Nací entre lujos, rodeada de poder, creyendo que el amor sería el único territorio donde nadie podría obligarme.
Me equivoqué.
Mi padre decidió mi destino con una firma.
Mi esposo selló mi condena con su desprecio.
Y yo… yo aprendí demasiado tarde que no todos los cuentos de hadas comienzan con una boda.
y que incluso en jaulas doradas se puede morir lentamente.
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capitulo 5 sonrisas falsas
No recuerdo en qué momento dejé de sentir mis mejillas, debe ser por tanto sonreír.
Por tanto fingir, por tanto sostener una felicidad que pesa más que el vestido.
La música suena. La gente ríe. Las copas chocan.
Y yo…
Yo interpreto un papel como una gran actriz.
Antonio observa desde cerca.
Siempre impecable.
Siempre correcto.
Siempre distante.
Se acerca con una copa en la mano.
—La novia más admirada de la noche, deberías sentirte feliz.
Sonrío automáticamente.
—Gracias, lo estoy.
Sus ojos recorren mi rostro.
Analíticos, fríos, sin una pizca de ternura allí, nunca la hubo.
Porque Antonio nunca estuvo conmigo por amor, o porque yo le importara, mi padre lo dejó claro sin necesidad de palabras:
Yo solo soy para él una garantía, para mantener su empresa, su poder, su estatus y su herencia.
La verdad que nadie dice es que Antonio no me mira como un hombre mira a su esposa.
Me mira como alguien que evalúa una inversión.
y aquí estoy, vestida de blanco, obligada por mi padre, y el hombre al que ame y que hoy detesto enormemente.
-Sonríe un poco más.
Lo dice en voz baja, sin mirarme directamente.
Pero aprieta mi cintura mientras lo hace.
Un gesto elegante para los demás.
Una orden para mí.
—Estoy sonriendo —respondo.
—No lo suficiente Renata.
Su tono es suave, demasiado suave.
El tipo de suavidad que esconde algo más duro.
—Es nuestra boda, Renata. No un funeral.
Trago saliva.
—Solo estoy cansada.
—No empieces.
Allí está, el cambio, la rigidez bajo la cortesía.
—Hoy no te victimices
La frase cae como una bofetada silenciosa.
—No me estoy victimizando…
—Esa cara dice otra cosa.
Lo miro, y por un segundo quiero gritarle, decirle que esto no es cansancio, que esto es asfixia.
Pero hago lo que mejor he aprendido:
Sonrío.
—Hija.
La voz me congela la columna.
Mi padre aparece a mi lado como una sombra perfectamente perfumada.
Elegante.
Impecable.
Falso.
Me besa la mejilla.
Las cámaras capturan el momento.
—Estás deslumbrante.- dice lo suficientemente fuerte para llamar la atención.
—Gracias, papá.
Su sonrisa no se mueve cuando murmura:
—Corrige esa expresión.
Mi corazón da un golpe seco.
—¿Qué expresión?
—La de siempre.
Sus dedos se clavan apenas en mi brazo.
Invisible para todos.
—No arruines esto con tu dramatismo.
Siento el nudo en la garganta.
Otra vez, el eco cruel primero mi esposo, luego mi padre.
La misma exigencia, Distinta voz, Pero el mismo mensaje:
No te victimices
La pantalla perfecta
—Estoy bien.
La frase sale automática.
Perfectamente entrenada.
Mi padre asiente, satisfecho
—Eso espero. Hoy no eres una niña caprichosa.
No Hoy soy un símbolo, un acuerdo, una vitrina con apellido, una alianza, un contrato... Un simple necio.
El sonido de una copa siendo golpeada detiene el murmullo del salón.
Todos giran, la mujer que había estado hablando conmigo está de pie.
Sosteniendo su copa con elegancia serena.
Demasiado serena.
—Quisiera proponer un brindis.
—¿Amiga de mi hija?
—Algo así.
Sus ojos brillaron.
Mi estómago se contrae, no sé por qué.
Pero lo sé, algo viene.
Su mirada recorre el salón.
Luego se detiene en mí, después…
En Antonio, un segundo demasiado largo.
Demasiado cargado.
Debe ser maravilloso tener una familia tan… perfecta.
mi padre sonrió, Orgulloso para la audiencia.
—Mi hija siempre ha sido un orgullo.
—Oh, no lo dudo.
—Por eso quiero brindar... Por los nuevos comienzos.
Las copas se alzan.
—Por las decisiones valientes.
Su voz es suave, pero algo vibra debajo.
—Y por las historias que… nunca terminan del todo.
El aire cambia,lo siento, Antonio también porque su mandíbula se tensa.
Mónica sonríe, una sonrisa hermosa y Peligrosa a la vez.
—Algunas conexiones —continúa— sobreviven al tiempo…
Sus ojos siguen en Antonio.
—A las elecciones…
Ahora en mí.
—Y a las apariencias.
El silencio es casi tangible, nadie entiende del todo pero todos sienten algo extraño, mi piel lo sabe mi corazón late con violencia.
Porque en esa mirada… En ese tono…
Hay algo que no es casual, algo que no es inocente.
Algo entre ella… Y Antonio.
—Por la felicidad —dice finalmente.
Las copas chocan.
La música regresa
Y ella desaparece.