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Un Amor Imposible En La Oscuridad

Un Amor Imposible En La Oscuridad

Status: Terminada
Genre:Amor en la guerra / Vampiro / Romance / Posesivo / Completas
Popularitas:418
Nilai: 5
nombre de autor: NOVA07

Sangre y Cenizas

"Te mataría si pudiera dejar de amarte"

Maya es cazadora de vampiros. Lucien es el vampiro que debería haber
muerto hace años.

Entre encuentros clandestinos y besos prohibidos, descubren que existe
un amor más peligroso que cualquier arma: uno que te envenena desde
adentro, que te hace traicionar todo lo que eres, y que solo termina
de una manera.

En la oscuridad, donde el bien y el mal se desdibujan, dos almas
rotas aprenderán que algunos fuegos nunca deberían encenderse.

Pero algunos ya arden.

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CAPÍTULO 15: La Catedral de los Condenados

La catedral abandonada se alzaba contra el cielo nocturno como un monumento a la muerte.

Sus muros de piedra gris estaban cubiertos de musgo y grietas. Sus ventanas rotas dejaban entrar corrientes de aire frío. Su campanario se elevaba hacia las nubes como una aguja de hueso, apuntando acusadoramente hacia el cielo.

Maya podía sentir el poder que emanaba del lugar. Era antiguo, corrupto, como si siglos de dolor y sufrimiento hubieran impregnado cada piedra.

Thomas levantó su mano, señalando a los cazadores que se dispersaran. Se movieron en silencio, rodeando la catedral, tomando posiciones. Viktor y sus vampiros desaparecieron en las sombras, listos para atacar desde adentro.

Maya y Thomas entraron por la puerta principal.

El interior de la catedral era un caos de oscuridad y símbolos antiguos. Las paredes estaban cubiertas con marcas de poder, círculos rituales grabados en el suelo, velas encendidas que creaban sombras danzantes. En el centro de la catedral, en el altar, estaba Lucien.

Estaba atado a una cruz de madera, sus brazos y piernas extendidos, símbolos grabados en su piel con lo que parecía ser sangre. Sus ojos rojos estaban abiertos, pero parecía estar en trance, como si no viera nada.

Alrededor de él había una docena de vampiros, todos de pie en silencio, todos con los ojos fijos en Lucien.

Y de pie frente a Lucien, con los brazos levantados, estaba Seraphine.

Estaba cantando. No eran palabras normales. Era algo antiguo, algo que hacía que el aire mismo vibrara. Su voz era hermosa y aterradora, como escuchar a un ángel cantar el fin del mundo.

—¡Ahora! —gritó Thomas.

Los cazadores irrumpieron por las ventanas y puertas, sus armas brillando bajo la luz de las velas. Los vampiros de Viktor atacaron desde las sombras, moviéndose como sombras vivas.

El caos estalló.

Los vampiros de Seraphine se movieron para defender a su maestra, pero fueron rápidamente superados por la combinación de cazadores y vampiros aliados. Las armas de plata brillaban, el agua bendita volaba por el aire, los gritos resonaban en las paredes de piedra.

Maya corrió directamente hacia Lucien, ignorando la batalla a su alrededor.

Pero antes de que pudiera llegar, Seraphine se giró hacia ella.

—Ah, la pequeña cazadora —dijo, sus ojos rojos brillando—. Vienes a rescatar a tu amor. Qué romántico.

Levantó su mano, y Maya fue lanzada hacia atrás, golpeando una pared de piedra. Sintió que sus costillas se rompían, que el aire salía de sus pulmones.

—Eres valiente —continuó Seraphine, caminando hacia Maya—. Pero estúpida. ¿Crees realmente que puedes detenerme? ¿Crees que puedes luchar contra poder que predista a tu civilización?

Maya se levantó, escupiendo sangre.

—No voy a permitir que lo tomes —gruñó.

Seraphine rió, un sonido que fue como vidrio roto.

—Ya es mío. Hace dos días que es mío. Mira.

Señaló a Lucien. Maya vio que sus ojos rojos estaban comenzando a cambiar de color. Se estaban volviendo más oscuros, más profundos, como si algo dentro de él estuviera siendo reemplazado.

—¿Qué le estás haciendo? —gritó Maya.

—Lo estoy convirtiendo —respondió Seraphine—. Lo estoy transformando en lo que siempre debería haber sido. Un instrumento perfecto. Un esclavo perfecto.

Thomas llegó, sus cuchillos de plata brillando. Atacó a Seraphine, pero ella se movió sin esfuerzo, esquivando cada golpe como si fuera una danza que ya había practicado mil veces.

—Cazador —dijo Seraphine, sin dejar de esquivar—. Tu especie siempre ha sido tan predecible. Tan fácil de manipular.

Levantó su mano, y Thomas fue lanzado hacia atrás, su cuerpo impactando contra una columna de piedra. Se desmoronó, inconsciente.

—¡Papá! —gritó Maya.

