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La Sustituta Del Don Viudo

La Sustituta Del Don Viudo

Status: Terminada
Genre:Mafia / Tú no me amas / Romance oscuro / Completas
Popularitas:19.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Edna Garcia

Órfana desde pequeña, Ayslan fue criada solo por su abuela. Cuando su salud empeora y los gastos médicos se vuelven urgentes, Ayslan acepta trabajar como camarera en un club de lujo… sin imaginar que ese paso cambiaría su vida para siempre.

Álvaro, un poderoso jefe de la mafia, vive consumido por la culpa después de perder a su esposa embarazada en una traición sangrienta. Al ver en Ayslan una perturbadora similitud con la mujer que perdió, toma una decisión extrema: obligarla a un matrimonio donde nada es elección, solo condición.

Atrapados en una relación marcada por el control, el silencio y el dolor, Ayslan lucha por no desaparecer en un papel que nunca quiso, mientras Álvaro confunde luto con posesión y obsesión con amor.

Cuando huir se convierte en la única forma de sobrevivir, ambos se ven obligados a enfrentar las consecuencias de lo que fue impuesto. Entre culpa, arrepentimiento y sentimientos que resisten al final, nace una historia sobre la pérdida y la oportunidad de empezar de nuevo, incluso cuando todo comenzó mal.

NovelToon tiene autorización de Edna Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

El cuarto estaba en silencio.

Ayslan se sentaba en el borde de la cama, con las manos apoyadas sobre su vientre aún plano, como si intentara sentir algo que aún no podía tocar. El médico había dicho que era demasiado pronto para cualquier señal concreta, pero, dentro de ella, algo ya había cambiado para siempre.

Estaba embarazada.

La idea todavía parecía distante, casi demasiado frágil para ser dicha en voz alta. Pero el miedo... ese ya era real.

Desde la vuelta del consultorio, Ayslan no conseguía apartar las palabras de Álvaro de su mente.

"Esta sustitución se va a volver aún más real."

Ella cerró los ojos, sintiendo el corazón oprimirse.

—Tú no eres una sustitución... —susurró, más para sí misma que para el bebé—. Tú eres mi hijo.

Pero incluso esa palabra —hijo— venía acompañada de un peso extraño.

Álvaro no había hablado más sobre el embarazo.

No había preguntado cómo estaba.

No había mencionado exámenes.

No había tocado el tema.

Pero sus miradas habían cambiado.

Siempre que pasaba por Ayslan, sus ojos descendían rápidamente hasta su vientre, como si intentaran ver más allá de lo que aún no existía. Aquello hacía que su estómago se revolviera más que las náuseas.

Ella comenzó a evitar ciertos lugares de la casa.

El antiguo cuarto de Bruna.

El altar silencioso.

Los corredores donde fotos antiguas aún permanecían.

Todo allí parecía gritar pasado.

Aquella noche, durante la cena, Ayslan apenas tocó la comida. Las náuseas volvieron fuertes, acompañadas de una opresión en el pecho que no tenía explicación física.

—Necesitas comer —dijo Álvaro, sin emoción.

Ella alzó la mirada.

—Lo intento... —respondió en voz baja.

—No es por ti ahora —completó él—. Es por el bebé.

Ayslan sintió la sangre helarse.

No fue el cuidado lo que la asustó.

Fue el tono.

—Por el bebé... —repitió ella, casi inaudible.

Álvaro no percibió —o fingió no percibir— el impacto de aquellas palabras.

Aquella noche, sola en el cuarto, Ayslan finalmente lloró.

Lloró por el miedo de que su hijo no fuera visto como un niño.

Lloró por la posibilidad de que él cargara el peso de una memoria que no era suya.

Lloró por imaginar a aquel bebé creciendo a la sombra de alguien que nunca conoció.

Ella se levantó y fue hasta la ventana. La luna iluminaba el jardín con suavidad, contrastando cruelmente con el caos dentro de ella.

—No voy a dejar que esto suceda... —murmuró, firme, a pesar de la voz temblorosa.

Llevó la mano al vientre con más fuerza.

—Tú no vas a ocupar el lugar de nadie. No vas a vivir a la sombra de una mujer muerta. Te lo prometo.

A la mañana siguiente, al cruzarse con Álvaro en el corredor, Ayslan sintió algo diferente dentro de sí.

No era sumisión.

No era miedo de él.

Era instinto.

El instinto de proteger.

Álvaro se detuvo frente a ella.

—Marqué nuevos exámenes —dijo—. Quiero que todo sea acompañado de cerca.

Ella asintió.

—Está bien.

Él la observó por algunos segundos, como si quisiera decir algo más. Pero no dijo nada.

Cuando él se alejó, Ayslan respiró hondo.

Ella sabía que aquel matrimonio ya era una prisión emocional.

Pero ahora... no estaba más sola dentro de ella.

Había una vida que dependía de ella.

Y, en aquel instante, algo cambió silenciosamente en Ayslan.

