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HERIDAS DEL CORAZÓN

HERIDAS DEL CORAZÓN

Status: En proceso
Genre:Amor eterno
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Milagros Ulloa

Narra la historia de una hermosa chica llamada Gabriela que sufre mucho tras el abandono de su novio.

NovelToon tiene autorización de Milagros Ulloa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EXIJO UNA EXPLICACIÓN Y AHORA

El nombre de Adrián aún resonaba en la mente de Gabriela mientras observaba cómo el hombre desaparecía entre los invitados de la gala. Todo había ocurrido demasiado rápido: la tensión en el rostro de León, su cambio repentino de actitud, la forma en que aquel desconocido la había mirado como si ya supiera quién era.

Un escalofrío recorrió su espalda.

León tomó suavemente su brazo.

—Tenemos que irnos ahora.

Su voz no sonaba como una sugerencia. Era una orden cargada de urgencia.

Gabriela retiró el brazo inmediatamente.

—No.

Él parpadeó, sorprendido.

—Gabriela, no es seguro quedarnos aquí.

—Lo que no es seguro es seguir viviendo sin respuestas —replicó ella, firme—. Dos años, León. Dos años sin saber por qué desapareciste. Esta vez no voy a obedecer sin entender.

El murmullo elegante del salón contrastaba con la tormenta silenciosa entre ellos. Personas reían, brindaban y celebraban acuerdos empresariales mientras el pasado regresaba con fuerza devastadora.

León miró alrededor con inquietud evidente.

—No puedo explicarlo aquí.

—Entonces llévame a un lugar donde sí puedas.

Sus palabras no dejaban espacio para evasivas.

Durante unos segundos él permaneció inmóvil, luchando contra algo interno. Finalmente asintió, resignado.

—Está bien. Vamos.

Caminaron hacia la salida sin despedirse de nadie. Gabriela sintió varias miradas curiosas sobre ellos, incluyendo la de Matías, quien observaba desde lejos con evidente confusión. Sus ojos se cruzaron apenas un instante antes de que las puertas del hotel se cerraran detrás de ella.

El aire nocturno golpeó su rostro, ayudándola a respirar mejor.

León abrió la puerta del auto.

—Sube.

Esta vez Gabriela no dudó.

El sonido del motor encendiéndose marcó el inicio de algo inevitable.

El silencio del camino

Durante los primeros minutos ninguno habló. Las luces de la ciudad desfilaban por las ventanas como recuerdos fugaces. Gabriela mantenía las manos entrelazadas sobre su regazo, intentando controlar el temblor que sentía.

Finalmente rompió el silencio.

—Empieza desde el principio.

León apretó ligeramente el volante.

—Ese hombre… Adrián… fue mi socio hace años.

—Nunca lo mencionaste.

—Porque cuando descubrí quién era realmente, ya estaba atrapado.

Gabriela frunció el ceño.

—¿Atrapado en qué exactamente?

El auto se detuvo en un semáforo rojo. León respiró hondo antes de responder.

—Negocios ilegales. Lavado de dinero, extorsiones… gente peligrosa. Yo creía que solo era una inversión empresarial agresiva. Cuando entendí la verdad intenté salir.

La luz cambió a verde.

—Y no te dejaron —susurró Gabriela.

—No.

El tono seco de su respuesta confirmó todo.

—Comenzaron las amenazas. Primero contra mí… después contra las personas que me importaban.

Gabriela sintió que el corazón se aceleraba.

—¿Yo?

León asintió sin mirarla.

—Recibí fotos tuyas saliendo de la universidad, entrando a tu casa, caminando sola. Sabían todo.

El aire dentro del auto se volvió pesado.

—¿Me estaban vigilando?

—Sí.

Las manos de Gabriela temblaron.

—¿Y decidiste desaparecer?

—Era la única forma de que dejaran de verte como una debilidad.

Ella soltó una risa amarga.

—Me rompiste para salvarme.

—Preferí que me odiaras a que te pasara algo.

Sus palabras no sonaban heroicas. Sonaban llenas de culpa.

Gabriela giró hacia él, con los ojos brillantes.

—Debiste confiar en mí.

—No quería arrastrarte a ese mundo.

—Pero me arrastraste igual —respondió con voz quebrada—. Me dejaste sin explicación, pensando que no fui suficiente.

León cerró los ojos un segundo.

—Nunca fue eso.

El silencio volvió, pero ahora estaba lleno de verdades dolorosas.

