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TU NOMBRE EN MI ANILLO

TU NOMBRE EN MI ANILLO

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Posesivo
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Mahary Garcia

Valeria Bellucci jamás imaginó que terminaría casada con el hombre más poderoso y frío de la ciudad.

Acorralada por las deudas de su familia, acepta un matrimonio por contrato con Enzo Ricci, un CEO multimillonario conocido por destruir a cualquiera que se interponga en su camino.

Las reglas eran simples: — No enamorarse.
— No interferir en la vida del otro.
— Mantener la apariencia de un matrimonio perfecto.

Pero vivir bajo el mismo techo con un hombre obsesivo, dominante y lleno de secretos hará que Valeria descubra que detrás de aquella mirada fría existe un pasado capaz de destruirlos a ambos.

Lo que comenzó como un simple acuerdo terminará convirtiéndose en una guerra de celos, deseo y sentimientos prohibidos.

Porque algunos contratos pueden firmarse con tinta…
pero otros terminan grabándose en el corazón.

NovelToon tiene autorización de Mahary Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 16 - EL MIEDO TIENE NOMBRE

Valeria

El silencio después de escuchar el nombre de Camila Ferrer se sintió peor que cualquier grito.

Me quedé inmóvil en medio de la cocina mientras Enzo sostenía el teléfono contra su oído, con la mandíbula tensa y esa expresión fría que aparecía cada vez que estaba a punto de perder el control.

—¿Qué hizo exactamente? —preguntó.

La voz de Marco sonaba demasiado lejana para mí, pero alcancé a escuchar algunas palabras.

“Intentó entrar.”

“Seguridad privada.”

“Área restringida.”

Sentí un vacío horrible en el estómago.

Mi papá.

Lo primero que pensé fue en él.

En las máquinas del hospital.

En lo vulnerable que seguía.

En lo fácil que podía pasar algo.

Enzo levantó la mirada hacia mí mientras seguía escuchando.

Y por primera vez desde que lo conocía… vi algo peligroso en sus ojos.

No frialdad.

Furia.

—Voy para allá —dijo finalmente antes de cortar la llamada.

El silencio cayó de golpe.

—¿Qué pasó? —pregunté inmediatamente.

Enzo guardó el teléfono lentamente.

Demasiado lentamente.

Como si estuviera intentando elegir bien las palabras.

—Camila intentó entrar al piso privado donde está tu papá.

Sentí que el cuerpo se me helaba.

—¿Qué?

—Seguridad la detuvo antes.

Negué inmediatamente.

—No… no, eso no tiene sentido.

Pero sí lo tenía.

Y los dos lo sabíamos.

Me acerqué un paso.

—¿Por qué haría eso?

Enzo me observó en silencio unos segundos.

—Porque quiere presionar.

—¿Presionarte a ti?

—A nosotros.

Esa palabra me golpeó raro.

Nosotros.

Antes de que pudiera pensar demasiado en eso, tomé mi bolso rápidamente.

—Voy al hospital.

Enzo reaccionó de inmediato.

—No.

Lo miré incrédula.

—¿Cómo que no?

—No vas a ir sola.

—Enzo, mi papá—

—Y precisamente por eso vas conmigo.

Su voz salió firme.

Controlada.

Pero había algo más debajo.

Algo más oscuro.

Lo ignoré y caminé hacia la salida de la cocina.

Él me alcanzó antes de que llegara al pasillo.

Su mano rodeó suavemente mi muñeca.

No fuerte.

No agresivo.

Pero suficiente para detenerme.

—Valeria.

Me giré hacia él.

Demasiado cerca otra vez.

Mi respiración seguía acelerada.

—Suéltame.

Enzo bajó apenas la mirada hacia mi mano entre la suya.

Y luego volvió a verme.

—Necesito que mantengas la calma.

Solté una pequeña risa nerviosa.

—Mi papá está en un hospital y tu exnovia psicópata intenta entrar a verlo. ¿Cómo exactamente quieres que mantenga la calma?

Algo parecido a una sonrisa apareció apenas en él.

Pero desapareció rápido.

—No voy a dejar que le pase algo.

Lo dijo tan seguro que por un segundo quise creerle.

Y eso me asustó más.

