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Me casé con un viudo mayor y me consiente cada día

Me casé con un viudo mayor y me consiente cada día

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / Novia sustituta / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:33k
Nilai: 5
nombre de autor: Raven Ayu

La descartaron como a un paquete devuelto.

Cuando la prueba de ADN reveló que Lara no era la hija de sangre de la poderosa familia que la crió, la enviaron al altar en lugar de la verdadera heredera: a casarse con un viudo de pueblo, mayor y con tres niños a cuestas. Debía ser un castigo. Debía ser el final de su vida.

Pero al otro lado de aquel portón de hierro no la esperaba un anciano pobre. La esperaba una casa que guardaba secretos, tres pequeños que llevaban demasiado tiempo pasando hambre… y un hombre que no era, ni de lejos, lo que todos decían.

Lara llegó dispuesta a sobrevivir. Nunca imaginó que ese matrimonio arreglado le daría lo único que jamás tuvo: alguien que la mira como si valiera el mundo entero, y la consiente cada día.

Mientras aprende a ser madre de tres corazones heridos y descubre quién es en realidad su esposo, los que la humillaron empezarán a tocar a su puerta. Unos por arrepentimiento. Otros, por codicia. Y Lara ya no es la muchacha a la que se podía reubicar a capricho.

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Capítulo 20: Solo tú

El matrimonio cambió muchas cosas pequeñas antes de que yo notara el cambio grande.

Adrián empezó a dejarme un lado del ropero para mi ropa. Junto a su moto apareció un casco blanco nuevo, porque decía que la correa de mi casco viejo ya estaba floja. Cada vez que volvía de la ganadería, nos buscaba en la cocina antes de entrar al cuarto.

Yo también cambié.

Me sabía de memoria la hora en que se oía su moto en la curva, sabía cuándo estaba cansado con solo ver cómo dejaba las llaves, y podía distinguir su silencio según fuera de enojo, de preocupación o de no saber simplemente qué decir.

Una noche, unos días después de nuestro primer desayuno, cayó un aguacero sobre San Roque. Rafael y Bruno ya dormían, después de terminar la tarea de la escuela. Sasa se había quedado dormida con su muñeca de trapo entre los brazos. La luz llegó a irse un rato y volvió cerca de las diez.

Adrián acababa de llegar de la ganadería con los hombros mojados.

—¿Por qué tan tarde? —le pregunté mientras tomaba una toalla.

—Una vaca iba a parir.

—¿Salió bien?

—Salió bien.

Le sequé el cabello aunque dijo que podía hacerlo solo. Se sentó en el borde de la cama, tan alto que tuve que pararme entre sus rodillas.

—¿La cría es macho o hembra?

—Hembra.

—¿Cómo se llama?

—Todavía no tiene nombre.

—Bruno seguro le va a poner un nombre raro.

—Por eso no le digas por ahora.

Nos miramos y luego reímos bajito para no despertar a los niños.

Adrián me quitó la toalla de las manos y la puso en la silla. Su mano se quedó en mi cintura, sin jalar, solo esperando. Le toqué el cabello aún húmedo de las sienes.

—¿Tienes frío? —pregunté.

—Ahora no.

Esa frase tan simple me encendió la cara.

Se acercó despacio. Su beso ya se sentía familiar, pero no había perdido la capacidad de acelerarme el corazón. Le rodeé el cuello con los brazos. La lluvia golpeaba el techo y tapaba el sonido de nuestra respiración de una casa que ya dormía.

La cercanía de esa noche ya no estaba llena de nervios como la primera vez. Habíamos aprendido cuándo parar, cuándo preguntar y cómo leer los movimientos del otro. Igual de suave, igual de sin prisa, pero más sincera.

Después quedamos recostados frente a frente. Adrián me peinó el cabello con los dedos y luego recorrió mi cara como para confirmar que de verdad estaba ahí.

—¿Qué? —pregunté.

—Nada.

—Llevas rato mirándome.

—¿Se puede?

—Si no se puede, te tapo los ojos.

Me atrapó la mano cuando hice como si fuera a hacerlo. Nuestros dedos se entrelazaron entre las almohadas.

La lluvia hacía que la noche se sintiera aparte del mundo de afuera. En esa oscuridad suave, recordé el camino que me había traído hasta esta cama.

Llegué como una mujer descartada para reemplazar a Tania. El primer día solo prometí que sería una buena madre, porque era lo único que podía ofrecer. Creí que con el respeto bastaba para llevar un matrimonio.

Y entonces Adrián se paró en la cocina y me confió el dinero de la casa. Recibió mi fiambrera delante de todo el pueblo. En la oficina de la ganadería, me vendó el dedo pésimamente y luego me hizo perder el ritmo del corazón con un solo gesto instintivo.

