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Entre Secretos Y Deseos Prohibidos

Entre Secretos Y Deseos Prohibidos

Status: En proceso
Genre:Yaoi / Romance
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna Aoul

Emanuel lo tiene todo… menos la libertad de ser quien realmente es.
El mejor alumno de la universidad, el hijo perfecto, un secreto que pesa demasiado.
Una cita equivocada lo lleva a conocer a Sasha y a su hermano Héctor, alguien que vive sin esconderse y despierta en él lo que siempre negó.
Entre miradas prohibidas, decisiones difíciles y una verdad que amenaza con salir a la luz, Emanuel deberá elegir entre seguir fingiendo o amar sin miedo.
Porque hay silencios que duelen más que cualquier verdad.

NovelToon tiene autorización de Luna Aoul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo X Los sobres

Emanuel saludó a Sasha apenas llegó. Fue un saludo corto, casi automático, como si el cuerpo lo hiciera solo mientras la cabeza estaba en otro lugar. Cuando quiso girarse para hablar con Héctor, ya era tarde.

Héctor se estaba yendo.

No solo eso: se iba con Santiago.

Emanuel se quedó quieto, mirando cómo ambos se alejaban por el pasillo. Santiago hablaba animado, demasiado cómodo, y Héctor lo escuchaba serio, pero presente. No miró hacia atrás. No lo buscó con la mirada. Nada.

Sasha lo observó de reojo. Notó cómo los hombros de Emanuel se tensaban, cómo su expresión se apagaba de golpe.

—Tranquilo —le dijo en voz baja—. Héctor tiene sentimientos por mí, eso ya lo sabes… pero no significa que vaya a pasar nada.

Emanuel la miró. Intentó sostenerle la mirada, pero no pudo. Bajó la cabeza, como si las palabras pesaran demasiado.

No respondió.

Sasha suspiró y se acercó un poco más.

—¿Querés ir a comer algo después? —preguntó, buscando suavizar el momento.

Emanuel negó despacio.

—No… hoy no —dijo—. Quiero ir a ver algo a casa.

Sasha quiso preguntar más, pero algo en su tono la detuvo. No insistió. Solo asintió.

—Está bien —susurró—. Cuidate.

Emanuel tomó su mochila y se fue sin mirar atrás.

El camino a casa se le hizo eterno. Las calles que conocía de memoria parecían distintas, más frías. Caminaba con la cabeza llena de pensamientos que se chocaban entre sí: su madre, sus palabras, su padre del que casi no se hablaba, Héctor alejándose, Santiago reapareciendo como un fantasma del pasado, y Sasha… siempre en el medio de todo.

Cuando llegó a su casa, lo primero que notó fue el silencio.

Demasiado silencio.

—¿Mamá? —llamó, dejando las llaves sobre la mesa.

Nadie respondió.

Recorrió la casa. La cocina estaba ordenada. El living, intacto. En el dormitorio de su madre, la cama estaba hecha, como si no hubiera dormido ahí. Emanuel sintió un nudo en el estómago.

Entró a su cuarto, dejó la mochila en el suelo y se sentó en la cama. Intentó calmarse, pero las palabras de su madre le volvían una y otra vez.

“Espero que no seas como tu padre.”

“No me defraudes.”

“Si no quieres que me haga daño.”

—¿Qué quisiste decir con eso…? —murmuró al aire.

Se levantó de golpe.

Algo no cerraba. Nunca había visto a su madre hablar así. Nunca había mencionado a su padre de esa manera. Y esa frase… esa amenaza disfrazada de miedo… le helaba la sangre.

Sin pensarlo más, salió de su cuarto y se dirigió al de ella.

No solía entrar ahí. No sin permiso. Pero esta vez sentía que necesitaba respuestas.

Empezó despacio. Abrió el ropero, revisó los cajones. Ropa doblada con cuidado, papeles viejos, fotos antiguas. En una de ellas, reconoció a su madre joven, sonriendo junto a un hombre que apenas recordaba: su padre.

Siguió buscando.

En el último cajón de la cómoda, al fondo, encontró algo distinto.

Sobres.

Varios.

Eran sobres viejos, amarillentos, atados con una cinta. Emanuel los tomó con cuidado, como si pudieran romperse solo con tocarlos. Los apoyó sobre la cama y se sentó frente a ellos.

No los abrió de inmediato.

Respiró hondo.

Sabía que, hiciera lo que hiciera después de eso, ya nada sería igual.

Tomó uno. Estaba escrito a mano. Reconoció la letra de su madre. En otro, la letra era distinta. Más firme. Más recta.

La de su padre.

Sintió un vuelco en el pecho.

No los leyó. Todavía no. Los volvió a guardar, pero esta vez no los dejó como estaban. Ordenó todo con cuidado, dejó el cuarto exactamente igual que antes. Como si no hubiera tocado nada.

Regresó a su habitación y se sentó en la cama, sosteniendo los sobres contra el pecho.

Ahora lo sabía.

Su madre no estaba bien.

Su padre no era solo un recuerdo lejano.

Y su vida… estaba a punto de cambiar.

Pensó en Héctor. En su silencio.

Pensó en Santiago, en lo que representaba.

Pensó en Sasha, en lo complicada que era su presencia y lo importante que se había vuelto.

Emanuel cerró los ojos.

Por primera vez, entendió que no podía seguir huyendo.

Necesitaba hablar con su padre.

Necesitaba respuestas.

