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BODA SIN FLORES

BODA SIN FLORES

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Amor tras matrimonio / Romance
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Ayla Eisen y Ragnar crecieron bajo la sombra de una tragedia idéntica: la enfermedad que les arrebató a sus madres, dejando a sus padres, empresarios y amigos de toda la vida, sumidos en el dolor, pero ahora, ellos han decidido sellar su destino con un contrato inquebrantable; obligándolos a contraer nupcias, donde se ven atrapados en un matrimonio sin amor, pero unidos por una promesa desesperada hecha sobre las lápidas de sus esposas; que consiste en usar su unión para financiar la batalla contra el mal que destruyó a sus familias, en una casa llena de silencios y recuerdos, en la cual deberán decidir si su alianza es solo un negocio doloroso o si, entre las cenizas de su pérdida, puede nacer la fuerza para sanar... y quizás, aprender a amar
"Nuestras madres nos heredaron su ausencia con su partida pronta, pero nuestros padres nos vendieron al mismo dolor; ahora estamos encadenados por un contrato que se firmó con sangre y se selló sobre sus tumbas."

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

El mensajero ni siquiera me miró a los ojos; se limitó a extender la tableta digital para que yo estampara una firma y me entregó un sobre de papel manila grueso. Me quedé de pie en el umbral, con el sobre pesando en mis manos como si contuviera plomo. El frío del pasillo se coló en el apartamento, pero no era nada comparado con el frío que nacía en mi estómago.

Cerré la puerta con el pie y caminé hacia mi habitación, apartando unos libros de biotecnología que tenía encima del escritorio. Con los dedos temblorosos, rompí el sello. Dentro no había una carta de amor, ni siquiera una nota de disculpa de mi padre. Había tres juegos de documentos: una copia del contrato matrimonial, un anexo financiero y una carpeta azul que llevaba el logotipo del hospital donde realizaba mis prácticas.

Empecé por la carpeta azul. Al leer las primeras líneas, sentí que la sangre se drenaba de mi rostro. Era una notificación de revocación de beca y una "recomendación de pausa académica" dirigida a la decana. Mi padre no solo estaba pagando mi vida; estaba sosteniendo los hilos de mi futuro profesional con una mano y una tijera en la otra. Si no cumplía con el anuncio de mañana, mi residencia medica se iba al carajo, mis años de estudio, mi acceso a los laboratorios de investigación... todo desaparecería en un abrir y cerrar de ojos bajo el pretexto de "reestructuración de fondos familiares".

—Maldito seas, papá —Susurré, dejando que los papeles cayeran.

Ragnar tenía razón. Mi padre no me lo había dicho a la cara porque sabía que mi orgullo Eisen me haría pelear, pero había dejado el rastro de migas de pan para que lo descubriera cuando ya fuera demasiado tarde para retroceder. Me senté en la silla de madera, sintiendo que las paredes del apartamento se cerraban sobre mí. No era solo dinero; era mi identidad como médico lo que estaba en juego. Sin el respaldo de la fundación Eisen, no era más que una estudiante con deudas imposibles de pagar y puertas cerradas en todos los hospitales de prestigio.

Tomé el segundo documento: el anexo financiero del contrato matrimonial. Mis ojos saltaron entre cláusulas de fideicomisos y términos legales hasta que llegué a una sección subrayada en amarillo. "Cláusula de Continuidad del Legado". Básicamente, se estipulaba que para que la fusión de los laboratorios fuera definitiva y los fondos de investigación se liberaran para mi departamento de oncología, el matrimonio debía mantenerse por un mínimo de diez años y debía haber una "representación pública de unidad familiar absoluta".

"Unidad familiar absoluta". Un eufemismo corporativo para decir que debía sonreír mientras Ragnar desfilaba con sus amantes, siempre y cuando no lo hiciera frente a las cámaras.

Recordé su voz en el estacionamiento, ese tono áspero y sínico: “Lo que yo haga en mi cama no es asunto tuyo”. Era un pacto con el diablo diseñado por dos hombres que veían a sus hijos como activos. Ragnar ya había hecho su elección; él había decidido salvar su herencia y su carrera a cambio de su fidelidad. Y ahora me tocaba a mí. ¿Salvar mi carrera a cambio de mi dignidad?

Me levanté y empecé a caminar de un lado a otro. El dolor de cabeza se había transformado en un latido constante detrás de mis ojos. Vi el ramo de flores que él muy infeliz me había enviado, caminé con rabia para tirarlo a la basura.

Eran las once de la noche cuando sonó mi teléfono con un mensaje de texto de un número desconocido, pero sabía perfectamente quién era.

"¿Ya hablaste con los documentos, Lía? El negro te favorece, pero el azul oscuro oculta mejor las ojeras. Duerme un poco. Mañana el mundo querrá vernos brillar."

