Yael Yúnez tiene veinte años, cabello plateado, y un secreto que lo mantiene caminando en la cuerda floja: a los dieciocho se casó con su "hermano mayor", León Luján — el heredero que abandonó una fortuna familiar para estar con él.
Ahora León es el CEO de LX Capital, la firma de inversiones más temida de Ciudad del Valle. También es el nuevo patrono de UniValle, la universidad donde Yael estudia artes. Nadie sabe que el empresario de mirada glacial llega cada noche a casa a cocinarle pasta a un chico de pelo plateado que le pone apodos ridículos en WhatsApp.
Pero los secretos no duran para siempre.
Cuando una foto se viraliza, cuando los empleados de LX empiezan a murmurar sobre "la pareja del jefe", y cuando un hombre del pasado de León aparece con una obsesión peligrosa por Yael... el matrimonio oculto empieza a resquebrajarse.
Gonzalo Luján — hermanastro de León, vicepresidente del imperio que León rechazó — lleva años observando a Yael en silencio. Y ahora está decidido a tomar todo lo que León tiene: su empresa, su posición... y su esposo.
"Quiero que te divorcies de él."
"Señor Luján, la clínica psiquiátrica queda a dos cuadras. Todavía hay camas disponibles."
En medio del caos, Yael descubrirá la verdad que León siempre le ocultó: por qué se fue dos años, por qué nunca volvió a su familia, y qué fue exactamente lo que sacrificó — todo por un chico que ni siquiera sabía lo amado que era.
Contenido:
🔥 CEO posesivo que se derrite solo por su esposo
💍 Matrimonio secreto (¡ya están casados desde el capítulo 1!)
😭 "Te hago llorar pero después te consiento"
⚡ Villano obsesivo + drama familiar + plot twists
💕 Tres parejas, todas adorables
🌶️ Escenas subidas de tono (con mucho amor)
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Capítulo 9
Capítulo 9
El patrono
—León Luján.
El nombre no cayó en el patio.
Explotó.
Mariana soltó un grito ahogado. Dos estudiantes de diseño se acercaron sin pedir permiso. Alguien detrás de Yael abrió el mismo correo y dijo "no manches" con la devoción de quien acababa de ver a una celebridad entrar a su horario académico. En menos de treinta segundos, el presidente del patronato dejó de ser una línea institucional y se convirtió en tema público.
—¿Ese León Luján? —preguntó Mariana—. ¿El de LX Capital?
—¿Hay otro? —dijo Félix.
—No sé, podría haber un señor que venda seguros.
Luca dejó el vaso de agua sobre la mesa con mucho cuidado.
—No. Es ese.
Quique miró a Luca.
—Tú lo dices como si lo conocieras.
Luca sonrió con la expresión más falsa que Yael le había visto.
—Soy una persona informada.
—Tu promedio dice otra cosa.
—Ataque personal innecesario.
Yael no participó. Tenía los ojos fijos en el correo, en el nombre de su esposo escrito con letras limpias debajo del logo de UniValle. León Luján. Presidente entrante del patronato. Presentación pública. Auditorio central. Asistencia obligatoria para representantes estudiantiles y facultades invitadas.
León no iba a ser un rumor.
Iba a estar ahí.
Con traje, con esa cara de nadie me toca, frente a media universidad.
Y Yael estaría sentado entre todos, fingiendo que ese hombre no le había dejado la marca invisible de una promesa en la piel la noche anterior.
Su celular vibró.
Mi amor ❤️: "Ya lo viste."
Yael apretó la pantalla con tanta fuerza que Luca hizo una mueca.
Yael: "¿Me estás preguntando o confesando?"
Mi amor ❤️: "Informando."
Yael: "León."
Mi amor ❤️: "Iba a decírtelo hoy."
Yael: "El correo llegó primero. Muy profesional de tu parte, presidente."
Mi amor ❤️: "No me digas así."
Yael: "¿Presidente?"
Mi amor ❤️: "Si lo haces con esa cara, voy a ir por ti."
Yael bloqueó el celular al instante.
Luca se inclinó.
—¿Vas a sobrevivir?
—No.
—Yo tampoco. Si mi hermano se emociona y te mira más de tres segundos, Quique va a hacer un tablero de sospechosos.
Félix levantó la mano.
