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El Caos En Mi Refugio

El Caos En Mi Refugio

Status: En proceso
Genre:Escuela / Romance
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Lola vive bajo una regla de oro: su espacio personal es sagrado. Es inteligente, retraída y encuentra paz en el silencio. Su único error fue dejar entrar en ese refugio a Mateo, su mejor amigo, un torbellino de imprudencia que solo entiende de tácticas de fútbol y de cómo hacerla reír cuando más lo necesita.

Pero el equilibrio se rompe cuando el "Rey del Campo" se convierte en el objetivo de la chica más popular, y un rival inesperado decide que la brillante timidez de Lola es el trofeo que realmente quiere ganar

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Capítulo 3: El Factor Patricia

​El jueves por la tarde, el aire en la biblioteca se sentía más denso de lo habitual. No era el polvo, ni la humedad previa a la lluvia; era la inminencia del examen final de álgebra. Sobre la mesa, el cuaderno de Lola parecía un campo de batalla de tachaduras y flechas que conectaban conceptos. Mateo, por primera vez, no estaba jugando con el balón bajo los pies; tenía la mandíbula apretada y el ceño fruncido, concentrado en no dejar que un binomio al cuadrado lo derrotara.

​Lola lo observaba de reojo. Sentía una satisfacción silenciosa, casi maternal, al verlo domesticar su propia impaciencia. Pero la paz en el santuario tiene fecha de caducidad cuando el mundo exterior decide reclamar a sus ídolos.

​La entrada de la tormenta

​El sonido de unos tacones golpeando el suelo de madera rompió el ritmo de los latidos de Lola. No era el paso errático de un estudiante distraído ni el caminar sigiloso de la bibliotecaria. Era un paso coreografiado, rítmico y cargado de una confianza que solo da la popularidad incuestionable.

​Patricia.

​Apareció al final del pasillo como una mancha de color demasiado brillante para aquel entorno de tonos sepia. Llevaba la chaqueta del equipo de porristas colgada con negligencia sobre los hombros y una fragancia a flores dulces que asfixió instantáneamente el aroma a vainilla de los libros viejos.

​— ¡Mateo! —exclamó, sin molestarse en bajar el tono. Su voz era un cascabel plateado que ignoraba las señales de "Silencio"—. Te he estado buscando por todo el campus. El entrenador dice que si no confirmas hoy tu asistencia a la Fiesta de Inicio de Temporada, te quedas fuera del brindis de capitanes.

​Mateo levantó la vista, parpadeando para salir de su trance matemático.

​— Ah, hola, Patri. Estaba... bueno, estaba intentando no reprobar —respondió él, rascándose la nuca con esa sonrisa a medias que siempre usaba cuando se sentía atrapado.

​Lo que sucedió a continuación fue una lección magistral de exclusión social. Patricia se acercó a la mesa y se apoyó en ella, justo encima del esquema de funciones que Lola acababa de terminar. Sus uñas, perfectamente pintadas de un rojo carmesí, quedaron a milímetros de los dedos de Lola.

​Patricia no la miró. Ni una vez. Para ella, Lola no era una persona; era parte del mobiliario, una extensión de la silla o un soporte para los libros de Mateo. Sus ojos estaban fijos en él, brillando con una mezcla de posesión y encanto.

​— Olvida los libros un momento, "cerebrito" —dijo Patricia, acariciando el hombro de Mateo—. La fiesta es mañana por la noche en la casa de la playa. Todo el equipo va a estar allí. Va a ser la noche del año. No puedes faltar. Sabes que la fiesta no empieza hasta que tú llegas.

​Lola sintió un pinchazo de frío en el estómago. No era celos, o al menos eso intentaba decirse a sí misma; era la humillación de ser borrada en su propio refugio. Patricia movió su bolso de marca, apartando bruscamente el estuche de Lola para hacerse sitio. Fue un gesto pequeño, pero cargado de intención.

​Lola experimentó esa clase de invisibilidad que duele más que un insulto. Se sintió pequeña, gris y plana, como una nota al pie de página en una historia donde Patricia era el título en negrita. Su burbuja no solo se había roto; había sido ignorada como si nunca hubiera existido.

​Mateo miró a Lola. Vio cómo ella se encogía un poco más en su asiento, fijando la vista en un punto muerto de la mesa. Él no era tonto; sentía la tensión eléctrica que emanaba de Patricia y el silencio sepulcral que envolvía a su compañera de estudios.

​— No sé, Patri... El examen es el lunes y tengo mucho que repasar —dijo Mateo, aunque su resolución flaqueaba ante la idea de una fiesta—. Además, Lola me está ayudando y...

​— Oh, seguro que tu "tutora" no tiene planes para el viernes por la noche —interrumpió Patricia, refiriéndose a Lola por primera vez pero hablando de ella en tercera persona, como si no estuviera presente—. Ella puede seguir estudiando mientras nosotros celebramos. Total, los libros no se van a ninguna parte, ¿verdad?

