Ella renace con la posibilidad de salvarse a ella y a su familia.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Vergüenza
Durante el camino de regreso, Arely decidió algo muy importante.
Necesitaba recuperar dignidad.
Urgentemente.
Porque sinceramente los últimos treinta minutos habían sido humillantes para su estabilidad mental.
Primero había quedado fascinada viéndolo pelear.
Después casi creyó que él iba a besarla.
Y para terminar…
El duque Fitzpatrick claramente se había dado cuenta de todo.
[Perfecto. Maravilloso. soy mas parecida a Aaron de lo que creía]
Así que mientras el carruaje avanzaba nuevamente entre la nieve, Arely miraba fijamente la ventanilla intentando actuar como una persona tranquila y normal.
Aunque internamente…
Solo quería abrir la puerta y lanzarse directamente hacia un banco de nieve si el duque volvía a molestarla.
Y por supuesto…
Eso fue exactamente lo que ocurrió.
—Lady Hoffman.
Ella respiró profundamente antes de girarse apenas.
—¿Sí?
Mylo la observaba con aquella calma elegante de siempre.
Y entonces preguntó tranquilamente..
—¿Siempre se sonroja así?
Arely sintió calor subirle inmediatamente al rostro otra vez.
[¡que vergüenza!]
Ese hombre era un malditamente hermoso y burlesco..
Ella desvió apenas la mirada.
—Quizá es el frío.
Silencio.
Luego Mylo sonrió lentamente.
—Seguramente es eso.
El problema era el tono.
Porque claramente no le creía ni un poco.
Arely cruzó los brazos intentando mantener compostura.
Pero entonces el duque agregó suavemente..
—Aunque aun así… parece algo decepcionada.
Ella giró inmediatamente hacia él.
—¿Qué?
Mylo seguía viéndose completamente tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Arely negó rápidamente.
—No estoy decepcionada de nada.
—¿No?
—No.
Silencio.
El carruaje siguió avanzando mientras afuera la tormenta golpeaba las ventanas.
Arely aclaró rápidamente..
—Solo vine aquí por negocios.
Mylo asintió lentamente.
—Claro.
Y luego añadió con una pequeña sonrisa..
—Solo negocios.
Ella entrecerró apenas los ojos.
Porque ese hombre definitivamente estaba burlándose.
Entonces él volvió a hablar.
—¿Y qué piensa entonces de mí?
Arely quedó completamente paralizada.
—¿Qué?
El corazón casi le explotó.
[¿DE ÉL? ¿POR QUÉ PREGUNTA ESO TAN DIRECTAMENTE?]
Mylo inclinó apenas la cabeza.
—De mí.
Ella abrió la boca.
La cerró.
La volvió a abrir.
Y sinceramente su cerebro dejó de funcionar unos segundos.
Hasta que el duque continuó tranquilamente..
—De mi propuesta.
Arely sintió cómo el calor regresaba violentamente a su rostro.
Porque otra vez había entendido completamente otra cosa.
Mylo la observó unos segundos.
Y entonces sonrió.
Otra vez.
Aquella sonrisa suave y peligrosamente divertida.
—De mi propuesta de negocios —aclaró lentamente.
Arely quería desaparecer.
Directamente evaporarse.
[Por favor nieve, trágame.]
Ella respiró profundamente intentando regularse antes de seguir avergonzándose más.
—Yo… creo que es una buena oportunidad comercial.
Muy profesional.
[Perfecto. Muchísimo mejor]
—Pero debo pensarlo con más calma y hablarlo también con mi hermano.
Mylo asintió.
Y sinceramente parecía genuinamente satisfecho con esa respuesta.
—Por supuesto.
Luego volvió a apoyarse elegantemente en el asiento mientras la observaba con tranquilidad.
—Me alegra que lo considere seriamente.
Arely asintió intentando concentrarse nuevamente.
[Negocios. Solo negocios]
Eso era.
Nada más.
Ignorando completamente el hecho de que seguía pensando en él peleando entre la nieve hace menos de una hora.
El duque permaneció callado unos segundos antes de decir suavemente..
—Aunque debo admitir algo.
Arely sintió alarma inmediata.
—¿Qué cosa?
La pequeña sonrisa regresó otra vez.
—Es interesante verla tan tranquila hablando de comercio… y tan nerviosa hablando conmigo.
Arely sintió que su alma abandonaba el cuerpo lentamente.