Escribió mi nombre completo en todos los documentos de la boda. Se paró de uniforme, con su viejo mundo rodeándolo, y aun así buscó mi mano en medio de la multitud. La noche de bodas, el hombre al que llamaban comandante me revisaba la temperatura como si temiera que fuera a romperme por un abrazo demasiado fuerte.

No hubo un solo suceso grande que me hiciera enamorarme. El sentimiento creció a partir de decenas de gestos pequeños, hasta que una mañana me di cuenta de que ya no podía imaginar esta casa sin sus pasos.

—Adrián —lo llamé.

—¿Mm?

—La primera vez que me viste bajar del autobús, ¿qué pensaste?

Se quedó callado un buen rato.

—Que estabas flaca.

Le pegué en el hombro con la almohada.

—¿Nada más?

—Y enojada.

—No estaba enojada.

—Tenías cara de querer morder a alguien.

—Tenía miedo.

Adrián lanzó la almohada a un lado y me atrajo más cerca.

—Lo supe en cuanto vi que te temblaban las manos.

—¿Por qué me aceptaste igual?

—Porque miraste primero a los niños y después la casa.

Recordé las tres caras sucias detrás del portón.

—Solo no tuve corazón para dejarlos.

—Los que vinieron antes que tú también los vieron. No todos se detuvieron.

Sus dedos acariciaron el dorso de mi mano.

—Pensé que aguantarías una semana —dijo.

—¿Y luego?

—Después de que desarmaras la cocina, quizá un mes.

—¿Y después del mes?

—Empecé a desear que no estuvieras contando los días.

Se me entibió el pecho.

—Nunca lo dijiste.

—No sabía cómo.

—¿Ya sabes ahora?

Se lo pensó.

—Un poco.

Esperé.

—Me gusta que estés en la casa —dijo—. Me gusta que los niños te busquen. Me gusta el almuerzo que me llevas. Cuando vuelvo y veo encendida la luz de la cocina, sé que alguien me espera.

Se detuvo, como si la frase siguiente pesara demasiado.

—¿Y si algún día me llaman? —preguntó.

—Voy a esperar.

—¿Y si te aburres de vivir en el pueblo?

—Lo hablamos juntos.

—¿Y si quieres volver a trabajar?

—Voy a trabajar. Ser tu esposa no borra mi vida.

—Lo sé.

—¿De verdad lo sabes?

—Voy a aprender.

Esa respuesta valió más que la promesa de no equivocarse nunca.

Hablamos de la escuela de Rafael y Bruno, de cómo ayudar a Sasa a ponerse al día sin forzarla, de la posibilidad de que yo volviera a hacer un programa de radio o a crear contenido de audio desde la casa. Adrián me ofreció un cuarto vacío de la planta baja como un pequeño estudio. Esa misma noche rechacé el plan de la remodelación, pero no rechacé la posibilidad de tener un trabajo propio.

—¿Y la ganadería? —pregunté.

—Puedes llevar la contabilidad si quieres.

—No es seguro que quiera.

—No pasa nada.

—¿Y si vuelvo a trabajar y tengo que ir seguido a la ciudad?

—Te llevo si puedo. Si no, el chofer de la oficina te puede llevar.

—¿Y si el programa es de noche?

—Te recojo.

—¿Y si estás en un llamado del servicio?

Frunció el ceño, como si mis preguntas quisieran a propósito complicar todas las salidas.

—Te lleva Gino. O Aldo. Lo importante es que avises.

—¿No que pida permiso?

—Que avises —repitió con firmeza—. Soy tu marido, no tu comandante.

Sonreí.

—Menos mal. No podría cuadrarme cada vez que entras al cuarto.

Adrián me pellizcó apenas la cintura hasta que ahogué la risa en la almohada.

Cuando nos calmamos, tocó el anillo de mi dedo.

—No quiero que pierdas oportunidades por haberte casado conmigo.

—¿Por qué?

—Amelia dejó muchas cosas después de casarse. No porque Danilo se lo prohibiera, sino porque todos daban por hecho que la casa era automáticamente asunto suyo. Siempre decía que iba a empezar de nuevo el año siguiente.

—Y murieron antes de que llegara ese año siguiente.

Asintió.

Cubrí su mano con la mía.

—Voy a seguir siendo la madre de ellos. Pero también sigo siendo Lara.

—Eso es lo que quiero.

—Y tú no puedes resolver todos los problemas solo por haber sido comandante.

—No soy así.

Arqueé una ceja.

Se rindió.

—Voy a intentarlo.

Después hablamos de cosas que ni siquiera me había permitido soñar. Un escritorio junto a la ventana. Un librero que no tuviera que compartir espacio con las cajas de forraje. Un día libre a la semana en el que Adrián no pudiera ir a la ganadería salvo emergencia. Tiempo dedicado a llevar a los niños a la ciudad, no solo al médico o a comprar uniformes.

