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Amor Hasta El Último Aliento

Amor Hasta El Último Aliento

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Amor eterno / Completas
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Si me hubieran dicho que conocer y amar a ese hombre me llevaría hasta la muerte… aun así lo elegiría, una y mil veces, hasta mi último aliento.

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

Los días siguientes a su entrada a la empresa fueron una verdadera torbellino de emociones para Alejandra. Todo era nuevo, todo era emocionante y, sobre todo, todo tenía el sabor dulce de la conquista. Había logrado lo que se había propuesto: tenía un trabajo formal, un sueldo que empezaba a llegar a sus manos y la oportunidad de demostrar que una chica del campo, de ese pueblo llamado Resfriado, podía llegar tan lejos como se lo propusiera.

Pero lo que realmente hacía que cada mañana al despertar sintiera esa energía especial en el cuerpo no era solo el trabajo en sí, sino la posibilidad de verlo. De ver a Francis.

Desde el primer día, él se aseguró de que su integración fuera perfecta. No la trataba como una favorita ni le daba tratos especiales que pudieran generar envidia, pero sí estaba siempre presente con su mirada, con una sonrisa discreta o un gesto de aprobación cuando hacía algo bien. Esa atención sutil era suficiente para que Alejandra sintiera que flotaba.

—Buenos días, Alejandra —la saludaba él al pasar por su escritorio, con esa voz grave y varonil que le hacía vibrar el pecho—. ¿Todo en orden?

—Todo perfecto, Francis. Muchas gracias por preguntar —respondía ella, tratando de mantener la compostura profesional, aunque por dentro estuviera celebrando como una niña pequeña.

Pero no todo fue color de rosa en el inicio. En cualquier lugar de trabajo, existen las miradas curiosas, los comentarios bajos y las envidias disimuladas. Alejandra, siendo una mujer joven, hermosa y, además, habiendo sido recomendada por alguien tan importante como Francis, se convirtió rápidamente en el centro de atención. Sin embargo, su carácter fuerte y humilde a la vez supo ganarse poco a poco el respeto de la mayoría.

Y fue precisamente en medio de ese ambiente donde nació una amistad que sería fundamental en su vida: Lucía.

Lucía era una chica de su edad, tal vez un año mayor, con una risa estridente y contagiosa, cabello rizado y una energía que parecía no acabarse nunca. Trabajaba en el departamento de ventas y fue la primera en acercarse a Alejandra sin segundas intenciones, sin maldad, simplemente con ganas de ayudar y hacer amistad.

—Oye, tú debes ser Alejandra, ¿verdad? —le dijo una tarde mientras ambas salían a tomar un café en la pequeña área de descanso—. Yo soy Lucía. Bienvenida al nido de águilas, aunque aquí también hay muchos oportunistas sueltos —dijo esto último en un susurro cómplice, haciéndola reír.

—Mucho gusto, Lucía. La verdad es que me siento un poco abrumada, todo es tan grande y tan formal... —confesó Alejandra.

—Ay, mija, no te apenes —Lucía le dio una palmadita en el hombro—. Aquí la cosa es fácil: tú trabaja bien, no te metas en líos de cama con los jefes... —se detuvo de repente, mirándola con ojos entrecerrados—, aunque bueno, vi cómo te mira el señor Méndez. Ese hombre no te quita la vista de encima, ¿eh?

Alejandra sintió que se sonrojaba hasta las orejas.

—No digas eso, Lucía. Él solo me ayudó a entrar porque es una buena persona. Nada más.

—¡Ajá! ¡Claro que sí! —se burló Lucía, pero con cariño—. Yo llevo aquí dos años y nunca he visto a Francis Méndez detenerse a preguntarle a nadie si "todo está bien" con esa cara de bobo enamorado. Tú te tienes que cuidar, amiga, porque ese hombre es un premio gordo, pero también tiene fama de ser muy reservado.

Esa charla fue el inicio de una hermandad inquebrantable. Lucía se convirtió en su sombra, en su confidente, en la hermana que nunca tuvo. Juntos compartieron almuerzos, risas y secretos. Lucía le contó sobre su vida, sus sueños de encontrar un hombre bueno que la quisiera de verdad, y Alejandra le habló de Resfriados, de su familia, de sus miedos a que los hombres fueran infieles y de su determinación de ser independiente.

—Tú y yo pensamos igual, Ale —decía Lucía—. El amor es bonito, pero hay que tener los pies en la tierra. Porque un hombre te puede amar hoy y dejarte mañana, pero lo que tú estudies y ganes, eso nadie te lo quita.

Pero no solo de amigas vivía Alejandra. También apareció en su vida Marcos.

Marcos era un compañero de trabajo, encargado del área de logística. Era un hombre alto, de contextura fuerte, manos callosas por el trabajo, pero con una mirada dulce y unos modales extremadamente caballerosos. Desde el primer momento que vio a Alejandra entrar por la puerta, sintió que algo le golpeaba el pecho. A diferencia de Francis, que tenía ese aire de misterio y poder, Marcos era la sencillez personificada. Era el tipo de hombre que abre la puerta, que cede el paso, que recuerda tu cumpleaños y que te escucha sin interrumpir.

