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De Lastre A Reina

De Lastre A Reina

Status: En proceso
Genre:Hijo/a genio / Traiciones y engaños
Popularitas:10.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Betsi

Cuando la persona que dice amarte se convierte en un extraño y te abandona embarazada diciendo que solo eres un ancla y un lastre en su vida, solo te queda una cosa por hacer: "Convertirte en Reina"

NovelToon tiene autorización de Betsi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El precio de llegar

Julián Valenzuela había aprendido a reconocer el sonido exacto del éxito.

No era un aplauso ni una frase de felicitación. Era algo más sobrio y, para él, más confiable: el zumbido contenido de un ascensor privado subiendo hasta el último piso, el clic limpio de una puerta automática que solo se abría con tarjeta ejecutiva, el rumor de un sistema de climatización perfecto recorriendo oficinas donde nada estaba fuera de lugar. Había pasado años soñando con ese tipo de orden. Ahora vivía dentro de él.

Desde el ventanal de su despacho en la capital del norte, la ciudad parecía una maqueta de precisión industrial: avenidas limpias, edificios de vidrio, puentes tensados sobre el río y una hilera de plantas automotrices donde el acero y la ambición se encontraban con la disciplina del dinero. Julián apoyó una mano en el cristal mientras escuchaba, detrás de él, la presentación de resultados trimestrales. Su división acababa de cerrar el acuerdo que lo convertiría en director regional de innovación antes de cumplir los treinta y cinco. Había ascendido más rápido que cualquiera de sus antiguos compañeros de universidad. Más rápido, incluso, de lo que él mismo había previsto.

—Brillante, Julián —dijo uno de los socios al término de la reunión—. Si sigues así, en dos años tendrás un lugar en el directorio.

Él sonrió con la medida exacta. Agradeció, estrechó manos, escuchó propuestas, hizo un comentario técnico que provocó admiración inmediata y salió del salón con esa elegancia nueva que tanto le había costado aprender. En otros tiempos, su inteligencia entraba en las habitaciones con hambre. Ahora entraba vestida a medida, con reloj suizo y una seguridad entrenada que volvía innecesaria cualquier exhibición de ansiedad. Había conquistado el lenguaje de los hombres que antes lo habrían mirado por encima del hombro. Y lo hablaba mejor que ellos.

La cena de esa noche tuvo lugar en un restaurante suspendido sobre la ciudad, con luces tenues, copas de cristal fino y una vista pensada para que nadie olvidara cuánto costaba estar allí. Frente a él estaba Vera Linde, hija de uno de los accionistas más influyentes del grupo y, desde hacía un año y medio, la mujer con la que la prensa económica empezaba a vincularlo con una insistencia casi matrimonial. Vera era inteligente, cultivada y hermosa de una manera serena, sin necesidad de esfuerzo visible. Hablaba cuatro idiomas, sabía moverse en cualquier mesa y tenía la rara capacidad de entender que, para algunos hombres, el afecto debía entrar sin desordenar la arquitectura de sus objetivos.

—Mi padre cree que vas a aceptar la oferta de Metrik Motors —dijo Vera, cortando un trozo mínimo de pescado—. Yo creo que no lo harás.

Julián alzó la vista, divertido.

—¿Y por qué no? Es más dinero, más autonomía y un paquete accionario obsceno incluso para tus estándares familiares.

Vera dejó el cubierto sobre el plato y lo observó con una media sonrisa suave, casi cómplice.

—Porque no te interesa solo ganar dinero, Julián —dijo—. Te interesa que la gente correcta vea que lo lograste. No quieres ser rico en otro edificio. Quieres convertirte en alguien a quien ya no puedan expulsar de ninguna sala.

Julián no respondió enseguida. Sonrió apenas, como quien reconoce una herida bien descrita sin intención de exhibirla por completo.

Había crecido viendo cómo los hombres con talento pedían permiso mientras otros, menos brillantes y mejor conectados, heredaban oficinas, modales y una clase de seguridad que no se enseñaba en ninguna universidad. Su ambición no había nacido del capricho, sino del hambre. Del miedo a quedarse para siempre en el margen correcto de la ciudad, admirando desde abajo aquello que otros habitaban por costumbre. Durante años se había repetido que cuando llegara arriba todo tendría sentido. Que las renuncias serían solo el peaje natural de los que entienden pronto que la vida no premia a los leales, sino a los decididos.