El amor comenzó a vencer el miedo.

Pero el miedo también comenzó a enseñar.

Ella aún no sabía cómo...

...pero comenzaba a entender que, si fuera preciso, huiría.

Porque una cosa era soportar el dolor sola.

Otra, completamente diferente,

era permitir que su hijo fuera criado como un reflejo de un pasado que nunca fue suyo.

Ayslan ya estaba acostada cuando oyó la puerta del cuarto abrirse.

No necesitó voltearse para saber quién era.

Álvaro entró en silencio, cerrando la puerta tras de sí. El aire pareció cambiar inmediatamente, volviéndose más pesado, más tenso. Ella sintió el corazón acelerarse, no por deseo, sino por anticipación.

—Esta noche necesito de ti —dijo él, directo, sin rodeos.

Ayslan respiró hondo antes de responder.

—Álvaro... —dijo en voz baja—. El embarazo aún es reciente. ¿Será que no sería mejor darnos un tiempo?

Él se acercó algunos pasos, con la mirada dura.

—Te preocupas demasiado —respondió—. En apariencia puedes hasta parecerte a Bruna, pero además de fría, eres demasiado débil para entender ciertas cosas.

Las palabras hirieron.

—El bebé no será perjudicado —continuó él—. Que los padres mantengan relaciones no causa daño alguno.

Ayslan se sentó en la cama, sintiendo el pecho oprimirse.

—¿Cuándo vas a parar de compararme con Bruna? —preguntó, con la voz firme a pesar del dolor—. Yo no soy ella.

El silencio entre ellos fue breve, pero pesado.

—El contrato que hicimos fue claro —respondió Álvaro, frío—. Te casaste conmigo para sustituirla. Y necesitas estar de acuerdo con eso.

Ayslan sintió los ojos arder, pero no lloró.

Ella ya lo sabía.

Sin decir nada más, apenas asintió.

La noche siguió como tantas otras deberían haber sido: mecánica, impuesta. Pero, como venía sucediendo últimamente, algo cambió cuando estaban juntos.

En la cama, una vez más, Álvaro no fue frío.

Se tornó cariñoso de forma casi desconcertante. Los gestos eran cuidadosos, la presencia intensa, como si, en aquel espacio restringido, dejara caer todas las defensas que mantenía durante el día.

Ayslan sintió el corazón confundirse nuevamente.

No era solo el toque.

Era la forma en que él permanecía.

Como si, por algunos instantes, no estuviera intentando sustituir a nadie.

El silencio se instaló, diferente del habitual. Ayslan respiraba despacio, sintiendo el cuerpo pesado y la mente aún más.

Ella vaciló por algunos segundos... y entonces preguntó:

—Álvaro... —dijo bajo—. Cuando estás conmigo... ¿es realmente en Bruna en quien piensas?

La pregunta quedó suspendida en el aire.

Álvaro permaneció inmóvil.

Por dentro, algo se revolvía.

Él sabía que, si decía que sí, estaría mintiendo.

Aquella noche —como en la anterior— no había sido Bruna quien había surgido en su mente. No había sido el rostro de ella, ni la sonrisa, ni el recuerdo del pasado.

Era Ayslan.

El modo silencioso.

El cuerpo que reaccionaba de forma única.

La sensación extraña, casi mágica, que él jamás había sentido antes.

Era como si, al estar con Ayslan, el pasado simplemente no existiera.

Álvaro cerró los ojos por un instante antes de responder.

—No —dijo, por fin.

Ayslan giró el rostro lentamente para encararlo.

—Entonces... ¿en quién piensas?

Él demoró algunos segundos.

—En ti —respondió, casi en un susurro que ni él reconocía como suyo.

El corazón de Ayslan se aceleró.

Álvaro se giró de lado, quebrando el contacto visual, como si hubiera revelado más de lo que pretendía.

—Duerme —dijo, retomando el tono controlado—. Mañana será un día largo.

Pero aquella palabra simple no apagó lo que había sido dicho.

Ayslan permaneció despierta por mucho tiempo, una mano sobre el vientre, la otra sobre el pecho.

Ella sabía que aquello era peligroso.

Porque, cada vez que Álvaro la confundía con cariño...

...más difícil se tornaba recordar que aquel amor no era libre.

Y, en otro cuarto de la mansión, Álvaro encaraba el techo, irritado consigo mismo.

Porque, por más que luchase contra eso,

cuando estaba con Ayslan,

no había espacio para Bruna.

Había solo ella.

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Leticia V
felicidades
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Que bonito Capitulo.🥰👏👏👏👏
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Muy buena tu Novela 👏👏👏👏🥰🥰🥰💕💕
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Muy bueno.
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Qué hombre más extraño, parece la momia, pobre chica.
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Salcorriendo de esa casa Bruna.
Lineth
interesante
yansa munoz
/Smile/
Carolina Parra
Noooo puede ser
Carolina Parra
Aurora me encanta tod a historia verdaderamente bella
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