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Soy Madre Del Hijo Mafioso Por Accidente

Soy Madre Del Hijo Mafioso Por Accidente

Status: En proceso
Genre:Mafia / Matrimonio arreglado / Posesivo
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

**Soy Madre del Hijo Mafioso por Accidente**

Solo quería ayudar a una niña perdida en el centro comercial, pero terminé siendo adoptada por ella… ¡y aceptada por su padre mafioso!

Ahora vivo en una mansión, tengo guardaespaldas siguiéndome y una pequeña que insiste en llamarme mamá.

¿Y su padre? Un hombre despiadado que parece dispuesto a concederle todos sus caprichos, incluso quedarse conmigo.

¡Yo no soy un perro para que me adopten! ¡Y mucho menos la esposa de un mafioso!

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1

Nunca imaginé que mi vida cambiaría por culpa de una niña con dos coletas, un vestido rosa y una cantidad preocupante de determinación.

Mucho menos imaginé que terminaría viviendo en la mansión de un mafioso.

Y definitivamente jamás pensé que alguien intentaría adoptarme.

Pero vayamos por partes.

Todo comenzó un sábado por la tarde, cuando cometí el error de ir al centro comercial con el estómago vacío y la cuenta bancaria casi en números rojos.

Mi misión era sencilla: comprar un par de zapatos baratos, comer algo y regresar a casa antes de recordar que tenía que pagar el alquiler.

Un plan perfecto.

Hasta que escuché un sollozo.

—¡Buaaaaaa!

Me detuve frente a una tienda de ropa infantil.

A pocos metros, una pequeña de unos cinco años estaba sentada junto a una columna, abrazando un conejo de peluche. Tenía las mejillas enrojecidas, los ojos llenos de lágrimas y un zapatito desabrochado.

Miré a mi alrededor.

No había ningún adulto pendiente de ella.

Suspiré.

—Por supuesto. Porque mi día estaba siendo demasiado tranquilo.

Me acerqué y me agaché frente a la niña.

—Hola, pequeña. ¿Dónde está tu mamá?

La niña levantó la cabeza. Sus ojos grandes me examinaron con una seriedad que no correspondía a su edad.

—No sé.

—¿Y tu papá?

Sus labios temblaron.

—Tampoco sé.

Mi corazón se encogió.

—Está bien, cariño. No llores. Vamos a encontrarlo, ¿sí?

Le tendí la mano, pero ella no la tomó.

En cambio, se lanzó a mis brazos.

—¡Mamá!

Me quedé congelada.

¿Mamá?

Miré a mi alrededor, por si existía alguna mujer detrás de mí a la que pudiera pertenecer semejante título.

No había nadie.

—Cariño, creo que te has equivocado de persona.

La niña negó enérgicamente con la cabeza y se aferró a mi cuello.

—¡No! ¡Eres mi mamá!

—Mi amor, yo ni siquiera tengo un gato.

La pequeña se apartó apenas para mirarme.

—¿Qué es un gato?

—Una criatura peluda que te ignora, te araña y te hace gastar dinero. Algo parecido a un hijo, según lo que dicen mis amigas.

La niña dejó de llorar.

Parpadeó.

Y sonrió.

Maldita sea.

Era adorable.

Estaba perdida.

Después de conseguir que se calmara, la llevé hasta el mostrador de información. El personal de seguridad anunció por los altavoces que habían encontrado a una niña perdida y comenzó a revisar las cámaras.

Yo me quedé con ella mientras esperábamos.

—¿Cómo te llamas? —pregunté.

—Sofía.

—Qué bonito nombre. Yo me llamo…

Me detuve.

Sofía me miraba con tanta expectación que terminé diciéndole mi nombre.

—Eres muy bonita —declaró.

Sonreí.

—Gracias. Tú también eres bonita.

—Entonces, ¿puedo quedarme contigo?

La sonrisa se me congeló.

—No, mi amor. Primero tenemos que encontrar a tu papá.

—Pero quiero quedarme contigo.

—¿Y por qué?

Sofía apretó su conejo de peluche contra el pecho.

—Porque eres amable. Y me abrazaste cuando lloré.

Ay, no.

No podía hacerme eso.

Yo era una mujer adulta, independiente y perfectamente capaz de resistirse a las compras impulsivas.

Pero ¿una niña adorable que me miraba como si acabara de entregarle el mundo entero por ofrecerle un abrazo?

Eso era jugar sucio.

—Escucha, Sofía. Cuando encontremos a tu papá, tienes que ir con él. Seguro que está muy preocupado.

La niña bajó la mirada.

—Papá siempre está ocupado.

No supe qué responder.

Antes de que pudiera preguntarle algo más, un guardia de seguridad se acercó.

—Señorita, encontramos a su padre. Está en camino.

—¡Qué alivio!

Me puse de pie y le acomodé el vestidito a Sofía.

—¿Ves? En unos minutos estarás con tu papá.

Pero la pequeña no parecía aliviada.

Parecía estar tramando algo.

Y eso debió preocuparme.

Muchísimo.

