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ARE YOU CRAZY MEN? Esta Villana No Acepta Su Destino

ARE YOU CRAZY MEN? Esta Villana No Acepta Su Destino

Status: Terminada
Genre:Villana / Mujer poderosa / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Lía jamás imaginó que terminaría dentro de su novela. Después de llorar por la trágica muerte del Clan Licano, despierta en el cuerpo de Elara Licano, la hija menor de la familia y una de las primeras víctimas de la historia.

Ahora conoce el futuro: las traiciones, las conspiraciones y la guerra que destruirán al clan hasta borrar su nombre.

Pero esta vez, Elara no piensa seguir el guion.

Con sus recuerdos y conocimiento de cada acontecimiento, decide cambiar el destino de su familia antes de que sea tarde. Lo que nadie sabe es que alterar una historia puede despertar peligros que jamás existieron en el libro… y ponerla frente a enemigos mucho más poderosos de lo que recuerda.

Para salvar a los Licano, Elara tendrá que desafiar al Imperio, descubrir quién los traicionará y luchar por la supervivencia del clan.

Esta vez, la historia terminará de otra manera.

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El momento de torcer el destino

El sol se ocultó por completo tras las montañas, y el tercer día llegó con un peso en el aire que se podía palpar. Desde el amanecer, trompetas resonaron en las puertas de la fortaleza, anunciando lo que Elara temía y esperaba: los mensajeros del Imperio.

El salón del trono estaba sumido en un silencio tenso. Las banderas del Clan Licano —el lobo de plata sobre fuego— flameaban con fuerza, como si el propio clan supiera que se jugaba su existencia. Lord Kael, sentado en su trono de piedra, mantenía la mirada fría y vigilante. A su lado, Lady Mira permanecía erguida. Rian, Darien y Zora, de pie a los lados, con las manos sobre las empuñaduras de sus armas. Y Elara… en el lugar que el libro le asignaba: al fondo, callada, invisible. Pero esta vez, no iba a permanecer callada.

Las puertas se abrieron de golpe. Entraron tres hombres vestidos de púrpura y oro, el estandarte imperial al frente. Caminaron con arrogancia, sin mirar a nadie, como si ya fueran dueños del lugar. El jefe de la delegación, un hombre de rostro afilado y sonrisa falsa, se detuvo ante el trono y habló sin siquiera inclinar la cabeza.

—Por orden de Su Majestad el Emperador —declaró con voz cortante—: El Imperio agradece la lealtad del Clan Licano. Para sellar nuestra unión, proponemos el matrimonio entre la dama Elara Licano y el noble Valerius, primo del Emperador. Ella vivirá en la corte, como garantía de paz. Además, el clan entregará la mitad de sus tierras y sus reservas de hierro al trono.

Un murmullo de indignación recorrió el salón. ¡Una propuesta de paz que era una cadena! En el libro, Lord Kael dudó. Elara bajaba la cabeza, aceptaba sin decir una palabra. Y así empezó la caída: ella convertida en rehén, el clan debilitado, sin recursos, sin voz. El destino original era una sentencia de muerte lenta y segura.

Pero Elara dio un paso al frente.

El sonido de sus talones contra el suelo de piedra resonó en todo el salón. Todos se giraron hacia ella, sorprendidos. Su padre frunció el ceño, su madre abrió los ojos con temor. Los mensajeros la miraron con burla, esperando ver a la niña tímida y sumisa que conocían por rumores.

—¿Paz? —dijo ella, con voz clara, firme, cortando el aire como una espada—. Llamáis paz a lo que no es más que esclavitud disfrazada.

—¡Elara! —susurró su padre, sorprendido. Pero ella no se detuvo. Se acercó hasta quedar a pocos pasos de los enviados, y su mirada era de fuego, de un fuego que no existía en la chica del libro.

—Me ofrecéis como esposa, pero en realidad me pedís como rehén —continuó, sin apartar los ojos del mensajero principal—. Pedís nuestras tierras y nuestro hierro, y dejáis a mi familia sin defensa cuando el invierno eterno se acerca. ¿Creéis que no sabemos vuestros planes? ¿Que no vemos cómo rodeáis nuestras fronteras con vuestros ejércitos mientras habláis de amistad?

El silencio se volvió aterrador. El mensajero palideció, su falsa sonrisa desapareció. —¿Cómo… cómo sabes eso? —balbuceó.

—Lo sé porque el destino no es fijo —respondió Elara, y sus palabras cayeron como un trueno—. Lo que estaba escrito puede borrarse. Lo que estaba destinado a suceder… puede ser cambiado. El Imperio quiere nuestra sumisión, pero el Clan Licano no se arrodilla ante mentiras. No entregaremos a los nuestros. No entregaremos nuestra tierra. Y no aceptaremos un destino que otros escribieron para nosotros.

Se giró hacia su familia, y la intensidad de su mirada los conmovió a todos.

—Padre, madre, hermanos… en la historia que estaba por suceder, todos perdimos. Nos dividieron, nos traicionaron, nos destruyeron. Pero esa historia se acaba hoy, aquí mismo. Porque yo he venido para cambiarla. Porque nosotros merecemos vivir, no solo sobrevivir. Y porque el nombre de Licano no será susurrado con lamento, sino gritado con orgullo.

Rian apretó los puños con fuerza, con los ojos brillantes. Zora asintió lentamente, como si por fin entendiera lo que su hermana llevaba diciendo. Lord Kael se levantó del trono, y su voz retumbó en todo el salón, cargada de una determinación que no tenía minutos antes.

—Mi hija habla con sabiduría —declaró, mirando a los mensajeros con furia contenida—. Llevad este mensaje a vuestro Emperador: el Clan Licano no se vende, no se rinde y no acepta cadenas. Si quiere nuestra alianza, que venga a pedirla con respeto. Si quiere la guerra… la encontrará preparada.

Los mensajeros, atónitos y sin poder replicar, se retiraron apresuradamente. Las puertas se cerraron tras ellos. El salón quedó en silencio, y luego estalló en un murmullo de fervor y esperanza.

Elara sintió cómo las piernas le temblaban, pero no se dejó caer. Había dado el primer golpe contra el destino. Había torcido el camino que llevaba a su familia al abismo. Pero sabía algo: al rechazar la trampa, habían acelerado la guerra. El Imperio no perdonaría esta afrenta. El peligro era mayor que nunca.

Su padre se acercó a ella, con una mezcla de asombro, orgullo y profundo respeto.

—Hija mía… —dijo en voz baja—. Has dicho cosas que nadie se atrevería a pensar. ¿Sabes lo que esto significa?

—Significa que ya no podemos seguir el camino antiguo —respondió Elara, con el corazón a mil por hora—. El destino que nos esperaba era de muerte y destrucción. Tenemos que cambiarlo, cueste lo que cueste. Porque si no lo hacemos, todos moriremos.

Miró a cada uno de los presentes, a los seres que amaba más que a nada en este mundo.

—A partir de ahora… nada es como estaba escrito. Y cada paso que demos será para salvarnos.

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