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El Contrato Del CEO

El Contrato Del CEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Embarazo no planeado / Traiciones y engaños
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Baudilio Smith Burgos

Seis meses. Sin sexo. Sin preguntas. Sin sentimientos.
Camila firmó el contrato sin dudarlo. Necesitaba el dinero para salvar a su madre. No le importaba casarse con un hombre frío, poderoso y peligroso.
Pero hay dos cosas que él sabe y ella no.
Primera: él ya sabe que ella es la hermana gemela de su ex prometida, la mujer que él cree haber matado.
Segunda: él también sabe que ella tiene un hijo de tres años. Un hijo que él nunca ha visto.
Él busca la verdad. Ella busca venganza. Ambos ocultan secretos mortales.
Pero cuando el contrato se rompa y la verdad explote, descubrirán que el amor puede ser el arma más peligrosa de todas.
💣 ¿Podrá el odio convertirse en amor? ¿O la venganza lo destruirá todo?

NovelToon tiene autorización de Baudilio Smith Burgos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: El Rescate.

CAPÍTULO 9: El Rescate

Llevaba horas encerrada, quizás días. Había perdido la noción del tiempo en medio de la oscuridad, el olor a humedad, y tal vez del olvido. Mis muñecas estaban lastimadas por las ataduras. Mis labios, resecos. Mi mente, a punto de quebrarse. Elena no volvió. Solo sus hombres venían una vez al día, para darme agua y un trozo de pan.

— ¿Cuándo me van a soltar? —preguntaba cada vez.

Nunca respondían. En las paredes de la casa abandonada, las sombras bailaban con el poco sol que entraba por las ventanas tapiadas. Imaginaba la cara de Nicolás. Su risa. Sus ojos preguntándome por qué no volvía a casa. Imaginaba a Sebastián. Su mirada fija. Su voz grave diciendo: "Voy a encontrarte". ¿Lo haría? ¿O ya me habría olvidado?

Un ruido en la puerta me sobresaltó. No era la hora de la comida. Los pasos eran diferentes. Más firmes. Más rápidos y la puerta se abrió de golpe. La luz que penetró de golpe me cegó.

— ¡Camila!

No puedo explicar con palabras lo que sentí, cuando escuché esa voz que pensé no volvería a escuchar.

— ¿Sebastián?

Me abrazó fuerte. Me desató las muñecas y me levantó del suelo.

—Vamos. Date prisa.

— ¿Cómo me encontraste?

—Fue Gonzalo quien me dijo todo —respondió, mientras me ayudaba a caminar—. Él llegó a la mansión golpeada y me dijo dónde estabas, y quién te había llevado.

— ¿Gonzalo? ¿El… está bien?

—Está en manos de un médico, pero vivo.

— ¿Y Elena?

—Está en la mansión con Nico.

Mi corazón se detuvo.

— ¿Con Nico?

—Elena lo llevó allí porque Elena la llamó diciendo, que quería "conocer a su nieto".

—Ay Sebastián eso es una trampa. Ella quiere llevárselo.

l—No... no puede ser.

—Claro que puede ser. Tenemos que adelantarnos, para llegar antes de ella logre sacar al niño de la casa.

Corrimos hacia el auto. Sebastián manejaba como un loco, las calles pasaban borrosas. Mi mente solo veía a mi hijo. Mi niño de tres años en manos de mi suegra.

— ¿Por qué hace esto? —pregunté, con la voz rota.

—Porque es la única manera de controlarnos. Si tiene a Nico, te tiene a ti. Si te tiene a ti, me tiene a mí.

— ¿Y si no podemos recuperarlo?

—Vamos a recuperarlo. Te lo juro por mi vida.

Llegamos a la mansión en menos de veinte minutos. La entrada estaba custodiada por dos hombres de Elena que estaban armados.

— ¿Cómo entramos? —pregunté.

—Por la puerta de atrás.

Bajamos del auto y corrimos entre los arbustos, aprovechando que la vegetación era tupida. Entramos a la mansión por la cocina. Todo estaba en silencio. Había demasiado silencio, y eso en la mansión no era normal.

— ¿Dónde está todo el mundo? —susurré.

—No lo sé.

Subimos las escaleras. La habitación de Nico estaba al fondo del pasillo. Hacia allí corrimos. La puerta estaba abierta, y Nicolás dormía en su cama. Elena no estaba.

— ¿Dónde está Elena? —pregunté, con el corazón latiendo fuerte.

—No lo sé —respondió Sebastián—, pero tenemos que sacar a Nico de aquí. Ahora.

