Amor, venganza y secretos destruyen corazones destinados a reencontrarse nuevamente.
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Capítulo 23
Dos días más tarde…
Teresa terminó de servir el desayuno sobre la mesa mientras Omar revisaba su tablet Salomé tomaba café tranquilamente.
—Teresa, ¿ya está lista la habitación?
—preguntó Omar.
La mujer asintió inmediatamente.
—Sí, señor. Está todo tal como indicó.
Luego sonrió ligeramente.
—Me retiro.
Salomé esperó a que Teresa saliera para mirar a su hijo con una ceja levantada.
—Pensé que ustedes estaban bien… que por eso se casaron en secreto.
Omar soltó una pequeña risa seca.
—Ojalá hubiera sido así de sencillo.
Salomé negó lentamente.
—Debiste invitarme.
—Lo decidió Muriel de un momento a otro, fue algo rápido.
Tomó un sorbo de café antes de continuar:
—Supongo que solo quiso llevarle la contraria a su padre.
El ambiente cambió inmediatamente.
Esa mención tensó la mesa.
Salomé dejó lentamente la taza sobre el plato.
Sus ojos se endurecieron.
—Lauro Galiano es un desgraciado.
La rabia en su voz seguía intacta incluso después de tantos años.
—Lo que más deseo es que pague por lo que hizo.
Omar guardó silencio.
Sabía perfectamente cuánto dolor cargaba todavía su madre.
Pero entonces ella suspiró suavemente.
—Solo lo siento por ella.
Su voz se suavizó apenas.
—Espero que cuando todo salga a la luz… ella permanezca a tu lado.
Desvió la mirada un instante.
—Porque será muy doloroso.
Omar apretó lentamente la mandíbula.
La sola idea de perder a Muriel otra vez comenzaba a volverse insoportable.
Después de unos segundos, volvió a hablar:
—Pasó algo entre ellos.
Salomé lo miró en silencio.
—Por eso Muriel no tiene una buena relación con su padre.
Salomé suspiró apenas.
Como si sospechara más de lo que decía.
—Quizá algún día ella te lo cuente.
Omar apoyó los brazos sobre la mesa.
—Solo sé que está demasiado lastimada, por qué me fui y por algo que sucedió después.
La expresión de Salomé se suavizó completamente.
—Entonces hagámosla sentir querida en esta casa.
Le señaló apenas con el dedo.
—Y tú ponte las pilas.
Omar frunció el ceño confundido.
—¿Qué?
Salomé sonrió por primera vez aquella mañana.
—Quiero nietos.
Omar soltó una carcajada incrédula.
—Mamá…
—¿Qué? —respondió ella divertida—. Bastantes años sufrí ya, quiero disfrutar de mis nietos.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Muriel subió la última maleta al auto y cerró la puerta lentamente.
Miró unos segundos la casa donde había construido sola gran parte de su vida.
Su refugio.
El lugar donde aprendió a sobrevivir.
Pero antes de entrar al vehículo, escuchó un auto detenerse detrás de ella.
No necesitó mirar para saber quién era.
Lauro Galiano descendió rápidamente del vehículo.
—¿Te vas de viaje, hija?
Muriel cerró los ojos apenas un instante antes de girarse.
—No le importa, señor Galiano.
La frialdad en su voz hizo que Lauro tragara saliva.
Aun así, dio un paso hacia ella.
—Te he pedido perdón muchas veces.
Sus ojos estaban cansados.
Desesperados.
—Dame una oportunidad.
Muriel permaneció inmóvil.
—Sabes que te amo, hija.
La voz empezó a quebrársele.
—Eres lo único que tengo.
Bajó apenas la mirada.
—Perdóname… te lo ruego.
Muriel sintió el pecho tensarse violentamente.
Porque una parte de ella todavía sufría viendo a su padre así.
Pero el dolor que él le causó era mucho más grande.
—No.
La palabra salió firme.
Dura.
Sus ojos comenzaron a humedecerse.
—¿Acaso me escuchaste cuando te rogaba en el hospital que no me quitaras a mi hijo?
Lauro cerró los ojos un instante.
Como si aquellas palabras todavía fueran capaces de destruirlo.
Pero Muriel continuó:
—Era un bebé inocente.
