¿Puede un corazón de hielo derretir una maldición de sangre?
Devil lo tenía todo: una belleza insultante, una estatura imponente de 1.87 m y unos ojos violetas que eran la perdición de cualquier mujer en la capital. Pero su arrogancia lo llevó a cruzar el jardín equivocado. Tras un desafortunado encuentro con una hechicera, el joven seductor despierta atrapado en el cuerpo de un gato negro. La condena es simple pero devastadora: no recuperará su humanidad hasta que alguien lo ame de verdad.
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capítulo 16
El carruaje de los Blackwood cruzó los linderos de la propiedad bajo una lluvia fina que envolvía la mansión en una bruma plateada. Para Devil, el trayecto de regreso desde el palacio del Duque de Ashford había sido un descenso a los infiernos de su propio ego. Encerrado en aquella jaula de plata, viendo a Suseth perdida en sus pensamientos —con el fantasma del beso del Duque aún dibujado en sus labios rojos—, Devil había sentido que su última conexión con la humanidad se deshilachaba.
Cuando el carruaje finalmente se detuvo frente a la escalinata, la puerta se abrió de par en par. No fue Arthur quien apareció primero, sino Rose. La criada corrió bajo la lluvia, con el delantal ondeando y una sonrisa que iluminaba la tarde gris.
—¡Ya llegaron! ¡Gracias a Dios! —exclamó Rose, ignorando el protocolo y acercándose directamente a la portezuela—. ¡Cuchurrumin! ¡Mi niño, te he extrañado tanto!
Suseth descendió con la elegancia de una reina cansada, sosteniendo la jaula con una mano firme. Al ver el entusiasmo de Rose, Suseth simplemente le entregó la prisión de hierro.
—Llévalo adentro, Rose. Se ha comportado como un demonio y necesita un baño de realidad... y quizás uno de agua jabonosa —sentenció la viuda, entrando en la mansión sin mirar atrás, con la mente puesta en la futura visita del hombre de cabello blanco.
La Vulnerabilidad del Rey Caído
Rose cargó la jaula hasta la cocina, el lugar que Devil siempre había considerado "la zona de la servidumbre", pero que ahora se sentía como el único refugio seguro en un mundo que lo había rechazado. Una vez allí, Rose abrió la pequeña puerta de los barrotes con dedos temblorosos por la emoción.
—Pobrecito de mi cielo... ¿por qué te encerraron así? —susurró Rose, tomándolo en sus brazos y apretándolo contra su pecho cálido—. Estás temblando, pequeño. ¿Ese Duque fue malo contigo? No importa, ya estás en casa con tu Rose.
Devil, que en cualquier otro momento se habría revuelto indignado por semejante muestra de afecto "maternal", se quedó inmóvil. El contacto con la piel de Rose, su olor a harina, canela y a una bondad que no pedía nada a cambio, rompió la última barrera de su resistencia.
Él, el gran Devil, el hombre que despreciaba los sentimientos por considerarlos una debilidad de la plebe, sintió un nudo insoportable en la garganta. Miró a Rose, y por primera vez no vio a una subordinada, sino a un ser humano cuya capacidad de amar superaba con creces la frialdad aristocrática de Suseth o la crueldad calculadora del Duque.
En un estado de vulnerabilidad absoluta, una sola lágrima se deslizó por el pelaje negro de su mejilla. Fue una lágrima humana, cargada de la comprensión dolorosa de su propia soledad. Comprendió que mientras él perseguía sombras de poder y trataba de impresionar a una viuda de hielo, había ignorado los corazones que latían por él sin condiciones.
“Ella es la única que me ve”, pensó Devil, cerrando los ojos contra el hombro de Rose. “Incluso como este monstruo peludo, ella me ama”.
El Torbellino Calicó
Pero la paz de ese momento fue interrumpida por un estallido de energía tricolor. Mimi, que había estado esperando tras la puerta de la despensa, salió disparada como un resorte al escuchar los maullidos de su "marido".
