Después de Ti ,Yo
La historia de una mujer madura, que aprendió a elegirse ,demostrando que ser una mujer de 50 años todavía tiene la oportunidad de ser feliz
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capitulo 8
CUANDO LA VERDAD ENTRA POR LA PUERTA
Los golpes en la puerta volvieron a escucharse.
¡PUM! ¡PUM! ¡PUM!
Tamara se acercó inmediatamente a su madre.
—¿Quién es?
Analia no respondió.
Había reconocido aquella voz.
Y deseaba que, por unos segundos, todo aquello fuera solamente una pesadilla.
—¡Analia! —volvió a escucharse desde afuera—. ¡Tenemos que hablar!
Alejandro se acercó a la puerta.
—Es Gissela —dijo con frialdad.
Analia cerró los ojos.
Tamara miró a su hermano.
—¿Quién es Gissela?
Nadie respondió.
Aquello fue suficiente para que Tamara comprendiera que nuevamente le estaban ocultando algo.
—¡Quiero saber qué está pasando!
Analia tomó aire.
—Tamara, por favor, cálmate.
—¡No quiero calmarme! Todos saben cosas y yo soy la única que no entiende nada.
Alejandro abrió la puerta.
Gissela estaba frente a ellos.
Su rostro mostraba preocupación, pero también una determinación que incomodó inmediatamente a Analia.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Alejandro.
—Necesito hablar con Analia.
—Mi mamá no tiene nada que hablar contigo.
Gissela intentó entrar.
—Esto también tiene que ver con Nayid.
Al escuchar aquel nombre, Tamara se quedó inmóvil.
—¿Nayid? —preguntó.
Gissela miró a la niña.
Por un instante, Analia comprendió que el secreto ya no podía continuar.
—No digas nada —advirtió Analia.
Pero Tamara ya estaba cansada.
—¡No! —gritó—. Esta vez quiero que alguien me diga la verdad.
El silencio se apoderó de la sala.
Tamara miró a su madre.
—¿Quién es Nayid?
Analia comenzó a llorar.
—Hija...
—¡Dímelo!
Alejandro se acercó a su hermana.
—Tamara...
—¡No quiero que nadie me proteja!
Analia tomó las manos de su hija.
Su voz temblaba.
—Nayid es hijo de tu padre.
Tamara se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Es tu hermano.
El mundo pareció detenerse para la niña.
Miró a su madre.
Luego a Alejandro.
Después a Gissela.
—¿Y ella?
Analia cerró los ojos.
—Ella es la madre de Nayid.
Tamara retrocedió lentamente.
—Entonces...
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—¿Papá tenía otra familia?
Nadie respondió.
Y aquel silencio fue más doloroso que cualquier respuesta.
—¿Durante todo este tiempo?
Analia lloró.
—Sí.
Tamara negó con la cabeza.
—No.
La niña comenzó a llorar.
—No puede ser.
Alejandro quiso abrazarla.
Pero Tamara retrocedió.
—No quiero que me toquen.
Miró nuevamente a Gissela.
—¿Mi papá sabía de Nayid?
Gissela bajó la mirada.
—Sí.
—¿Desde cuándo?
Analia respondió con la voz quebrada.
—Desde hace veinticuatro años.
Tamara sintió que algo dentro de ella se rompía.
Veinticuatro años.
Toda su vida había crecido admirando a su padre.
Pensaba que era un buen esposo.
Un buen padre.
El hombre que protegía a su familia.
Y ahora descubría que había vivido una mentira.
—Yo no quiero verlo —dijo finalmente.
Analia levantó la mirada.
—Tamara...
—No quiero volver a verlo.
Las palabras de la niña quedaron suspendidas en el aire.
Y por primera vez, Analia comprendió que Elías estaba perdiendo también a su hija menor.
En la clínica, Nayid caminaba de un lado a otro frente a la habitación de Elías.
Había intentado hablar con él varias veces.
Pero las respuestas de su padre ya no eran las mismas.
Finalmente entró sin pedir permiso.
Elías levantó la mirada.