Pero Seraphine ya estaba sobre ella, sus manos alrededor de su cuello.

—Ahora, pequeña cazadora —susurró—. Es hora de que aprendas lo que significa verdaderamente el miedo.

Los ojos de Seraphine se volvieron completamente negros, como si fueran agujeros en la realidad. Maya sintió que su mente estaba siendo invadida, que algo antiguo y horrible estaba entrando en ella, devorándola desde adentro.

Vio cosas. Vio la historia de Seraphine. Vio a una mujer que fue convertida hace tres mil años. Vio a una mujer que había visto imperios caer, civilizaciones desaparecer, especies extinguirse. Vio el peso de tres mil años de soledad, de poder, de sed de sangre sin fin.

Y luego, vio algo más. Vio una debilidad. Una pequeña grieta en el poder de Seraphine. Una cicatriz antigua que nunca había sanado completamente.

Fue cuando Maya supo cómo derrotar a Seraphine.

Con el último aliento que le quedaba, Maya sacó un cuchillo de su muslo y lo hundió directamente en el pecho de Seraphine, en el lugar exacto donde estaba la cicatriz.

Seraphine gritó, un sonido que fue tan fuerte que hizo que el techo de la catedral comenzara a colapsar.

La soltó, retrocediendo, observando la sangre que brotaba de su pecho.

—¿Cómo... cómo sabías? —susurró.

—Porque me lo mostraste —respondió Maya, respirando con dificultad—. Porque cuando invadiste mi mente, me mostraste todo. Incluyendo cómo matarte.

Seraphine cayó de rodillas. Su poder comenzó a desvanecerse, su cuerpo comenzó a debilitarse.

—No... no puede terminar así —susurró—. Yo soy eterna. Yo soy inmortal...

—No —dijo Maya—. Eres solo una vampira muy vieja. Y las vampiras muy viejas pueden morir.

Seraphine cayó hacia adelante, muerta.

El techo de la catedral continuaba colapsando. Bloques de piedra caían a su alrededor. Los cazadores y vampiros corrieron hacia las salidas.

Maya corrió hacia Lucien, que aún estaba atado a la cruz. Sus ojos estaban volviendo a su rojo original, como si el hechizo de Seraphine se estuviera rompiendo.

—¡Lucien! —gritó, cortando sus ataduras.

Lucien cayó hacia adelante, y Maya lo atrapó, sosteniéndolo.

—¿Maya? —susurró, como si despertara de un sueño—. ¿Eres real?

—Soy real —respondió Maya—. Y tenemos que irnos. Ahora.

Lo levantó y corrieron juntos hacia la salida. Detrás de ellos, la catedral se derrumbaba, llevándose consigo siglos de poder antiguo.

Cuando salieron al aire fresco de la noche, el edificio era solo un montón de ruinas.

Thomas estaba esperando afuera, sangrando pero vivo. Viktor estaba allí también, con sus vampiros. Los cazadores estaban reunidos, contando a los heridos, contando a los muertos.

Habían perdido a diez cazadores. Los vampiros de Viktor habían perdido a cinco. Pero Seraphine estaba muerta. El plan para controlar a todos los vampiros del mundo había sido destruido.

Lucien se desmoronó en los brazos de Maya, agotado.

—Lo hiciste —susurró—. Lo lograste.

—Lo hicimos juntos —respondió Maya, besando su frente.

Pero mientras lo decía, supo que esto no era el final. Supo que Catherine aún estaba allá afuera. Supo que habría consecuencias. Supo que el precio de la victoria sería mucho más alto de lo que imaginaba.

De vuelta en la ciudad, en la iglesia de San Miguel, Catherine estaba de pie en el altar, observando el amanecer.

Sabía que Seraphine estaba muerta. Podía sentirlo en sus huesos, en su sangre, en cada fibra de su ser. El poder que había sentido durante diez años, el poder que la había guiado, había desaparecido.

Estaba sola de nuevo. Y esta vez, no había forma de que pudiera escapar de lo que había hecho.

Su teléfono sonó. Era una llamada de un número desconocido.

—¿Quién es? —preguntó.

—Alguien que quiere hablar sobre tu futuro —respondió una voz femenina—. Alguien que quiere ayudarte a entender que Seraphine no era la única.

Catherine sintió que el miedo la invadía.

—¿Quién eres?

—Soy alguien como Seraphine —respondió la voz—. Pero mucho más paciente. Mucho más cuidadosa. Mucho más peligrosa. Y he estado esperando el momento perfecto para revelarme.

La línea se cortó.

Catherine se quedó sola en la iglesia, sabiendo que su vida acababa de cambiar para siempre. Sabiendo que el juego no había terminado. Sabiendo que solo acababa de comenzar.

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Amy Katin
es bastante interesante, por fin una historia de vampiros que vale la pena leer
..N_O_V_A..: holi muchas gracias por tu apoyo, me alegra que te guste ✨💕
total 1 replies
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