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Era Menor Que Yo Y Me Enseñó Tanto

Era Menor Que Yo Y Me Enseñó Tanto

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Completas
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Flor Aguilar

romántica

NovelToon tiene autorización de Flor Aguilar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cuando enfermar también pesa

Pasaron varios días después de aquella tarde en la que Andrés había llevado a Fernanda a casa.

Después de aquel encuentro inesperado, nada volvió a ser exactamente igual, aunque desde afuera todo parecía continuar como siempre.

Fernanda no volvió a hablar con Andrés.

No hubo mensajes.

No hubo llamadas.

No hubo encuentros buscados.

Solo quedó aquel recuerdo guardado en su memoria.

Mientras tanto, su vida continuó con la misma rutina de siempre.

Pedro salía temprano a trabajar.

Fernanda se quedaba en casa, ocupándose de las cosas del hogar y de su hijo.

Entre los estudios de su hijo, las tareas de la casa y sus propios planes de estudiar, los días parecían pasar rápidamente.

Fernanda intentaba mantenerse ocupada.

Había comenzado a pensar más en ella misma, pero todavía tenía muchas cosas que aprender.

A veces se sentía fuerte.

Otras veces volvía a sentirse insegura.

Pero estaba avanzando.

Una mañana, sin embargo, comenzó a sentirse extraña.

Al principio pensó que solamente estaba cansada.

Tenía el cuerpo pesado y no tenía ganas de levantarse.

Pero conforme pasaron las horas, el malestar fue aumentando.

Comenzó a sentir fiebre.

Después llegaron los escalofríos.

Le dolía todo el cuerpo y sentía una debilidad que le impedía hacer incluso las cosas más sencillas.

Su hijo la miraba preocupado.

—Mamá, ¿estás bien?

Fernanda intentó sonreír.

—Sí, cariño. Solo estoy un poco enferma.

Pero sabía que no era un simple cansancio.

Se acostó y se cubrió con una manta.

Sentía frío a pesar de que su cuerpo estaba ardiendo.

Pasaron unas horas y la fiebre no bajaba.

Finalmente decidió llamar a Pedro.

Cuando él contestó, Fernanda apenas pudo explicarle cómo se sentía.

—Tengo mucha fiebre y estoy con escalofríos. Me siento muy mal.

Pedro se preocupó lo suficiente como para decidir que debía llevarla a una clínica.

Pero antes de salir del trabajo tenía que pedir permiso.

Por eso llamó a su jefe.

El jefe de Pedro era Andrés.

Cuando el teléfono sonó, Andrés contestó sin imaginar que aquella llamada tendría que ver con Fernanda.

—¿Sí?

—Jefe, necesito pedirle permiso.

—¿Qué pasó?

Pedro respiró profundamente.

—Fernanda está enferma. Tiene fiebre, escalofríos y se siente bastante mal. Necesito llevarla al doctor.

Al escuchar el nombre de Fernanda, Andrés se quedó en silencio durante un instante.

Sintió una preocupación inmediata.

No pudo evitarlo.

Aunque nunca había hablado con ella después de aquella ocasión en que la llevó a casa, había algo que sentía por ella.

Una atracción que no quería reconocer completamente.

No sabía exactamente qué era.

No se permitía ponerle un nombre.

Pero cuando Pedro le dijo que Fernanda estaba enferma, sintió preocupación.

—¿Está muy mal? —preguntó.

—Sí. Se siente bastante mal.

Andrés dudó unos segundos.

—¿Necesitas algo?

Pedro respondió que no.

—No, ya la voy a llevar en mi carro.

Andrés volvió a preguntar:

—¿Seguro que no necesitas que te ayude con algo?

—No, jefe. Gracias.

Andrés respiró profundamente.

—Está bien. Anda. Tómate el día libre y dedícate a tu esposa.

—Gracias, jefe.

La llamada terminó.

Andrés dejó el teléfono sobre su escritorio.

Intentó concentrarse nuevamente en el trabajo.

