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Dos Mundos, Un Destino

Dos Mundos, Un Destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Aventura / Completas
Popularitas:507
Nilai: 5
nombre de autor: anónimo 2710

En los pasillos del Instituto Amanecer, Alexandra es una estudiante dulce, amable con todos y que prefiere la tranquilidad de un buen libro y pasar desapercibida. Por su parte, Santiago es el carismático capitán del equipo de natación, el chico popular de hombros anchos y sonrisa fácil que siempre está rodeado de ruido y amigos. En la vida real, apenas cruzan miradas y sus mundos parecen completamente opuestos.
​Pero al caer la noche, todo cambia.
​Cuando las pantallas se encienden y se sumergen en el vasto universo de fantasía de su MMORPG favorito, se transforman por completo: ella es Lady Sol, una guerrera feroz, terca e implacable que defiende el frente de batalla con armadura brillante; y él es Sombra22, un mercenario cínico, astuto y bromista que prefiere las sombras y disfruta al máximo sacarla de quicio. Sin saberlo, son el dúo más explosivo y divertido del servidor, compartiendo horas de risas, peleas virtuales y una química innegable a través del chat de voz.
​Mientras la ten

NovelToon tiene autorización de anónimo 2710 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: Tropiezos, indirectas fallidas y misiones virtuales

Alexandra todavía tenía las mejillas calientes por la discusión anterior, pero dio un suspiro profundo mientras se ponía los auriculares. Tenía que calmarse si quería cumplir con las reglas que sus amigas le habían impuesto. Si no avanzaba hoy, jamás se libraría de los interrogatorios de Vanessa.

Tenía que intentar poner en marcha la Regla 3 (invitarlo a salir) y, si eso fallaba, pasar inmediatamente a la Regla 4 (proponer una salida en grupo).

Ese día, la misión era bastante intensa: tocaba adentrarse en los cañones oscuros para rescatar a un grupo de aldeanos virtuales que habían sido secuestrados por una banda de vándalos controlados por el sistema. Mientras sus avatares corrían por el polvoriento camino digital esquivando trampas, Alexandra decidió armarse de valor y abrir el chat de texto privado para tantear el terreno con Sombra22.

—Oye, sicario... ¿qué vas a hacer este sábado? —escribió, sintiendo que los dedos le temblaban ligeramente sobre el teclado.

Del otro lado de la pantalla, la respuesta no tardó en llegar:

—Nada del otro mundo. Puede que salga a dar una vuelta con mi amigo o a entrenar. ¿Por qué la pregunta, guerrerita?

Alexandra se quedó mirando la pantalla, mordiéndose el labio inferior, pensando en cómo formular la invitación sin sonar demasiado desesperada.

La perspectiva de Santiago

En su habitación, Santiago se quedó pasmado frente al monitor al leer el mensaje. Su mente comenzó a dar vueltas a una velocidad vertiginosa, analizando cada palabra de forma exagerada:

«¿Será que me va a invitar a salir? No puede ser... ¿La guerrerita a mí? Si me odia a muerte. No debí preguntarle la tontería de la apuesta hace rato. Pero... ¿por qué me pregunta qué voy a hacer el sábado? ¿Acaso me quiere invitar a salir a solas? ¡No, no, no! Así no. Ahora se va a asustar, va a recular y se va a enojar el doble», pensaba Santiago, entrando en un estado de pánico absoluto mientras intentaba redactar una respuesta que estuviera a la altura sin arruinar el momento.

De vuelta con Alexandra

Pero antes de que Santiago pudiera terminar de teclear una respuesta coherente, Alexandra entró en cortocircuito por sus propios nervios. Al ver que él tardaba en responder, asumió lo peor: que la estaba rechazando mentalmente o que se estaba burlando de ella. El pánico escénico digital la consumió y empezó a escribir como si no hubiera un mañana para enmendar el error:

—No, yo no te estoy invitando a salir ni al caso. No es eso lo que pasa... Bueno, sí quería saber qué haces, pero no, no quería saber qué haces para salir contigo, ¡sabes qué? ¡Olvídalo, mejor no!

