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La Rosa Y El Dragón Negro

La Rosa Y El Dragón Negro

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Mujer despreciada / Mujer poderosa
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: kingofcurses_rb.

Belleza fría y fuerza divina se entrelazan en una alianza que decidirá el equilibrio entre reinos que nunca dejaron de vigilarse.

NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: Sangre en el Trono

La mañana llegó demasiado silenciosa.

No hubo música en los pasillos.

No hubo saludo ceremonial.

Solo pasos apresurados.

Y un grito.

El cuerpo del rey fue encontrado en su cámara privada.

Sin señales de lucha prolongada.

Sin guardias heridos.

Sin testigos.

Asesinado.

El castillo entero cayó en caos.

Campanas de emergencia resonaron.

Puertas cerradas.

Guardias corriendo por los corredores.

Victoria salió de sus aposentos aún desorientada cuando escuchó la noticia.

—Su Alteza… el rey…

El sirviente no pudo terminar la frase.

Ella no necesitó más.

Corrió.

Rafael apareció a su lado sin que ella lo llamara.

Cuando llegaron a la cámara real, el ambiente era frío.

Demasiado frío.

El cuerpo estaba cubierto.

Ministros murmuraban.

Algunos nobles evitaban mirarla.

Y entonces alguien habló.

—La última persona que discutió con el rey fue la princesa.

Silencio.

Victoria giró lentamente.

—¿Qué?

Otro consejero dio un paso al frente.

—Hubo tensión diplomática. Un duelo ilegal. Escándalo público.

El príncipe de Astria estaba presente.

De pie.

Serio.

Demasiado serio.

—Yo advertí anoche que esto escalaría —dijo con voz grave—. Nunca imaginé que llegaría a esto.

Victoria lo miró fijamente.

—¿Qué estás insinuando?

El ministro principal respiró hondo.

—Princesa Victoria… queda bajo sospecha formal hasta que se esclarezcan los hechos.

Los guardias avanzaron.

Ella no retrocedió.

Pero el aire se volvió pesado.

—Por orden del consejo provisional, debe ser arrestada.

Los pasos de metal resonaron en el suelo de mármol.

Y entonces…

Rafael se movió.

Un solo paso.

Suficiente.

Se colocó frente a Victoria.

Su figura bloqueó completamente el acceso.

Su presencia cambió el ambiente.

Los guardias se detuvieron instintivamente.

—No tienen pruebas —dijo Rafael con voz firme.

No gritó.

No amenazó.

Pero cada palabra pesó.

—Esto es una investigación —respondió uno de los capitanes—. Es protocolo.

Rafael sostuvo su mirada.

—No es protocolo arrestar a la heredera sin evidencia.

Silencio.

Sus ojos recorrieron a los caballeros del reino.

Hombres que alguna vez entrenó.

Hombres que respetaban su nombre.

—Es una decepción —continuó— lo que hacen.

El capitán apretó la mandíbula.

—Santo de la Espada, no interfiera.

Rafael no apartó la vista.

—Siendo mis caballeros… —dijo con voz más grave— y yo siendo su líder en combate… esto es una decepción.

Las palabras cayeron como acero.

No era arrogancia.

Era dolor.

Victoria lo miró desde atrás.

Nunca lo había escuchado así.

No estaba furioso.

Estaba herido.

Uno de los guardias bajó ligeramente la lanza.

—Las órdenes vienen del consejo…

—Entonces el consejo debe presentar pruebas —respondió Rafael.

El príncipe de Astria dio un paso adelante.

—¿Vas a desafiar la autoridad del reino?

Rafael giró la cabeza lentamente hacia él.

—Desafío la injusticia.

Silencio absoluto.

La tensión era tan densa que parecía imposible respirar.

Victoria habló por fin.

—Rafael.

Él no se movió.

—Basta.

Ella dio un paso a su lado.

—Si me resisto, confirmarán sus sospechas.

Rafael la miró.

—No permitiré que la traten como criminal.

—No lo soy —respondió ella con calma—. Y lo demostraré.

Sus ojos se suavizaron apenas.

—Confía en mí.

Esa vez fue él quien dudó.

Solo un segundo.

Luego dio un paso atrás.

Pero no se apartó completamente.

Se mantuvo cerca.

Demasiado cerca.

—La acompañaré —declaró.

—No está autorizado —dijo el ministro.

Rafael lo miró sin emoción.

—Entonces intenten detenerme también.

Nadie se movió.

Nadie quería ser el primero.

El Santo de la Espada no había desenvainado.

Pero su presencia era suficiente.

Finalmente, el capitán habló:

—La princesa será confinada en sus aposentos hasta nuevo aviso.

No cadenas.

No celda.

Pero tampoco libertad.

Victoria asintió.

Antes de caminar, miró una última vez el cuerpo cubierto de su padre.

Su expresión no se quebró.

Pero algo dentro de ella sí.

Rafael caminó a su lado mientras los guardias los escoltaban.

No un paso atrás.

A su lado.

Y esta vez…

No como caballero.

Sino como escudo.

El príncipe observó cómo se alejaban.

Su mirada era fría.

Calculadora.