​Mateo frunció el ceño. Algo en el tono de Patricia le molestó, una nota de condescendencia que no encajaba con la imagen que él tenía de su mundo. Miró a Lola directamente a los ojos, buscando una señal.

​— Lola también viene —soltó Mateo de repente.

​El silencio que siguió fue tan pesado que el aire pareció vibrar. Patricia finalmente bajó la vista hacia Lola, examinándola con una rapidez quirúrgica, desde su suéter holgado hasta sus gafas de lectura. Una chispa de desdén cruzó su mirada antes de recuperar su sonrisa de plástico.

​— Claro... si ella quiere ir a una fiesta de verdad, supongo que puede venir —dijo Patricia, con una voz que dejaba claro que no era bienvenida—. Nos vemos mañana, Mateo. No llegues tarde.

​Se dio la vuelta y se marchó con el mismo estruendo de tacones con el que había llegado, dejando tras de sí un rastro de perfume sintético y una atmósfera enrarecida.

​Lola cerró su libro de golpe. El sonido fue como un disparo en la pequeña habitación.

​— No voy a ir, Mateo. Ni lo sueñes —dijo ella, con la voz temblorosa por la indignación contenida—. Esa chica me trata como si fuera un bache en el camino. No encajo allí, y tú lo sabes.

​Mateo suspiró y dejó caer los hombros. Extendió la mano sobre la mesa, pero esta vez no buscaba un sándwich; buscaba la atención de Lola. Su expresión era suave, despojada de la fanfarronería del deportista.

​— Lola, mírame —pidió. Ella levantó la vista, con los ojos nublados por una mezcla de rabia y timidez—. Sé que Patricia puede ser... difícil. Pero te prometo algo: si vas, no te voy a dejar sola ni un segundo. Estaremos juntos todo el tiempo.

​Lola soltó una risa amarga.

​— Mateo, eres el capitán. Todo el mundo va a querer hablar contigo. Patricia va a estar pegada a ti como una lapa. Yo seré la chica rara que se queda junto a la mesa de las bebidas contando los segundos para irse.

​— No —insistió él, inclinándose hacia delante, invadiendo de nuevo su espacio de esa manera que ahora ella ya no rechazaba—. Te lo prometo por mi mejor jugada. Estaremos juntos. Tú eres la que me ha salvado el semestre. La fiesta no es para el equipo, es para celebrar que por fin entiendo qué demonios es una parábola. Por favor, Lola. Hazlo por mí. Prometo que si te aburres cinco minutos, yo mismo te llevo a casa.

​Lola lo estudió. Vio la sinceridad en su rostro, esa lealtad de cachorro que lo hacía tan exasperante y encantador a la vez. Su instinto le gritaba que se quedara en casa, protegida por su silencio y su té de canela. Pero su corazón, ese órgano traidor que Mateo había empezado a "domar" sin saberlo, quería creer en su promesa.

​— Juntos todo el tiempo —repitió ella, como si estuviera firmando un contrato de alto riesgo.

​— Todo el tiempo —confirmó él, sellando el pacto con un choque de puños suave—. Ahora, terminemos con estos teoremas, porque si no apruebo, la única fiesta que veré será una con mi profesor de verano.

​Lola volvió a abrir el libro, pero el álgebra ya no era su prioridad. Mientras explicaba la siguiente fórmula, una pregunta golpeaba en su mente: ¿Es posible que una burbuja de dos personas sobreviva a una fiesta de cien

1
Betty Saavedra Alvarado
Andrés se fue de la vida de Lola
Fernanda
mateo date prisa 💯
Fernanda
muy bien Andrés
Carolina A²V
ese es mi Mateo lento pero seguro 😊🥰
Carolina A²V
estoy de acuerdo con Andrés mueve ese lindo trasero y pídele a Lola que vaya contigo al baile de graduación 😜
Carolina A²V
era no es el centro de su mente 🤔
Carolina A²V
te va a reventar tu linda carita opps 🫣🫢
celimar
me encanta 💯💯
Fernanda
cada capitulo es un aprendizaje para lola tiene que crecer más en ellos me encanta esta historia 💯💯
Betty Saavedra Alvarado
Hay personas en la vida que le gusta hacer daño no dejar a que sean felices meten cizaña para que una relación no prospere
Carolina A²V
nunca hubo hay ni abra lástima entre ustedes así que ya deja esos fantasmas que solo te atormentan y sobre todo no escuches a la venenosa de patricia que sólo tiene envidia de ti
Carolina A²V
tu apoyo de siempre Lola
Carolina A²V
todo lo contrario a lo que Lola esperaba 🤔😉
Carolina A²V
ayyy Lola y tus inseguridades 😟
Betty Saavedra Alvarado
Esa Patricia ves una bruja
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Celina Espinoza
firme lola no le agas caso
Celina Espinoza
que lindo capitulo 👍👍
Fernanda
patricia solo quiere hopacarte no le des el gusto
Fernanda
lola no caigas
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