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La Venganza De Una Santa

La Venganza De Una Santa

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Venganza / Época / Completas
Popularitas:17.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

La devoción de la Santa Duquesa fue una vez el faro de esperanza para su pueblo. Con un toque, curaba heridas y consolaba almas. Pero su mundo se derrumbó la noche en que su hermana, casada con el hijo del rey, fue falsamente acusada de envenenar a la hija de la concubina real.
Sus súplicas de clemencia fueron ignoradas. Su pueblo le dio la espalda. Y ante sus propios ojos, vio cómo su hermana perdía la cabeza.
Rota por el dolor, pero con una determinación de acero, la Duquesa se retira a su hogar ancestral. Mantiene una imagen impecable, serena y devota ante el mundo. Pero tras esa máscara de pureza, se teje una red de astucia y alianzas sagradas. No busca violencia burda. Busca desmantelar, pieza a pieza, a quienes la traicionaron, empezando por el mismísimo rey.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: La Sombra sobre la Emperatriz Dragomir

A diferencia de la rústica opulencia del reino de Mortemer, el Gran Imperio Dragomir era una mole de arquitectura militar y majestuosidad sobria. Construido sobre los acantilados del norte, sus torres de granito negro y cúpulas de bronce dominaban el mar. Allí, donde la nieve caía suave sobre los estandartes del dragón de plata, el poder no se medía en intrigas de pasillo, sino en legiones inquebrantables y una linaje que jamás había sido doblegado.

Sin embargo, ni el Imperio más vasto del continente podía detener a la muerte cuando esta cruzaba las puertas del Palacio de Obsidiana.

En el salón privado de la Emperatriz Elena Dragomir, el silencio solo era roto por el crepitar de los braseros de carbón y las respiraciones entrecortadas de la soberana. Los ventanales de cristal tallado permanecían cubiertos por pesados cortinajes de terciopelo para evitar que la luz del sol castigara su rostro.

Cassian Dragomir permanecía de pie junto a la cama de su madre, inmóvil como una estatua tallada en la noche.

Su presencia imponía un respeto casi religioso. Era un hombre de estatura imponente y hombros anchos, envuelto en una casaca militar negra con broches de plata. Su piel, de una palidez casi marmórea, contrastaba intensamente con su cabello, tan oscuro y denso como el azabache, que caía con elegancia sobre su nuca. Pero lo que verdaderamente helaba la sangre de cualquiera que lo mirara eran sus ojos: dos orbes de un rojo carmesí profundo y penetrante, la marca inconfundible de la sangre pura del linaje Dragomir.

En ese momento, esos ojos rojos, habitualmente fríos y calculadores, ardían con una furia contenida mientras contemplaban los brazos de la Emperatriz. La piel fina de la mujer estaba cubierta por unas manchas purpúreas y descamadas que se extendían desde los hombros hasta las muñecas, brotando en protuberancias secas que despedían un calor febril.

Era la misma plaga misteriosa que, según los informes de los espías imperiales, comenzaba a devorar los barrios bajos del vecino reino de Mortemer.

—¿No hay cambio alguno? —preguntó Cassian. Su voz era un grave retumbo, bajo y rasposo, capaz de silenciar una sala con una sola palabra.

Al otro lado del lecho, el médico jefe de la corte imperial, un hombre anciano de túnica gris, bajó la cabeza temblando mientras acomodaba los frascos de ungüentos.

—Ateza Real... hemos probado con las infusiones de raíz de luna, con los elixires de alquimia superior y con las plegarias de la orden del norte —respondió el médico con la voz quebrada por el miedo—. La toxina que consume la sangre de Su Majestad Imperial no responde a la medicina tradicional. Es la lepra negra de las sombras. Los textos antiguos la declaran incurable. La piel se consumirá en cuestión de semanas hasta apagar su corazón.

Cassian no parpadeó. Dio un paso hacia adelante, y la sombra de su alta figura cubrió al anciano por completo. Sus ojos carmesí parecieron encenderse en la penumbra de la estancia.

—Incurable es una palabra que los débiles usan cuando se quedan sin recursos, sanador —siseó el príncipe heredero, inclinándose apenas un par de centímetros hacia él—. La Emperatriz de este Imperio no morirá porque tus libros de medicina tengan páginas incompletas. Si vuelves a pronunciar esa palabra en mi presencia, me aseguraré de que no vuelvas a hablar jamás.

El médico se arrodilló torpemente sobre la alfombra, tocando el suelo con la frente.

—¡Perdón, mi señor! ¡Os juro por mi vida que hemos agotado todo lo que el Gran Imperio posee! ¡No existe hombre ni magia en nuestras tierras que pueda detener esto!

—Entonces buscaré fuera de nuestras tierras —sentenció Cassian, dándole la espalda al médico para acercarse a la cama.

Se arrodilló con una marcialidad elegante junto a su madre, tomando la mano manchada y febril de la Emperatriz entre sus grandes palmas pálidas. La Emperatriz Elena abrió lentamente los ojos, ofreciéndole una débil sonrisa a su único hijo.

—Cassian... no pierdas el tiempo en imposibles, mi niño —murmuró la mujer con un hilo de voz—. El Imperio necesita a su príncipe enfocado en la corona, no persiguiendo fantasmas por el continente...

—No hay Imperio sin ti, madre —respondió Cassian, besando el dorso de su mano con una devoción profunda que solo reservaba para ella—. No voy a permitir que te apagues.