—¡DEVIL! ¡MI REY! ¡HAS VUELTO! —chilló Mimi, saltando sobre la mesa y luego directamente sobre el lomo de Devil, haciendo que Rose soltara una carcajada—. ¡Pensé que las gatas de Ashford te habían secuestrado! ¡Estás más delgado! ¡Estás triste! ¡Déjame curarte!
Mimi comenzó a lamerle las orejas, la frente y la nariz con una intensidad frenética. En un arrebato de pasión gatuna, se lanzó sobre él y le plantó un "beso" —un lengüetazo húmedo y sonoro— justo en el hocico, rodeando su cuello con sus patitas blancas y naranjas.
—¡Miren eso! —rio Rose, secándose una lágrima de alegría—. Mimi te ha extrañado más que nadie. ¡Qué románticos son!
Devil, aplastado por el peso de la gatita calicó, no intentó huir. Por primera vez, no sintió náuseas ante el afecto de Mimi. Miró esos ojos verdes llenos de una adoración ciega y entendió que la pequeña gata, al igual que Rose, era un espejo de una verdad que él se negaba a aceptar: el amor verdadero no estaba en los palacios, ni en los bailes, ni en los besos robados entre nobles de ojos rojos. Estaba allí, en el suelo de una cocina, entre una criada que lo cuidaba y una gata que lo creía un dios.
La Sombra en la Ventana
Mientras Rose preparaba un plato especial de salmón para celebrar el regreso, y Mimi se acurrucaba contra el costado de Devil ronroneando como un motor fuera de borda, Devil miró hacia la ventana. La lluvia seguía cayendo, pero a través del cristal, juró ver una silueta conocida.
La hechicera estaba allí, apenas un rastro de vapor contra el vidrio. Su voz volvió a resonar en la mente de Devil, pero esta vez no era una burla, sino una advertencia.
—Estás empezando a entender, chico pelinegro... —susurró la voz—. El orgullo se rompe con el acero, pero la maldición solo se agrieta con la humildad. Sin embargo, el tiempo vuela. El Duque de Ashford no viene a buscar el amor de Suseth, viene a reclamar lo que cree que le pertenece. Y cuando él llegue, tu corazón deberá decidir: ¿serás el hombre que Rose merece, o el animal que el Duque quiere que seas?
Devil se tensó, pero Mimi le dio un pequeño mordisco juguetón en la oreja, devolviéndolo al presente.
—No te preocupes, guapo —maulló Mimi, acomodándose bajo su barbilla—. Si ese humano de pelo blanco viene aquí a molestarte, yo le morderé los tobillos hasta que pida clemencia. Eres mi rey, y nadie toca a mi rey.
Devil dejó escapar un ronroneo profundo, el primero que nacía desde lo más hondo de su ser. No era un ronroneo de satisfacción animal, sino una aceptación. Miró a Rose, que tarareaba una canción mientras servía el plato, y luego a Mimi.
El baile del Duque había sido una derrota para su ego, pero este regreso a casa era una victoria para su alma. Sabía que la visita del Duque sería el enfrentamiento final, una batalla entre la luz de Rose y la oscuridad de Ashford. Pero ahora, con el calor de Mimi a su lado y el cariño de Rose protegiéndolo, Devil ya no se sentía como un prisionero en una jaula de plata. Se sentía como un hombre que, por fin, estaba aprendiendo a ser digno del amor que tanto había despreciado.
Esa noche, Devil no durmió en el cobertizo, ni en el ático. Durmió a los pies de la cama de Rose, con Mimi hecha una bola de colores sobre sus patas, comprendiendo que el camino de regreso a su cuerpo humano pasaba inevitablemente por los corazones que nunca lo habían abandonado.
La forma en que transmites las emociones del personaje son tan reales y el crecimiento emocional que vemos en ellos WOW ¡¡Es fascinante!! La estructura de los acontecimiento, el orden con el que se desarrollan
...espero, deseo y agradezco que sigas compartiendo con nosotras historias tan magnificas como estas....🥰🤩😍