Catalina es la primogénita de la familia Bloemen, un ducado de gran importancia en el imperio de Blodau, pero a pesar de eso su vida siempre estuvo lejos de ser la de una dama noble, por lo que desde que recuerda su mayor deseo es huir de su disque familia, algo que logra de la mano de un desconocido que llego a su puerta sin avisar y del que se enamoró perdidamente.
La pareja enamorada hizo su vida lejos de los lujos de la nobleza, felices simplemente con estar el uno al lado del otro, pero algo empañaba esa felicidad y eso eran las preguntas que existían alrededor de Jared, Jared no recuerda nada de su pasado, solo su nombre y descubrir quién es él y encontrar a sus padres es algo que desea hacer, pero Jared no es quien él cree que es, y su verdadera identidad sumergirá a la pareja en un mundo lleno de peligros del que creían que eran ajenos.
¿Podrán Catalina y Jared superar los obstáculos que los esperan y ser felices?
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Capítulo 9
Oliver Kukat se encontraba trabajando en su oficina; había tenido una mañana ajetreada y la verdad no se encontraba de buen humor.
Había salido a hablar con alguno de los socios de su padre, ya que como futuro archiduque su padre solía relegarle algunas tareas para que realizara, y en dicha reunión el tema de la sucesión al trono salió a relucir.
—Deberías concentrarte en tu preparación como príncipe heredero; tu padre aún es joven, él debería de encargarse de estos asuntos mientras tú te preparas para heredar el trono —le dijo uno de los hombres con los que se reunió.
—El príncipe heredero es Basil Lilled, él y nadie más, así que no deberíamos perder el tiempo hablando tonterías —les dijo Oliver, y si bien la reunión ocurrió sin contratiempos, esa frase fue suficiente como para ponerlo de malas el resto de la mañana.
Oliver y Basil habían sido los mejores amigos desde niños; ellos habían crecido juntos y el afecto que se tenían era genuino. La desaparición de Basil había sido un duro golpe para Oliver, quien había caído en una severa depresión tras la desaparición de su amigo, de la cual él se culpaba; sus padres, así como el deseo de ver a su amigo regresar, era lo que lo había hecho superar aquella terrible etapa de su vida.
Oliver se encuentra en su oficina, y se recarga en su silla mientras mira al techo y con una mano se despeina un poco su cabello, el cual es un bello color azul cielo, mientras con sus ojos magenta mira el techo.
Oliver sabe que, si Basil no regresa, él, como único miembro joven con sangre imperial, deberá tomar el lugar de su amigo, pero eso es algo que no quiere hacer. Ser emperador y ayudar a su gente siempre había sido el sueño de Basil y Oliver no pensaba arrebatárselo.
Oliver se encontraba sumido en sus pensamientos cuando alguien toca la puerta de su oficina, y aunque su primer impulso es decirle a quien sea que esté del otro lado que volviera más tarde, una parte de él decide averiguar de quién y de qué se trata.
—Adelante —dice Oliver, y quien ingresa es el mayordomo de la casa.
—Buenos días, joven Kukat, perdón por molestarlo, pero un mensajero proveniente de la ciudad desea hablar con usted —informa el mayordomo.
—Dile que te dé a ti el mensaje y, si opinas que es importante, ven a informarme —ordena Oliver.
—Ya le he pedido que me diera el mensaje a mí, pero se negó, dijo que sus instrucciones eran entregarle el mensaje solo a usted, y eso no es todo, viene acompañado de un guardia imperial, y lleva consigo el escudo de la familia real.
—¿Qué?, ¿estás seguro de lo que dices? —le pregunta Oliver al mayordomo, ya que muy pocas personas tienen acceso al escudo imperial, y que un simple mensajero lo tenga significa que es algo de suma importancia.
—Sí, mi señor, yo mismo comprobé que el escudo sea auténtico.
- En ese caso, hazlo pasar.
El mayordomo asiente y al poco rato entra acompañado de Florian a la oficina. Oliver se sorprende de la juventud del mensajero, ya que no parece tener más de 15 años; por su lado, Florian, tras hacer una reverencia y un saludo un tanto torpes, mira al mayordomo, esperando a que este se vaya para dar su mensaje. Oliver nota la mirada del joven, por lo que le pide a su mayordomo que los deje solos.
—Ya estamos a solas, dime tu mensaje y quién te mandó.
- La verdad no sé quién me mando, era una señora de cabello rosa, pero me dijo que el mensaje solo se lo diera a usted y que lo ayudara de ser necesario – comienza a hablar Florian quien no entiende por qué Jared seria del interés del el hijo del archiduque – Jared Loreak está entre sus hombres y es de suma importancia que lo lleve al palacio – termina de dar el mensaje Florian, y sin que se lo espere, Oliver llega hasta frente a él, tomándolo de los hombros, una acción que toma por sorpresa a Florian.
—Repite lo que has dicho —le dice Oliver sin creer las palabras del joven.
—Jared Loreak es parte del ejército del archiducado y es de suma importancia llevarlo al palacio —repite Florian, quien ahora entiende menos de lo que está pasando.
—¿Sabes en qué escudaron esta Jared? —le pregunta Oliver a Florian.
—No sé el número, pero sí sé en dónde está, mi señor —contesta Florian, y es que los escuadrones de casi todos los ejércitos eran numerados para diferenciar uno de otro y cada escuadrón entrenaba en un sitio distinto.