Y, sobre todo, necesitaba ser fuerte… aunque doliera.

Emanuel se sentó en la cama con las manos temblorosas.

Las cartas estaban ahí, apiladas, amarillentas por el tiempo, atadas con un hilo viejo. No parecían peligrosas… pero pesaban como si cada una llevara una vida entera dentro.

Respiró hondo.

Abrió la primera.

“Hijo, te escribo aunque sé que tu madre nunca te dará estas cartas.

Pero también sé que algún día tendrás preguntas… y que las buscarás.”

El corazón de Emanuel dio un salto.

Sintió un nudo en la garganta antes de seguir leyendo.

“Quiero que sepas que siempre te quise. Desde el primer segundo.

Tu madre no me dejó verte. No porque no quisiera… sino porque soy gay.”

Emanuel parpadeó varias veces.

Volvió a leer esa palabra.

Gay.

El aire pareció faltar en la habitación.

“Cuando estuve con ella, me obligaron a casarme.

Mis padres son religiosos ortodoxos. Para ellos no había opción, no había elección, solo obediencia.

Yo intenté creer que podía vivir así.”

Emanuel apretó la carta con fuerza.

“Y entonces naciste tú.

Fuiste el milagro más hermoso de mi vida.

Por un tiempo pensé que podía soportarlo todo solo por verte crecer.”

Las letras comenzaron a verse borrosas.

No sabía en qué momento había empezado a llorar.

“Pero llegó un momento en que no pude más.

Le conté la verdad.

Le dije quién era realmente.”

Emanuel tragó saliva.

“Ese día todo se rompió.

Nos separamos.

Me echó.

Dijo que no quería que tú estuvieras ‘manchado’ por mí.”

Emanuel sintió un frío profundo recorrerle la espalda.

“Yo luché.

Intenté verte.

Intenté hablar.

Intenté explicarle que amarte no tenía nada de sucio.”

Pasó a la siguiente carta. Y a la siguiente.

Todas tenían fechas.

Años distintos.

Siempre la misma firma.

“Te escribo en cada cumpleaños.

En cada Navidad.

En cada día en que imagino cómo estarás.”

Las manos de Emanuel temblaban sin control.

“Si algún día lees esto, quiero que sepas que nunca te abandoné.

Fui expulsado.”

Un sollozo se le escapó del pecho.

“Espero que algún día me busques.

Yo intenté todo… pero no pude.”

La última línea lo destruyó por completo.

“Papá te ama.”

Emanuel dejó caer la carta.

El silencio del cuarto era ensordecedor.

Todo encajaba.

Las frases de su madre.

El desprecio escondido.

El miedo.

La palabra mancha.

Entonces escuchó la puerta de la casa abrirse.

El sonido de los pasos de su madre acercándose fue suficiente para despertarlo del shock.

Se levantó de golpe.

Caminó directo al comedor con las cartas en la mano.

Su madre entró… y se quedó inmóvil al verlas sobre la mesa.

Silencio.

Un silencio pesado, cruel.

Emanuel habló primero.

Con la voz rota, pero firme.

—Así que esta era la verdad…

Ella no respondió.

—La “mancha” que quisiste borrar… —continuó, empujando las cartas hacia ella— la tengo yo también.

La mujer levantó la mirada, dura.

—¿Me vas a echar también? —preguntó Emanuel— ¿Como hiciste con él?

El sonido fue seco.

Violento.

La bofetada resonó en la habitación.

Emanuel llevó la mano a su mejilla, sin lágrimas ya. Solo vacío.

—Agarrá tus cosas —dijo ella, con voz fría— y vete.

Emanuel la miró por última vez.

No había madre ahí.

Solo miedo.

Sin decir una palabra más, se dio vuelta y caminó hacia su cuarto.

Abrió el placard.

Metió ropa al azar.

Las cartas… las guardó con cuidado contra su pecho.

Cuando cruzó la puerta de la casa, no miró atrás.

Por primera vez, estaba solo.

Pero también, por primera vez, sabía quién era…

y de dónde venía.

💕💕💕💕💕..... 💕💕💕💕💕💕..........

Este capítulo fue difícil porque aunque es ficticio, es una realidad en muchos jóvenes y cuando estés viviendo esto busca ayuda .... 💕💕💕

1
Leydi
🤭🤭🤭🤣
Leydi
😭😭😭😭😭😭💕
Leydi
Nooóooo Santi te vas a quemar 🔥
Luna Aoul
Muchas gracias por leerme, espero que siga disfrutando de los capitulos 🥰🥰🥰
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Me gustó la Empatía de la chica
Tere Jimenez
muy bonito capitulo felicidades
Tere Jimenez
muy insistente la madre y el chico debería de hablar con la verdad para que seguir sufriendo en silencio
Tere Jimenez
muy bueno el capítulo
Tere Jimenez
empieza interesante gracias por compartir
Julius
Por fin la verdad sale a la luz
izanita
quedé Taki Taki rumba 🫢
izanita
ESOOO 🙂‍↕️
izanita
queee 😠😤
izanita
🫢🫢🫢
izanita
Se vienen tiempos feitos para Emanuel pero luego de la tormenta sale el arcoiris 💗
izanita
ojalá no dure mucho el enojo de Héctor 🥲
Leydi
Aaaa que lindo Santi💕😭
Leydi
😭😭😭
Leydi
🤭🤣🤣🤭🤣🤭🤣
Julius
😭😭😭
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