Todos lloraron cuando Isabella Morel murió. Todos… excepto su esposo. Alexander Vega, el hombre más poderoso y temido de la ciudad, permaneció inmóvil frente al ataúd de la mujer que juró amar para siempre. Sin lágrimas. Sin dolor. Sin explicaciones. Pero lo que nadie sabe… es que Isabella sobrevivió. Ahora, escondida bajo una nueva identidad, regresará para descubrir quién intentó matarla y por qué el hombre que aún ama parece ocultar secretos capaces de destruirlo todo. Porque detrás del imperio Vega hay mentiras, traiciones y una verdad tan peligrosa… que alguien estuvo dispuesto a enterrarla viva para mantenerla oculta. Y esta vez, Isabella no volverá como víctima. Volverá para hacerlos caer a todos.
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El rostro que Isabella jamás olvidó
—La mujer que encontraron dentro del automóvil… no eras tú.
Las palabras de Dante quedaron suspendidas dentro del vehículo como una sentencia.
Isabella sintió cómo el corazón comenzaba a golpearle violentamente el pecho mientras intentaba respirar.
No.
No podía ser cierto.
Pero el problema era otro.
Una parte de ella ya lo sabía.
Porque los recuerdos estaban regresando.
Pedazos rotos.
Confusos.
Dolorosos.
Y mientras más intentaba ignorarlos…
más claros se volvían.
La lluvia golpeaba el parabrisas mientras Dante permanecía inmóvil detrás del volante.
Esperando.
Observándola cuidadosamente.
Como si supiera perfectamente lo que estaba ocurriendo dentro de su cabeza.
Isabella tragó saliva lentamente.
—¿Quién era?
Dante no respondió inmediatamente.
Eso solo empeoró el miedo.
—Dante…
Él cerró los ojos apenas un segundo.
Y cuando volvió a hablar…
su voz sonó mucho más pesada.
—La mujer murió antes del impacto.
El cuerpo entero de Isabella se congeló.
—¿Qué?
—Cuando el automóvil chocó… ella ya estaba muerta.
El aire desapareció de sus pulmones.
Isabella sintió náuseas inmediatas.
Porque eso cambiaba absolutamente todo.
El accidente no fue un accidente.
Fue una escena preparada.
Un montaje.
Y alguien utilizó un cadáver para fingir su muerte.
Las lágrimas comenzaron a bajar lentamente por su rostro.
—No… no…
Entonces el recuerdo golpeó de nuevo.
La carretera mojada.
El sonido de respiraciones agitadas.
Una mujer sangrando en el asiento trasero.
Y ella conduciendo completamente aterrada.
Isabella se llevó una mano temblorosa a la boca.
—Yo estaba ayudándola…
Dante giró lentamente hacia ella.
—¿Qué recuerdas exactamente?
—Ella apareció en la carretera… estaba herida… pedía ayuda…
La respiración comenzó a quebrársele.
—Dios mío…
Y entonces lo recordó.
Aquella mujer levantó el rostro hacia ella apenas segundos antes del choque.
Isabella vio claramente sus ojos.
Su cabello oscuro.
Y el collar plateado alrededor de su cuello.
El mismo collar que Emma Sinclair usaba siempre.
Isabella abrió los ojos completamente aterrada.
No.
No podía ser Emma.
Porque Emma seguía viva.
Entonces comprendió algo todavía peor.
No era Emma.
Era alguien muy parecida a ella.
Demasiado parecida.
Dante notó el cambio inmediato en su expresión.
—¿Ya recordaste quién era?
Isabella sintió que las manos comenzaban a temblarle sin control.
—La conozco…
Silencio.
—La había visto antes.
Dante tensó ligeramente la mandíbula.
Eso era exactamente lo que temía.
Porque si Isabella seguía recordando…
eventualmente llegaría hasta la parte más peligrosa de toda la historia.
—¿Dónde la viste? —preguntó él.
Isabella cerró los ojos intentando reconstruir el recuerdo.
Y entonces otra imagen apareció.
Una fiesta.
Música.
Alexander hablando con una mujer idéntica a Emma.
Y Emma observándolos desde lejos con expresión incómoda.
El corazón de Isabella comenzó a acelerarse brutalmente.
—Tenía una hermana.
Dante guardó silencio.
Y eso confirmó todo.
Las lágrimas comenzaron a caer con más fuerza.
—Emma tenía una hermana gemela…
La mirada de Dante se volvió oscura.
Muy oscura.
Porque Isabella acababa de cruzar una puerta que jamás debía abrir.
Gabriel Morel permanecía completamente inmóvil dentro del apartamento.
La información que Emma acababa de revelar seguía explotando dentro de su cabeza.
Isabella iba a encontrarse con Marco la noche del accidente.
Alexander descubrió los mensajes.
Y horas después…
su hermana terminó oficialmente muerta.
Gabriel pasó lentamente ambas manos por su rostro intentando ordenar las ideas.
Pero cada respuesta solo generaba más preguntas.
—¿Mi hermana quería dejar a Alexander?
Emma permanecía sentada en silencio.
Agotada.
Rota emocionalmente.
—No lo sé.
Gabriel soltó una risa amarga.
—Parece que nunca sabes nada… excepto las partes que te conviene ocultar.