—Rafael quiere ver el museo de ciencias —dije.

—Puede ser el mes que viene.

—Bruno quiere el estadio.

—De una vez los dos.

—Sasa va a perseguir palomas en el patio del museo.

—Le llevamos un arnés de seguridad para niños.

Reí.

—No es una becerra.

—Las becerras son más fáciles de controlar.

Detrás de esa broma, un día del futuro se armaba con toda sencillez. El auto lleno de provisiones, Bruno hablando todo el camino, Rafael fingiendo no estar entusiasmado y Sasa dormida en mi regazo. Adrián al volante, recordándole de vez en cuando a todos que no hicieran ruido.

Yo quería ese día.

—¿Adrián?

—¿Mm?

—¿Qué es lo que más miedo te da ahora?

No respondió de inmediato. La lluvia amainó y dejó el goteo del agua desde la canaleta.

—Volver y no encontrarlos.

—No nos vamos a ir a escondidas.

—Lo sé.

—¿Pero aun así tienes miedo?

—Aun así.

No le pedí que dejara de tenerlo. La herida de una pérdida no sana solo porque alguien haga una promesa. Llevé su mano hasta mi pecho para que él también sintiera mi corazón.

—Cuando venga ese miedo, pregúntame. No tomes decisiones en mi nombre.

—¿Como el otro día?

—Como el otro día, pero una vez basta. Tres veces me molestó.

—Está bien.

—¿Y si soy yo la que teme que no vuelvas?

—Pregúntame a mí también.

—¿Y si no puedes responderme?

—Agárrate de Rafael. Él va a fingir calma. Bruno va a hablar hasta que se te olvide el miedo. Sasa va a desordenar la casa.

—Eso no es una respuesta.

—Voy a hacer todo por volver —dijo al fin—. No por orden. Porque ustedes me esperan.

Esa frase quedó entre nosotros; no grandiosa, pero lo bastante firme como para servir de apoyo.

No me estaba regalando un trabajo como quien da un premio. Me estaba dando un lugar en el plan del futuro sin encerrarme dentro de él.

Fue entonces cuando entendí qué lo hacía distinto.

Bernardo y Raquel me criaron con una lista de obligaciones. Tania me veía como una ladrona de lugares. Todas las relaciones de la capital me exigían pagar mi existencia con obediencia.

Adrián, en cambio, me daba a elegir, incluso cuando esa elección le daba miedo.

Apoyé la palma de la mano sobre su pecho. El corazón que latía debajo seguía firme.

—¿Qué pasa? —preguntó.

—Me estoy asegurando.

—¿De qué?

De que este sentimiento no era gratitud. No era el alivio de quien fue rescatada. No era la costumbre de dormir en la misma casa.

Antes de que mi vida cambiara, hubo quien me admiró, me cortejó y me halagó. Ninguno me dio ganas de quedarme cuando se abrió una salida. Solo este hombre me daban ganas de construir algo, y no apenas de refugiarme.

Apagué la lámpara de mesa y me acerqué en la oscuridad.

—Adrián —lo llamé, esta vez con la voz más suave y desnuda que nunca.

Su respiración se detuvo un instante.

Escondí la cara en su pecho, pero me obligué a terminar la frase.

—En toda mi vida, siento que solo tú puedes ponerme así.

Su abrazo se cerró con fuerza.

—Entonces —respondió con la voz contenida—, deja que siempre sea yo.

