Lolo siempre ha creído que los mitos pertenecen a los libros… hasta que regresa al valle de su infancia y descubre que el bosque esconde secretos que nadie quiere nombrar.
Entre leyendas de kitsune, advertencias silenciosas y una familia que parece saber más de lo que dice, Lolo se adentra en un mundo donde lo sobrenatural no solo existe, sino que observa, espera… y recuerda.
Cuando conoce a un ser tan hermoso como peligroso, Lolo deberá decidir si está dispuesta a confiar en alguien que no pertenece al mundo humano. Porque amar a un zorro no es solo un riesgo para el corazón, sino una amenaza para todo lo que cree conocer.
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Capitulo 10: Oni
—Soy su novio.
El silencio que siguió fue absoluto. Sentí que la cara me ardía como si me hubiera acercado demasiado al sol, mientras Evan sostenía la mirada del abuelo con una calma desafiante. El protector acababa de elegir su coartada, y ahora me tocaba a mí lidiar con las consecuencias.
¿Alguna vez han visto esos animes donde la protagonista golpea a su compañero y a este le duele como si mil demonios lo estuvieran pinchando? Bueno, ese es exactamente el tipo de dolor que debería estar sintiendo en estos momentos el idiota de Evan.
¡Venga ya! Se supone que tenía que hacerme las cosas más fáciles, no lanzarme una granada de mano a la cara. ¿Su novia? De repente, me entraron unas ganas irreprimibles de castrar a alguien.
—¿Novio? —El abuelo soltó una carcajada que retumbó en las paredes del templo, rompiendo la tensión—. Lolo, llevas apenas unos días en Japón y ya conseguiste novio. Diablos, señorita, tú sí que eres rápida.
Me puse roja como un tomate, pero no de vergüenza, sino de pura rabia. Kim Evan estaba disfrutando esto, lo veía en la comisura de sus labios.
—Por cierto —continuó el abuelo, recuperando un poco la compostura— ¿todavía llevas el anillo que te di de pequeña?
"Maldito seas, Kim Evan. Te voy a arrancar las nueve colas una por una", pensé con toda la furia de mi alma.
—¡Maldecirme no ayudará en nada, Loraine! —soltó él de repente, con un tono de voz que mezclaba la diversión con el fastidio.
Me quedé de piedra. Abrí los ojos de par en par, sintiendo un escalofrío que no tenía nada que ver con el clima.
—¿Qué verga...? ¿Cómo supiste lo que estaba pensando? —solté, retrocediendo un paso.
—Estamos conectados, primor —respondió él, girando la cabeza para mirarme con una expresión maliciosa que me hizo querer desaparecer—. Gracias al contrato, ahora puedo leer tu mente. Así que procura que tus planes de castración se queden en eso, solo planes.
"Ya valí", fue lo único que pude procesar. Mi mente, mi último refugio de privacidad, acababa de ser invadida por un zorro milenario con complejo de modelo.
—¿Entonces no son pareja? —intervino el abuelo, pasando la mirada de uno a otro con una cara de confusión absoluta.
—¿Yo, novia de este idiota? ¡Jamás! —exclamé con tanta fuerza que Yune se despertó de su siesta—. Preferiría que Jandikal hubiera terminado el trabajo antes que ser algo de él. Y sí, abuelo, todavía llevo el anillo. Siempre lo llevo.
Me toqué el pequeño aro de plata que colgaba de una cadena oculta bajo mi ropa. Era lo único que conservaba de mi infancia más remota.
Evan suspiró profundamente y se frotó la sien, como si yo fuera la que estaba siendo difícil.
—Venga ya, mujer. No quieres que tu abuelo se entere de mi verdadera naturaleza, ¿verdad? ¿Qué te costaba seguirme la corriente y decir que somos novios? —masculló, enviándome un pensamiento directo que resonó en mi cráneo, "Si no quieres que le explique que soy un espíritu zorro que te besó por un contrato de sangre, cierra la boca y sonríe".
¿Me esta hablando? ¡¿En mi cabeza?!
