Valeria Bellucci jamás imaginó que terminaría casada con el hombre más poderoso y frío de la ciudad.
Acorralada por las deudas de su familia, acepta un matrimonio por contrato con Enzo Ricci, un CEO multimillonario conocido por destruir a cualquiera que se interponga en su camino.
Las reglas eran simples: — No enamorarse.
— No interferir en la vida del otro.
— Mantener la apariencia de un matrimonio perfecto.
Pero vivir bajo el mismo techo con un hombre obsesivo, dominante y lleno de secretos hará que Valeria descubra que detrás de aquella mirada fría existe un pasado capaz de destruirlos a ambos.
Lo que comenzó como un simple acuerdo terminará convirtiéndose en una guerra de celos, deseo y sentimientos prohibidos.
Porque algunos contratos pueden firmarse con tinta…
pero otros terminan grabándose en el corazón.
NovelToon tiene autorización de Mahary Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPITULO 8 - ANTES DE CONVERTIRME EN VALERIA RICCI
Dormir en la mansión Ricci era extraño.
Demasiado extraño.
La habitación que me habían dado era más grande que todo mi departamento. Las paredes color marfil, los enormes ventanales y la cama elegante parecían sacados de una película.
Y aun así… no podía dormir.
Tal vez porque todo seguía sintiéndose irreal.
O tal vez porque las palabras de Camila Ferrer seguían dando vueltas dentro de mi cabeza.
“Enzo destruye todo lo que toca.”
Suspiré cansada mientras observaba el techo.
Ya era casi medianoche.
Pero mi mente seguía despierta.
Después de lo ocurrido en la entrada de la mansión, Enzo prácticamente desapareció. Apenas cenó con algunos empresarios en su oficina privada y después Clara, el ama de llaves, me acompañó hasta mi habitación.
Todo el lugar era silencioso.
Elegante.
Frío.
Como él.
Me levanté lentamente de la cama y caminé hacia el enorme balcón.
La vista de la ciudad desde ahí era impresionante. Luces infinitas iluminaban la oscuridad mientras el viento nocturno movía suavemente las cortinas.
Y por primera vez desde que llegué… la mansión dejó de parecerme lujosa.
Pareció solitaria.
Había demasiado silencio para una casa tan grande.
Demasiado vacío.
Abracé mis brazos intentando tranquilizarme.
Pero entonces escuché voces en el pasillo.
—El señor Ricci sigue en el despacho.
—¿Todavía trabajando?
—Como siempre.
Fruncí ligeramente el ceño.
¿Trabajando a esa hora?
No debería sorprenderme. Enzo parecía el tipo de hombre incapaz de descansar.
Volví lentamente hacia la habitación y mis ojos se encontraron con algo sobre la cómoda.
Una fotografía.
Me acerqué curiosa.
Era una imagen antigua.
Un adolescente de cabello oscuro junto a una mujer elegante de sonrisa cálida.
Me tomó unos segundos reconocerlo.
Enzo.
Más joven.
Menos frío.
Incluso parecía feliz.
La mujer a su lado debía ser su madre.
Y algo en aquella imagen hizo que mi pecho se sintiera extraño.
Porque jamás imaginé a Enzo Ricci sonriendo de verdad.
Tomé la fotografía lentamente.
Y entonces recordé la primera vez que escuché hablar de él.
Fue hace años.
Mi padre todavía tenía la fábrica funcionando en ese entonces.
Recuerdo perfectamente aquella tarde porque llegó emocionado a casa después de una reunión importante.
—Los Ricci quieren expandirse en Latinoamérica —había dicho mientras dejaba documentos sobre la mesa.
Yo apenas tenía diecisiete años.
Ni siquiera me interesaban demasiado los negocios.
Pero mi padre sí.
Siempre admiró a las grandes empresas familiares.
—¿Quiénes son los Ricci? —pregunté mientras hacía tarea en la sala.
Él sonrió inmediatamente.
—Una de las familias más poderosas de Europa.
Recuerdo perfectamente la manera en que hablaba de ellos.
Como si fueran intocables.
—El abuelo Ricci levantó el imperio desde cero. Y el nieto… dicen que es todavía más inteligente.
—¿Y cuántos años tiene?
—Muy pocos para todo el poder que maneja.
