La trama gira entorno a dos hermanas, y como a causa del daño que Kattya la hermana menor causa en su novio , desata una venganza donde la que paga un alto precio es su hermana mayor Cassandra.
¿Podrá la venganza vencer? o ¿el amor encontrará su camino?
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El matrimonio es complicado
La llamada del hospital llegó esa misma mañana, rompiendo el silencio sepulcral de la mansión. Los médicos en el extranjero, especialistas en traumas neurológicos de una clínica de élite en Suiza, habían aceptado revisar el caso de Charly. Era la oportunidad que Alexander esperaba, pero también la excusa perfecta para huir del aire denso y asfixiante que compartía con Cassandra tras la noche de su cumpleaños.
Alexander no buscó a su esposa para darle la noticia con calma. La citó en el gran despacho en el que generalmente se escondía, mientras el servicio terminaba de cargar sus maletas en el auto. Él estaba impecable, como siempre, pero las ojeras y la rigidez de su mandíbula delataban que no había estado descansado bien en los ultimos días.
Cassandra entró en la habitación envuelta en un cárdigan grueso, cruzando los brazos sobre su pecho en un gesto defensivo que ya se había vuelto habitual. Su mirada evitaba los ojos de Alexander; para ella, él ya no era el hombre de sus sueños, sino el carcelero de sus pesadillas.
—Me voy al extranjero —dijo él, sin preámbulos, mientras cerraba un maletín de piel—. Han surgido novedades con mis empresas. Estaré fuera por tiempo indefinido.
Cassandra asintió levemente, sintiendo un alivio amargo. La ausencia de Alexander era el único regalo que realmente deseaba.
—Entiendo —respondió ella con voz átona—. Espero que todo vaya bien.
Alexander se detuvo y caminó hacia ella. Su sola presencia parecía reducir el oxígeno en la habitación. Se detuvo a escasos centímetros, obligándola a levantar la vista.
—Escúchame bien, Cassandra —dijo, y su voz bajó a un tono peligrosamente bajo—. Que yo no esté físicamente en esta casa no significa que no esté presente. He dejado instrucciones claras a Marcus y al personal de seguridad. Sabré a qué hora sales, a qué hora entras y con quién hablas en esa facultad.
Marcus irá y vendrá más seguido esto me llevará un tiempo.
Cassandra sintió una chispa de indignación bajo su capa de apatía.
—No soy una criminal, Alexander. Solo voy a mis clases.
—Eres mi esposa —la cortó él, tomándola del mentón con una firmeza que rozaba el dolor—. Soy un hombre importante. Mi apellido representa décadas de honor y poder en este país. No voy a permitir que una niña con impulsos de libertad manche el nombre de los Thompson. Si me entero de que estas cerca de cualquier amiguito tuyo, o si escucho que te has comportado de una manera impropia para una mujer de tu posición, desearás no haberme conocido nunca.
Él la soltó con un gesto de desprecio.
—No hagas de las tuyas, Cassandra. No pongas a prueba mi paciencia desde el otro lado del océano.
Alexander salió del despacho sin decir adiós. Cassandra escuchó el rugido del motor alejándose por el camino de grava y, por primera vez en meses, soltó el aire que parecía haber estado conteniendo en sus pulmones. Se dejó caer en la silla de cuero de su esposo y lloró, no por tristeza, sino por la humillación de saber que incluso en la distancia, las cadenas de Alexander seguían apretando.
Sin embargo, los meses siguientes trajeron una transformación silenciosa. Sin la sombra de Alexander oscureciendo los pasillos, Cassandra empezó a recuperar pedazos de sí misma. Se sumergió en sus estudios de medicina con una voracidad casi desesperada; los libros eran su única vía de escape.
En la universidad, su distancia con Mateo se mantuvo por miedo a las represalias de Alexander, pero el joven no se rindió.
—Te ves diferente, Cass —le dijo Mateo un día en la biblioteca—. Como si estuvieras esperando que alguien te fuera a sorprender en cualquier momento y no hablo de algo. Si necesitas ayuda, si estás en problemas en casa...
—Estoy bien, Mateo —mintió ella, aunque sus manos temblaban sobre sus apuntes—. Solo estoy cansada. El matrimonio a veces suele ser ... complicado.
Mientras tanto, en Suiza, Alexander vivía su propio infierno. Charly seguía sin despertar, aunque sus signos vitales eran más estables. Alexander pasaba horas junto a la cama de su hermano, pero su mente volvía una y otra vez a la mansión en la que había dejado a Cassandra.
Revisaba los informes de Marcus todas las noches. “La señora Thompson fue a la universidad. Regresó a las 5:00 PM. No hubo visitas. Estudió hasta tarde”.
En lugar de tranquilizarlo, los informes lo irritaban. Se sentía estúpido por extrañar la fragilidad de Cassandra, por recordar el aroma de su cabello incluso en medio de la nieve suiza. Se sentía débil por haberla tocado aquella noche de sus dieciocho años y haber sentido, por un segundo, que no quería soltarla nunca.
—¿Por qué me importa tanto? —se preguntaba a sí mismo, bebiendo frente a la chimenea del hotel—. Ella es la razón por la que Charly está aquí.Ella lastimó a mi hermano.
La culpa por sentir algo que se parecía al amor por su "enemiga" lo volvía más errático. Decidió que, al regresar, terminaría con la farsa. Pero el destino tenía otros planes.
Una mañana, mientras Alexander tomaba café en la cafetería de la clínica, su teléfono sonó. Era un número privado de su país.
—¿Alexander Thompson? —dijo una voz femenina que él reconoció al instante. Era Kattya—. He oído que estás solo y aburrido en Europa. Pensé que te gustaría saber que tu "santita" esposa ha estado pasando mucho tiempo extra en el laboratorio con cierto compañero de clase. Papá está furioso por los rumores, pero yo pensé que preferirías escucharlo de una amiga.
Kattya sonrió al otro lado de la línea, sabiendo que acababa de lanzar una granada en el ya inestable matrimonio de su hermana. Alexander colgó el teléfono, su rostro transformado en una máscara de furia asesina. No esperaría a los médicos. Esa misma tarde, ordenó preparar su avión privado.
Regresaría para reclamar lo que era suyo, y esta vez, no habría piedad. Lo que él no sabía era que la "información" de Kattya era una mentira absoluta, diseñada para destruir a Cassandra de una vez por todas.