Nicolas Peltz, es un detective, que se convierte en el protector de Eva II, una creación genética, del científico Elias Vance, quien la creo con el fin de que sea un banco donante de órganos viviente para su hija biológica que sufre una enfermedad degenerativa. La existencia de Eva II sale a la luz después de que el laboratorio del doctor Vance, se incendiará. El detective Peltz se convertirá en el protector y defensor de Eva II, luchará para que la vean como humana y a la vez ella se convierte en una ayuda invisible para el detective para que no pierda la custodia de su hija de cinco años Clara. ¿Pelts conseguirá que se reconozca a Eva II como humana? ¿Eva II podrá vivir lo que es tener una familia? ¿Qué pasara cuando la verdadera Eva resurja? ¿La reconocerá como su gemela o la repudiará como fenómeno?
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Capitulo 7- La sombra del resentimiento
#NICOLAS
Me ocupe de conseguir una tutora para Eva, al observar lo increiblemente inteligente que era, como aprendía tan rápido y deseaba que cuando en el juicio le pongan bajo la lupa, ella pueda expresarse con fluidez y demostrar que no era una aberrante creación que debía servir solo como un saco de órganos.
Pasaron seis meses. Seis meses desde que el fuego reveló la verdad, seis meses de batallas legales, de artículos de prensa y de la extraña, casi surrealista convivencia de Eva en mi hogar.
Clara había vuelto a la escuela, y Eva, con la supervisión de una tutora especial, comenzaba a asimilar conocimientos a una velocidad asombrosa, desvelando una inteligencia prodigiosa oculta tras su fachada de asombro infantil.
Pero la rueda de la justicia giraba lenta. El juez, presionado por las implicaciones éticas y los intereses médicos en juego, dictó una orden: Eva debía someterse a un escrutiño completo de estudios anatómicos y fisiológicos. La finalidad era macabra: verificar si encajaba en los "estándares de ser considerada humana". Era la condición para que su caso avanzara y, sobre todo, para evitar que la usaran como un mero suministro biológico.
-Es una humillación.
Alejandro había espetado, furioso, en mi oficina.
-Un circo. Pero es nuestra única vía. Si demuestran que es "humana" en todos los sentidos, se complican los argumentos de la defensa del hospital.
Aprete la mandíbula. Llevar a Eva de vuelta al ambiente hospitalario, al microscopio, me enfermaba. Pero no había elección.
-Con la condición de estar presente en el proceso, no sea cosa que le saquen algún órgano. Respondí enérgico a Alejandro.
Como era el protector de Eva, debían obtener primero mi autorización, pero sabía que si me negaba, buscarían otro modo de conseguir lo que se proponían, esos buitres que representaban a la hija biológica del doctor Vance.
***
En el hospital, el ala de investigación parecía un panal de abejas. El personal médico y técnico la observaba con una mezcla de fascinación científica y temor supersticioso. Eva, con su habitual calma, se dejaba hacer. Resonancias magnéticas, tomografías, análisis de sangre y tejidos. Su cuerpo era diseccionado en imágenes, su fisiología escudriñada hasta la última célula.
-Sus órganos son idénticos a los de cualquier ser humano sano.
Me dijo un radiólogo, mostrando una imagen clara de un corazón latiendo.
-Su cerebro… Funciona con una eficiencia pasmosa. No hay anomalías estructurales.
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#EVA VANCE
Después de mucho tiempo por fin me siento más fuerte, había mostrado una mejoría sorprendente en los últimos meses. Mi cuerpo había aceptado los trasplantes, mi sistema inmunológico está a los niveles esperados.
Mi estado se había estabilizado, y la enfermedad, aunque aún presente, parecía remitir lentamente, tal vez por el descanso y la medicación que nunca antes había podido recibir con regularidad.
Cuando la Doctora Ríos, con su eterna prisa, pasó por mi habitación, soltó un comentario sin pensar:
-La Señorita Vance II está en el ala de investigación, haciendo los últimos análisis.
