Alana es una joven que ha enfrentado numerosas dificultades desde muy pequeña. A la edad de solo cinco años, sufrió la pérdida de su madre, quien falleció, y poco tiempo después, su padre decidió abandonarla al encontrar una nueva pareja y formar una nueva familia con dos hijos más. Desde ese momento, Alana fue ingresada en un orfanato, donde pasó su infancia y adolescencia.
Ahora, al llegar a los 18 años, se encontraba en el umbral de una nueva etapa de su vida. Era el momento de abandonar el orfanato y dar un paso hacia la independencia, pero la situación le resultaba abrumadora. Con lágrimas brotando de sus ojos, dejó aquel lugar que había sido su hogar por tantos años. Mientras cruzaba la puerta, no podía evitar preguntarse cómo habría sido su vida si su madre estuviera a su lado. La melancolía y la incertidumbre la acompañaban, ya que se sentía sola en una ciudad que apenas conocía; su tiempo había estado casi completamente dedicado a los estudios en el orfanato, y ahora se enfr
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capítulo 15
Al día siguiente, Alana se despertó a las seis de la mañana. Después de levantarse, se dirigió al baño donde se duchó y posteriormente se arregló con esmero. Cuando faltaban cinco minutos para las siete, salió de su casa, lista para enfrentar el día.
Por su parte, Alejandro también se despertó a la misma hora. Se tomó su tiempo en la ducha y se preparó con meticulosidad. Al igual que Alana, salió de su hogar a las siete menos cinco, y sus caminos se cruzaron justo en el instante en que ambos salían. Al verse, se miraron con sorpresa y alegría; Alana fue la primera en romper el silencio y dijo: ¡Buenos días, señor!.
Alejandro, con una sonrisa, respondió: ¡Buenos días, Alana! Vamos. Sin dudarlo, Alana lo siguió, caminando juntos hacia su destino.
Ambos llegaron a un amplio salón, cuyo tamaño los dejó impresionados. Al entrar, notaron que ya estaban los demás inversores, quienes se encontraban listos para disfrutar del desayuno. Fue entonces cuando Máximus, uno de los presentes, les saludó con entusiasmo: ¡Buenos días, chicos!.
Buenos días, respondieron al unísono ambos.
Maximus: Por favor, tomen asiento.
Alana y Alejandro se acomodaron en las sillas.
Pronto llegó el desayuno para todos, y tras disfrutar de la comida, la reunión comenzó. Alejandro y Alana se turnaban para explicar cada detalle del proyecto, respondiendo a todas las preguntas que surgieron de los presentes. La reunión se extendió durante seis horas.
Maximus, consciente del tiempo, sugirió: ¿Qué les parece si ahora almorzamos y luego continuamos con la reunión?
Diego, uno de los inversionistas, intervino: Me parece una buena idea, ya es la una de la tarde.
Alejandro asintió: Está bien.
Maximus entonces indicó: Pasemos a la sala de al lado, donde todo está preparado.
Mientras disfrutaban de su almuerzo, Máximus comentó: Dado que hoy hemos estado trabajando arduamente en todos los aspectos del proyecto y hemos logrado avanzar tanto, me gustaría invitarles esta noche, alrededor de las 8 o 9, a una celebración. He preparado un lugar acogedor que seguro les encantará. Allí podremos disfrutar de un buen rato, relajarnos y, sobre todo, desconectar un poco del estrés que ha generado tanto trabajo.
Diego, entusiasmado, respondió: ¡Qué maravilla! Estoy encantado con la idea. ¿Puedo invitar a mi novia?
Máximus sonrió y afirmó: Por supuesto que sí. Todos pueden invitar a quien deseen, tanto los jefes como los asistentes.