—¿Otra vez tú?
Nayid cerró la puerta.
—Necesitamos hablar.
—Ya hablamos.
—No. Tú hablaste. Ahora me toca hablar a mí.
Elías suspiró.
—¿Qué quieres?
Nayid se acercó a la cama.
—Dinero.
Elías lo miró sorprendido.
—¿Dinero?
—Sí.
—¿Para qué?
—Eso no importa.
Elías frunció el ceño.
—Claro que importa.
—Durante años me ayudaste.
—Y también te dije que tenías que empezar a hacerte responsable de tu vida.
Nayid comenzó a molestarse.
—¿Ahora quieres abandonarme?
—No estoy diciendo eso.
—Entonces dame lo que necesito.
Elías lo miró fijamente.
—¿Cuánto?
Nayid mencionó una cantidad.
Elías quedó sorprendido.
—Eso es demasiado dinero.
—Tú tienes dinero.
—No sabes lo que tengo.
Nayid se acercó aún más.
—Sé que tienes empresas.
Elías permaneció en silencio.
—Sé que ayudaste a mi mamá durante años.
—Eso fue diferente.
—¿Por qué?
—Porque eras mi hijo.
Nayid soltó una pequeña risa.
—¿Ahora te acuerdas de que soy tu hijo?
Elías sintió aquellas palabras como un golpe.
—Nayid...
—No. No me des discursos.
Nayid señaló la habitación.
—Tus otros hijos están afuera y tú siempre estuviste con ellos.
Elías bajó la mirada.
—Yo cometí errores.
—Sí.
Nayid lo miró con rabia.
—Y ahora quiero saber si vas a responder por ellos.
Elías permaneció en silencio.
Nayid se dirigió hacia la puerta.
—Tienes poco tiempo para pensarlo.
Antes de salir, volteó.
—Porque yo también puedo empezar a hablar.
Elías quedó completamente inmóvil.
La amenaza había sido clara.
Horas después, Alejandro recibió una llamada.
—¿Sí?
—Alejandro, soy yo.
Reconoció inmediatamente la voz de su esposa.
—¿Dónde estás?
—Estamos llegando.
—¿Quiénes?
—Tu hija y yo.
Alejandro guardó silencio.
—No era necesario que vinieran.
—Eres mi esposo. Hace días que estás extraño y preocupado.
Alejandro cerró los ojos.
—Han pasado muchas cosas.
—Lo sé. Mamá me contó algunas cosas.
—¿Qué te dijo?
—Que tu padre está enfermo.
Alejandro miró hacia la clínica.
—Hay mucho más.
—Entonces quiero saberlo de ti.
Alejandro no respondió.
Poco después, la esposa de Alejandro llegó junto a su hija.
La niña corrió hacia su padre.
—¡Papá!
Alejandro se agachó y la abrazó con fuerza.
Por unos segundos, aquel abrazo hizo que olvidara todos los problemas.
Pero cuando levantó la mirada y vio a su esposa, supo que tendría que contarle la verdad.
—¿Qué está pasando? —preguntó ella.
Alejandro la llevó a un lugar más tranquilo.
—Mi papá...
Se detuvo.
Nunca había sido tan difícil hablar de su familia.
—¿Está peor?
—No.
—Entonces, ¿qué pasa?
Alejandro respiró profundamente.
—Descubrimos que durante muchos años tuvo otra relación.
Su esposa quedó sorprendida.
—¿Qué?
—Tiene un hijo.
El silencio fue inmediato.
—¿Un hijo?
Alejandro asintió.
—Tiene veinticuatro años.
La esposa de Alejandro quedó completamente incómoda.
Miró hacia el pasillo de la clínica.
—¿Tu mamá sabe?
—Sí.
—¿Y tus hermanos?
—Araceli también.
—¿Y Tamara?
Alejandro bajó la mirada.
—Acaba de enterarse.
Su esposa permaneció en silencio.
No sabía qué decir.
Había compartido muchas reuniones familiares con Elías.
Lo había visto como un suegro.
Como un abuelo cariñoso con su hija.