Pero no pudo evitar pensar en Fernanda.

Se preguntaba qué tendría.

Si la fiebre habría bajado.

Si estaría bien.

Y, aunque trataba de convencerse de que solamente estaba preocupado porque era la pareja de uno de sus trabajadores, sabía que había algo más.

Había algo en ella que lo atraía.

Algo que todavía no quería reconocer ni siquiera ante sí mismo.

Mientras tanto, Pedro regresó a casa.

Encontró a Fernanda acostada.

Su rostro estaba pálido.

—Vamos al médico —le dijo.

Fernanda intentó levantarse.

Le costaba mantenerse de pie.

Pedro la ayudó a prepararse y la llevó hasta el carro.

Su hijo quedó al cuidado de alguien de confianza mientras ellos iban a la clínica.

Durante el camino, Fernanda permaneció en silencio.

Tenía frío.

Se sentía débil.

Pedro conducía preocupado, aunque también parecía estar pensando en el trabajo que había dejado.

Cuando llegaron a la clínica, la atendieron rápidamente.

El médico le hizo varias preguntas, la examinó y solicitó algunos estudios.

Después de revisarla, finalmente les explicó:

—Tiene una infección fuerte. Necesita tratamiento y, sobre todo, reposo.

Fernanda escuchaba atentamente.

—¿Cuántos días?

—Debe descansar unos días. No haga esfuerzos y siga las indicaciones que le vamos a entregar.

Ella asintió.

Pedro preguntó algunas cosas sobre el tratamiento.

Después pagó la consulta.

El precio fue más alto de lo que esperaba.

Fernanda lo notó.

No dijo nada.

Regresaron a casa.

Durante todo el camino, Pedro permaneció serio.

Fernanda estaba demasiado débil para hablar.

Cuando llegaron, él la ayudó a entrar.

La llevó hasta la habitación.

—Tienes que descansar.

Fernanda se acostó.

—Gracias por llevarme.

Pedro no respondió inmediatamente.

Se quedó de pie junto a la cama.

—Hoy perdí el día de trabajo.

Fernanda lo miró.

No esperaba escuchar aquello.

—Yo no quería enfermarme.

—Ya sé.

Pero su tono no era amable.

—También tuve que gastar dinero en la clínica.

Fernanda bajó la mirada.

Estaba enferma.

Le dolía el cuerpo.

Tenía fiebre.

Y, aun así, en lugar de sentir que tenía derecho a descansar, comenzó a sentirse culpable.

—Perdón —dijo en voz baja.

Pedro salió de la habitación.

Fernanda se quedó sola.

Miró al techo.

Una lágrima bajó lentamente por su mejilla.

No era solamente por la enfermedad.

Era por la sensación de que incluso cuando estaba vulnerable tenía que disculparse por necesitar ayuda.

Había esperado que Pedro se preocupara por ella.

Que le preguntara cómo se sentía.

Que se quedara a su lado.

Pero en cambio había terminado sintiéndose como una carga.

Se limpió la lágrima.

Pensó en su hijo.

Pensó en sus estudios.

Pensó en todo lo que había comenzado a construir.

Y comprendió que aquella enfermedad no solamente estaba afectando su cuerpo.

También estaba haciéndola mirar su relación con Pedro desde otra perspectiva.

Porque cuando una persona está enferma, vulnerable y asustada, descubre rápidamente quién está realmente a su lado.

Esa noche, mientras Fernanda descansaba, Pedro continuó con su rutina.

Andrés, desde su trabajo, tampoco podía dejar de pensar en aquella llamada.

No sabía por qué el nombre de Fernanda había conseguido inquietarlo tanto.

No sabía qué estaba sintiendo.

Pero sí sabía una cosa.

Cuando Pedro le dijo que ella estaba enferma, su primera reacción no había sido pensar en el trabajo.

Había sido preguntarse:

“¿Estará bien Fernanda?”

Y esa pregunta se quedó en su cabeza durante toda la noche.

1
Lidia Morales
Me encantó tu novela
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