Camila y Rafael viven un romance perfecto, entre tardes de complicidad, risas e historias compartidas, descubren un amor puro y profundo que avanza hacia el compromiso. Sin embargo, en las sombras, la envidia enfermiza transformada en amistad se vuelve una obsesión oscura.
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capitulo 9
La sangre seguía brotando. Camila sentía cómo la vida se escapaba de su cuerpo, gota a gota, mientras el suelo frío del almacén absorbía su calor. El vestido blanco, aquel que había elegido con tanto amor para casarse con Rafael, ahora era un trapo ensangrentado y rasgado. Su cuerpo dolía, su alma dolía más, y las palabras de Fernando resonaban en su mente como un eco maldito.
—Rafael sabía todo esto. Siempre lo supo.
No podía ser verdad. No podía ser. Su Rafael, el hombre que la miraba con ternura, el que le prometió cuidarla siempre, el que le había dado su primer beso... no podía haberla traicionado así. Pero la duda, venenosa como una serpiente, comenzó a envenenar sus últimos pensamientos.
La oscuridad se cernía sobre ella. El frío se apoderaba de sus extremidades. Ya no sentía dolor, solo un vacío inmenso, una soledad que la envolvía como un manto de niebla.
Y entonces... una luz.
No era la luz cegadora de un flash, ni el resplandor de un sol. Era una luz suave, cálida, como la de una vela en una noche de invierno. Una luz que la envolvía sin quemarla, que la acariciaba y la llamaba.
Camila sintió que su cuerpo ya no pesaba. Flotaba. Y delante de ella, una silueta comenzó a formarse.
Era una mujer de cabello oscuro, ojos bondadosos y una sonrisa que Camila conocía mejor que la suya propia.
—¿Mamá?
susurró, con la voz quebrada.
Olga extendió los brazos hacia ella, y Camila sintió que el mundo se detenía. Su madre, la mujer que había perdido cuando solo tenía diez años, estaba allí, frente a ella, más hermosa que en sus recuerdos.
—Mi niña
dijo Olga, con una voz que era como una caricia
—Mi pequeña Camila.
—Mamá
lloró Camila, corriendo hacia ella
—Mamá, me duele tanto. Me hicieron daño, mamá. Me hicieron tanto daño.
Olga la abrazó con una fuerza que no era física, sino espiritual. Camila sintió que su calor la envolvía, que cada fibra de su ser era acariciada por ese amor eterno que solo una madre puede dar.
—Lo sé, mi amor
susurró Olga, acariciando su cabello
—Lo sé. He visto todo. He sufrido con cada uno de tus latidos, con cada una de tus lágrimas.
—¿Por qué pasó esto?
preguntó Camila, entre sollozos
—¿Por qué tuve que sufrir tanto?
Olga la tomó del rostro y la miró directamente a los ojos. En su mirada había una tristeza infinita, pero también una fuerza inquebrantable.
—Porque así tenía que ser, hija
dijo
—Porque hay lecciones que solo se aprenden a través del dolor. Porque el amor verdadero debe ser puesto a prueba, para que sepa cuál es su verdadera fuerza.
—Pero yo amaba a Rafael
dijo Camila
—Lo amaba con toda mi alma.
—. Pero el miedo te llevó al silencio, y el silencio te llevó a la oscuridad. No debiste callar, Camila. No debiste cargar sola con ese peso.
—Tenía miedo
confesó Camila
—Miedo de que no me creyeran, de que lastimaran a Rafael, a papá... a mí.
—Lo sé, hija
dijo Olga, con ternura
—Y por eso estás aquí. Porque tienes una segunda oportunidad. Una oportunidad para rectificar, para ser valiente, para no dejar que el miedo gobierne tu vida.
Camila abrió los ojos con incredulidad.
—¿Una segunda oportunidad?
—Sí, mi amor
respondió Olga, sonriendo
—Vas a volver, tendrás la oportunidad de cambiar tu destino.
—Pero duele tanto, mamá
dijo Camila, sintiendo que el pecho se le oprimía
— ¿Cómo voy a vivir con ese recuerdo, Cómo voy a mirar a Rafael sin pensar en lo que me dijeron?
—El dolor no desaparecerá, hija
dijo Olga, con sabiduría
—Pero se transformará. Se convertirá en tu fuerza, en tu guía. Usa ese dolor para protegerte, para ser más fuerte. Pero no permitas que te consuma. Y sobre todo, no permitas que te aleje del amor verdadero.
—¿Rafael me traicionó?
preguntó Camila, con la voz temblorosa
—¿Él sabía lo que Fernando planeaba?
Olga no respondio.
—debes descubrir la verdad, solo confía en tu corazón
Camila asintió. No todo estaba perdido. El amor que habían compartido era real por qué lo sentía en su corazón, algo más había detrás de todo esto.
—¿Qué debo hacer, mamá?
preguntó, buscando en la mirada de su madre la respuesta.
—Sé valiente, hija
dijo Olga
—confía en ti misma. Habla, no guardes silencio. Encuentra pruebas, lucha por tu verdad. Y cuando todo haya pasado, el amor vencerá. Como siempre debe ser.