LadySol se puso completamente nerviosa y se enredó ella solitaria en un mar de contradicciones y excusas torpes.

—Paso 3: fallido estrepitosamente —pensó Alexandra con frustración, dándose un pequeño golpe en la frente—. Tengo que pasar directo al paso 4: invitar a todo el grupo.

Sin pensarlo dos veces para no arrepentirse, LadySol abrió el chat general del escuadrón y lanzó el anzuelo para incluir a los demás:

—Oigan, chicos, ¿qué les parecería si este fin de semana organizamos una partida especial o salimos a algún lado todos juntos en grupo para conocernos mejor fuera de las misiones?

El silencio duró un par de segundos en el chat de voz hasta que los compañeros comenzaron a responder. Adita, una de las jugadoras habituales, fue la primera en contestar con tono apenado:

—Ay, LadySol, me encantaría, pero este fin de semana me es totalmente imposible. Tengo examen la próxima semana y me toca encerrarme a estudiar piano y matemáticas todo el día.

Inmediatamente después, cafecito03 (que no era otro que Oswaldo, el cómplice y amigo de Santiago en la vida real) intervino con una sonrisa sutil que pretendía ser disimulada, aunque se nota a leguas que tenía un plan malévolo entre manos:

—Yo tampoco puedo, amiga. De verdad lo siento, pero tengo planes familiares imperdibles... Así que lo mejor será que dejen a Sombra22 y a LadySol solos por esta vez, para que no haya terceras discordias —bromeó Oswaldo a través del micrófono, aplicando la jugada maestra para dejar a los dos protagonistas solos en la cita.

Pero Alexandra, con la paranoia a flor de piel y convencida de que Sombra22 la había rechazado implícitamente en el chat privado segundos antes, interpretó el rechazo del grupo de la peor manera posible. Creyendo que todos le estaban huyendo a su propuesta, tecleó rápidamente antes de que alguien más dijera algo:

—Bueno, no se preocupen por nada. Si nadie puede, no pasa nada, será en otro momento —dijo, dándose por vencida.

La perspectiva de Santiago

Del otro lado de la pantalla, Santiago sintió que se le caía el alma al piso al ver el mensaje con el que ella daba por cancelada cualquier posibilidad de encuentro.

—¡No me dio tiempo ni de responder que yo sí podía reunirme cuando ella ya lo estaba cancelando todo! En serio... ¡Aaaah, grito masculino! En serio debí de actuar de otra manera desde el principio. Ella como que de verdad no entiende las indirectas —se lamentaba Santiago en voz alta en su habitación, golpeando suavemente el escritorio con frustración, sintiendo que por su exceso de sobrepensar las cosas había arruinado una oportunidad de oro.

Se quedó mirando el monitor con cara de circunstancias, sintiendo que la oportunidad de oro de pasar tiempo con ella (aunque fuera en grupo o a regañadientes) se había esfumado por un malentendido de tiempos en el chat.

De vuelta con Alexandra

De regreso en su escritorio, Alexandra exhaló un suspiro de derrota mientras su avatar virtual seguía disparando contra los vándalos del juego.

—Ya no me quedan opciones... Solo queda el último paso de la lista de mis amigas: el paso 5, que es pedirle su número de teléfono personal para hablar por fuera del juego —murmuró para sí misma, mirando el icono de chat privado parpadear.

Sintió un escalofrío recorrerle la espalda de solo pensarlo. ¿Pedirle su número personal al chico con el que se la pasa discutiendo todos los días? Ni hablar. El puro terror escénico la invadió de nuevo.

—No, qué vergüenza, me da demasiada pena... Mejor se lo pido otro día, cuando los planetas se alinen y tenga el valor suficiente —se dijo a sí misma, cerrando la pestaña de chat y decidiendo concentrarse únicamente en rescatar a los aldeanos virtuales antes de que la masacre del servidor terminara por arruinarle el día por completo.

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