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TENTACIÓN PROHIBIDA CON EL TIO

TENTACIÓN PROHIBIDA CON EL TIO

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Amor-odio / Matrimonio arreglado
Popularitas:6.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Emma Spencer descubrió que el hombre al que amaba y con el que mantuvo una relación secreta durante meses la iba a traicionar casándose con otra mujer. Embarazada, herida y sedienta de venganza, decide dar el golpe definitivo: casarse en secreto con el enigmático y poderoso tío de su ex. Lo que comenzó como una alianza impulsiva y fría para destruirlos a todos se convierte en un peligroso juego de secretos, poder y una pasión incontrolable que pondrá en riesgo mucho más que sus propias vidas.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 9

El eco del beso de Arthur Vance aún retumbaba en cada rincón de mi piel. No era el beso apresurado y egoísta de Julián, ese que buscaba reclamar posesión antes de correr hacia la siguiente reunión de negocios. El beso de Arthur era diferente: denso, dominador, cargado con el peso imperioso de un hombre que no necesitaba pedir permiso para adueñarse de lo que consideraba suyo. Su aliento a whisky añejo y tabaco dulce se había quedado grabado en mi garganta, y aunque mi mente intentaba desesperadamente mantener la frialdad analítica que me había traído hasta aquí, el ritmo de mi pulso se había desbocado por completo.

Dante Rossi, inmóvil junto a la chimenea de piedra de *The Oak Manor*, rompió el trance sirviéndose un nuevo vaso de cristal. El chasquido del hielo contra el vidrio resonó con la precisión de un disparo.

—Una escena conmovedora —comentó Dante, con una sonrisa helada bordeándole los labios—. Pero el tiempo juega en nuestra contra. A esta hora, las puertas de la Catedral de San Patricio se están abriendo. Julián y Victoria están saliendo hacia el *Plaza Hotel* envueltos en una lluvia de pétalos de rosa y flashes de la prensa. En tres horas comenzará la recepción privada con la junta directiva de los Montgomery. Si queremos que el golpe de mañana sea definitivo, los documentos deben quedar registrados antes de que cierre la Notaría Central a las cinco de la tarde.

Arthur no se alejó de mí de inmediato. Su mano derecha, firme y abrumadoramente cálida, permaneció posada sobre mi cintura, moldeando la seda borgoña de mi vestido contra la dureza de su muslo. Sus ojos grises, severos y magnéticos, no se despegaron de los míos.

—Dante tiene razón, mi reina —susurró Arthur, trazando con el pulgar la curva de mi pómulo con una lentitud casi tortuosa—. El espectáculo apenas empieza. Pero antes de soltar a los perros sobre mi sobrino, debemos sellar la alianza que te convertirá en la intocable de este juego.

Se giró hacia su escritorio de caoba y presionó un botón disimulado bajo el borde de la madera. A los pocos segundos, una sección de la librería de roble que cubría la pared lateral se deslizó sin ruido, dejando al descubierto una caja fuerte de acero pulido con cerradura biométrica. Arthur colocó su palma sobre la pantalla de cristal líquido. Con un pitido sordo, la pesada puerta de acero se abrió.

De su interior extrajo una carpeta de piel negra con el escudo familiar de los Vance grabado en pan de oro.

—El contrato de fideicomiso unificado y el acuerdo matrimonial de emergencia —dijo Arthur, dejando la carpeta sobre la mesa—. Redactado por mi bufete privado en Londres para situaciones de reestructuración de dinastía. Sin intermediarios, sin filtraciones.

Me acerqué a la mesa, intentando que el crujido de la seda de mi vestido no delatara la tormenta interna que me sacudía. Apoyé las palmas de las manos sobre la caoba pulida y miré los folios de papel timbrado.

Ahí estaba. La arquitectura legal que cambiaría mi vida para siempre.

Mis ojos, entrenados durante años para devorar cláusulas financieras a la velocidad de la luz, comenzaron a escanear los párrafos. El texto garantizaba la transferencia inmediata del treinta por ciento de las acciones con derecho a voto de *Vance Capital* a mi nombre; mi nombramiento como Vicepresidenta Ejecutiva y Directora General de Reestructuración; y la cesión del derecho de residencia perpetua en *The Oak Manor*. A cambio, yo aportaba la custodia de la información confidencial de las cuentas secretas de Julián y asumía el compromiso legal del matrimonio civil con Arthur Vance dentro de las próximas cuarenta y ocho horas.

Todo era perfecto. Demasiado perfecto. Era el arma definitiva que destruiría a Julián y protegería mi futuro.