Se puso en pie de golpe y cruzó la estancia hacia el balcón, donde su comandante de la guardia de élite, un oficial de alto rango de la Casa Dragomir, esperaba en posición de firme.

—¿Qué han descubierto los espías sobre los rumores de los reinos del sur? —demandó Cassian sin rodeos, mirando hacia el mar embravecido.

El oficial dio un paso al frente y sacó un pequeño tubo de cuero con información clasificada.

—Las noticias del reino de Mortemer son caóticas, Alteza. Se habla de una mujer a la que llamaban la Santa de la Casa Aurelius. Las cartas de nuestros informantes aseguran que no se trata de simple fe o superstición popular; la mujer poseía un poder de sanación sagrado real. Sus manos podían detener la lepra, purificar la sangre de venenos mortales y regenerar tejido consumido en cuestión de segundos.

Cassian giró levemente la cabeza, clavando su mirada roja en el soldado.

—¿Dónde está esa mujer ahora? Tráela ante mí.

El oficial tragó saliva antes de responder.

—Ese es el problema, mi señor. Hace poco menos de un mes, la corona de Mortemer acusó a la hermana de la Santa de traición y la ejecutó en la plaza pública. Tras la ejecución, la Santa renunció a la Iglesia, cerró los pasos de su ducado y desapareció. Abandonó al reino y a su rey. Los emisarios de Aldous la buscan desesperadamente para frenar la peste en su capital, pero ella quema sus cartas y los amenaza con la muerte si cruzan sus fronteras.

Una pequeña sonrisa, fría y llena de astucia pragmática, se dibujó por un segundo en las facciones de Cassian.

—Así que el idiota de Aldous ejecutó a la hermana de la única persona que podía salvar a su pueblo... —murmuró el príncipe heredero, acomodándose los guantes de cuero negro—. Qué ciego. Ha destruido su propia bendición.

—¿Qué órdenes tenéis, Alteza? —preguntó el oficial—. ¿Enviamos una división para exigir su presencia en nombre del Gran Imperio?

—No —respondió Cassian de inmediato, y su voz resonó con la firmeza de un mandato absoluto—. Si esa mujer ha visto morir a su hermana y ha desafiado a su propio rey, no responderá a las amenazas de un ejército extranjero. Si la presionamos, se esconderá o preferirá morir antes que servir a otro soberano.

El príncipe caminó hacia la mesa táctica de la sala, donde descansaba un mapa del continente, y colocó su daga de acero sobre la frontera del ducado de Aurelius.

—Iré yo mismo.

El oficial abrió los ojos con sorpresa.

—¿Alteza? Viajar vos mismo al sur representa un riesgo geopolítico enorme. El reino de Mortemer está inestable y—

—Reúne a cincuenta caballeros de la Orden del Dragón Negro —lo interrumpió Cassian, con sus ojos carmesí fijos en la daga—. Sin estandartes imperiales, sin anuncios públicos. Entraremos en el territorio del ducado de Aurelius bajo el manto de la noche.

Se ajustó la capa oscura, y su alto talle pareció llenar la estancia de una autoridad temible.

—Si esa mujer tiene el poder de devolverle la vida a mi madre, le ofreceré lo que ningún rey le ha dado. Y si tengo que arrodillarme ante ella o reducir el reino de Mortemer a cenizas para conseguir su ayuda, lo haré sin pestañear.

Cassian cruzó el umbral del salón con pasos decididos, dejando tras de sí el eco de sus espuelas de plata. El Imperio Dragomir había iniciado su marcha hacia el sur, y el destino de la antigua Santa estaba a punto de colisionar con la fuerza más peligrosa del continente.

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Marlucha💋
Excelente historia
Marlucha💋
💖💖
Marlucha💋
Pobre Rey pedejo
Marlucha💋
Sigue soñando víbora
Marlucha💋
😨😨😨😨😨😨😨
Marlucha💋
Osea Dragón 🐉 💖
Marlucha💋
Si sueña Rey moribundo! 😂
Marlucha💋
De malagradecidos está lleno el mundo!.
Por eso muchas veces es mejor ayudar a un perro.
MARINA SIMÓN
/Ok/
Guadalupe Araceli Esparza Meraz
si quiero la historia de la emperatriz
Josseline Palma
🌺🥰
Doris Laura Torres Amaya
excelente👏👏👏 corta y buenisima☺️👏👏👏
Rosario Hernandez Ortiz
🥰🥰🥰GEACIAS AUTORA MUY BUENA HISTORIA 🥰🥰🥰🥰DESDE EL PRIMER CAPITULO HASTA EL FIN A SI ME GUSTAN CORTAS PERO CON FINAL FELIZ 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰DIOS TE BENDIGA/Pray//Pray//Pray//Pray//Pray//Pray//Pray//Pray//Pray//Pray//Pray//Pray//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart/
Rosario Hernandez Ortiz
🥰🥰🥰🥰ESO ME GUSTO AUTORA 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Lorena Itriago
Excelente Novela
Jesus Castro Montero
Gracias escritora por deleitarnos con tan maravillosa novela
Jesus Castro Montero
Lisandra que bueni que encontraste en Casian el afecto amor y respeto para ti 💘💘💘💘💘
Jesus Castro Montero
Por fin las traidoras y el rey fueron apresados y muertos😂🤣🥰💘😈😈
Jesus Castro Montero
Si Lisandra que ella su hija y el rey paguen caro lo que le hicieron a tu hermana siendo inocente 😈💘😈😈💘💘❤️
Jesus Castro Montero
Si que Lisandra acabe con esas dos brujas de una ves que las mate
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