Emma bajó la mirada.
Porque sabía que se lo merecía.
Todo.
La culpa llevaba demasiado tiempo destruyéndola por dentro.
—No fue una aventura como piensas —dijo finalmente.
Gabriel la observó con rabia contenida.
—¿Entonces cómo fue?
Emma respiró profundamente.
—Isabella estaba confundida. Alexander llevaba meses cambiando. Se volvió controlador. Obsesivo. Desconfiaba de todo el mundo.
Gabriel recordó inmediatamente ciertas discusiones entre ellos.
Pequeñas cosas que en aquel momento parecían normales.
Ahora ya no.
—Marco apareció justo cuando Isabella se sentía más sola.
Silencio.
Emma continuó hablando.
—Y él sabía exactamente cómo acercarse a ella.
Gabriel apretó la mandíbula.
—¿Ella lo amaba?
Emma negó rápidamente.
—No. Pero Marco logró algo peligroso.
—¿Qué?
Emma levantó lentamente la mirada.
—Hacer que Isabella comenzara a tenerle miedo a Alexander.
El ambiente dentro del apartamento se volvió helado.
Porque Gabriel sabía algo importante sobre su hermana.
Isabella jamás fue una mujer fácil de intimidar.
Si terminó sintiendo miedo…
entonces realmente vio algo horrible.
—¿Qué descubrió exactamente?
Emma tardó demasiado en responder.
Otra vez.
Gabriel comenzaba a odiar esos silencios.
—Emma.
—Alexander tenía enemigos muy poderosos.
—Eso ya lo dijiste.
—No entiendes. No eran empresarios. Eran personas capaces de desaparecer familias enteras.
Gabriel sintió un escalofrío inmediato.
Emma parecía recordar cosas que todavía le aterraban incluso ahora.
—Isabella encontró documentos relacionados con transferencias ilegales y nombres falsos. Pero había algo más.
Gabriel permaneció completamente atento.
—Una lista.
—¿Lista de qué?
Emma tragó saliva.
Y cuando respondió…
su voz casi salió quebrada.
—Personas que debían morir.
El silencio cayó brutalmente entre ambos.
Gabriel sintió que el corazón comenzaba a acelerarse violentamente.
—¿Qué acabas de decir?
Emma comenzó a llorar otra vez.
—Alexander jamás debió involucrarse con esa gente.
Gabriel retrocedió lentamente.
Porque aquello ya no parecía simplemente corrupción.
Parecía una organización criminal completa.
Y entonces un pensamiento horrible atravesó su cabeza.
—¿Mi hermana estaba en esa lista?
Emma cerró los ojos.
Eso bastó como respuesta.
Alexander Vega observaba el reloj dentro de su oficina mientras la tensión comenzaba a consumirlo lentamente.
Dante dejó de responder llamadas hacía veinte minutos.
Y eso jamás era buena señal.
La lluvia seguía golpeando los enormes ventanales del último piso mientras Alexander intentaba mantener la calma.
Pero había algo peor.
El mensaje encontrado en el teléfono de Isabella no dejaba de repetirse dentro de su cabeza.
“Ella ya comenzó a recordar quién murió realmente aquella noche.”
Eso significaba que Marco ya estaba atacando exactamente donde más dolía.
La memoria de Isabella.
Alexander sirvió otro vaso de whisky.
Pero ni siquiera lo bebió.
Porque el problema ya no era únicamente Isabella descubriendo la verdad.
El verdadero problema era qué ocurriría cuando recordara toda la noche completa.
El sonido de la puerta abriéndose interrumpió sus pensamientos.
Leon entró apresuradamente.
Empapado por la lluvia.
Y claramente nervioso.
Alexander lo observó fijamente.
—Te desapareciste dos días.
Leon evitó mirarlo directamente.
Error.
Grave error.
Alexander caminó lentamente hacia él.
—¿Dónde estabas?
—Resolviendo un problema.
—No recuerdo haberte dado permiso.
Leon tragó saliva.
Y aquello bastó para activar todas las alarmas dentro de Alexander.
—¿Qué hiciste?
Leon respiró profundamente antes de responder.
—Marco no regresó solo por Isabella.
El silencio dentro de la oficina se volvió insoportable.
Alexander sintió un frío inmediato recorrerle el cuerpo.
—Explícate.
Leon finalmente levantó la mirada.
Y por primera vez…
parecía genuinamente asustado.
—La organización cree que Isabella recuerda algo que puede destruirlos.
Alexander apretó la mandíbula violentamente.
Porque ya sabía exactamente de qué hablaban.
La verdadera identidad de la mujer dentro del automóvil.
Leon dio un paso adelante.
—Si Isabella recupera toda la memoria…
no solo irán tras ella.
Alexander permaneció completamente inmóvil.
—¿Qué más saben?
Leon dudó apenas un segundo.
Pero fue suficiente.
—Ya descubrieron que Emma Sinclair sigue viva.
El vaso explotó dentro de la mano de Alexander.
El whisky mezclado con sangre cayó lentamente sobre el suelo.
Pero él ni siquiera lo sintió.
Porque acababa de entender algo aterrador.
Emma nunca fue el objetivo real.
La persona que debía morir aquella noche…
era otra completamente distinta.