En su vida anterior, Elena fue ingenua, confió en las personas equivocadas y pagó el precio más alto. Engañada por su media hermana Beatriz y su prometido Mateo, vio cómo le arrebataban la empresa familiar antes de ser eliminada en un "accidente" orquestado. Pero el destino le dio una segunda oportunidad.
Al abrir los ojos, Elena descubre que ha regresado tres años en el tiempo, justo a la noche de su fiesta de compromiso y minutos antes de ceder sus valiosas acciones.
Con los recuerdos intactos y el conocimiento exacto del futuro, esta vez no habrá espacio para la compasión. Romperá el compromiso, tomará el control del imperio familiar y hará caer uno a uno a quienes la traicionaron. Y mientras su ex-prometido desespera por recuperarla, Elena encontrará en Sebastián la alianza perfecta y el amor sincero que siempre mereció...
"Regresé del infierno no para perdonar, sino para cobrar cada deuda."
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Capítulo 7: La última carta del desesperado
El brillo del sol matutino atravesaba los ventanales de la nueva suite ejecutiva de Elena. En cuestión de semanas, Silva Corp no solo había recuperado su estabilidad financiera, sino que la alianza con el Grupo Rossi había posicionado a la empresa como el referente indiscutible en innovación tecnológica del país.
Sin embargo, en el centro penitenciario de la ciudad, el ambiente era muy diferente.
Mateo Peralta caminaba de un lado a otro en la sala de visitas, vistiendo el uniforme insípido de prisión. Sus ojos, antes llenos de soberbia, ahora Lucían hundidos y rodeados de ojeras profundas. Frente a él, del otro lado del cristal de seguridad, su abogado negaba con la cabeza con evidente frustración.
—La fiscalía no aceptará ningún acuerdo de fianza, Mateo —dijo el defensor en voz baja—. Las pruebas de espionaje industrial y desfalco que presentó el equipo de Elena Silva son contundentes. Si vamos a juicio, enfrentas de seis a ocho años de prisión efectiva.
—¡Tiene que haber una forma! —exclamó Mateo, golpeando el cristal con el puño cerrado—. ¡Esa mujer no era así! ¡Alguien la está manipulando! ¡Es Sebastián Rossi, estoy seguro! Él le metió esas ideas en la cabeza para quedarse con mi lugar y con la empresa.
—Nadie la está manipulando —lo interrumpió el abogado con frialdad—. La señorita Silva ha manejado las negociaciones de la junta directiva con una precisión quirúrgica. Lo único que le queda a usted es declararse culpable para intentar reducir la pena.
Mateo apretó los dientes, sintiendo cómo la rabia le quemaba el pecho.
—No... no voy a pudrirme aquí mientras ellos celebran su victoria —siseó Mateo, inclinándose hacia el abogado—. Llama a los inversores que quedaron perjudicados con la cancelación del proyecto antiguo. Diles que tengo información confidencial sobre la estructura interna de Silva Corp. Si voy a caer, me aseguraré de arrastrar a Elena conmigo.
...
Esa misma tarde, Elena asistió a una reunión privada en las oficinas centrales de Rossi Investments. Mientras revisaba unos contratos junto a Sebastián, el teléfono de su oficina privada sonó. Era una llamada directa de la recepción del penal.
Elena respondió en altavoz, manteniendo la serenidad.
—Elena... —la voz de Mateo resonó cargada de un veneno desesperado—. Por fin te dignas a escucharme.
—Tienes tres minutos, Mateo. Y solo porque quiero saber qué clase de excusa patética vas a inventar hoy —respondió Elena, reclinándose en su asiento.
—¿Crees que ganaste? —soltó Mateo con una risa amarga—. Pensaste que tenías todo bajo control encerrándonos a Beatriz y a mí. Pero acabo de autorizar la liberación de los informes financieros anteriores a la junta. Si esa información sale a la luz, el valor de las acciones de Silva Corp caerá en picada mañana por la mañana. Retira los cargos contra mí hoy mismo, o destruiré el legado de tu padre.
Sebastián, que escuchaba desde el sofá frente al escritorio, hizo un ademán para intervenir, pero Elena alzó una mano con calma, sonriendo con helada autosuficiencia.
—Mateo, tu ingenuidad sigue siendo entrañable —dijo Elena con tono pausado—. ¿De verdad crees que no anticipé que intentarías usar la contabilidad antigua como chantaje?
Un silencio repentino se apoderó de la línea telefónica.
—¿De... de qué hablas? —balbuceó Mateo, perdiendo la seguridad en su voz.
—Ayer por la tarde, la junta directiva aprobó la auditoría pública voluntaria de los últimos cinco años —explicó Elena con precisión—. Todos los desvíos de fondos y anomalías contables que tú y Beatriz provocaron ya fueron declarados ante la entidad reguladora de valores como "fraude de la gestión anterior". La empresa ya absorbió el impacto y la fiscalía acaba de sumar la acusación de intento de chantaje a tu expediente judicial.
Mateo sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—No... no puedes haber hecho eso... —murmuró, con la voz quebrada por la desesperación—. ¡Elena, por favor! ¡Fuimos prometidos! ¡Te lo suplico, no me hagas esto! ¡Te daré lo que quieras! ¡Seré lo que tú quieras!
—Tu tiempo para pedir misericordia se agotó la noche en que decidiste traicionarme —sentenció Elena—. Disfruta tu condena, Mateo.
Elena presionó el botón rojo y cortó la llamada para siempre.
Sebastián se levantó, caminó hacia ella y le sirvió una copa de agua fresca, observándola con profunda admiración.
—Sistemático, impecable y definitivo —comentó él con una sonrisa genuina.
—Un capítulo cerrado —respondió Elena, respirando hondo y mirando la vista de la ciudad desde el ventanal—. Es momento de enfocarnos en el futuro.