Y, sin embargo, había noches en que el triunfo no llegaba a ocupar todo el espacio.

Al volver a su departamento —un penthouse sobrio, impecable, con muebles italianos y una cocina que casi nunca usaba— dejó la chaqueta sobre una silla y se sirvió un whisky que apenas probó. Vera se había quedado en casa de una amiga después de la cena. La ciudad se reflejaba en los ventanales con una belleza lejana, casi indiferente. Julián caminó hasta el estudio y abrió, por costumbre más que por necesidad, el cajón inferior del escritorio. Allí seguía una vieja libreta de tapas negras con esquemas de motores, cuentas desordenadas y notas escritas a mano de una época en que todavía no podía permitirse olvidar nada.

En una de las últimas páginas había una lista doméstica con letra ajena: jabón, café, arroz, foco para la cocina. La escritura era redonda, firme, ligeramente inclinada a la derecha. Isabella.

No apartó la mirada enseguida. Había algo brutal en esa lista mínima, una intimidad sin épica que ningún ascenso corporativo podía reproducir. No recordaba grandes discursos de aquella época; recordaba cosas pequeñas. La forma en que Isabella doblaba las mangas del uniforme antes de salir a trabajar. El estofado que improvisaba con lo que alcanzaba. La costumbre de dejarle café listo en una taza desportillada antes de un examen difícil. Recordaba también su propia ansiedad de entonces, la vergüenza muda de no tener suficiente, la humillación de depender del sacrificio silencioso de una mujer que parecía amar sin pedir garantías.

No se decía a sí mismo que había hecho lo correcto. Sería una mentira demasiado grosera incluso para él. Se decía otra cosa, una versión más soportable y quizá más cobarde: que en ese momento no supo cómo cargar con una vida nueva sin sentir que todo aquello por lo que había luchado se cerraba sobre su cuello. Que no todos los hombres están hechos para convertirse en padres cuando todavía se sienten hijos furiosos de su propia escasez. Que eligió mal, sí, pero eligió desde el miedo antes que desde la crueldad deliberada. Esa diferencia no lo volvía inocente. Solo lo volvía humano. Y a veces eso era peor.

Tomó el teléfono y abrió, después de una vacilación casi absurda, una carpeta digital privada donde guardaba recortes de prensa empresarial de la República de Altea. No eran muchos. Una mención breve a la expansión de una firma de seguridad estratégica. Una nota sobre contratos logísticos ganados por una empresa dirigida por Martha Benítez y una ejecutiva llamada Isabella Santoro. Una fotografía lejana, tomada en un evento de negocios, donde ella aparecía de perfil con un traje oscuro y el cabello recogido, hablando con la intensidad serena de quien ya no necesita demostrar de dónde viene.

La observó más tiempo del que habría admitido. No con nostalgia romántica ni con arrepentimiento puro, sino con una mezcla más incómoda de admiración, culpa y desconcierto. Había supuesto, durante años, que Isabella seguiría existiendo en alguna versión quieta de su memoria: herida, digna, lejana. No la había imaginado convertida en otra cosa. Menos todavía en alguien capaz de construir una vida poderosa sin necesitar su redención.

Apagó la pantalla, cerró la libreta y volvió al ventanal con el vaso todavía casi lleno en la mano. Sí, había ganado. Tenía el cargo, el nombre correcto en las reuniones correctas, una mujer a su lado que comprendía el precio de ciertas ambiciones y un futuro diseñado con la precisión con la que siempre había querido vivir. No era un monstruo encerrado en una torre de cristal. Era un hombre que había llegado exactamente adonde soñó llegar, y que aun así a veces descubría, en el borde de ciertas noches, que el éxito no borra lo que uno sacrifica para merecerlo. Solo lo vuelve más silencioso.

Julián apoyó la frente un segundo contra el vidrio frío. Abajo, la ciudad seguía brillando como una promesa cumplida. Y él, por primera vez en mucho tiempo, se permitió reconocer una verdad incómoda: había sabido conquistar el mundo que deseaba, pero nunca aprendió del todo qué hacer con las personas que no encajaban en su ascenso y, aun así, habían sido parte de su verdad. No iba a volver atrás. No era ese tipo de hombre. Pero tampoco podía seguir llamando destino a todo lo que, en el fondo, se había parecido demasiado a una huida.