—Que.? —Miro desconcertada a Evan y este solo me mira serio.
Si no me mató el demonio de ojos rojos, me van a matar las idioteces de este zorro tonto. Definitivamente, mi vida en el templo acababa de pasar de "complicada" a "infierno personal".
—¿Naturaleza? ¿De qué habla? Lolo, ¿qué está pasando? —La voz del abuelo subió una octava, cargada de una sospecha que ya no podía ignorar.
—Abuelo... —suspiré, dándome por vencida—. Evan es mi Dios protector.
El abuelo Juanjo se quedó mudo por un segundo, procesando la información mientras sus ojos saltaban de los míos a la figura relajada de Evan.
—¡¿Tú eres un Kitsune?! —exclamó, señalándolo con un dedo tembloroso.
—Así es, viejo —respondió Evan con una desfachatez absoluta, tirándose en el sofá de la esquina como si fuera el dueño de la casa.
—Pero los Kitsune solo pueden convertirse en mujeres y ancianos... —El abuelo se acercó a él, inspeccionándolo como si fuera una pieza de museo defectuosa.
—Se supone —replicó Evan, cruzando los brazos tras su nuca— pero yo puedo convertirme en un hombre joven.
"Uno muy guapo", añadí en mi mente sin querer. Maldita sea. Evan me lanzó una mirada pícara de inmediato, arqueando una ceja. "Gracias por el cumplido, primor", resonó su voz en mi cabeza.
Miré hacia otro lado, sintiendo cómo me ardían las orejas. Maldita conexión mental, no me dejaba ni un segundo de dignidad.
El abuelo iba a decir algo más, pero sus palabras fueron sepultadas por un rugido sordo que subió desde las profundidades de la tierra. El piso empezó a temblar con una violencia que hizo que las tazas de té salieran volando de la mesa. Sin pensarlo, todos salimos corriendo fuera del templo.
Al cruzar el umbral, el mundo parecía haber cambiado. El cielo, que antes mostraba los colores del amanecer, ahora estaba cubierto por una negrura antinatural. Cientos de espectros, sombras etéreas y sibilantes, revoloteaban entre las nubes como una plaga de langostas. Pero lo peor estaba en el centro de aquel torbellino.
Era un demonio gigante, de una estatura que desafiaba los árboles. Su cuerpo estaba cubierto de un pelo grueso y oscuro, vestía una armadura de espadachín antiguo con katanas descomunales a su costado y dos cuernos masivos brotaban de su frente como lanzas de hueso.
Joder, ¿por qué siempre a mí?
—Eres tú... —La voz de la criatura era como un terremoto articulado. Aspiró aire con fuerza, olfateando el ambiente con una avidez asquerosa.
El miedo me invadió por completo, retrocedí tambaleante hasta chocar contra el pecho de Evan. Él no me apartó, puso una mano firme en mi hombro, un contacto cálido que fue lo único que evitó que mis piernas colapsaran—. Sangre de Diosa...
El gigante nos repasó con una mirada de puro odio, deteniéndose en mí con una fijeza letal.
—¡A por ella! —rugió, señalándome con una garra.
Los espectros se lanzaron en picado hacia nosotros a una velocidad aterradora. Cerré los ojos esperando el impacto, pero un estallido de luz blanca nos cegó a todos. Una barrera de luz pura, grabada con runas antiguas, cubrió el templo como una campana de cristal, desintegrando a los primeros espectros que intentaron tocarla.
—¿Viejo, qué es eso? —preguntó Evan, por primera vez visiblemente preocupado y confundido.
—Esta, amigo mío, es la barrera que protege al templo de entidades malignas desde hace generaciones —respondió el abuelo con un orgullo que le devolvió la fuerza a su voz.
—¿Y quién es ese tipo? —pregunté, señalando al gigante que ahora golpeaba la barrera con frustración. Su mirada hacia mí era de puro asco.
—Es un Oni
Me encanta la referencia ... o asi lo entendí 🤣🤣🤣
pero está muy interesante, es la primera vez que leo un libro de romance que tenga tanto folklore japonés 🤭