Alana observó a Alejandro, de quien tenía la certeza, gracias a su propia información, de que no estaba saliendo con alguien. Él le sonrió amablemente. Maximus, por su parte, le hizo una pregunta a Alejandro: Amigo, ¿vas a llamar a tu novia o prefieres ir con una amiga? Alejandro miró a Alana antes de contestar, diciendo que en ese momento no tenía a nadie a quien llevar. Maximus entonces volvió su mirada hacia Alana y le preguntó: ¿Y tú, Alana? Ella respondió: Yo tampoco tengo novio. Maximus comentó: Bueno, al menos ustedes dos pueden hacerse compañía, ya que los demás seguramente llevarán a alguien. En ese momento, Juan, quien era accionista, se animó a intervenir: Yo tampoco tengo a quien llevar. Si usted lo acepta, señorita, podríamos acompañarnos. Alejandro, al escuchar esto, adoptó una expresión seria.
Alana sonrió y comentó que todos podrían hacerse compañía, ya que estaban a punto de celebrar. Maximus, asintiendo, respondió: Tienes razón. Bien, pasemos de nuevo a la sala de juntas y terminemos lo que queda de la reunión. La reunión concluyó a las 4 de la tarde y, al dirigirse hacia el hotel, Alana se dirigió a Alejandro con una pregunta. Señor, ¿sería posible que no asista a ese paseo? La verdad es que no tengo ganas de ir.
Alejandro, al escucharla, la miró atentamente y le preguntó el motivo de su negativa. ¿Por qué no quieres ir? No tienes novio, ¿verdad? No te preocupes, yo tampoco iré con nadie. Y, por cierto, escuché que Juan y César tampoco tienen.
Alana le dijo con firmeza: No se trata de eso, señor, simplemente no quiero ir.
Alejandro, tomando delicadamente su mano y mirándola a los ojos, le respondió: Alana, has ganado este paseo gracias a tu arduo esfuerzo. Te has ganado la confianza de todos esos inversionistas y accionistas, muchos de los cuales son bastante exigentes. Te lo mereces. Mañana volveremos y regresaremos a casa. Si quieres, puedes tomarte el lunes libre, ya que también mereces un día para descansar en tu hogar.
Alana se soltó de su agarre y, con un suspiro, dijo: Está bien, señor, entonces me gustaría pedirle un favor.
Alejandro, mostrando disposición, contestó: Claro que sí, dime.
Alana, al no estar familiarizada con el lugar, le pide a Alejandro: Como no conozco este sitio, ¿podrías hacerme el favor de llevarme a un lugar donde pueda comprar algunas cosas?
Alejandro, dispuesto a ayudarla, responde: Bueno, entonces vamos. Así aprovecho yo también y compro algunas cosas.
Alana vuelve a subir al automóvil y, curiosa, pregunta: Por casualidad, ¿sabes a qué lugar vamos? Quiero saber qué puedo comprar.
Alejandro la mira y le responde: Quizás es una casa vacacional. Deberías llevar un traje de baño, por si acaso.
Alana asiente y dice: Está bien.
Finalmente, llegaron al centro comercial, y Alana, emocionada, comenta: Iré a comprar. Nos encontramos aquí.
Alejandro asintió con una ligera sonrisa y ambos decidieron ir a comprar algunas cosas. Cuando terminaron de hacer sus compras y llegaron al estacionamiento, Alana comentó con un tono divertido: ¡Listo! Me he demorado un montón.
Alejandro, con una expresión tranquila y relajada, le respondió: No te preocupes, sube al auto.
Una vez de regreso en el hotel, cada uno se dirigió a su habitación. Alana comenzó a organizar sus cosas, asegurándose de que todo estuviera en su lugar. Después de ordenar, decidió que era momento de darse una ducha para refrescarse. Mientras tanto, pidió algo de comer a través de la aplicación del hotel y se acomodó en la cama para descansar un poco.
Por su parte, Alejandro también se dio una ducha rápida. Después de sentirse renovado, se sentó en la cama con un libro en mano, buscando disfrutar de unos minutos de lectura tranquila. Sin embargo, su teléfono sonó sorpresivamente; era Yuly. Al contestar, Alejandro dijo: Hola, Yuly, ¿cómo te va en el viaje?.
Yuly respondió con una voz melodiosa: Hola, mi amor, ¿cómo estás?.
Alejandro, preocupado por saber si necesitaba algo, le preguntó: ¿Necesitas algo?.