Ella pasa una noche apasionada y fruto de esa noche queda embarazada su madre hace todo lo posible por separarlos
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Capitulo 7
El despacho del doctor Fernando Mendoza estaba en silencio.
Sobre su escritorio había varios documentos médicos.
Y entre ellos…
Un informe que había cambiado todo.
Resultado de prueba de ADN.
Compatibilidad genética: 99.99%
Fernando se quitó las gafas lentamente.
No había duda.
Ese pequeño niño era hijo de Alejandro.
Su nieto.
Respiró hondo antes de tomar el teléfono.
—Pídale a la señorita Valeria Fuentes que pase a mi oficina —le dijo a su asistente.
Minutos después…
Valeria entró al despacho con su pequeño en brazos.
—Doctor… ¿quería verme?
Fernando la observó unos segundos en silencio.
Luego se levantó y caminó hacia la ventana.
—Hay algo que debo decirle.
Valeria sintió un pequeño nudo en el estómago.
—¿Sucede algo con mi hijo?
El doctor negó con la cabeza.
—No. Él está bien.
Se giró lentamente hacia ella.
—Pero sí sucede algo importante.
Tomó el documento del escritorio.
—Hice algunos análisis adicionales.
Valeria frunció el ceño.
—¿Análisis?
El doctor habló con calma.
—Un análisis de ADN.
El corazón de Valeria se detuvo.
—¿Qué…?
Fernando la miró con seriedad.
—Su hijo es hijo de Alejandro.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Valeria sintió que el mundo giraba.
—Usted… —susurró—. ¿Cómo…?
Entonces entendió algo más.
Miró al doctor con sorpresa.
—Usted… es su padre.
Fernando asintió con tranquilidad.
—Sí.
Valeria no sabía qué decir.
El silencio llenó la habitación.
—Escuche —dijo finalmente el doctor con voz suave—. No voy a decirle nada a Alejandro.
Valeria levantó la mirada sorprendida.
—¿Qué?
—Usted es su madre.
Se acercó un poco más.
—Y si decidió mantener esto en secreto… estoy seguro de que tiene sus razones.
Valeria sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
Fernando miró al pequeño, que estaba jugando con un botón de su camisa.
Su expresión se suavizó.
—Pero sí quiero decirle algo.
Valeria lo escuchó en silencio.
El doctor sonrió ligeramente.
—Quiero ser un abuelo presente.
Valeria se quedó inmóvil.
—No voy a interferir en sus decisiones —continuó él—. Ni en su vida.
Sus ojos se volvieron cálidos.
—Pero ese niño es mi nieto.
El pequeño levantó la mirada justo en ese momento.
Fernando extendió suavemente un dedo… y el niño lo agarró con su manito.
El doctor soltó una pequeña risa.
—Y pienso amarlo y cuidarlo.
Luego miró a Valeria.
—Y también apoyarla a usted en cada decisión que tome.
Las lágrimas rodaron por las mejillas de Valeria.
Por primera vez desde que volvió a la ciudad…
No se sentía completamente sola.
—Gracias… —susurró.
Fernando Mendoza sonrió.
—No tiene que agradecerme.
Miró nuevamente al niño.
—La familia es familia.
Y aquel pequeño…
Era sangre de los Mendoza.
Valeria salió del consultorio con el corazón mucho más ligero.
Su pequeño iba en sus brazos, jugando con sus dedos.
Por primera vez desde que volvió a la ciudad… sentía esperanza.
El doctor Fernando Mendoza la había sorprendido.
No solo sabía la verdad.
También la había aceptado.
—Al menos no estaremos solos —susurró ella besando la cabeza de su hijo.
Saber que el abuelo de su pequeño lo amaba… le daba una paz que no había sentido en años.
Pero en ese mismo momento…
En la mansión Mendoza se estaba tomando una decisión que cambiaría todo.
Esa noche, el doctor Fernando Mendoza llamó a una reunión familiar.
El gran salón de la mansión estaba iluminado.
Alejandro, Camila y Doña Úrsula estaban sentados esperando.
Fernando permanecía de pie frente a ellos.
—Quiero hablar de una situación… y de una decisión que tomé —dijo con calma.
Doña Úrsula frunció el ceño.
—¿De qué hablas, esposo?
Fernando respiró hondo.
—Tengo una paciente con su pequeño hijo en una situación muy difícil.
Camila lo miró con curiosidad.
—Es una madre soltera —continuó el doctor—. Y su hijo está recibiendo tratamiento en mi hospital.
Úrsula cruzó los brazos.
—¿Y qué tiene que ver eso con nosotros?
Fernando siguió hablando con tranquilidad.
—Ella está colaborando con una investigación médica muy importante.
Luego hizo una pequeña pausa.
—Así que decidí traerlos a vivir a la mansión.
El silencio duró un segundo.
Y luego explotó.
—¡Por supuesto que no! —gritó Camila levantándose.
Sus ojos estaban llenos de indignación.
—¿Traer a una mujer extraña a esta casa?
Por dentro, Camila recordó inmediatamente a la mujer del hospital.
La que había estado con Alejandro.
Apretó los dientes.
Ya bastante tenía con esa mujer, pensó.
Sin saber…
Que hablaban de la misma persona.
Fernando no se alteró.
—Camila, cálmate.
Pero ella negó con la cabeza.
—No. Esto es absurdo.
Entonces Alejandro habló.
—Yo te apoyo, padre.
Todos lo miraron.
—Si crees que es lo mejor —continuó él con calma— y si es una mujer que necesita apoyo…
Se encogió ligeramente de hombros.
—Además está aportando para tu investigación médica.
Miró a su padre.
—Creo que es lo correcto.
Fernando sonrió ligeramente.
Pero Doña Úrsula habló de inmediato.
—No.
Su voz era fría.
—No quiero a una extraña en esta casa.
Sus ojos se endurecieron.
—¿Y si nos roba?
Fernando la miró con paciencia.
—Es una mujer cuyo hijo necesita este tratamiento para vivir.
Hizo una pausa.
—No hará algo así.
Luego añadió con firmeza:
—Y como dije… está ayudando mucho a la investigación.
Sus ojos recorrieron la mesa.
—Así que creo que es lo correcto.
Doña Úrsula lo miró fijamente.
Pero entonces él dijo las palabras finales.
—Y ya lo decidí.
El silencio cayó sobre la habitación.
Camila estaba furiosa.
Úrsula sentía una tormenta de miedo creciendo en su pecho.
Alejandro simplemente suspiró.
Sin tener idea…
De que la mujer que pronto entraría a la mansión Mendoza…
Era la única que había logrado romper su corazón.
Valeria.
Y que el pequeño niño que vendría con ella…
Era su propio hijo.