Desde el momento que lo ví me encantó, supe que él era el chico con el que quería experimentar todo eso que leía en libros sobre el amor y otras cosas, sus ojos hermosos y su sonrisa coqueta me volvieron loca desde el primer momento. Fue fácil para él tenerme entre sus brazos, lo ame y pensé que él me amaba también, Ja, que estúpida fuí, Me creí la muy madura y jugué con fuego y; obvio me quemé y entendí, que los chicos grandes, te rompen el corazón.
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Sensaciones nuevas.
Amanda.
No quería moverme de dónde estaba, mire al piso y pense que definitivamente estaría pronto con mi trasero en él.
— Vamos Amanda, no te caerás, yo te sostendre. — levanté la mirada hacia San y sonreí.
— Está resbaloso.
— Naturalmente. — el sonrió y vi un atibo de burla en su ojos.
Idiota, pensé internamente, pero también pensé que era demaciado sexy.
Unas chicas pasaron por nuestro lado y lo miraron marvilladas.
¡Oh sí es hermoso pero es mío alejense idiotas!
Sonreí ante ese pensamiento.
— De acuerdo me voy a soltar, pero por favor, si ves que me caere agárrame. — el asiente. Deje salir un poco de aire de mis pulmones y me solte de la valla, hice todo lo posible por mantener el equilibrio y no resbalar.
— Muy bien, ahora ven hacia mí.
— Okay, Amanda, esto no debe de ser muy difícil, solo hazlo. — me animo. Muevo mi pie derecho suavemente y luego el izquierdo.
— ¡Mierda esto es muy resbaloso! — comenté moviéndome con mucha dificultad.
— Lo haces bien, llevas dos pasos y no te has caído.
— ¡Oh bueno que bien!
Di dos pasos más y al siguiente sentí que estire mucho la pierna y estaba segura que caeria, pero Sam se acerco a mí y me tomo de la cintura.
— Te dije que no te dejaría caer. — me dijo sosteniendo fuertemente. Le sonreí.
Se colocó a mi lado y me agarró de la mano.
— No des pasó muy largos, es igual que patinar en la calle, solo, un poco más lento.
Asentí y después de varios minutos logré hacerlo, sin embargo él no me soltó nunca, cumpliendo su palabra de no dejarme caer.
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— ¡Eso fue muy divertido! — dije, el sonrió y asíntio.
— Hace un poco de hambre, ¿Quieres ir a comer algo?
— Sí.
— ¿Qué te gustaría?
— ¡Ay lo que sea! Pizza, hamburguesa, hot dog. — él sonrió algo impresionado y lo miré confusa.
— ¿Qué pasa?
— Bueno, me sorprende que comas ese tipo de comidas.
— ¿Por qué?
— Eres delgada, las mujeres evitan la comida chatarra para mantenerse así.
— Oh bueno, yo no como siempre comida chatarra, en general como en casa y mamá cocina saludable y además, salgo a trotar todas las mañanas y hago parte del equipo de voleibol de la escuela.
— Entonces eres una chica deportista, ¡Genial!
Le sonrió. — ¿Tu prácticas algún deporte?
— Ahora no, en la escuela y universidad, hice parte del equipo de fútbol americano, pero tuve una lesión, así que eso se acabó.
— ¿Pero vas al gimnasio? Se nota que te gusta. — dije sin poder evitar mirar su pecho. Él sonrió coqueto.
— Eso sí, me gusta estar en forma.
— Músculoso diría yo.
Sonrio y asíntio . — A las chicas les gusta.
— ¡Oh sí definitivamente! — dije sonriendo, luego pensé en que había Sido atrevida, el sonrió y algo brillo en sus ojos, se inclino hacia mí y tomo mi barbilla.
— Me alegra que te guste. — susurró y luego me dió un beso fugaz en los labios. — Vamos por esa hamburguesa. — Asenti sin poder pronunciar palabra.