—Yo puedo dibujarlo.
—No ayudas —dijeron Yael y Luca a la vez.
Esa noche, Yael no esperó a que León volviera de LX Capital para reclamarle. Lo esperó en la sala de la residencia Luján, sentado en el sillón grande, con Tonto echado a sus pies y la tablet abierta en el correo de rectoría como si fuera una prueba judicial.
León entró a las nueve con el saco en el brazo y el cansancio elegante de quien había pasado el día destruyendo problemas ajenos.
Yael levantó la tablet.
—¿Algo que quieras compartir con la clase?
León lo miró. Luego miró el correo. Luego a Tonto, que se hizo el dormido.
—Iba a decírtelo.
—Eso ya lo escribiste. Necesito material nuevo.
León dejó el saco en el respaldo del sillón.
—El acuerdo con UniValle se cerró esta semana. LX Capital entró al patronato con un fondo de becas y desarrollo de infraestructura. Mi nombre se anuncia porque el consejo lo pidió.
—Qué bonito. Muy noble. Muy generoso. Muy problemático para tu esposo secreto que estudia ahí.
León se sentó frente a él, no demasiado cerca. Eso ya era una señal de que sabía que estaba en falta.
—No quería que te enteraras por un correo.
—Pero pasó.
—Sí.
Yael bajó la tablet. El enojo estaba ahí, pero mezclado con algo más difícil: nervios. Una parte de él estaba orgullosa, ridículamente orgullosa, de que León fuera ese tipo de hombre. El tipo que podía entrar a una universidad privada como figura de poder y cambiar fondos, edificios, becas, futuros.
La otra parte quería meterlo en una caja para que nadie del campus lo mirara.
—Mañana todos van a verte —dijo.
—Eso parece.
—Y yo voy a estar ahí.
—Lo sé.
—Y tú no puedes... —Yael hizo un gesto inútil con la mano—. No puedes hacer cara de esposo.
León parpadeó.
—¿Cara de esposo?
—Sí. Esa cara.
—¿Cuál?
—La de "ya comiste, mi cielo".
León bajó la mirada para esconder una sonrisa. Falló.
—No voy a hacer esa cara.
—León.
—Voy a intentarlo.
Yael le lanzó un cojín. León lo atrapó en el aire, por supuesto, porque el universo estaba de su lado cuando quería ser irritante.
—No es gracioso.
—No me río.
—Te ríes por dentro.
—Contigo, casi siempre.
La frase le quitó fuerza al reclamo. Yael odiaba cuando León hacía eso: una línea tranquila, una mirada suave, y todo su discurso se derretía como helado barato.
León se acercó al fin y se arrodilló frente a él. Tomó sus manos.
—No voy a exponerte si no quieres.
—Lo sé.
—Pero no voy a fingir que no te veo si te pones mal.
—Ese es el problema. Yo me pongo mal por deporte.
León le besó los nudillos.
—Entonces respira cuando me veas.
—Qué consejo tan inútil.
—Y no te escondas detrás de Luca.
Yael se quedó callado.
León alzó una ceja.
—Ya lo habías planeado.
—Luca es alto para algo.
Al día siguiente, el auditorio central de UniValle parecía preparado para una ceremonia de graduación. Banners azules, filas de sillas, prensa universitaria, profesores con saco y estudiantes fingiendo que no estaban emocionados. En la entrada, el correo impreso circulaba entre grupos como si fuera invitación a concierto.
Yael llegó con Luca a un lado, Félix detrás y Quique pegado al otro costado.
—No entiendo por qué estás tan nervioso —dijo Quique—. Es un empresario, no un examen sorpresa.
—Los empresarios también dan miedo —respondió Yael.
—A ti te da miedo todo antes del desayuno.
Luca murmuró:
—A mí este empresario sí me da miedo.
Quique lo oyó.
—Otra vez hablas como si lo conocieras.
Luca miró el escenario.
—Lo conozco de... revistas.
—Claro.
Las luces del auditorio bajaron un poco. Un murmullo recorrió las filas. La rectora subió al escenario, saludó a los presentes y empezó a hablar de alianzas estratégicas, excelencia académica y futuro institucional.
Yael no escuchó nada.
Solo vio las puertas laterales abrirse.
Primero entró Simón.
Después, León.