Sin embargo, una sacudida repentina en la boca del estómago me obligó a tragar saliva con dificultad. Un mareo leve pero persistente volvió a nublarme la vista por un segundo. El cansancio acumulado, las emociones brutales de las últimas catorce horas y la presencia silenciosa de la vida que se gestaba dentro de mí comenzaron a cobrar su cuota. Mi mano, que sostenía el bolígrafo de plata que Arthur me tendía, tembló sutilmente.

Arthur lo notó al instante.

Antes de que pudiera disimularlo, su mano grande y pesada se cerró sobre la mía, deteniendo el movimiento de mis dedos.

—Estás agotada, Emma —dijo su voz grave, bajando un tono hasta convertirse en una presencia íntima, áspera y envolvente.

—Estoy perfectamente —mentí, alzando la barbilla para sostenerle la mirada—. He revisado contratos de fusiones de tres mil millones de dólares sin dormir durante dos días. Puedo firmar un papel.

—No eres una empleada firmando un balance, Emma —murmuró él, dando un paso que eliminó cualquier espacio entre nosotros. Su cuerpo imponente me acorraló suavemente contra el borde del escritorio—. Eres la mujer que está a punto de tomar mi apellido. Y en esta casa, el poder no se toma con debilidad.

Dante, percibiendo la atmósfera densa y casi eléctrica que acababa de apoderarse del estudio, recogió su vaso de whisky y caminó hacia la puerta de roble.

—Los dejaré a solas diez minutos —dijo Dante, dedicándome una última mirada cargada de un respeto oscuro—. Haré que el notario de la familia prepare los sellos en la sala contigua. No tardes, Arthur.

La puerta pesada se cerró con un chasquido sordo, dejándonos en un silencio absoluto, solo interrumpido por el crepitar suave de las brasas en la chimenea.

Nos quedamos solos.

El ambiente se volvió denso, sofocante, cargado de una tensión erótica e intelectual que hacía que cada soplo de aire se sintiera ardiente en mis pulmones. Arthur no me soltó la mano. Al contrario, desató su agarre para deslizar sus dedos entre los míos, entrelazándolos con una firmeza que me erizó la piel desde la nuca hasta los talones.

—Mírame —ordenó en un susurro áspero.

Obedecí. Sus ojos grises no eran los de un hombre de cincuenta y cinco años agotado por el tiempo; eran los de un conquistador en la plenitud de su fuerza, un hombre que miraba mi vulnerabilidad no como una presa fácil, sino como un territorio sagrado que deseaba reclamar por completo.

—Has pasado años sirviendo a un muchacho arrogante que no sabía qué hacer con una reina cuando la tenía en su cama —dijo, y su voz baja pareció vibrar directamente contra mi pecho—. Le entregaste tu talento, tu lealtad y tu cuerpo a un tonto que te vio como una herramienta. Yo no cometo esos errores, Emma. Si firmas este papel, te entrego mi imperio, pero también me entrego a ti. Y exijo todo de vuelta.

—No soy una mujer a la que se pueda poseer, Arthur —respondí con un hilo de voz, aunque el calor que comenzaba a concentrarse en mi vientre traicionaba la firmeza de mis palabras.

—No quiero poseerte —corrigió él, y su otra mano subió con lentitud por mi muslo, apartando la falda de seda borgoña a través de la abertura lateral—. Quiero devorarte. Quiero que recuerdes la diferencia entre un niño que juega a ser poderoso y un hombre que maneja el mundo con las manos.

El contacto de su palma abierta contra la piel desnuda de mi muslo desencadenó una descarga eléctrica que me sacó un gemido ahogado de la garganta. La piel de Arthur estaba caliente, firme, áspera por el roce de su anillo de sello. Su mano subió sin prisa, acariciando la curva firme de mi pierna hasta llegar al encaje negro de mi lencería.

Traté de apoyar las manos en su pecho para mantener la distancia, pero al sentir la solidez de sus músculos bajo la tela de su traje hecho a medida, mis dedos se clavaron instintivamente en su solapa.

—Arthur... el contrato... —gemí, intentando mantener la cordura mientras su boca descendía hacia mi cuello.

—El contrato esperará diez minutos —murmuró contra mi piel, mordisqueando suavemente el punto donde mi pulso latía desbocado.

Su lengua trazó una línea de fuego por mi garganta, haciendo que inclinara la cabeza hacia atrás sobre su hombro. El contraste entre la frialdad del mármol del escritorio a mi espalda y el calor abrazador de su cuerpo aplastándome contra él me provocó un vértigo exquisito. Arthur me levantó con una facilidad que me dejó sin aliento, sentándome en el borde de la mesa de caoba, exactamente igual a como lo había hecho Julián horas atrás, pero la sensación era infinitamente diferente.