Una decisión inesperada

León estacionó frente al edificio de Gabriela.

Apagó el motor.

Ninguno se movió.

—Aquí estás segura —dijo él finalmente.

Gabriela lo miró fijamente.

—No pienso bajar todavía.

León giró hacia ella.

—Gabriela…

—No he terminado de escuchar. Y tú tampoco has terminado de decir la verdad.

Su determinación lo desarmó.

—Sube conmigo —añadió ella suavemente—. Terminemos esto sin más secretos.

León dudó. Su instinto le decía que debía alejarse, pero algo más fuerte lo obligaba a quedarse.

Asintió.

Ambos bajaron del auto y entraron al edificio en silencio.

La verdad entre sombras

El departamento estaba cálido y tranquilo. Gabriela dejó su bolso sobre la mesa mientras intentaba ordenar sus emociones.

León observó discretamente el lugar, como evaluando cada detalle.

—Ahora sí —dijo ella—. Toda la verdad.

Él apoyó las manos sobre la mesa.

—Cuando intenté romper el acuerdo con Adrián, exigió dinero imposible de pagar. Cuando me negué… comenzaron las amenazas directas.

—¿Qué tipo de amenazas?

León tragó saliva.

—Dijeron que harían sufrir a alguien que amara.

Gabriela sintió un nudo en la garganta.

—Por eso fingiste dejarme.

—Sí. Necesitaba que pensaras que ya no significabas nada para mí.

Las lágrimas aparecieron sin permiso.

—Lo lograste demasiado bien.

León bajó la mirada, incapaz de sostener su dolor.

—Cada día lejos de ti fue un castigo.

Un golpe seco interrumpió el momento.

Ambos se quedaron inmóviles.

Otro ruido en el pasillo.

León apagó las luces de inmediato.

Se acercó lentamente a la puerta y la abrió con cautela.

No había nadie.

Solo un pequeño paquete en el suelo.

Lo recogió y cerró rápidamente.

Dentro había un teléfono encendido.

La pantalla mostró un mensaje:

“No importa dónde se escondan.”

El celular comenzó a sonar.

León respondió.

—¿Qué quieres?

La voz al otro lado era calmada y aterradora.

—Solo recordarte que las deudas no desaparecen.

Gabriela sintió el miedo recorrerle el cuerpo.

—Déjala fuera —dijo León con dureza.

Una risa baja respondió.

—Ahora ella también forma parte del juego.

La llamada terminó.

El silencio fue absoluto.

El miedo compartido

Gabriela respiraba con dificultad.

—Esto… esto es real.

—Sí —respondió León—. Y significa que saben que estamos juntos otra vez.

El miedo era evidente, pero algo dentro de ella cambió.

En lugar de alejarse, dio un paso hacia él.

Luego otro.

Y lo abrazó.

El gesto tomó a León por sorpresa.

—No quiero volver a perderte sin entender nada —susurró ella.

León la rodeó con fuerza, como si temiera que desapareciera.

—Nunca dejé de cuidarte… incluso cuando no podía estar cerca.

Cuando se separaron, sus rostros quedaron a centímetros.

El silencio se volvió distinto.

Más íntimo.

Más vulnerable.

El beso llegó lentamente, como una pregunta que ambos habían evitado durante años.

Después se volvió urgente.

Dolor, amor y ausencia mezclados en un solo instante.

Cuando se separaron, ambos respiraban agitadamente.

Sabían que todo había cambiado.

Una nueva amenaza

El teléfono personal de León vibró.

Un mensaje apareció en pantalla:

“Mañana. 8:00 a.m. Ven solo… o ella paga.”

Su expresión se endureció.

Gabriela lo notó inmediatamente.

—¿Qué dice?

Esta vez no mintió.

—Quieren verme mañana.

Ella sostuvo su mirada con determinación.

—Entonces iremos juntos.

—Es peligroso.

—También lo es vivir con miedo.

León comprendió algo en ese momento.

Gabriela ya no era alguien a quien proteger alejándola.

Era alguien que había decidido quedarse… incluso sabiendo el riesgo.

Y eso lo aterraba tanto como lo llenaba de esperanza.

Afuera, el viento comenzó a levantarse contra las ventanas del edificio.

Como si la ciudad entera presintiera lo inevitable.

Porque el pasado ya no estaba regresando lentamente.

Ahora venía por ellos.

Y esta vez no habría escapatoria.

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