Ese hombre iba a matarla.
Pero no con hielo.
Con vergüenza.
Asi, el duque seguía observándola.
Y lo peor era que aquella mirada tenía un brillo claramente burlón.
Como si estuviera disfrutando cada segundo de su sufrimiento.
Arely apretó discretamente los puños sobre su regazo.
No iba a perder contra una sonrisa.
No iba a perder contra unos ojos bonitos.
Y definitivamente no iba a admitir que había pasado media batalla pensando que aquel hombre era absurdamente atractivo.
Así que respiró profundamente.
Una vez.
Dos veces.
Y finalmente respondió..
—No estoy nerviosa.
Mylo levantó apenas una ceja.
Claramente incrédulo.
—¿No?
—No.
—Entiendo.
No entendía nada.
O peor.
Entendía demasiado.
Arely decidió contraatacar.
—Solo estoy distraída.
Aquello pareció despertar genuina curiosidad en el duque.
—¿Distraída?
Ella asintió rápidamente.
—Sí.
Mylo cruzó los brazos.
—¿Y qué podría distraerla tanto?
Arely buscó inmediatamente una respuesta.
Cualquier respuesta.
Y entonces vio los documentos comerciales que seguían sobre el asiento.
Perfecto.
Salvación.
Los tomó rápidamente.
—Estaba pensando en nuestro próximo negocio.
—¿Nuestro próximo negocio?
—No el nuestro.
Ella se corrigió enseguida.
—Mi próximo negocio.
Abrió una carpeta y revisó las hojas.
—Después de terminar las negociaciones con usted debo viajar al territorio del conde Bruyne.
Aquello pareció sorprender ligeramente a Mylo.
Luego sonrió.
Pero esta vez no parecía una sonrisa coqueta.
Parecía genuina diversión.
—¿Bruyne?
—Sí.
El duque soltó una pequeña risa.
—El conde Bruyne.
Arely parpadeó.
—¿Lo conoce?
—Por supuesto.
Volvió a reír apenas.
—¿Se refiere al conde que financia obras caridad?
Arely recordó los informes.
—Bueno... sí.
—Interesante.
La sonrisa de Mylo se amplió un poco.
—Entonces probablemente tendrá una visita muy distinta.
Arely inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Distinta?
—Muchísimo.
El duque miró por la ventana unos segundos antes de continuar.
—Es poco probable que vea al conde Bruyne persiguiendo bandidos entre una tormenta de nieve.
Arely no pudo evitar imaginar la escena.
Un noble amable repartiendo donaciones mientras intentaba cazar criminales.
Y sinceramente...
Resultaba difícil.
Muy difícil.
Mylo siguió hablando.
—Si hay un niño huérfano, Bruyne lo ayudará.
—Eso parece admirable.
—Lo es.
—Si hay una aldea pobre, también ayudará.
—Probablemente.
—Si alguien necesita financiamiento para una escuela...
—Bruyne ya habrá financiado tres.
Arely terminó riéndose.
Y para su sorpresa, Mylo también.
Por primera vez desde que se conocieron, la conversación fluyó sin tensión ni nervios.
Solo una charla ligera.
Entonces el duque añadió..
—Pero sinceramente no puedo imaginarlo empuñando una espada.
—¿Tan malo sería?
—Creo que intentaría convencer a los bandidos de mejorar como personas.
Arely soltó una carcajada.
—Eso es cruel.
—Realista.
—¿Y si funciona?
Mylo sonrió.
—Entonces sería un milagro.
El carruaje continuó avanzando mientras la nieve golpeaba suavemente las ventanas.
Y durante unos segundos, Arely olvidó completamente la vergüenza anterior.
Hasta que el duque volvió a mirarla.
Directamente.
Con aquella calma peligrosa.
—Aunque debo admitir algo.
Arely sintió sospecha inmediata.
—¿Qué cosa?
La sonrisa regresó lentamente.
—Fue una excelente maniobra de distracción.
Silencio.
Arely quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Cambiar de tema hacia el conde Bruyne para evitar hablar de por qué estaba sonrojada.
Ella abrió la boca.
La cerró.
Y comprendió algo terrible.
Había funcionado.
Pero solo por cinco minutos.
Mylo apoyó cómodamente un brazo sobre el asiento mientras sonreía satisfecho.
—Casi me convence.
Arely decidió que definitivamente prefería enfrentarse a los bandidos.