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Emperatriz Reales
No entiendo nada, son unos huevos sin sal, ella no cree en nadie, el no se separa de una novia de 15 años de compromiso, viejos los dos y todavia no les llega la edad para casarse, no entiendo nada
Lilia Guerra
Facundo das penita ajena Autora he leído todas tus historias y son mis favoritas pero a esta no le encuentro ni 👣 ni cabeza 🗣️ es totalmente diferente a las anteriores 🤔🤔 gracias autora activa 👍🎁
Emperatriz Reales: No es clara lo q se trasmite, una mujer engañada, abandonada, sale adelante, hasta ahí estuvo bien, pero todo complicado, la vida sigue, 🤣 un tipo no se decide, no entiendo, arrepentido, una locura
total 1 replies
mariela
Ahora Julian después de que abandonaste a Isabella embarazada vienes a irrumpir en la vida porque no sabes que hacer con el hecho que tienes ese hijo que abandonaste junto a su madre no lo merece siendo ella no dejo ni que lo vea no tiene derecho.
mariela
Elena y Facundo esta como la canción es verdad que la costumbre es mas fuerte que el amor y todavía esta inseguro de lo que siente por Isabella y ahora que anda Julian rondando esta celoso aparte que Angel al no tener hijos se convirtió en algo importante en su vida total que por costumbre o lástima no deja a Elena.
Sandra Maritza Mesa
yo tampoco entiendo esa relación trato de verla por todos ángulos y no encuentro respuesta llevan 15 años párese unos buenos conocidos
Sandra Maritza Mesa
es enserio es idiota o se hace 🤣🤣 necesita escuchar que le digan que si desgraciado
Sandra Maritza Mesa
que señora tan atrevida pare suegra tóxica 🤣las mujeres pelean cuando siente que lo que tiene no le pertenece.
Sandra Maritza Mesa
hay ahora sí llore de tanta felicidad y esperanza 👏👏👏🙏
Sandra Maritza Mesa
hay casi lloro de la preocupación hay Facundo te vas a meter poquito a poquito 👏👏🙏
Sandra Maritza Mesa
esa es 👏👏se que lo van a lograr
Sandra Maritza Mesa
ella era su base, quiero ver la cara de idiota,y perder una gran mujer y a su hijo 🤣👏👏
Sandra Maritza Mesa
me encanta las novelas que destruyen por dentro a alguien pero el karma es mi esperanza, que empodera y transforma, desgraciado lo veré arrastrado simplemente no la amaba porque cual era el problema de salir adelante juntos ahora le tocaba a él ayudar la a ella es un imbécil pero quiero verlo arrastrado 🤣 está buena 👏👏
Claudia Patricia Cruz Saa
Entonces sí eran pareja o no
Autora dramatisas mucho en cada capítulo y describes demasiado cosas que no son tan importantes y esto evita que avances con la historia y aclares lo verdaderamente importante
Sandra Maritza Mesa: si loca 🤣 no solté la novela hasta que llegue aquí, quiero máaaaaaaaaaas está buena 👏👏
total 1 replies
Isela Aguirre
excelente inicio felicidades autora saludos
Lilia Guerra
listo Facundo y Elena son pareja
ósea marido y mujer
Lilia Guerra
sigo sin entender la relación de Facundo y Elena no sé sin novio marido y mujer, compañero de trabajo, amigos 🤔🤔
necesito claridad en esa relación
Lilia Guerra
sigo sin entender la relación de Facundo y Elena 🤔🤔
gracias autora activa 🎁👍
mariela
Desde su embarazo y el negocio que hicieron hay química el problema es Elena que no deja a Facundo sabiendo que el agradecimiento no es amor.
mariela
Que comodidad Julian el no sabia claro que sabias que cuando te fuiste ella te dijo que estaba embarazada pero como ella era un lastre en tu vida te hiciste la vista gorda no me importa y ahora que ves a Ángel interactuando con Facundo con familiaridad te da escozor de lo que te haz perdido nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.
Lilia Guerra
He leído todos los capítulos
y todavía no entiendo esa relación
de Facundo y Elena🤔🤔
Emperatriz Reales: No hay ninguna relacion, dos tontos enamorados el con un compromiso de antaño, 15 años comprometidos y no tienen edad para casarse, angel los va alcanzar en edad, y isabela, no se sabe q sienye
total 1 replies
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