Aunque tenia la apariencia pálida y frágil, contaba con una lucidez creciente, me incorpore en la cama. Me mire al espejo, mis ojos, idénticos a los de mi supuesta "hermana", se estrecharon.
-¿Eva… La otra?
Mi voz era débil, pero el resentimiento que me impregnaba era acerado.
-Sí, querida. Una rutina para el caso legal.
Dijo la Doctora Ríos, sin darle importancia, y siguió su camino.
Pero para mi, no era una "rutina". Era un golpe. La otra Eva. La que era idéntica a mi, pero perfecta. Sana. Nunca había estado postrada en una cama de hospital, conectada a máquinas. Nunca había sentido el frío abrazo de la enfermedad, el miedo a cada tos, a cada fiebre. La que se había llevado a mi padre a un abismo de locura por intentar salvarme.
Una ola de celos, tan intensa como una punzada física, me recorrió el cuerpo. ¿Yo, la original, condenada a un hospital, a una vida limitada, mientras mi copia, mi donante, vivía una vida plena? Era una injusticia, una burla cruel del destino.
La Doctora Ríos regresó minutos después para un chequeo rutinario y me encontró sentada al borde de la cama, una expresión extraña en mi rostro, con la mirada perdida en un punto fijo de la pared.
-¿Todo bien, Eva? ¿Te sientes mal?
-Estoy bien, doctora.
Le respondi, mi voz ahora más fuerte, con un matiz nuevo y gélido.
-Solo pensaba. Es curioso, ¿no? Cómo una puede ser la original y la otra la copia. Pero la copia… Es perfecta.
La doctora no captó la oscuridad detrás de mis palabras.
-Bueno, los genes son los genes. Tu padre hizo un trabajo extraordinario.
-Sí
Asenti, una chispa fría en mis ojos, reflejado en el espejo que me recuerda dia a dia mi estado deplorable.
-Extraordinario. Pero no se puede tener dos de lo mismo. Solo hay espacio para una Eva. Y esa seré yo.
Aclare decidida en terminar con esa, si no podía obtener sus órganos, no merecía existir.
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#NICOLÁS
Terminados los estudios médicos a Eva, nos encontrabamos en la sala de espera, aguardando impacientes los resultados finales.
Alejandro estaba en una llamada, discutiendo detalles con un colega. Eva, sentada a mi lado, había permanecido en silencio durante todo el proceso, por mi parte sentía su cansancio.
-¿Estás bien, Eva? .
Le pregunte, tomando su mano. Estaba fría.
Eva asintió, luego, sus ojos se fijaron en la puerta del ascensor que acababa de abrirse. Segui su mirada.
Una joven pálida, con el pelo oscuro y los ojos idénticos a los de Eva, estaba allí, apoyada en el marco de la puerta, observándola. Era Eva I, la hija biológica del doctor Vance. Llevaba una bata de hospital, y su rostro, aunque frágil, exudaba una intensidad helada. Su mirada no era la de la curiosidad, ni la del asombro infantil de Clara. Era la mirada de un depredador, de alguien que sentía una profunda amenaza.
Senti un escalofrío. Nunca había estado en contacto con la Eva original, solo había visto sus fotos. La similitud era asombrosa, pero la diferencia en la expresión era abismal. Una era la inocencia, la otra… El resentimiento.
Eva II miró a su gemela biológica, su rostro inexpresivo.
Eva I se acercó, arrastrando los pies lentamente, sus ojos fijos en Eva II. No había amor fraterno, ni compasión. Solo una cruda y palpable hostilidad.
-Tú.
La voz de Eva I era apenas un susurro, pero resonó como un trueno en la silenciosa sala.
-Tú no deberías existir.
El aire se hizo pesado. Me interpuse ligeramente entre las dos, un instinto protector. La Eva original, el cordero enfermo que había provocado toda esta locura, ahora miraba a su salvadora con ojos llenos de veneno. El padre la había creado para salvar a la hija, pero la hija solo veía un espejo de su propia imperfección, un recordatorio viviente de su debilidad. Y en los celos de Eva I, vi un nuevo peligro, quizás más insidioso que la avaricia de los médicos o la locura de su padre.