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Desafiando Al Sistema

Desafiando Al Sistema

Status: En proceso
Genre:Aventura / Romance
Popularitas:749
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Abandonado en una raid urbana, Cael fue dado por muerto.
En las profundidades de una mazmorra oculta, despertó un Sistema prohibido que el mundo jamás debió conocer.
Mientras la ciudad sigue sus reglas…
él aprende a romperlas.
Y cuando regrese, no cambiará el ranking.
Cambiará el sistema.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13 — No Siempre Limpio

El llamado entró cuando Cael estaba lavando un plato.

El agua corría tibia sobre sus manos. No había prisa en el departamento. El sonido era simple. Doméstico.

El teléfono vibró.

Lara.

—Tenemos un problema —dijo apenas atendió—. No es grande. Es… incómodo.

Incómodo.

Esa palabra nunca significaba poco.

Cael dejó el plato en el escurridor y se secó las manos en la camiseta.

—¿Dónde?

—Límite del polígono viejo. Un taller de costura abandonado. Ruidos, luces… y una persona que no ha salido desde anoche.

Persona.

Eso cambiaba todo.

—Voy.

El viaje fue corto y silencioso.

Las calles del polígono viejo tenían esa quietud tensa de los lugares donde la gente aprende a no hacer demasiadas preguntas. Ventanas cubiertas. Persiana torcida. Un perro flaco cruzando la calle sin mirar.

—No queremos que esto escale con la Asociación —dijo Maira desde el asiento trasero—. Los vecinos están nerviosos.

—No vamos a hacerlo peor —respondió Cael.

No era una promesa. Era una intención.

El taller olía a tela húmeda y polvo acumulado.

Las máquinas de coser estaban alineadas como si alguien hubiera querido dejar todo en orden antes de marcharse. Eso siempre le generaba a Cael una incomodidad extra: los lugares que parecen esperar a alguien que no vuelve.

Al fondo, detrás de una cortina pesada, una luz azulada parpadeaba con irregularidad.

No agresiva.

Inestable.

—Ahí —susurró Lara.

Cael avanzó sin activar el Filo.

El foco no era violento. Era persistente. Una herida pequeña que no cerraba.

Escuchó pasos torpes detrás de la cortina.

—¿Hola? —dijo en voz baja—. No venimos a hacerte daño.

La tela se movió.

Un joven salió con las manos levantadas.

Ropa sucia de aceite. Ojos hinchados de no dormir. Miedo fresco.

No había nada sobrenatural en él.

Solo alguien atrapado entre lo desconocido y la falta de opciones.

—No me acerquen eso —dijo señalando la luz—. Me hace… sentir que me mareo.

—Tranquilo —dijo Maira, bajando el tono—. ¿Estás herido?

Negó con la cabeza. Pero sus manos temblaban.

—¿Cómo te llamás? —preguntó Cael.

—Tomás.

—Tomás, vamos a cerrar eso. Vos te quedás conmigo, ¿sí?

El joven dudó. Miró la luz. Asintió.

Maira comenzó a colocar anclajes alrededor del foco.

Lara cubría la puerta.

Ivo vigilaba el pasillo.

Cael se quedó con Tomás.

—¿Vivís por acá? —preguntó, en voz baja.

—Sí. Mi hermana tiene un local a dos cuadras.

—Bueno. En un rato vas a estar contando esto como una anécdota aburrida.

Tomás intentó sonreír. No le salió.

El foco reaccionó cuando el segundo anclaje entró en funcionamiento.

La luz se intensificó.

El aire se tensó.

—Un poco más… —murmuró Maira.

El fallo fue mínimo.

Un anclaje no respondió.

No explotó.

No hizo ruido.

Simplemente dejó un hueco.

Y por ese hueco se deslizó algo fino.

Rápido.

La sombra rozó el hombro de Tomás.

El joven gritó y retrocedió sin equilibrio. Tropezó con una silla y cayó hacia atrás.

El golpe seco contra el piso resonó más que cualquier criatura.

La sombra se disipó casi al instante.

Pero ya era tarde.

—Tomás —dijo Cael, arrodillándose—. Mirame.

El joven parpadeaba, desorientado. Sangre fina bajando desde la ceja.

—No fue grande —murmuró Tomás, como si necesitara justificar el accidente.

Cael sintió algo frío en el pecho.

No culpa.

Frustración.

Maira cerró el foco definitivamente. Lara ya estaba a su lado.

—Conmoción leve —dijo Maira tras examinarlo—. Hay que llevarlo a un hospital.

Tomás apretó la muñeca de Cael con fuerza.

—No llamen a la Asociación —susurró—. Mi hermana… no les conviene que estén acá.

La decisión cayó en el centro del grupo como una piedra.

Protocolo.

O discreción.

Cael miró a Lara.

Ella sostuvo su mirada apenas un segundo.

—Hospital común —dijo Cael—. Nada más.

La sala de guardia tenía olor a desinfectante barato.

Tomás quedó en observación.

El médico hablaba con cansancio profesional. Nada grave. Precaución.

Cael se sentó en una silla de plástico.

Ivo regresó con café de máquina.

Maira revisaba el anclaje defectuoso como si pudiera encontrar una explicación que cambiara lo ocurrido.

—No fue culpa tuya —dijo Lara.

—No —respondió Cael—. Pero alguien se golpeó igual.

La frase quedó suspendida.

Tomás dormía en la camilla.

La enfermera les pidió salir un momento.

En el pasillo, Cael apoyó la frente en la pared fría.

El pulso en el hombro le recordaba el roce de la sombra.

La Tenacidad del Caído amortiguaba el cuerpo.

No amortiguaba el peso de haber estado ahí cuando alguien cayó.

—No todo sale limpio —dijo Ivo.

—Lo sé.

—Entonces no actúes como si fuera sorpresa.

Cael levantó la cabeza.

—No es sorpresa. Es que no quiero acostumbrarme.

Lara respiró hondo.

—Si te deja de doler, ese día me preocupo.

Maira cerró el bolso.

—Aprendé a cargarlo. No a borrarlo.

De regreso, el taller estaba acordonado con una cinta improvisada por un vecino.

Los murmullos ya habían empezado.

No gritos.

Historias.

—Esto va a llegar a la Asociación —dijo Lara.

—Sí —respondió Cael—. Y esta vez hay nombre y apellido.

El Sistema apareció.

[Aviso: Exposición emocional elevada.]

[Recomendación: Recuperación.]

Cael soltó una risa baja.

—Sos inútil para otra cosa.

Esa noche no encendió la luz del departamento.

Se sentó en el suelo, espalda contra la cama.

No revisó noticias.

No buscó versiones en redes.

Se quedó respirando.

Dejando que la imagen de Tomás cayendo encontrara un lugar que no lo fracturara por dentro.

No siempre alcanza con llegar.

A veces, llegar es solo el comienzo del peso.

Y aprender a sostenerlo sin romperse…

es otra pelea que nadie graba.

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