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Quica Romero
¿Y si lo que le gusta es poderle callar la boca a alguien?.☝️🙄 ¿Que?. 🤷‍♀️
Quica Romero
¡Ash!.😒🤦‍♀️ ¡Otro alacrán!.
°\🙄/-
Quica Romero
Y es que, "no hagas cosas que parezcan malas y sobre todo sospechosas. ☝️🧐
Quica Romero
Pero no estás dando solo discursos. 🤷‍♀️ Estás dando discursos con pruebas comprobables e irrefutables. ☝️🧐
Quica Romero
La que obra mal... ☝️😌 ¡Se le pudre el tamal!. °~😌~°😈😁😈😄😈😆😈😅😈😂😈🤣😈
Quica Romero
¡No!. ☝️🙂‍↔️ A eso se le llama NO mezclar negocios con la "familia. ☝️😌 Cuentas claras y el chocolate espeso. Así llegarás a viejo y con familia unida.☝️🧐
Quica Romero
Pues no ☝️🙂‍↔️ Ya que cada cocinero tiene su forma y sazón aunque sea la misma receta siempre va ha variar por el sazón que le da el cocinero. 🤷‍♀️🙎‍♀️😏
Y èso si, lo va a notar un buen cocinero y comensal.
☝️🧐 °~😌~°😉
Quica Romero
¡Otro alacrán al calzón!. °\🙄/°
Doña Inés... ☝️🙄 Tania... ☝️🙄 Su ex familia... 🖕🙄 Los nuevos tíos...🖕🙄 y... ¿Quién más se acumulara?. °~🫩~°
Acaso será...¿¡Yolanda!?.
°~🤨~°🤔🤦‍♀️
Quica Romero
¿Y por qué iba a tener tristeza la vieja cínica?. °~🫩~°
¡Vergüenza!, es lo que debería de tener ella y sus padres por rateros.°\🤨/°
¿Y su "nombre"?...¡Ya está en la boca de todos!. Por las acciones de su hija y por el cinismo y la falta de principios y moral de la familia al no devolver luego , luego la dote que su hija rechazó.°~😒~°
Así que...¡Entré cínicos y rateros no hay a quien irle!.
☝️😌👆🤷‍♀️🙎‍♀️
Quica Romero
¿Y para que?. °\😏/°
Si ellos solitos se están destapando de tanto calor. 😈😈°~😌~°😈😈😈😈😈😈😁
Quica Romero
¡Umm!. 😏 ¡Ya comenzó a salir la ropa sucia!. 🙎‍♀️ Destapa una coladera y comenzará a salir las verdades. 😈😏😈🤷‍♀️😈😈😈😈😈
Quica Romero
¡Ése, es problema suyo!.🤷‍♀️ Por no regresar un dinero que ya no les correspondía en el preciso momento que rechazaron la propuesta. °~🫩~°
¿Que mandó a otra persona?. 🤨 ¡Si!. Pero ésa es otra historia. ☝️🧐
¡Nueva prometida, nuevo compromiso! y ...°~🧐~°
¡Nueva administración y dirección!. 🤷‍♀️ Ya que la nueva prometida no viene sóla. ☝️🫩🙎‍♀️
Quica Romero
¿Ella?. 🤨 ¿O acaso no fueron ustedes quiénes la mandaron ahí?. 😒 ¿A formar una "familia" nueva?. “\🫩/“
Entonces...¿Por qué tanta echada si ustedes mismos la forzaron con tanto chantaje emocional?. 🤷‍♀️
¡Solo están cosechando todo el "cariño" y consideración que le tuvieron todos esos años y no la conveniencia y egoísmo que buscaron cuando les sirvió de utilidad. 🤷‍♀️😒🙎‍♀️
Quica Romero
¡Ahórrate la mirada de "fusil cargado" que no te queda!. Cómo si la víctima hubieras sido tu. 😒🤷‍♀️🙎‍♀️
Quica Romero
¿De cuál familia, señora?. 🤷‍♀️
¿Sé refiere a su familia (hija, esposo y usted)... ¡Si, si es la misma bola de rateros de la que hablamos!.°\🤨/°
Porque, aunque la ratera de su hija fue la que se lo gastó...
¡El deber moral, es de los padres que aceptaron la dote!.
Así como la ratera de su hijita rechazo el compromiso... ¡Ustedes tenían que regresar el dinero,joyas y demás cosas que vino con la dote!.🫰🧐
Y aunque mandaron a su hija adoptada, el tratamiento no fue con ella. Y ella tiene familia biológica. Así que al cambiar de prometida automáticamente se transfiere íntegramente la dote, sin ninguna compensación ya que ellos rechazaron el compromiso.
Y todo ése argumento barato, no quita lo que son en realidad... ¡Una bola de rateros!.
Quedando así... ¡En familia!. Cómo lo dijo.°~🫩~°
Quica Romero
No es que la haya tomado sin permiso. 🤷‍♀️
Es porque no le pertenece porque no hubo ya un compromiso. Que fue para lo que se entregó. 🤷‍♀️
Y no fue como un sueldo ni adelanto de nada y mucho menos préstamo, ni regalo.
Así al no haber ningún compromiso con la susodicha tiene el deber moral y legal(más lo último) en regresarlo junto con los regalos, joyas y otras cosas que se les haya dado como dote. Ya al no hacerlo, se tomará medias ilegales. 🙎‍♀️
Quica Romero
Porque era de una dote para una novia que rechazó un enlace.
Y al rechazar ése compromiso, automáticamente esa familia que recibió esa dote, debe de regresarla íntegramente.☝️🧐
Ya que al no haber boda...¡No hay dinerito!.🫰💵💷💶💴
Quica Romero
¡Quiere la receta completa!. 🤷‍♀️🫩🙎‍♀️
Quica Romero
¡Nada más!. 😒
La que se friega y parte el lomo es ella y ustedes solo la ganancia ¿no?. °\🤨/°
Quica Romero
¿Verdad?. °\🤨/°
¡Y no el mentado pollo con soya?.🤷‍♀️ Que si lo hace una vez más pronto les saldrá plumas. °~🫩~°
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