Quince minutos después, el centro comercial entero parecía contener la respiración.

No era una exageración.

Tres vehículos negros acababan de detenerse frente a la entrada principal. Varios hombres vestidos de traje bajaron primero y revisaron los alrededores antes de abrir la puerta de uno de los automóviles.

Entonces apareció él.

Alto.

Vestido completamente de negro.

Con un rostro tan atractivo que parecía diseñado para arruinarle la vida a cualquiera y una expresión tan fría que habría podido congelar el infierno.

Un hombre de traje gris se acercó a él.

—Señor, la niña está en el puesto de seguridad. La encontraron hace aproximadamente veinte minutos.

El desconocido no respondió.

Simplemente comenzó a caminar.

La gente se apartó a su paso.

Yo fruncí el ceño.

¿Quién demonios era ese hombre? ¿El presidente? ¿Un actor famoso? ¿El dueño del centro comercial?

Cuando se acercó lo suficiente, noté que tenía la mandíbula tensa y los ojos oscuros fijos en la niña.

Sofía lo vio.

—¡PAPÁ!

Salió corriendo hacia él.

El hombre se agachó justo a tiempo para recibirla entre sus brazos.

Y entonces ocurrió algo que no esperaba.

El hombre aterrador cerró los ojos y abrazó a la niña con una delicadeza que contrastaba por completo con su apariencia.

—¿Estás herida? —preguntó, examinándole las manos y el rostro.

—No.

—¿Alguien te hizo daño?

—No.

—¿Por qué te alejaste de tus escoltas?

Sofía hizo un puchero.

—Quería comprar un helado.

El hombre se quedó inmóvil.

Uno de sus acompañantes bajó la cabeza, aparentemente para ocultar una sonrisa.

El padre respiró profundamente.

—Hablaremos de eso en casa.

Entonces Sofía recordó algo.

Se volvió hacia mí y señaló con su manita.

—¡Papá! ¡Ella me cuidó!

El hombre levantó la mirada.

Nuestros ojos se encontraron.

Y por alguna razón, sentí que acababa de cometer un delito sin siquiera conocer la ley.

Él se incorporó con Sofía en brazos y se acercó.

—¿Usted la encontró?

—Sí. Estaba sola, así que me quedé con ella hasta que llegó el personal de seguridad.

—¿La tocó alguien más?

—No que yo haya visto.

Su mirada recorrió mi rostro, como si intentara determinar si estaba mintiendo.

Qué hombre tan desagradable.

Podía dar las gracias, ¿no?

—Le agradezco que la haya ayudado —dijo finalmente.

Vaya.

Sabía hablar como un ser humano.

—No hay problema. Solo espero que la próxima vez sus escoltas estén más atentos. Es una niña pequeña; podría haberse perdido de verdad.

El silencio cayó sobre nosotros.

Uno de los hombres detrás de él abrió ligeramente los ojos.

Otro miró al techo.

¿Había dicho algo malo?

El desconocido me observó durante varios segundos.

—Tiene razón.

Parpadeé.

No esperaba esa respuesta.

—Ah… bueno. Me alegra que lo entienda.

Me dispuse a despedirme cuando Sofía me tomó de la mano.

—¡Papá, quiero que ella venga con nosotros!

—Sofía.

—¡Quiero que venga!

—No puedes llevarte a las personas que encuentras en un centro comercial.

—¡Pero yo la encontré primero!

Me tapé la boca para no reírme.

El padre cerró los ojos un instante.

Parecía un hombre acostumbrado a ordenar asesinatos, controlar imperios y negociar con criminales peligrosos.

Pero su verdadera enemiga era una niña de cinco años.

Qué hermoso.

Qué justo.

Qué divertido.

—Cariño —intervine—, yo tengo una casa a la que volver.

Sofía me miró con una expresión devastada.

—¿No quieres estar conmigo?

—No es eso…

—¿No te gusto?

—¡Claro que me gustas!

—¿Entonces por qué no vienes?

Me agaché frente a ella.

—Porque acabas de conocerme, pequeña. No puedes decidir que alguien tiene que vivir contigo solo porque te cae bien.

Sofía reflexionó sobre mis palabras.

Luego levantó la cabeza hacia su padre.

Y pronunció la frase que destruyó mi tranquilidad para siempre.

—Papá, quiero adoptarla.

Me quedé boquiabierta.

El hombre también se quedó en silencio.

—¿Qué? —preguntamos los dos al mismo tiempo.

Sofía asintió, muy satisfecha con su idea.

—Ella será mi mamá.

—¡No voy a ser tu mamá! —exclamé, horrorizada.

La niña comenzó a temblar de nuevo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Pero yo quiero…

—¡No llores! ¡Por favor, no llores!

Demasiado tarde.

Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.

El hombre me miró.

Yo lo miré.

Y en ese instante comprendí que aquel monstruo vestido de diseñador estaba a punto de hacerme responsable de una situación que no había provocado.

—Sofía —dijo él con voz grave—, no puedes adoptar a una mujer adulta.

—Entonces adóptala tú.

Silencio.

Absoluto.

