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Bajo La Máscara De La Venganza.

Bajo La Máscara De La Venganza.

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / CEO / Completas
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un mundo donde la traición y el deseo son moneda corriente, una mujer se alza entre las sombras para reclamar su lugar en el trono del poder, desatando una tormenta de venganza y seducción.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 08

La noche en la que Clara Mendoza decidió desmantelar el imperio de los Beltrán comenzó con un silencio sepulcral en los muelles del Sector 7. Todo estaba dispuesto: los contenedores cargados con la evidencia que destruiría a sus rivales, la Interpol en posición y Gabriel coordinando a sus equipos de asalto. Sin embargo, en el mundo del crimen organizado, el silencio nunca es un augurio de paz, sino el preludio de un estallido.

Clara se encontraba en la sala de monitores de un centro logístico cercano, observando las cámaras térmicas. A su lado, Esteban tecleaba con una rapidez nerviosa. De pronto, una de las pantallas se llenó de estática antes de mostrar una imagen que hizo que la sangre de Clara se congelara. No eran los Beltrán. No era la policía. Eran hombres con uniformes tácticos negros, moviéndose con una precisión militar que superaba cualquier cosa que los carteles locales pudieran contratar.

—Esteban, amplía la cámara cuatro —ordenó Clara, su voz era un látigo de autoridad.

En la pantalla, un hombre alto, con una cicatriz que le cruzaba el ojo izquierdo y un porte que irradiaba una maldad refinada, se detuvo frente a la cámara. Levantó una mano y saludó con una ironía macabra antes de disparar al lente.

—No puede ser —susurró Esteban, su rostro perdiendo todo color—. Es Viktor Volkov. Se suponía que estaba cumpliendo cadena perpetua en una prisión de máxima seguridad en Siberia.

Viktor Volkov. El nombre resonó en la mente de Clara como el eco de una explosión. Hace ocho años, antes de consolidarse como "La Sombra", Clara había tenido que eliminar la influencia rusa en la costa este. Viktor fue el único que sobrevivió a la purga, pero no antes de que Clara le arrebatara su flota, su dinero y, según decían, su alma. Él no era solo un enemigo; era un fantasma que regresaba del pasado con un hambre de venganza que superaba la lógica de los negocios.

—Gabriel, aborta el asalto a la hacienda —dijo Clara por el comunicador, manteniendo una calma que no sentía—. Tenemos visitas. Volkov está en el puerto. Ha interceptado el cargamento de los Beltrán.

—¿Volkov? —la voz de Gabriel sonó distorsionada por la interferencia—. Eso es un suicidio, Clara. Si la Interpol llega y lo encuentra allí...

—A él no le importa la Interpol, Gabriel. Ha venido por mí. Está usando el cargamento como cebo para sacarme de mi escondite. Si se lleva esa evidencia, los Beltrán quedan libres y yo pierdo mi mejor arma.

Clara se puso de pie, ajustando su cartuchera oculta bajo la chaqueta. El miedo, esa emoción que ella había aprendido a domesticar, intentó asomar la cabeza, pero ella lo aplastó con una determinación gélida.

—Prepárame el coche, Esteban. Voy para allá.

—¡Es una locura! —protestó su asistente—. Volkov no juega con las mismas reglas que los Beltrán. Él querrá ver tu cadáver antes de que amanezca.

—Entonces no lo haré esperar —sentenció ella.

El trayecto al puerto fue un borrón de luces de neón y lluvia. Cuando Clara llegó, el escenario era dantesco. Varios de sus hombres yacían en el suelo, neutralizados con una eficiencia aterradora. El olor a ozono y salitre inundaba el aire. Caminó hacia el centro del muelle, donde las luces de los postes oscilaban con el viento, proyectando sombras alargadas que parecían cobrar vida.

—¡Sombra! —el grito de Viktor retumbó entre los contenedores de metal—. ¡Has crecido mucho desde Marsella! ¿Todavía guardas ese cuchillo que me clavaste en el ojo, o lo perdiste entre tantas joyas y vestidos caros?

Clara se detuvo, sus manos visibles, lejos de su arma. Sabía que había francotiradores apuntándole desde las alturas de las grúas.

—Viktor. El frío de Siberia no parece haber mejorado tu sentido del humor —respondió ella, proyectando una seguridad absoluta—. ¿Quién te ha pagado el billete de vuelta? ¿Los Beltrán? ¿O eres tan estúpido como para creer que puedes recuperar este territorio tú solo?

Viktor salió de entre dos contenedores, sosteniendo un detonador en una mano y un fusil de asalto en la otra. Su sonrisa era una mueca de dientes amarillentos y odio puro.

—Nadie me paga, Clara. He venido a cobrar una deuda. Los Beltrán son solo idiotas útiles que me dieron la ubicación de tu pequeño nido. Me prometieron las rutas si yo me encargaba de la "limpieza".

—Te han engañado —dijo Clara, dando un paso al frente—. La Interpol está a cinco minutos de aquí. Si detonas eso o disparas, no habrá lugar en este planeta donde puedas esconderte. Ni siquiera en los agujeros de donde saliste.

—No me importa morir, Sombra. Pero me iré sabiendo que tu imperio se desmoronó antes de que pudieras disfrutarlo.

En ese momento, un destello rojo apareció en el pecho de Viktor. No era el punto de mira de un francotirador de Volkov, sino de Gabriel, que se había posicionado en la estructura de una grúa opuesta sin que nadie lo notara.

—Baja el detonador, Viktor —la voz de Gabriel resonó por los altavoces del puerto, fría y metálica—. O te aseguro que la bala que te daré no será tan piadosa como la que te dio Clara hace años.

La tensión alcanzó un punto de ruptura. Clara aprovechó la distracción de un segundo para desenfundar su arma, pero Volkov fue más rápido en su instinto de supervivencia y se lanzó tras un contenedor mientras sus hombres abrían fuego. El puerto se convirtió en un campo de batalla.

Clara se cubrió tras un camión de carga, sintiendo el impacto de las balas contra el metal. Sus oídos pitaban, pero su mente estaba enfocada. "Esto no estaba en el plan", pensó con rabia. La aparición de Volkov no solo ponía en riesgo su venganza contra los Beltrán, sino que revelaba una grieta en su seguridad: alguien cercano había dado la información necesaria para que el ruso llegara hasta allí.

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Mar Sol
Clara está confiada en que está vez va a resultar su plan, ella es astuta, espera no haya errores.
Equipo Motorola
excelente felicitaciones escritora, muy diferente a todo lo recurrente, solo me quedo la duda de Julian, osea, no murió jajaja
Mar Sol
Al igual que Julián, hay otra persona que no sabe de lealtad, la ambición es tan fuerte que no le importó vender información a los enemigos de Clara.
Mar Sol
¡¡Que interesante!! ¡¡esto apenas va a empezar!!
Mónica Aulet
Que fuerte!!
Mónica Aulet
Y que se queme todo!!!!
Mónica Aulet
Impresionante ,la verdad que me tiene atrapada la historia.
Irma Ruelas
❤️😍😍😍😍😍😍
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