—Guíame —le ordena Oliver, a lo que Florian asiente y, tras hacer otra reverencia, ambos salen de la mansión Kukat.
El camino, a pesar de no ser tan largo, al fin de cuentas Jared pertenecía a uno de los escuadrones más cercanos a la capital y, por ende, cercanos a la mansión Kukat; para Oliver se sintió como una eternidad.
Al llegar al campo de entrenamiento, Florian fue reconocido por el general de dicho escuadrón, y es que el joven solía ir a menudo a entregarles mensajes a sus soldados.
—Florian, es bueno verte, ¿a quién buscas hoy? —le pregunta el General, quien al ver a Oliver de inmediato hace reverencia y lo saluda – es un honor tenerlo aquí con nosotros, mi señor, ¿estoy a sus órdenes?
—Venimos a buscar a Jared Loreak —anuncia Oliver.
—Iré yo mismo a por él de inmediato; mientras tanto puede esperar en mi oficina, mi señor —le dice el General.
—Eso no es necesario, esperaré aquí —responde Oliver, a lo que el general asiente y va en busca de Jared —Tú también puedes irte —le dice Oliver a Florian, quien sigue a su lado.
—Aún no puedo irme, mi señor, aún tengo que entregar otro mensaje —le responde Florian.
No pasó mucho tiempo cuando Jared llegó acompañado de su general; al peligris se le hizo muy extraño que el joven Kukat lo esté buscando, ya que nunca antes había tenido interacción alguna con él.
Mientras camina hacia donde Oliver lo espera, Jared ve al peliazul y algo en su apariencia se le hace muy familiar, como si lo conociera de antes, pero antes de poder seguir esa línea de pensamiento, un fuerte dolor de cabeza lo atraviesa y lo hace detenerse, algo que tanto Oliver como Florian notan, y sin dudarlo van a su encuentro.
Oliver, al ver aparecer a Jared lo reconoce de inmediato, por lo que, sin dudarlo, va hacia él y, al ver que este parece sentir dolor, apresura el paso, pero Florián se le adelanta y llega antes que él.
—Jared, ¿estás bien? —le pregunta Florian.
—Sí, solo fue un pequeño dolor de cabeza, ¿y tú qué haces aquí?
- Vine darte un mensaje de Catalina, ella encontró a alguien que dice conocerte, ella y Ren acompañaron a esta mujer al palacio, debes de ir a alcanzarlas allí, la mujer que dice conocerte me dio esto, regrésaselo por mi – termine de hablar Florian, y Jared al ver escudo, siente otro fuerte dolor en la cabeza lo atraviesa, y una seria de imágenes llenan su mente y ve el mismo símbolo en distintos lugares, pero a pesar de volver a sentir dolor, lo disimula lo mejor que puede, ya que debe de ir a buscar a su esposa.
—Así lo haré, gracias por el mensaje —le dice Jared mientras saca unas monedas para pagarle al joven, pero Florian lo detiene— Tu esposa ya me pagó, además la mujer que estaba con ella me dio un buen pago por entregarle un mensaje al archiduque, así que no es necesario —termina de hablar Florian, quien se despide rápidamente para luego irse. Florian era un chico listo, y desde hacía más de un año había comenzado a entregar mensajes y sabía que había cosas de las que era mejor no indagar más.
—General, que alguien escolte al joven de regreso a su casa —ordena Oliver, a lo que el general asiente y se lleva al niño consigo, dejando a Oliver a solas con Jared.
Jared vuelve a sentir dolor al ver a Oliver, solo que esta vez el dolor viene acompañado de imágenes de ambos jugando de más jóvenes, imágenes que para Jared no tienen sentido.
—Es un honor para mí estar en su presencia, mi señor —Jared saluda a Oliver haciendo una reverencia, haciendo caso omiso tanto a las imágenes que aparecieron en su cabeza como al dolor.
—Basil, estamos solos, deja de fingir —le dice Oliver.
Y es que, al no entender por qué Basil no había intentado ponerse en contacto con él o con su familia durante estos 7 años, Oliver asumió que Basil se estaba escondiendo de alguien, por eso se aseguró de estar a solas con él.
—Creo que me confunde con alguien más, mi señor, no me llamo Basil, mi nombre es Jared —contesta el peligris, quien siente dolor cada vez que oye el nombre de Basil.
—Qué tonterías estás diciendo, no sé qué clase de juego estás jugando, pero no es divertido —le dice Oliver ya algo molesto.
Por cómo el joven Kukat le hablaba, más las imágenes que había visto en su cabeza, era obvio que Jared y Oliver se conocían de antes, por lo que Jared decidió intentar indagar más. Con suerte, el joven Kukat podría ayudarlo a reunirse con su esposa e hijo, ya que, si lo conoce, también debe conocer a la mujer de la que Florian le habló.
—¿Usted y yo nos conocíamos antes? Si es así, perdón por no recordarlo; hace siete años perdí todos mis recuerdos –le dice Jared a Oliver.
Oliver queda impresionado con la revelación de su amigo, pero ahora todo estaba más claro; si Basil no había intentado volver, era porque no recordaba nada.
—Debemos ir al palacio de inmediato —sentencia Oliver, y Jared sonríe, ya que era justo lo que quería; al parecer, al fin, después de tantos años, el misterio de su pasado estaba a punto de resolverse.