El juego político había terminado.

Ahora comenzaba algo mucho más peligroso.

Una acusación de traición.

Y si Rafael tenía razón…

Esto no era improvisado.

Era un movimiento preparado.

Capítulo 9 Parte 2 — El Verdadero Traidor

El corredor que conducía a los aposentos de Victoria estaba lleno de tensión.

Guardias a los lados.

Ministros detrás.

El príncipe de Astria caminando unos pasos atrás.

Demasiado cerca.

Demasiado atento.

Victoria avanzaba con la cabeza en alto.

Rafael a su lado.

El silencio era pesado.

Hasta que ocurrió.

Un destello de acero.

El príncipe desenvainó su espada con un movimiento rápido y directo hacia la espalda de Victoria.

No hubo advertencia.

No hubo palabras.

Solo intención de matar.

Pero Rafael ya se había movido.

El sonido del acero chocando resonó en el pasillo.

Por primera vez desde que llegó al reino…

Rafael desenvainó su espada.

El impacto fue limpio.

Preciso.

Desvió el golpe a centímetros del cuello de Victoria.

Los ojos del príncipe se abrieron con furia descontrolada.

—¡Maldita sea!

Rafael lo miró sin emoción.

—Sabía que no era digno.

El príncipe atacó de nuevo.

Más rápido.

Más desesperado.

Rafael bloqueó.

Un giro.

Un paso firme hacia adelante.

Lo obligó a retroceder.

Los guardias quedaron paralizados por un segundo.

Ese segundo fue suficiente para que todo se malinterpretara.

—¡Está atacando al heredero de Astria! —gritó uno de los consejeros.

El príncipe sonrió brevemente.

Había conseguido lo que quería.

El capitán desenvainó su espada.

—¡Arresten a los traidores!

Las lanzas se alzaron.

Rafael giró apenas la cabeza hacia Victoria.

—Corra.

Ella no dudó.

Salió corriendo por el corredor lateral.

El príncipe intentó seguirla.

Pero Rafael se interpuso.

Esta vez no fue delicado.

El choque de espadas fue brutal.

Rafael empujó con fuerza suficiente para lanzar al príncipe contra una columna.

Grietas se formaron en la piedra.

Los guardias avanzaron.

Demasiados.

Rafael respiró hondo.

Y golpeó el suelo con la punta de su espada.

La vibración recorrió el mármol como una onda invisible.

Las losas se fracturaron.

Escombros cayeron del techo.

Las columnas crujieron.

No fue un derrumbe total.

Pero sí suficiente para desestabilizar a todos los que lo rodeaban.

Los guardias cayeron al suelo.

Polvo.

Confusión.

Gritos.

Rafael no atacó a ninguno.

Solo abrió camino.

El capitán intentó levantarse.

—¡Deténganlo!

Demasiado tarde.

Rafael envainó su espada con un movimiento limpio y corrió tras Victoria.

El príncipe, cubierto de polvo, se levantó con rabia.

—¡Cierren las puertas! ¡Que no salgan del castillo!

Pero el caos ya estaba desatado.

En el jardín exterior, Victoria corría descalza entre los senderos de piedra.

Su respiración era irregular.

No por miedo.

Por traición.

Escuchó pasos detrás.

Se giró lista para enfrentarse.

Pero era él.

Rafael se detuvo frente a ella.

—Tenemos que salir del palacio.

—Van a decir que intentaste asesinarlo.

—Ya lo están diciendo.

Silencio.

El sonido de campanas de alarma comenzó a resonar por todo el castillo.

Victoria apretó los puños.

—Mató a mi padre… y ahora intenta matarme.

Rafael la miró con intensidad.

—Lo sé.

Ella sostuvo su mirada.

—¿Estás conmigo?

No era una orden.

Era una elección.

Rafael dio un paso más cerca.

—Hasta el final.

Las puertas principales comenzaron a cerrarse.

El sonido de metal contra metal retumbó en el aire.

Rafael evaluó rápidamente el terreno.

—No podemos usar la salida principal.

—Entonces ¿qué hacemos?

Sus ojos recorrieron los muros.

Las torres.

La muralla exterior.

—Confíe en mí.

Sin esperar respuesta, tomó su mano.

No como escolta.

No como protocolo.

Como decisión.

Y la guió hacia el ala oeste del jardín, donde los muros eran más antiguos.

Detrás de ellos, el castillo entero comenzaba a moverse contra ellos.

La princesa heredera.

Y el Santo de la Espada.

Declarados traidores.

La cacería había comenzado.

1
btcclic cuenta3
Escritor... Historian, decisión, es que todos toman por su propio bienestar, mental izándose pensando en si mismo... /Scare/
Alberto Perez
Excelente, Pero Falto El Descenlace, Q Paso Con Rafael,Quedo Con La Princesa Y El Homicida,Recibio Su Castigo??
Alberto Perez
Excelente Relato, Pero Falto El Descenlace Final,Q Paso Con Rafael?
Juan Colmenares
está novela esta muy bonita y se puso muy interesante espero que no se termine aquí 😃😃😃😃
Nikol Espinosa
me encanta 🤗
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