Josué Elian Morel solo quería empezar de nuevo.
Mudarse al Residencial Horizonte 9 parecía una buena idea... hasta que sus vecinos decidieron convertirlo en el principal sospechoso de absolutamente todo.
Una señora con demasiado tiempo libre, un anciano filósofo, un millonario excéntrico y una ilustradora que siempre aparece en sus peores momentos están convencidos de que oculta algo.
El problema es que Josué no es un villano.
Tiene muy mala suerte.
Aunque, siendo honestos...
ya está cansado de intentar explicarlo.
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Capítulo 9 — La tormenta, el apagón... y una silueta en el pasillo
Hay una ley no escrita en Puerto Celeste.
Cuando empieza una tormenta...
algo deja de funcionar.
A veces es el internet.
A veces el ascensor.
Y, con un poco de mala suerte...
la electricidad.
Aquella noche...
las nubes cubrían toda la ciudad.
Los relámpagos iluminaban los edificios.
Y el viento golpeaba las ventanas del Residencial Horizonte 9.
Josué observaba la lluvia desde su sala.
Tenía una taza de chocolate caliente en una mano.
Y un libro en la otra.
—Nada mal...
Por primera vez desde que se había mudado...
sentía un poco de paz.
Entonces...
¡BOOM!
Un trueno sacudió el edificio.
Las luces parpadearon.
Una vez.
Dos veces.
Y todo quedó completamente oscuro.
—...
—Sabía que esto iba a pasar.
En el sexto piso...
Doña Milagros ya estaba preparada.
Sacó una linterna.
—Marta...
—¿Sí?
—Se fue la luz.
—Sí, Milagros...
eso suele pasar cuando hay un apagón.
—Es la oportunidad perfecta para que un criminal actúe.
Marta soltó un largo suspiro.
Mientras tanto...
en el apartamento 908...
Josué buscaba su linterna.
—¿Dónde la dejé?
Abrió un cajón.
Nada.
Otro cajón.
Nada.
Hasta que recordó.
—La dejé...
Miró hacia el pasillo.
...en la caja de herramientas.
Que estaba fuera del apartamento.
—Excelente.
Abrió la puerta.
El pasillo estaba completamente oscuro.
Solo los relámpagos iluminaban el lugar por un instante.
Josué salió con el celular como linterna.
Justo cuando llegó al armario de mantenimiento...
escuchó una voz.
—¿Hay alguien?
Era Aileen.
Estaba al otro lado del pasillo.
Con una pequeña linterna en la mano.
—¿Eres tú?
—preguntó ella.
—Sí.
—Menos mal.
Pensé que era otra persona.
—¿Quién?
—No lo sé.
Pero este edificio me ha vuelto un poco paranoica.
Josué sonrió.
—Creo que ya sé quién tiene la culpa.
Aileen rió.
En ese mismo instante...
otro relámpago iluminó el pasillo.
Y ambos vieron...
una silueta al final del corredor.
Alta.
Completamente inmóvil.
Los dos se quedaron congelados.
—¿La ves?
—susurró Aileen.
—Sí...
La figura no se movía.
Otro relámpago.
Seguía ahí.
—¿Será...?
Antes de terminar la frase...
la silueta comenzó a caminar lentamente hacia ellos.
Tac...
Tac...
Tac...
Aileen dio un pequeño paso hacia Josué.
Él tragó saliva.
—Creo que deberíamos...
La figura seguía acercándose.
Tac...
Tac...
Tac...
Entonces...
se escuchó una voz.
—¿Alguien tiene una linterna?
Silencio.
Josué entrecerró los ojos.
—...¿Don Aurelio?
La silueta levantó una bolsa.
—No encuentro mis lentes.
Otro relámpago iluminó el pasillo.
Era Don Aurelio.
Con una bata.
Sandalias.
Y una bolsa de naranjas.
Josué soltó el aire de golpe.
—Casi me da un infarto.
Don Aurelio sonrió.
—A mí también.
Pensé que ustedes eran fantasmas.
Aileen comenzó a reír.
Una risa sincera.
Imposible de contener.
Josué terminó riéndose también.
Los tres permanecieron unos segundos riendo en medio del pasillo oscuro.
Desde el sexto piso...
una linterna los iluminó.
Doña Milagros.
Entrecerró los ojos.
—¿Qué hacen reunidos en la oscuridad?
Tomó los binoculares nocturnos.
Sí.
Tenía binoculares nocturnos.
—Marta...
—No quiero saber.
—¡El sospechoso está teniendo una reunión secreta con la señorita Nakamura y Don Aurelio!
—Milagros...
—¡Esto confirma que existe una organización!
Marta cerró los ojos.
—¿Qué organización?
—Todavía no lo sé.
Pausa.
—Pero la descubriré.
En ese momento...
la electricidad regresó.
Las luces del pasillo se encendieron.
Josué miró a Aileen.
Ella todavía estaba riéndose.
—¿Qué?
—preguntó él.
—Nada.
Sonrió.
—Solo acabo de darme cuenta de algo.
—¿Qué cosa?
—Creo que eres el hombre con peor suerte que he conocido.
Josué levantó una ceja.
—¿Eso fue un cumplido?
—Más o menos.
—Me conformo.
Los dos sonrieron.
Y desde el sexto piso...
Doña Milagros escribió una nueva nota en su libreta.
"El sospechoso es peligrosamente simpático."
Frunció el ceño.
—Eso lo hace todavía más sospechoso.
Muy bueno!