Las lágrimas comenzaron a correr lentamente por su rostro.
—Y no le diste la oportunidad de vivir.
—Lo hice por ti —respondió Lauro rápidamente—. Mira todo lo que lograste… tienes tu propia empresa…
Muriel soltó una pequeña risa amarga.
Dolorosa.
—Mi hijo no era un impedimento.
La rabia volvió a llenar su voz.
—Deja de buscarme.
Lo miró directamente.
—Te odio, Lauro Galiano.
Aquellas palabras parecieron atravesarlo por completo.
Pero Muriel ya no pensaba detenerse.
—Y para que lo sepas…
Se limpió rápidamente las lágrimas.
—Me voy a casa de mi esposo.
Lauro palideció inmediatamente.
—¿De que hablas...cuando te casaste...con quién?
Muriel sostuvo su mirada sin miedo.
—Me case con Omar Torrealba.
La desesperación apareció en los ojos de Lauro.
—Ese tipo solo te está utilizando.
Muriel frunció el ceño.
—¿Ahora qué inventarás?
—Compró el veinticinco por ciento de las acciones de la inmobiliaria.
La voz de Lauro salió llena de tensión.
—¿No te das cuenta? Se casó contigo por el treinta por ciento de tus acciones.
Se acercó un paso más.
—Solo quiere quedarse con mi negocio.
Luego añadió con evidente preocupación:
—¿Qué dirán en este pueblo?
Muriel soltó una pequeña carcajada incrédula.
Y entonces negó lentamente.
—Ya llegaste al punto.
Sus ojos se endurecieron.
—Solo te interesa el dinero y el que dirán.
Lauro abrió la boca intentando responder.
Pero Muriel lo interrumpió.
—¿Sabes qué?
Abrió la puerta del auto.
—Sí iré a la reunión de la junta directiva.
Lauro la miró completamente sorprendido.
—Pero… tú nunca has ido a esas reuniones.
Muriel sostuvo su mirada unos segundos antes de responder:
—Tengo el treinta por ciento, ¿no?
Subió al vehículo lentamente.
—Entonces dispondré de mis derechos.
Y antes de cerrar la puerta, añadió con firmeza:
—Si me disculpas… me voy, señor Galiano.
......................
Muriel conducía por las calles de Valle Escondido con las manos aferradas al volante.
La conversación con su padre seguía resonando en su cabeza.
"Compró el veinticinco por ciento de las acciones…"
"Se casó contigo por tus acciones…"
Muriel apretó la mandíbula con fuerza.
Y apenas salió del rango de visión de Lauro Galiano…
La rabia explotó dentro de ella.
—Así que por eso querías casarte conmigo.con tanta insistencia.
Las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos nuevamente.
—Me mentiste, Omar.
Su respiración se volvió agitada.
—No me amas…
Negó lentamente mientras seguía conduciendo.
—Solo quieres quedarte con la empresa de mi padre.
El dolor en su pecho fue inmediato.
Porque por un instante…
Había empezado a creerle.
Había querido creer que Omar realmente seguía enamorado de ella.
Que aquellos besos.
Aquellas miradas.
Aquella desesperación por recuperarla…
Eran reales.
Pero ahora las dudas comenzaban a destruir todo.
¿Y si Lauro tenía razón?
¿Y si Omar solo estaba usando el matrimonio para quedarse con el control de la inmobiliaria?
La pregunta le atravesó el pecho como un golpe.
Porque si algo había aprendido Muriel en los últimos años era a desconfiar.
Muriel estacionó finalmente el auto frente a la casa y permaneció unos segundos inmóvil detrás del volante.
Respiró profundo.
Luego se limpió rápidamente las lágrimas y revisó su reflejo en el espejo.
Debía verse fuerte.
Últimamente odiaba esos momentos.
Porque durante años aprendió a sobrevivir sola sin quebrarse frente a nadie.
Pero desde que Omar regresó…
Se sentía vulnerable otra vez.
nada más quiere tantito para estar con el..
es hora de ser feliz mujer y más con el hombre que te ama ..
O Lauro se enredó con la mamá de Omar o la mamá de Muriel se enredó con el papá de Omar ......🧐🤔🤨🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