Con Julián había sido una urgencia apresurada, un desahogo de tensión corporativa. Con Arthur era una dominación consciente, un acto de adoración salvaje que me hacía sentir deseada con una intensidad temible.

Arthur separó mis piernas con decisión y se colocó entre ellas. Sus ojos grises ardedores clavaron su mirada en la mía mientras sus manos desabrochaban con habilidad los botones invisibles de mi vestido. La tela borgoña se abrió, dejando al descubierto mi sujetador de encaje negro y la piel pálida de mi pecho, que subía y bajaba al ritmo de mi respiración agitada.

—Eres perfecta —susurró con una voz ronca que me recorrió la espina dorsal—. Un milagro de inteligencia y belleza que ese idiota nunca mereció.

Sin darme tiempo a responder, me tomó la nuca y devoró mi boca en un beso hambriento, profundo, dominante. Su lengua se abrió paso con la autoridad de un rey reclamando su territorio, explorando cada rincón de mi boca con una destreza que me hizo olvidar mi nombre, mi dolor y el motivo exacto por el que estaba en esta habitación.

Mis manos, llevadas por un instinto primario que no pude ni quise controlar, volaron a su cabello cano, enredando mis dedos en su espesura mientras me pegaba más a su pecho. Sentí la dureza de su cuerpo contra el mío, la evidencia irrefutable de su deseo contenida tras su pantalón de vestir.

Arthur bajó una de sus manos hasta el centro de mi lencería. Con un movimiento certero y sin apartar la tela, desvió el encaje negro y sus dedos encontraron mi humedad. Un gemido agudo se me escapó contra sus labios cuando su pulgar comenzó a acariciar mi punto más sensible con un ritmo lento, calculador y devastadoramente placentero.

—Arthur... Dios... —jadeé, arqueando la espalda contra la caoba mientras el éxtasis comenzaba a concentrarse en mi vientre con la fuerza de una tormenta.

—Mírame, Emma —ordenó en un gruñido bajo contra mi oído, aumentando la presión de sus dedos—. Mira al hombre que va a destruir a tu enemigo. Mira al hombre que te va a hacer suya.

Abrí los ojos, borrosos por la marejada de placer que me inundaba. Sus facciones maduras estaban marcadas por una tensión feroz, la mirada fija en mi rostro mientras me llevaba al borde del abismo con una maestría precisa. Cada roce de sus dedos, cada presión calculada enviaba olas de calor que sacudían mi cuerpo entero.

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Lacarvel
Ella no es la que que se iba a casa r con Julián y la Beatriz la madre del mismo? Autora revisa por favor
IsaValen 💖
excelente historia
Lacarvel
Apoyemos con el like, regalos y comentarios así llega a más personas esta historia. 🥰
América Solis martinez
no entiendo en un capítulo decía que Emma tiene veintiocho y ahora que tiene treinta y dos ya no entiendo 🤔
Lacarvel: Me paso lo mismo, cuando leí. Esperemos que la autora nos diga, pero tener 32 es mejor jeje
total 1 replies
Lacarvel
Mmmm ella sabe cositas ☹️
Lacarvel
Que terror pero si 🥹
Lacarvel
Madrreeee mijaaaa esa amenaza directaaaa🤯🤯🤯🤯🤯
Lacarvel
Te lleva más de 20 años niña... Más sabe el diablo por viejo que por diablo.... Soltalaaaaaaa de una vez decileeeeee luego será peor ☹️☹️☹️☹️☹️☹️
Lacarvel
Y la que esta guardando un secreto que la va a hundir más adelante 🥹🥹🥹🥹
Lacarvel
Y si más bien le dice a él... Hay no que terror no tiene do de escapar ☹️
Lacarvel
Jum osea que en 9 Meses lo pierdes todoo querida 🤯🤯🤯🤯🤯
Lacarvel
Autora revisa los capítulos del matrimonio creo que están repetidos pero narrados en dos versiones. Perdón si te molesta la observación.
Lacarvel
Querida pero si haces las cosas en orden y dices de una vez de la existencia... Como que es mejor pa vos
Lacarvel
Esta mujer es abrumadoraaaaaa
Lacarvel
Me encantaaaaaa🥰🥰🥰
Lacarvel
Mucho desgraciado 🤯🤯🤯🤯🤯
Milcaris
😂😂😂😂 Queeee 35 capitulos 😮😮 Aquí voy pero con calma Azly y tu eres de las escritoras que vuelan.
Milcaris: Aquí eres feliz 😂😂
total 3 replies
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