Porque estaba empezando a confiar en él.

El trayecto al hospital fue silencioso.

Yo miraba por la ventana intentando controlar mi cabeza, pero era imposible.

Cada pensamiento terminaba igual.

Mi papá.

Mi papá solo.

Mi papá vulnerable.

Enzo conducía con una mano mientras hablaba por teléfono con alguien de seguridad.

Su voz cambiaba completamente cuando trabajaba.

Más fría.

Más peligrosa.

Más Enzo Ricci.

—Quiero cámaras revisadas y a cada persona que estuvo cerca del piso privado identificada antes de que llegue —dijo—. Y nadie entra sin mi autorización.

Silencio.

Luego:

—Nadie.

Colgó.

Yo seguía observándolo.

—¿Siempre eres así?

Él no apartó la vista del camino.

—¿Así cómo?

—Controlador.

Una pequeña exhalación salió de él.

—Cuando es necesario.

—Y siempre es necesario contigo, ¿verdad?

Eso hizo que finalmente me mirara un segundo.

—Normalmente sí.

El auto volvió a llenarse de silencio.

Pero ya no era el mismo de antes.

Ahora había tensión.

Preocupación.

Y algo más que no quería nombrar.

Cuando llegamos al hospital, dos hombres de seguridad ya estaban esperando en la entrada privada.

Eso me puso más nerviosa.

—Señor Ricci —dijo uno de ellos—. El señor Bellucci está bien.

Sentí alivio inmediato.

Pero duró poco.

—¿Dónde está Camila? —preguntó Enzo.

—Se retiró hace veinte minutos.

Enzo asintió apenas.

Luego puso una mano en mi espalda para guiarme hacia el elevador.

Y odié notar lo mucho que me tranquilizó ese gesto.

Subimos al piso privado.

Yo prácticamente salí corriendo del elevador.

Cuando entré a la habitación, mi papá seguía dormido.

Respirando tranquilo.

Vivo.

Sentí que las piernas me temblaban del alivio.

Me acerqué rápidamente a su cama.

—Papá…

Enzo permaneció cerca de la puerta observando todo en silencio.

Me quedé unos segundos junto a mi papá hasta que finalmente respiré normal otra vez.

Entonces me giré hacia Enzo.

—No puedes seguir diciendo que esto es normal.

Él me sostuvo la mirada.

—Nunca dije que lo fuera.

—Entonces ¿qué demonios está pasando?

Silencio.

Enzo cerró la puerta detrás de él antes de acercarse un poco más.

—Camila perdió el control hace tiempo.

—¿Y por qué siente que tiene derecho sobre tu vida?

Eso hizo que algo cambiara apenas en su expresión.

Más cansancio.

Menos frialdad.

—Porque durante mucho tiempo lo tuvo.

No respondí.

Y él tampoco.

Pero el ambiente cambió.

Porque esa frase no sonó empresarial.

Sonó personal.

Dolorosamente personal.

Me crucé de brazos.

—¿La amabas?

La pregunta salió antes de poder detenerla.

Y el silencio que siguió fue demasiado largo.

Enzo bajó ligeramente la mirada.

Después volvió a verme.

—Creí que sí.

No sé por qué esa respuesta me hizo sentir algo raro en el pecho.

Algo incómodo.

Algo que no quería analizar.

—¿Y ella a ti?

Enzo soltó una pequeña risa seca.

—A su manera.

No pregunté más.

Porque algo en su tono me dijo que no quería seguir hablando de eso.

Pero entonces él dio un paso más cerca.

—Valeria.

Levanté la mirada.

—No voy a dejar que ella se acerque a ti ni a tu padre otra vez.

Su voz salió más baja esta vez.

Más seria.

Más real.

Y antes de que pudiera responder, mi papá abrió lentamente los ojos.

—¿Interrumpo algo? —murmuró con voz débil.

Cerré los ojos inmediatamente.

—Papá, por favor…

Pero él sonrió apenas.

Y luego miró directamente a Enzo.

—La tensión romántica aquí ya me está subiendo la presión otra vez.

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ERICA ESTRADA PEREZ
Aque se refiere jajaja jajaja jajaja y🤭 doble sentido será por un niet@
Alix Sarmiento
está muy buena esta trama
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