que sufrió
Yudiela Arboleda
yo culpo a la autora por escribir esa atrocidad 😭😭😭😭 Haru no merecía eso kaito inteligente para los negocios y imbécil para el amor si no haces pagar a ren te odiare más que a el 😭😭😭
Aury Garcia: que horror cuantas violencia pobre haru Katio no sabe cuidar ni buscar
total 2 replies
Maru19 Sevilla
Que revise la ventilación
Maru19 Sevilla
Maldito Ren!
Maru19 Sevilla
Pero como escapo?
Maru19 Sevilla
Esta emergiendo 👏👏👏👏👏
Escorpiona Saucedo
autora cada capítulo me deja con un nudo en la garganta 💔
Maru19 Sevilla
Que bonito!!!👏👏👏👏👏
Maru19 Sevilla
Ahhh, maldito Ren
Maru19 Sevilla
Maldito Ren, que ganas de sacarle los ojos🤭
Maru19 Sevilla
Maldito Ren, que ganas de sacarle los ojos🤭
Maru19 Sevilla
Que bueno 👏👏👏👏👏👏
Maru19 Sevilla
Que bueno 👏👏👏👏 que lo destroce
Maru19 Sevilla
Espero que el martirio que infringió en el Omega se retribuido al maldito Alfa con creces
Maru19 Sevilla
Eso! que le hagan pagar👏👏👏
Maru19 Sevilla
Pobrecillo😭
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