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— ¡Está deliciosa! — dije mientras tragaba un poco de mi hamburguesa.
— Sí, está muy buena.
Tome un poco de refresco y él hizo lo mismo.
— Cuéntame sobre tí, tú famila. — me dijo, le sonreí.
— Bueno, vivo obviamente con mis padres, papá se llama Franklin y mamá Angie, él es contador y mamá psicóloga, pero actualmente se dedica a la escritura. — me escucha atento. — Tengo una hermana mayor, se llama Amalia, está en la universidad, hace poco se mudo a un departamento con unos amigos, nos llevamos bien, somos una familia unida.
— Que bien. — me dijo sonriendo. — ¿Y ya sabes que vas a estudiar?
Sonreí. — Si, estudiare diseño de modas.
— Ya veo, es una buena carrera. ¿ que más?
— A pues, me gusta todo tipo de música, me gustan las películas de accion, de romance y las animadas. — el sonrió. — Y en dos semanas cumpliré 18 años.
— ¿En serio?
— Sí.
— Genial, te compraré un regalo.
— No es necesario.
— Sí, lo es.
Le sonreí y di otro mordisco a mi hamburguesa y trague.
— Bueno ya es tu turno, Cuéntame de ti.
— Pues, como ya te imaginas, acabo de graduarme de la universidad, en Chicago de administración de empresas.
— ¿Eres de Chicago? — nieve la cabeza de un lado a otro.
— Soy de Texas.
— ¿Eres un vaquero? No tienes asentó. — el sonrió
— Sí, no tengo asentó porque viví la mayor parte de mi vida en Manhattan— me sonrio—Regresamos cuando cumplí los 17 años a Texas, ella conoció a Marcos quien ahora es su esposo, tiene un rancho, no es muy grande, y tengo un hermanastro de diez años, tengo una buena relación con ellos.
— ¿Y tú padre?
— Hmm, hablamos pocos, somos de temperamentos fuertes, nuestra relación es complicada.
— Ya veo.
— Como sabes, vine aquí a hacer mis pasantías, fue algo que el me ofreció y el tío Austin también, así que aquí estoy. Aunque por ahora me quedo en casa del tío, ya estoy buscando un departamento para mudarme.
Aquello me sorprendió.
— ¿Te vas a ir de casa de Sandy?
— Sí, no puedo estar ahí por mucho tiempo, Sandy pasa la mayoría del tiempo sola en casa, es mejor evitar las malas lenguas, ¿No crees?
— Pues si, la gente inventa mucho. — comento un poco cabizbaja— Pero será una lastima no verte ahí. Él sonrió. — No hay problema, siempre podemos vernos fuera, como hoy, o también podrás irme a visitar. — me guiñó un ojo y sonreí.
— Tienes razón.
Continuamos hablando un poco más sobre nosotros, conociendo sobre nuestros gustos.
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— ¿Y qué hacemos ahora? — pregunté mientras salíamos del lugar de comida rápida.
— ¿Qué tal una película? — propuso y sonreí.
— Bien.
Me tomo de la mano y fuimos hacia el cuarto piso dónde estaban las salas de cine.
Después de comprar los boletos, palomitas y refrescos, entramos a la sala de cine, como es costumbre Todo estaba oscuro, él me tomo de la mano y me llevó hacia nuestros asientos, los cuales eran en el centro, había pocas personas y pensé que tal vez era porque era temprano y además de eso era una película romántica, él la había elegido supongo que porque le había dicho hace un rato que me gustaban de ese tipo.
Con el trascurso de los minutos las pocas personas que habían en el cine se fueron yendo, y cuando la película llevaba un poco más de la mitad solo éramos unas 10 personas en el lugar.
Admito que la película estaba un poco aburrida, y las actuaciones de los actores no eran las mejores, Pero si ya pagué por algo, pues la veo hasta el final.
— ¿Está muy mala cierto? — me preguntó él en voz baja, asenti.
— ¿Quieres irte?