Marcos comenzó a buscarla, primero con excusas de trabajo, luego invitándola a café, y siempre estaba ahí cuando ella lo necesitaba. Para Marcos, Alejandra era como una flor delicada pero resistente, y él soñaba con poder cuidarla, con poder darle una vida tranquila y llena de amor, lejos de complicaciones.

—Oye, Alejandra —le dijo una tarde mientras la acompañaba hasta la parada del autobús—, sé que eres una mujer con los pies bien puestos en la tierra. Y yo admiro mucho eso. Solo quiero que sepas que aquí estoy, para lo que sea. Una amiga, o... lo que tú permitas.

Alejandra lo miró con aprecio. Era un buen hombre, de esos que cualquier mujer desearía. Honesto, trabajador, libre de compromisos y con intenciones claras.

—Gracias, Marcos. De verdad te lo agradezco mucho —le dijo ella con sinceridad—. Eres un gran amigo y vales muchísimo. Pero... ahora mismo mi cabeza está solo en el trabajo, en salir adelante. No quiero distraerme con nada más.

Era una mentira piadosa. Porque su cabeza y su corazón ya estaban ocupados, y ocupados por quien no debía, o al menos, por quien parecía inalcanzable.

Mientras tanto, su vida familiar también se fue adaptando a la nueva realidad. Su hermano mayor, Javier, quien vivía ya hacía unos años en la capital, se convirtió en su protector inmediato. Javier era un hombre serio, responsable, que había trabajado duro para sacar adelante a su familia. En cuanto supo que Alejandra estaba trabajando y que se relacionaba con gente importante, sintió orgullo, pero también activó su alerta.

—Escúchame bien, Alejandra —le dijo una noche mientras cenaban en un pequeño comedor—. Papá y mamá me encargaron que te cuide. Eres joven y eres bonita, y en esta ciudad hay mucho lobos vestidos de cordero. Ese tal Francis que me cuentas... ¿qué onda con él? ¿Es serio?

—Es un gran hombre, Javier —respondió ella, defendiéndolo instintivamente—. Me ayudó mucho, es muy profesional.

—Bueno, pero ojo —insistió el hermano—. Los hombres ricos y poderosos suelen tener muchas vueltas. No te dejes deslumbrar por trajes caros y palabras bonitas. Tú vales por lo que eres, no por lo que ellos tengan.

También estaba su prima Carolina, una chica alegre y un poco alocada, que siempre la invitaba a fiestas y salidas, tratando de que no se convirtiera en una "rata de oficina". Con Carolina, Alejandra soltaba el pelo, reía hasta dolerle la panza y recordaba que era joven, que la vida era para disfrutarla.

Toda esta gente —Lucía, Marcos, Javier, Carolina— formaban el círculo de seguridad de Alejandra. Eran su ancla en tierra firme mientras ella sentía que empezaba a volar.

Y el culpable de que quisiera volar era, sin duda, Francis.

Con el paso de las semanas, la relación entre ellos fue evolucionando de forma sutil pero constante. Francis comenzó a buscarla no solo por temas laborales. Empezaron a almorzar juntos, a veces en el comedor de la empresa, a veces en lugares más tranquilos. Y en esas conversaciones, Alejandra fue descubriendo al hombre detrás del ejecutivo.

Francis le contaba sobre sus viajes, sobre los libros que le gustaba leer, sobre su visión del mundo. Era inteligente, culto, divertido cuando quería serlo. Pero siempre, siempre había un muro invisible cuando el tema tocaba su vida personal, su casa, su pasado o si tenía pareja.

—Y tú, Francis... ¿nunca te has casado? ¿O tienes a alguien especial esperándote en casa? —se atrevió a preguntarle una tarde, jugando con la cuchara del postre, con el corazón en la mano.

Francis se quedó en silencio un momento, mirando por la ventana. Su expresión se tornó un poco más seria, más distante. Luego, giró su mirada hacia ella y sonrió, pero fue una sonrisa que no llegó del todo a sus ojos.

—La verdad, Alejandra... es que el negocio de mi vida ha sido siempre el trabajo —dijo él, desviando la respuesta cauteloso—. He tenido relaciones, claro, como cualquier hombre. Pero nunca he encontrado a alguien que me haga sentir que vale la pena detenerse, ¿sabes? Hasta ahora...

La última frase lo dijo bajito, mirándola fijamente, y Alejandra sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Él no respondió sí ni no, pero le dio a entender que estaba libre, que su corazón estaba disponible. Y eso fue suficiente para que ella, enamorada ya perdidamente, creyera en lo que quería creer.

—Eres un hombre difícil de entender, Francis —susurró ella.

—Solo soy un hombre que busca algo real, Ale —le tomó la mano sobre la mesa, y el contacto fue muy especial, intenso , maravilloso—. Algo que no sea interés, algo que sea puro. Como tú.

Esas palabras fueron veneno y medicina al mismo tiempo. Alejandra se sentía la mujer más afortunada del mundo. Tenía un trabajo que amaba, amigos que la adoraban, una familia que la apoyaba y un hombre increíble que parecía interesado en ella de verdad.