Tomé a mi hijo en brazos. Seguía dormido. Tan pequeño. Tan frágil. Bajamos las escaleras. En la entrada, nos esperaba Elena con una pistola.

— ¿A dónde creen que van?

—Déjanos pasar, Elena —dijo Sebastián, poniéndose delante de mí.

— ¿Por qué debería?

—Porque si le pasa algo a Camila o a Nico, te juro que no vas a salir viva de aquí.

—Ay Sebastián—Dijo Elena en tono burlón. Tú siempre tan dramático. Pero no te das cuenta de que esto ya no se trata solo sobre mí. También es sobre el poder, por lo que me deben.

—No te debemos nada.

— ¿Ah, no? Tu padre me quitó todo. Ahora yo tomo lo que es mío.

— ¡Nico no es tuyo!

—Pero puede serlo. Con él tengo la llave de tu corazón y el de Camila.

—No te lo permitiré.

— ¿Y cómo piensas detenerme?

Sebastián se lanzó sobre ella. El disparo resonó en toda la mansión. Nicolás despertó y comenzó a llorar.

— ¡Corre! —gritó Sebastián.

Salimos por la puerta trasera. Los hombres de Elena nos persiguieron. Corrimos hacia el auto, Sebastián lo arrancó, casi al mismo tiempo lo aceleró y los neumáticos chillaron.

Elena nos apuntó otra vez. Pero no disparó, nos dejó ir. Y eso fue más aterrador que cualquier bala. En el auto, Nico lloraba en mi regazo. Sebastián manejaba sin saber a dónde ir.

— ¿Dónde vamos? —pregunté.

—A un sitio seguro.

— ¿Hay algún sitio seguro?

—Uno que conozco y nadie lo sabe. Ni Elena, ni Rebeca.

— ¿Y tu madre?

—No podemos confiar en ella nunca más.

Llegamos a un edificio abandonado en las afueras, donde hay un viejo almacén. Sebastián tenía las llaves.

— ¿Esto es tuyo?

—Fue de mi padre. Antes de que todo se fuera al infierno.

Entramos. Adentro había una habitación limpia. Una cama. Una nevera y un baño.

—No es una mansión —dijo—, pero es seguro.

—Es perfecto.

Nicolás ya había dejado de llorar, y me miraba con sus ojos grandes.

—Mami, ¿Volvemos a casa?

—Pronto, mi amor. Nos vamos pronto.

Sebastián se acercó. Acarició la cabeza de Nico, y el niño no lo apartó.

— ¿Sebastián? —dijo Nico.

— ¿Qué, pequeño?

— ¿Eres mi papi?

El silencio se hizo eterno. Sebastián me miró. Sus ojos siempre tan fríos, pero ahora brillaban con algo que nunca le había visto: vulnerabilidad. Yo no supe qué decir. Mi garganta estaba cerrada. Mi corazón latía con fuerza.

—Quiero serlo —respondió él, arrodillándose para quedar a la altura de Nico—. Con tu permiso. Y con el de tu mamá. Nicolás sonrió.

—Entonces, eres mi papi.

Sebastián lo abrazó.

Y yo, por primera vez en mucho tiempo, sentí que tal vez... tal vez todo iba a estar bien. Esa noche cuando Nico durmió, Sebastián y yo nos sentamos en el suelo, espalda contra espalda.

— ¿Qué vamos a hacer ahora? —pregunté.

—Enfrentarla.

— ¿Cómo?

—Con la verdad. Vamos a hacer pública la prueba de ADN. Vamos a mostrarle al mundo quién es Elena. Lo que hizo. Lo que planeó.

— ¿Y si no funciona?

—Entonces nos iremos lejos. Tú, Nico y yo para empezar de nuevo.

— ¿Dejarías todo por nosotros?

—Todo. Sin dudarlo.

Me di la vuelta y lo besé. No como antes. No por deseo sino por gratitud. Por miedo. Por esperanza.

—Te quiero —susurré.

—Yo también te quiero.

Y en esa bodega abandonada, entre cajas viejas y paredes sucias, encontramos un hogar.

- ESE FINAL… “encontramos un hogar”.

-Dale Like si crees que el amor puede surgir del dolor.

- Corazón si quieres que esta familia sea feliz.

1
Saily Smith
muy bueno. me encanta
Olga Robledo
Qué vieja tan mala, pero el karma existe, qué la vida le cobre todas sus intrigas
María Cortez
esta buena la novela con mucha intriga pero sigo aqui desvelandome por leerla .
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