— No, ya se está acabando, así que. — levanté mis hombros, el asintió. Segundos después me tomo la mano, lo miré y él me miraba.
— He estado soportando las ganas de besarte. — abri mis ojos al escuchar aquello. — ¿Me dejas hacerlo? — mire alrededor de nosotros y me percate de que las pocas personas que quedaban en el lugar estaban por delante. Mordí mi labio inferior y Asenti.
Él se movió en su silla y se acercó a mí, sin dudar ni un segundo, junto nuestros labios y me beso de forma suave y dulce.
— Me encanta ese sabor. — musito contra mis labios y volvió a besarme, pero está vez lo hizo de forma más demandante.
Me beso hasta dejarme sin aliento, cuando por fin paro, tuve que respirar profundamente para oxigenar mi cerebro.
— ¡Cielos! — exclame en voz baja. El sonrió y me dió un fugaz beso, para luego acomodarse en su silla y continúar viendo la película.
Lastimosamente, yo no pude concentrarme más en ella.
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A las siete y media de la noche decidimos que era hora de llevarme a casa.
Me adentré al auto de Sam mientras él me sostenía la puerta, ese fue un gesto que me gustó y que solo lo había visto hacer a mi padre. Él dio media vuelta y entro.
— Espero que la hayas pasado bien. — me dijo y le sonreí.
— ¡Por supuesto fue todo genial!
El me miró en silencio.
— ¿Qué?
— Nada. — me respondió, asenti y mire al frente, esperando que encendiera el auto, pero al pasar unos segundos y no ver esto volví la mirada hacia él.
—¿Qué pasa? — indague
El sonríe. — Nada, solo te admiraba. —
Senti mis mejillas arder y las mariposas en mi estómago revolotearon feliz.
Sam se movió hacia adelante y yo hice lo mismo. Juntamos nuestros labios en un beso que al principio fue suave y tierno, pero que con el paso de los segundos se intensificó.
— Cielos definitivamente me volveré adicto a esto. — comento contra mis labios y volvió a besarme.
Una de sus manos fue hacia mi cintura, mientras su lengua invadió mi boca.
Sentí mis piernas temblar y un cosquilleo se instaló en mi parte inferior.
¡Oh cielos!
La mano que antes estaba en mi cintura, la introdujo bajo mi blusa, y acaricio la piel de mi abdomen, haciendo que mi cuerpo se estremeciera y que la piel se me pusiera de gallina.
— Mm. — gemí al sentir aquello. Sus labios entonces dejaron mis labios para bajar dejando un reguero de besos hasta mi cuello. Me aferré a su chaqueta empuñándola y disfrutando de la sensación que me causaba sus besos y lamidas en mi piel.
— Sam. — murmuré su nombre en voz baja.
El continuo con sus deliciosos besos y subió su mano un poco más arriba hasta rozar el nacimiento de unos de mis pechos.
¡Oh cielos!
Jamás había hecho aquello, y lo que sentía me estaba gustando tanto.
La temperatura de mi cuerpo aumentaba, y ese cosquilleo en mi entre mis piernas igual.
Justo cuando él va a subir su mano un poco más mi celular sonó haciéndome dar un respingo, Sam se alejó un poco de mí y busque mi celular en el bolso, las manos me temblaban un poco y al lograr sacar el teléfono y ver quien me llamaba.
— Es mamá. —sonreí nerviosa. Trague en seco y respondí la llamada.
— Hola mamá.
— ¿Hija dónde estás? Saliste desde muy temprano, ya van a hacer las ocho.
— Mamá ya voy saliendo. — mire a Sam quien sonreía. — No te preocupes, estaré en casa en quince o veinte minutos.
— Bien hija, tengan mucho cuidado.
— Si, tranquila.
La llamada terminó. Y miré a Sam sintiendo mis mejillas arder.
— A tu casa entonces. — dice y asenti.
Seguiré al pendiente, gracias!