Después se quedó en silencio unos segundos antes de añadir:
—Pero también dicen que es peligroso.
En ese momento me había reído.
Todos los empresarios parecían “peligrosos” para la gente.
Jamás imaginé que años después terminaría viviendo bajo el mismo techo que él.
Volví a dejar la fotografía sobre la cómoda lentamente.
Y antes de que pudiera seguir pensando demasiado, alguien tocó la puerta.
—Adelante.
Clara apareció unos segundos después.
—Señorita Valeria, el señor Ricci pidió avisarle que mañana temprano irán al hospital.
Mi corazón dio un pequeño salto.
—¿La cirugía será mañana?
Clara asintió suavemente.
—El doctor Salvatore llegará al amanecer.
Respiré profundamente intentando controlar los nervios.
Mi padre.
Dios.
Todo estaba ocurriendo tan rápido que apenas había tenido tiempo de procesarlo.
—Gracias, Clara.
Ella sonrió apenas antes de salir nuevamente de la habitación.
Y el silencio volvió otra vez.
Miré el reloj.
12:43 a.m.
Sabía que debía intentar dormir.
Pero la ansiedad seguía creciendo dentro de mí.
Así que terminé saliendo de la habitación.
Los enormes pasillos de la mansión estaban casi completamente oscuros, iluminados apenas por pequeñas lámparas elegantes sobre las paredes.
El lugar parecía todavía más enorme de noche.
Caminé lentamente hasta bajar las escaleras principales.
Y entonces lo escuché.
Piano.
Me detuve inmediatamente.
La melodía era suave. Triste. Elegante.
Seguí el sonido hasta llegar a una enorme sala iluminada apenas por una lámpara tenue.
Y ahí estaba él.
Enzo Ricci.
Sentado frente a un piano negro.
Por un momento simplemente me quedé observándolo.
Porque aquella imagen no parecía real.
El hombre frío, arrogante y controlador que intimidaba empresarios estaba tocando piano completamente solo a mitad de la noche.
Y lo hacía increíblemente bien.
La música llenaba toda la habitación de una manera extrañamente melancólica.
Como si escondiera algo.
Como si intentara escapar de algo.
El corazón me latió más despacio mientras lo observaba en silencio.
Entonces una tabla del piso sonó bajo mi pie.
Enzo dejó de tocar inmediatamente.
Sus ojos grises se encontraron con los míos.
Y otra vez sentí aquella tensión absurda recorriendo mi cuerpo.
—¿No puedes dormir? —preguntó con voz tranquila.
Negué lentamente.
—Lo mismo podría preguntarte.
Una pequeña sonrisa apareció apenas en sus labios.
—Yo nunca duermo mucho.
Claro.
Eso tenía sentido.
Me acerqué lentamente al piano mientras él seguía observándome.
—No sabía que tocabas.
Enzo bajó la mirada hacia las teclas unos segundos.
—Mi madre me enseñó.
Algo cambió en su voz cuando mencionó a su madre.
Algo pequeño.
Pero lo noté.
Me senté lentamente frente a él del otro lado del piano.
—Vi una fotografía de ustedes.
El silencio apareció inmediatamente entre nosotros.
Y por un instante pensé que había dicho algo incorrecto.
Pero después Enzo habló.
—Murió hace muchos años.
Mi pecho se tensó ligeramente.
—Lo siento.
Él simplemente asintió.
Y por primera vez desde que lo conocía… no parecía Enzo Ricci.
No parecía el empresario frío que controlaba todo.
Parecía solo un hombre cansado.
Uno demasiado acostumbrado a esconder lo que siente.
—¿Tu padre sabe sobre nosotros? —preguntó de pronto.
Negué lentamente.
—Todavía no.
Pensar en eso hizo que los nervios regresaran inmediatamente.
Mi padre adoraba a Enzo Ricci como empresario.
Pero no tenía idea de que su hija ahora estaba comprometida con él.
Ni mucho menos de que todo era falso.
—Le diré después de la cirugía —murmuré.
Enzo me observó unos segundos en silencio.
Después habló con calma.
—Todo saldrá bien mañana.
Y no sabía por qué…
Pero por primera vez en muchos días, realmente quise creerle.
MANSIÓN RICCI