El hombre bajó lentamente la mirada hacia su hija.

Después volvió a mirarme.

Yo levanté una mano.

—No.

Él arqueó una ceja.

—Todavía no he dicho nada.

—No hace falta. Tengo un mal presentimiento y suelo confiar en mis instintos.

—Papá, por favor —insistió Sofía—. Si ella vive con nosotros, ya no estaré sola.

Aquellas palabras cambiaron algo en el rostro del hombre.

Fue apenas un instante, una pequeña fisura en aquella expresión impenetrable.

Miró a su hija con una ternura dolorosa.

Después me observó de nuevo.

—¿Tiene algún compromiso esta tarde?

Fruncí el ceño.

—Sí. Pensaba comprar zapatos y comer una hamburguesa.

—Cancelaré sus gastos.

Parpadeé.

—¿Perdón?

—La compensaré por su ayuda. También puedo ofrecerle alojamiento y un salario.

Lo miré fijamente.

¿Un salario?

¿Alojamiento?

¿Este hombre estaba intentando comprarme?

—Señor, no soy una mascota que pueda llevarse a casa.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué habla como si estuviera contratando una niñera?

—Porque necesito que mi hija deje de llorar.

Miró a Sofía, que seguía abrazando mi mano.

—Y parece que usted es la única persona capaz de conseguirlo.

Abrí la boca.

La cerré.

Volví a abrirla.

—¿Y no ha considerado explicarle a su hija que no puede adoptar a cualquiera que le dé un abrazo?

—Lo he intentado.

—¿Y?

—No ha funcionado.

Por primera vez, estuve a punto de sentir lástima por él.

Hasta que añadió:

—Mi nombre es Adrián Volkov.

Uno de sus hombres bajó la cabeza inmediatamente.

Otro dejó de sonreír.

Y yo, que no tenía el menor interés en los asuntos de los ricos, comprendí por sus reacciones que aquel nombre debía significar algo importante.

Adrián se inclinó ligeramente hacia mí.

—Soy el jefe de la familia Volkov.

Ah.

La familia Volkov.

Incluso yo había escuchado rumores sobre ellos. Una familia inmensamente rica, vinculada a negocios turbios y dirigida por hombres con los que nadie sensato querría tener problemas.

Y yo acababa de regañar al hombre más peligroso de la ciudad por no vigilar a su hija.

Maravilloso.

Simplemente maravilloso.

—Mucho gusto —murmuré, retrocediendo un paso—. Bueno, ya que está todo resuelto, me voy.

Sofía me abrazó la pierna.

—¡Mamá!

—¡No me llames así!

Adrián observó la escena en silencio.

Después sacó su teléfono.

—Preparen una habitación para ella.

Me giré tan rápido que casi me torcí el cuello.

—¿¡QUÉ!?

—Y preparen el automóvil.

—¡¿Qué automóvil?!

—El que la llevará a la mansión.

Lo señalé con un dedo acusador.

—¡Usted no puede secuestrarme legalmente!

Adrián guardó el teléfono en el bolsillo.

—Nadie va a secuestrarla. Puede rechazar la oferta.

—¡Pues la rechazo!

—Muy bien.

Sonrió.

No fue una sonrisa cálida.

Fue la sonrisa de un hombre que acababa de descubrir una forma particularmente entretenida de pasar el tiempo.

—Entonces tendrá que explicárselo a mi hija.

Sofía levantó la cara hacia mí.

Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.

—¿No quieres ser mi mamá?

Me llevé ambas manos a la cabeza.

¡NO!

¡ESTO NO PODÍA ESTAR PASÁNDOME!

Yo solo había salido a comprar zapatos.

¡UNOS MALDITOS ZAPATOS!

Y ahora estaba atrapada entre una niña que quería adoptarme y un mafioso que parecía dispuesto a financiar toda mi existencia con tal de no escucharla llorar.

Adrián extendió una mano hacia mí.

—¿Vendrá por las buenas?

Miré su mano.

Luego a Sofía.

Finalmente, al cielo.

—Dios mío, si salgo viva de esta, prometo no volver a acercarme a ningún niño perdido.

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alicia g
buenísima historia, excelente escritora 💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯
alicia g
buenísima historia ,felicitaciones 🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟
bruja de la imaginación 👿😇
🤣🤣🤣no puedo estoy es una familia de locos q manera de reírme q va
bruja de la imaginación 👿😇
buajaja 🤣 directo al corazón
bruja de la imaginación 👿😇
🤣ay q manera de reírme 🤣
Maria Mongelos
Está muy linda💕
alicia g
buenos capítulos, entretenida, felicitaciones
Bunny 🐇: Gracias ❤️
total 1 replies
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Alison Mendoza Sotelo
Y yo leyendo

Espero más capítulos
Alison Mendoza Sotelo
Me gusta
Lo malo que está en emoción
Maria Mongelos
Interesante y entretenida 💕
Bunny 🐇: me alegra que te guste ❤️
total 1 replies
✨✨Esmeralda Guzman✨✨
jajajaja no PS así ni como salir de esta
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