Lancé el teléfono contra la pared. Su arrogancia era insoportable, pero su capacidad para leer mi situación me daba escalofríos. Sabía que yo no tenía escapatoria, al final, la doctora Ayla Eisen era una construcción que dependía de la firma de Leonardo Eisen.

Me dirigí al baño y me miré de nuevo en el espejo. Esta vez no vi fatiga, vi una resolución fría. Si ellos querían una transacción, les daría la mejor de sus vidas. Si Ragnar quería un matrimonio donde cada uno hiciera su vida a puertas cerradas, yo le tomaría la palabra, pero con mis propias condiciones. Tomé los documentos, marcadores, mi laptop, una libreta de apuntes y caminé a la mesa.

Pasé el resto de la noche analizando cada cláusula del contrato. Si iba a ser una pieza de ajedrez, me aseguraría de ser la reina, la única pieza con libertad de movimiento en todas las direcciones. Busqué vacíos legales, tecnicismos sobre la propiedad de las patentes de investigación y cláusulas de confidencialidad. Para cuando el primer rayo de sol se asomó por la ventana, no solo estaba preparada para el anuncio; estaba preparada para la guerra.

A las seis de la mañana, Alejandra entró al apartamento, haciendo un ruido infernal con las llaves. Venía con el cabello revuelto y el maquillaje de la noche anterior un poco corrido, pero su sonrisa se apagó en cuanto me vio sentada a la mesa, rodeada de documentos legales y con una taza de café frío en la mano.

—Lía... ¿Qué pasa? Pareces un fantasma —Dijo, acercándose con cautela. — ¿Pasaste toda la noche estudiando?

—No exactamente, Ale —Respondí, mi voz sonando extrañamente calmada. — Estaba revisando mi nuevo contrato laboral.

—¿Te dieron la plaza fija en el hospital? —Preguntó ella con entusiasmo, sentándose frente a mí.

Le pasé el sobre a Alejandra que leyó en silencio y por primera vez desde que la conocía, se quedó sin palabras. Sus ojos se abrieron de par en par mientras pasaba las páginas del contrato matrimonial.

—Esto... esto no puede ser legal, Lía. ¡Es un contrato de venta! "Unificar las familias de manera indisoluble"... ¿Quién escribe así en el siglo veintiuno? ¿Tu padre se volvió completamente loco?

—Mi padre se volvió empresario —Corregí.

—¿Y tú? —Alejandra me tomó de la mano, con una preocupación genuina en su mirada. — No puedes aceptar esto. Tú crees en la ética, en la verdad... ese tipo, Ragnar, es un desastre andante. Todas sabemos lo que hace en su tiempo libre. No puedes atarte a él.

—Si no lo hago, mi beca desaparece hoy a las cinco de la tarde. Mi carrera termina antes de empezar. —Le expliqué, mirando el vacío. — Mi padre ha blindado cada salida. No me dejó una elección, me dejó una emboscada.

Alejandra golpeó la mesa con el puño. —¡Es un chantaje! Tenemos que hablar con Row, tal vez su tío que es abogado pueda encontrar algo...

—No hay tiempo, Ale. El anuncio es hoy y Ragnar tiene razón en algo: si nos unimos, podemos ser los dueños de la red. Si juego bien mis cartas, puedo usar los recursos de los Graf para mi propia investigación, sin depender del humor de mi padre.

—¿A qué costo, Lía? ¿A costa de ver a tu marido en las revistas de chismes con una mujer diferente cada semana mientras tú te quedas en casa fingiendo que no te importa?

—Me dará igual —Mentí, aunque el pecho me dolió al decirlo. — No es un matrimonio real. Es una sociedad. Él puede hacer lo que quiera, y yo también.

Alejandra suspiró, sabiendo que cuando yo tomaba una decisión de ese tipo, era imposible hacerme cambiar de opinión.

—Solo prométeme una cosa. No dejes que ese lobo te quite la luz. He visto a muchas mujeres intentar "jugar" con él y todas terminan quemadas.

—Lo sé. —Levantándome de la silla. — Por eso voy a usar el equipo de protección personal adecuado.

Me fui a mi habitación y saqué el vestido azul oscuro que había seleccionado. Era de seda pesada, con un corte impecable que se ceñía a mi cintura y caía hasta debajo de las rodillas. Elegí unos tacones negros de aguja de esos que te hacen sentir más alta y peligrosa. Mientras me duchaba, imaginé que el agua se llevaba los últimos restos de la niña ingenua.

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Yanet Cristina Vilugron Salazar
mal los padres
Yanet Cristina Vilugron Salazar
omg😱
Yanet Cristina Vilugron Salazar
upsss
Yanet Cristina Vilugron Salazar
jajaja él la miro como hombre
Yanet Cristina Vilugron Salazar
hay hay emociones
Yanet Cristina Vilugron Salazar
me gusta
Yanet Cristina Vilugron Salazar
interesante
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