Todo Por Mi Infancia
Una infancia arrebatada, una verdad oculta y una batalla que dura toda la vida. Isaac cuenta su camino desde la inocencia hasta la madurez, enfrentando pérdidas irreparables, traiciones y peligros que amenazan con acabar con todo lo que ama. Una historia de amor, lealtad y esperanza: porque incluso en la oscuridad más profunda, siempre hay motivos para seguir adelante.
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TEMPORADA 3 — CAPÍTULO 2: TRAMPAS AL CORAZÓN
La tensión no se fue con la noche. Se quedó pegada en las paredes, en el aire frío, en cada mirada que se cruzaron sin decirse nada.
A la mañana siguiente, Isaac llegó temprano a la obra. Las manos le temblaban un poco al ver el letrero dorado: **GRUPO GAEL VERA**. Saber que el dueño era él, que ahora estaban en mundos tan distintos, le dolía más que cualquier rasguño en la piel.
Gael apareció al mediodía. Traje impecable, cara impasible, como si nunca hubieran compartido frío ni hambre. Pasó por delante de Isaac sin mirarlo, pero se detuvo al oír a Renato decir:
—Es el mejor que tienes aquí, Gael. Deberías valorarlo. Tiene algo que nadie más tiene.
Gael giró despacio. Sus ojos grises se clavaron en Isaac, y por un segundo se le cruzó algo que no supo si era rabia o celo.
—Es solo un empleado —dijo frío—. No le des tanta importancia.
Pero Renato sonrió bajito, y le pasó a Isaac una tarjeta:
—Si necesitas algo, sea trabajo, estudio o cualquier cosa… llámame. No te quedes solo.
Isaac guardó la tarjeta en el bolsillo, y sintió la mirada de Gael quemándole la espalda. No dijo nada, pero supo que eso no le gustaba nada.
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En la escuela, la trampa ya estaba armada.
Sofía y Julián invitaron a todos al salón de eventos. Dijeron que era una bienvenida especial para los becados, pero en realidad querían humillarlos.
—Vamos —dijo Sofía con voz dulce y falsa—. Queremos conocerlos mejor.
Tomás dudó, pero Olivia le apretó la mano:
—No te preocupes, yo estoy contigo. No te dejaré solo.
Luna iba al lado de Thiago, que le dijo bajito:
—Ten cuidado. Algo no me gusta.
Y tenían razón. Cuando llegaron, todo el mundo miraba. Julián subió al estrado y dijo en voz alta:
—Queremos premiar el esfuerzo… así que pediremos a Luna que cante primero. Sin micrófono. Sin preparación. ¿No te importa, verdad? Tú que eres tan valiente.
Era una trampa: el salón tenía una acústica horrible, y querían que se le quebrara la voz, que se equivocara, que se pusiera roja de vergüenza.
Luna dio un paso al frente. Sus rulos negros se movieron con el viento que entraba por la ventana. Respiró hondo. Y cantó.
Su voz llenó cada rincón, clara y fuerte, tan hermosa que hasta los que querían burlarse se quedaron callados. Cuando terminó, hubo un silencio… y luego aplausos. Muchos aplausos. Thiago se acercó y le tomó la mano con cariño:
—Te dije que eras increíble.
Sofía apretó los dientes, llena de celos. No soportaba que Luna brillara más que ella.
—Esto no queda así —le susurró a Julián—. Vamos a hacerle pagar.
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Esa tarde, Marta recibió una visita inesperada en casa. Era la madre de Sofía. Llegó con un sobre muy grueso en la mano y una sonrisa que no llegaba a los ojos.
—Sé que necesitan dinero —dijo sentándose sin permiso—. Sé que la escuela les cuesta, que la obra apenas empieza. Yo puedo ayudarlos. Pero tienes que hacer algo por mí.
Marta miró el sobre.
—¿Qué cosa?
—Que te quedes callada sobre lo que viste en mi casa la otra vez. Y además… asegúrate de que esa niña Luna no se meta en lo que no le corresponde. Hay cosas que no son para gente como ustedes.
Marta sintió asco. Pero también pensó en las cuentas, en los zapatos que le hacían falta a Tomás, en los libros de Luna. Tomó el sobre. Y sintió que traicionaba todo lo que habían construido.
—Está bien —dijo con la voz rota—. Pero no le hagan daño a mis niños.
—Eso depende de ti —respondió la mujer, y se fue como si nada.
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Por la noche, invitaron a Isaac al club donde había un salón de billar. Dijeron que era para celebrar su ascenso, pero era otra trampa. Gael estaba ahí, apoyado en la mesa, con una copa en la mano.
—Juguemos —dijo—. Si ganas tú, te doy lo que pidas. Si gano yo… dejas de ver a Renato. Y te quedas callado con todo lo que sabes.
Isaac no quiso jugar, pero lo presionaron. Mientras se inclinaba para dar el primer golpe, vio cómo Julián le movía disimuladamente la bola. Estaban haciendo trampa.
—No vale —dijo Isaac—. Tú también juegas sucio, Gael. Igual que siempre.
Gael se acercó mucho. Le habló bajito, solo para que él lo oyera:
—No soy el mismo que conociste. Ahora tengo poder. Y si no estás conmigo… estás contra mí. Y no voy a permitir que nadie te quite lo que debería ser mío. Ni ese viejo, ni nadie.
Isaac sintió confusión y dolor. ¿Celos? ¿Orgullo? ¿O algo más que no se atrevían a decir?
—Nunca fuiste mío —respondió Isaac—. Y menos ahora.
Se dio la vuelta y se fue, dejando a Gael con el taco en la mano, mirándolo irse con rabia y con algo que se le parecía demasiado al amor.
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Mientras tanto, fuera del club, Tomás y Olivia esperaban. Él estaba muy nervioso.
—Tengo miedo —confesó—. De que todo se derrumbe. De que no sea suficiente.
Olivia le tomó la cara entre las manos. Sus ojos se encontraron.
—Eres más que suficiente —le dijo muy suave—. Y pase lo que pase, yo estoy aquí. No me voy a ir.
Se quedaron así, muy cerca, sintiendo por primera vez algo nuevo, dulce y fuerte a la vez. Algo que los hacía olvidar el miedo.
Y no muy lejos, Thiago acompañaba a Luna a casa.
—¿Te asustaste hoy? —le preguntó.
—Un poco —admitió ella—. Pero tú estabas ahí. Y eso me dio fuerzas.
—Siempre voy a estar —le prometió él—. No importa lo que hagan. No importa qué trampas nos pongan. Vamos a estar juntos.
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Pero la paz duró muy poco. Cuando entraron a la casa, encontraron a Marta sentada en la mesa, llorando en silencio, con el sobre abierto delante.
—Hice algo malo —dijo—. Acepté dinero para callarme. Y ahora no sé cómo salir de esto. Me siento una traidora.
Isaac se sentó a su lado. No la regañó. La abrazó.
—No lo hiciste por maldad —dijo—. Lo hiciste por nosotros. Pero ya no más. No vendemos nuestra verdad. Ni nuestra dignidad.
Pero sabían que el peligro no había pasado. Sabían que las mentiras, los secretos y la maldad de otros no se iban a ir tan fácil. Que venían días muy duros. Donde probarían quiénes eran realmente, y hasta dónde llegarían por amor.
**FIN DEL CAPÍTULO 2 — TEMPORADA 3**