Lo que ella no sabía, lo que su intuición de mujer a veces le susurraba en las noches de insomnio, era que detrás de esa sonrisa perfecta y ese carácter impecable, se escondían secretos oscuros, viejos compromisos y una red de mentiras que, de descubrirse, destrozaría su corazón en mil pedazos. Pero por ahora, en el capítulo de su vida que estaba escribiendo, todo era esperanza, todo era crecimiento y todo era amor.

Francis se convirtió en su tema favorito de conversación con Lucía.

—Es que no entiendes, Lu —le decía con los ojos brillantes—. Él es diferente. No es como los hombres de los que hablábamos. Él me trata con delicadeza infinita, quiero decirte que él es sumamente atento y cuidadoso conmigo, me valora, me escucha. Siento que con él puedo ser yo misma.

—Ay, amiga, que Dios te oiga —respondía Lucía, aunque una pequeña alerta sonaba en su cabeza—. Pero recuerda lo que hablamos: ojos abiertos y corazón despierto. Porque si ese hombre te hace daño, aquí voy a estar yo para partirme la cara con quien sea.

Y así, entre risas, trabajo, consejos y el amor floreciente, Alejandra construyó su nueva vida en la ciudad, sin imaginar que los capítulos más intensos y dolorosos de su historia estaban apenas por comenzar a escribirse.

Continuará ✨

no no olviden comentar qué les parece la historia y darle me gusta 🥰

1
mere sanchez
buenisima, me tiene atrapada
Michica Omegavers: Gracias por su comentario significa mucho para mí 🥰
total 1 replies
Myriam ValRoc
Después de sufrir, enfadarme pasar por un sube y baja de emociones, quedé conmovida con tu novela.
Felicidades escritora. Una novela con matices que hacen cada capítulo interesante.
Michica Omegavers: Muchas gracias Myriam por tus palabras 💖 Me alegra mucho saber que la historia logró emocionarte 🥰
total 1 replies
Myriam ValRoc
Y con todo lo que puede hacer, cómo no pone detectives que también tengan vigilada a esa mujer o bien contratar un hacker para pincharle el telefóno para saber los movimientos de ella y así atraparla o hacer una conferencia a los medios y así dejarla en evidencia???? Tantas cosas que se pueden hacer...en fin. Es una novela ☺️
Michica Omegavers: Tu idea es muy buena 🤭
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Myriam ValRoc
Qué miserable tipo, le daba aún un voto de confianza en que lucharía por su amor...pero ya eligió. Ni modo se merece lo que le suceda. Lo triste es que arrastrará a la otra pobre.
Myriam ValRoc
El Francis decepciona, sólo es un títere e inútil. No pone a vigilar a la tipa también, si tanto quiere regresar con Alejandra y que lo perdone, primero hay que buscar cualquier prueba que le pueda ayudar a separarse de Isabel.
Michica Omegavers: Claro que si pero más adelante 🥰
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Myriam ValRoc
Así es, afrontar su estupidez, por lo menos para despedirse le hubiera dicho lo que le dijo la esposa sobre la amenaza y decirle que cómo la ama, la dejará para que no le hagan daño o bien buscar alternativas para poder separarse de Isabel. Claro si es que realmente está dispuesto a vivir sin lujos y enfrentar todo lo que se le quitaría si se divorcia. Ahí se comprobará su amor o su ambición.
Myriam ValRoc
Mmm qué fácil se deja manipular.
Debería de ponerse al tú por tú con Isabel y no dejarse amedrentar.
Al final será un cobarde que vivirá con amargura por no saber defender sus ideales y su amor.
Myriam ValRoc
No, fuiste tú con tus mentiras. Hazte responsable del gran daño que causaste.
Myriam ValRoc
Vaya amigo, puedo entender que no quiera involucrarse en ese problema, aunque también debería de ser honesto y contar qué aunque Francis actuó de manera cobarde, realmente ama a Alejandra. Abogar un poco para que hablen.
Myriam ValRoc
El dolor de la traición es muy fuerte.
Debería dejar pasar unos días y reflexionar sobre sus sentimientos. Y si el amor por ella misma le da el valor de escucharlo, que sobre eso decida qué elige.
Michica Omegavers
Gracias me alegra mucho que te haya gustado.Tu comentario significa mucho
Jenny Jimenez
Pobre Alejandra que no valla a perder su bebé que se valla lejos de esa mujer mala
Michica Omegavers: Más adelante vas a saber que pasará 🥰
total 1 replies
María Ramona Escobar
Hermosa novela, 😭
Jenny Jimenez
Que bueno que ella fue firme en su decisión eso me gustó aunque esta sufriendo mucho
Jenny Jimenez
Por favor suba más capitulo esta maravillosa su novela
𝓔𝓻𝓲𝓲𝓲 𝓑𝓸𝓰𝓭𝓪𝓷𝓸𝓿𝓪⚔
😆💕
𝓔𝓻𝓲𝓲𝓲 𝓑𝓸𝓰𝓭𝓪𝓷𝓸𝓿𝓪⚔
quisiera ser tan guapa como tus personajes 😭
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