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Nunca Dejaste De Ser Mía.

Nunca Dejaste De Ser Mía.

Status: En proceso
Genre:Dominación / Embarazada fugitiva / Amante arrepentido
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: clau21

Valeria escapa estando embarazada, en plena noche.
con el siguiente pensamiento
“Si el me encuentra, jamás volveré a ser libre.”

NovelToon tiene autorización de clau21 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

#8

...La manera en que la miraba....

...****************...

Valeria salió de la oficina de Adrián intentando respirar con normalidad.

Pero era imposible.

Su corazón seguía golpeando demasiado fuerte dentro de su pecho.

“Ya es demasiado tarde para eso, Valeria.”

La frase continuaba repitiéndose dentro de su cabeza una y otra vez.

Demasiado tarde.

¿Demasiado tarde para qué?

Para mantenerse lejos de él.

Para ignorarlo.

O para evitar sentir algo que claramente no debía sentir.

Valeria caminó rápidamente hacia su escritorio intentando recuperar el control de sí misma.

Necesitaba dejar de reaccionar así cerca de Adrián.

Necesitaba recordar que él era su jefe.

Nada más.

Pero cada vez se volvía más difícil convencerse.

Gabriel levantó la vista apenas la vio regresar.

Y esta vez no sonrió.

La observó detenidamente.

—¿Todo bien?

Valeria tomó asiento intentando parecer tranquila.

—Sí.

—Mentira.

Ella suspiró.

—¿Se nota tanto?

Gabriel apoyó los brazos sobre el escritorio.

—Tienes la cara roja y pareces nerviosa.

El calor subió inmediatamente a sus mejillas.

—Hace demasiado calor aquí arriba.

Gabriel soltó una pequeña risa incrédula.

—Claro. Debe ser eso.

Valeria evitó mirarlo.

Porque en el fondo sabía que Gabriel empezaba a entender demasiado.

Y eso era peligroso.

El resto de la tarde pasó lentamente.

O al menos para ella.

Porque Adrián no dejó de buscar excusas para llamarla a su oficina.

Primero por documentos.

Después por correos.

Luego por reuniones que perfectamente podía manejar alguien más.

Pero siempre la llamaba a ella.

Siempre.

Y cada vez que Valeria entraba en aquella oficina…

la manera en que Adrián la miraba empeoraba.

Era intensa.

Fija.

Como si lentamente estuviera perdiendo el interés en ocultar lo que sentía.

A las siete de la noche el edificio estaba prácticamente vacío otra vez.

Valeria guardó lentamente unos documentos dentro de su bolso mientras intentaba ignorar el cansancio.

Solo quería irse a casa.

Pensar con tranquilidad.

Alejarse unas horas de Adrián De Luca.

Tomó el ascensor sola.

O eso creyó.

Justo antes de que las puertas se cerraran, una mano masculina las detuvo.

El corazón de Valeria dio un salto inmediato.

Adrián entró al ascensor.

El aire cambió automáticamente.

Otra vez.

Siempre ocurría.

Él permaneció de pie a su lado mientras las puertas se cerraban lentamente.

Silencio.

Demasiado silencio.

Valeria intentó mirar al frente.

Ignorarlo.

Pero podía sentir perfectamente su presencia junto a ella.

La tensión.

El perfume oscuro.

La manera en que ocupaba espacio incluso sin tocarla.

Entonces Adrián habló.

—Estás evitándome.

Ella levantó la mirada rápidamente.

—No.

—Sí.

La respuesta fue tranquila.

Segura.

Como si conociera perfectamente cada reacción de ella.

Valeria tragó saliva.

—Solo estoy cansada.

Los ojos oscuros de Adrián descendieron lentamente hacia su rostro.

—No dormiste bien anoche.

El corazón de Valeria se tensó.

—¿Cómo sabe eso?

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Adrián.

—Tus ojos se ven diferentes hoy.

Ese hombre observaba demasiado.

Muchísimo demasiado.

El ascensor siguió descendiendo lentamente.

Valeria intentó ignorar el calor incómodo que subía por su cuello.

—¿Siempre analiza tanto a las personas?

—No.

Sus ojos seguían fijos en ella.

—Solo a ti.

Otra vez.

Siempre ella.

El pecho de Valeria se apretó de inmediato.

Porque comenzaba a darse cuenta de algo peligroso.

Le gustaba escucharlo decir esas cosas.

Y eso era un desastre.

El ascensor se detuvo abruptamente.

Las luces parpadearon una vez.

Después todo quedó inmóvil.

Valeria abrió los ojos.

—¿Qué pasó?

Adrián presionó un botón tranquilamente.

—Probablemente una falla eléctrica.

—¿Probablemente?

—No va a caerse, Valeria.

Ella soltó el aire nerviosamente.

—No me gustan los espacios cerrados.

Adrián la observó en silencio unos segundos.

Después dio un paso hacia ella.

Demasiado cerca.

—Mírame.

La voz grave salió suave.

Controlada.

Valeria levantó lentamente la mirada hacia él.

Y cometió un error.

Porque sostenerle la mirada de cerca era peligrosísimo.

Especialmente dentro de aquel ascensor silencioso.

Especialmente cuando él la observaba así.

Como si estuviera conteniéndose.

Adrián levantó lentamente una mano.

Sus dedos rozaron suavemente la mandíbula de Valeria.

El contacto hizo que todo el cuerpo de ella se tensara.

—Tranquila —murmuró él.

La respiración de Valeria se volvió irregular.

Porque la forma en que Adrián la tocaba no era casual.

Nunca era casual.

Sus dedos descendieron lentamente por su cuello.

Y el corazón de ella prácticamente explotó dentro de su pecho.

—Adrián…

Era la primera vez que decía su nombre.

Y ambos lo notaron.

Los ojos oscuros de él cambiaron inmediatamente.

Más intensos.

Más peligrosos.

El silencio se volvió insoportable.

Valeria podía escuchar perfectamente su propia respiración agitada.

Y la de él también.

El ascensor seguía detenido.

Pero ninguno parecía recordarlo ya.

Adrián inclinó apenas el rostro hacia ella.

Muy lentamente.

Dándole tiempo de apartarse.

Pero Valeria no se movió.

No podía.

Porque una parte de ella sabía exactamente lo que estaba a punto de pasar.

Y aun así…

no quería detenerlo.

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