Y ahora la imagen que tenía de él había cambiado completamente.
—Pobre Tamara —dijo finalmente.
Alejandro asintió.
—Ella está destruida.
La esposa de Alejandro tomó su mano.
—¿Y tú?
Alejandro miró hacia la habitación de su padre.
—No sé quién es mi padre realmente.
En casa, Tamara permanecía sentada en la sala.
Gissela seguía allí.
Analia no sabía qué hacer.
La presencia de aquella mujer dentro de su casa era una humillación que le resultaba difícil soportar.
—¿Por qué viniste? —preguntó finalmente Analia.
Gissela la miró.
—Porque Nayid está exigiéndole dinero a Elías.
Alejandro levantó la mirada.
—¿Qué?
—Está furioso.
—¿Y qué quieres que hagamos nosotros?
Gissela respiró profundamente.
—Si Elías no le da dinero, tengo miedo de lo que pueda hacer.
Tamara escuchaba todo en silencio.
De pronto, levantó la mirada.
—¿Él también quiere dinero de mi papá?
Gissela se quedó inmóvil.
Tamara comenzó a llorar nuevamente.
—¿Todo esto es por dinero?
Analia se acercó a ella.
—No, hija.
Tamara negó con la cabeza.
—Primero descubro que tengo un hermano.
Miró a Gissela.
—Después descubro que papá tuvo otra mujer.
Miró hacia el suelo.
—Y ahora resulta que Nayid le exige dinero.
La niña levantó nuevamente la mirada.
—Yo ya no reconozco a mi papá.
Aquellas palabras hicieron que Analia sintiera un profundo dolor.
Porque Tamara había sido la última en descubrir la verdad.
Y quizás sería la más difícil de recuperar.
Más tarde, Alejandro regresó a la clínica acompañado de su esposa.
En el pasillo encontró a Araceli.
Ella permanecía sentada, sola.
La esposa de Alejandro se acercó lentamente.
—Araceli...
Araceli levantó la mirada.
—Ya te contó, ¿verdad?
Ella asintió.
—Lo siento mucho.
Araceli soltó una sonrisa triste.
—Todos lo sienten.
Luego miró hacia la habitación donde estaba su padre.
—Pero nadie puede cambiar lo que pasó.
Ahora se descubre que Isabel está involucrada en el desvío del dinero y el ataque de la esposa de Alejandro y por eso Iván fue a la casa de Raiza.
Quien fue que atacó a la esposa de Alejandro y llegó a la habitación y ella se aterrorizó 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien es Iván y que relación tenían el padre de él y el de Analía 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Porque Elías y Raiza están tan asustados con la auditoría van a encontrar sus fechorías y estafas.
Isabel prácticamente Ivan te descubrió lo que estás tratando de hacer desprestigiar a Analía no sabes con quiénes te haz metido.
Gissela ahora vas a traicionar a Elías para salvar tu pellejo o por dinero 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien estaba manipulando la herencia de Analía y porque 🤔🤔🤔❓❓❓
Que esconde Raiza que Isabel y Gissela quieren saber 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Isabel no le importa su sobrina Araceli ya le sembró una duda lo más probable es que destruyan la confianza que sus hijos tienen en ella que desgraciada pero eso se paga el karma no perdona.
Tamara quiere saber quién es Nayid es mejor decirle la verdad de una vez.
Que querrá la loca de Gisela ahora en la casa de Analía menos mal que está Alejandro allí.
Obvio que Araceli está dolida puesto que para ella su padre era un ejemplo y la decepcionó.
Tamara esa niña de 12 años piensa infantilmente e inocentemente que todo se arreglará.
Aquí no hay arreglo ni tampoco solución lo que hay es un divorcio.
Alejandro que descubrió el abogado de la empresa de quién es 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Ese Alejandro es de armas a tomar no se deja y pensaron que el iba a ceder a cuenta de que 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que desilusión para su hija que la persona que creía era un hombre sin defecto resultó un ídolo de barro.
Lourdes me gusta esa temática muchas suerte en esta nueva novela.