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Bajo El Hechizo De La Sirena Bipolar

Bajo El Hechizo De La Sirena Bipolar

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Amor-odio / Romance
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Ariane Salvatore Falcó

Sebastián lo tenía todo: un reino próspero, un cabello pelirrojo que era la envidia de la nobleza y una lengua tan afilada que podía humillar a un mago en tres segundos. Pero el exceso de sarcasmo tiene un precio. Tras insultar al hechicero equivocado, Sebastián despierta convertido en un cangrejo y es arrojado a las profundidades del océano.
Su suerte no mejora cuando es capturado por Rubí, la princesa del Reino Marino. Llamada así por sus hipnotizantes ojos rojos, Rubí es una sirena de una belleza letal y una personalidad... impredecible. Un momento es un ángel dulce que acaricia tus pinzas, y al siguiente está picando perejil mientras decide si te prefiere hervido o a la plancha.
Atrapado en una jaula de cristal y bajo la vigilancia de una "loca" con cambios de humor extremos, Sebastián deberá encontrar la forma de romper su hechizo antes de convertirse en el almuerzo real.

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Capítulo 5

El carruaje real de Helios, enviado a la costa para recoger a la "delegación diplomática" submarina, avanzaba por el camino de piedra con una lentitud que a Sebastián le resultaba exasperante. El príncipe-cangrejo viajaba dentro de una pecera de cristal de bohemia, llena de agua salada purificada y decorada con un ridículo castillo de cerámica que Rubí había insistido en comprarle a un mercader ambulante en el puerto.

—¡Mira, Sebastián! ¡Árboles! —exclamó Rubí, pegando su rostro al vidrio de la ventana del carruaje—. ¡Son como corales gigantes, pero secos y con pelos verdes! ¡Y mira esa criatura con lana! ¿Es una nube con patas? ¡TENGO QUE COMERME UNA! ¡SE VE TAN ESPONJOSA!

—¡Se llama oveja, Rubí! —gritó Sebastián desde el fondo de su pecera, su voz distorsionada por el agua y el cristal—. ¡Y no puedes comerte todo lo que te parezca estético! ¡Estamos en territorio civilizado! ¡Compórtate como una princesa y no como un tiburón con crisis de identidad!

Rubí se giró hacia él, sus ojos rojos centelleando con una mezcla de fascinación y hambre.

—Oh, Cangrejito, no seas tan aguafiestas. La superficie es deliciosa. El aire huele a... a cosas tostadas. Y tú... —se acercó a la pecera, inhalando profundamente cerca del borde— tú hueles especialmente bien hoy. ¿Es el agua nueva? ¿O es que el miedo marina tu carne de una forma exquisita?

Sebastián retrocedió hasta esconderse en su castillito de cerámica.

—¡Es el jabón de algas que tu padre me obligó a usar! ¡Aléjate de mi pecera, mujer demente!

El carruaje finalmente cruzó el puente levadizo del Palacio de Helios. Los guardias, avisados de la situación, mantenían una formación rígida, aunque sus ojos no podían evitar desviarse hacia la hermosa joven de cabello azabache que descendía del vehículo con una gracia felina, sosteniendo una pecera de cristal como si fuera un tesoro sagrado.

En lo alto de las escaleras principales, el Rey y la Reina esperaban con sonrisas tensas. Pero había alguien más. Entre las piernas del Rey, una mancha de sombra negra se deslizaba con elegancia letal. Sombra, la gata consentida de Sebastián, no estaba allí por protocolo. Estaba allí porque su instinto le decía que algo muy, muy interesante acababa de entrar en su dominio.

—¡Bienvenidos! —anunció el Rey de Helios, tratando de no mirar fijamente al cangrejo que flotaba dentro del cristal—. Princesa Rubí, es un honor recibirla. Y... hijo... es... bueno verte... tan brillante.

—¡Papá, sácame de aquí! —exclamó Sebastián, aunque para los reyes su voz sonaba como un eco lejano y metálico—. ¡Esta mujer planea convertirme en sushi en cuanto te des la vuelta!

Rubí hizo una reverencia perfecta, sus piernas mágicas moviéndose con una soltura que nadie sospecharía que hace unas horas eran una cola de pez.

—Majestades, es un placer. Traigo a su hijo sano y salvo... y muy bien alimentado. He cuidado de él como si fuera mi propio... almuerzo. ¡Digo, tesoro! ¡Soy tan emocional, a veces confundo las palabras! ¡Buaaaaaa!

Rubí comenzó a sollozar dramáticamente sobre la pecera, cubriendo a Sebastián con un velo de llanto falso que dejó a los reyes desconcertados. Pero mientras Rubí hacía su teatro, Sombra se acercó.

La gata negra no veía a un príncipe. No veía una maldición. Sus fosas nasales se dilataron. El aroma que emanaba de la pecera era una mezcla embriagadora de salitre profundo, algas exóticas y, sobre todo, la esencia pura de un marisco de alta alcurnia que el mago había "sazonado" involuntariamente con su hechizo. Para Sombra, Sebastián ya no era el humano que le rascaba las orejas; era la Cena Definitiva.

Sombra soltó un maullido que no era de tristeza. Era un ronroneo vibrante, un sonido de guerra gastronómica. Saltó sobre la barandilla y, antes de que nadie pudiera reaccionar, aterrizó sobre la tapa de la pecera de Sebastián.

—¡Sombra! ¡Vieja amiga! —dijo Sebastián, aliviado al ver a su mascota—. ¡Diles quién soy! ¡Ayúdame a salir de est...! ¡UN MOMENTO! ¡SOMBRA, QUITA ESA PATA DE AHÍ!

La gata había metido una garra por el agujero de ventilación de la tapa, moviéndola con una precisión quirúrgica hacia el caparazón de Sebastián. Sus ojos amarillos estaban dilatados, fijos en el movimiento de las patas del cangrejo.

—¡Miau! (¡Ven aquí, delicioso manjar de ojos saltones!)*—pensaba Sombra, lanzando un zarpazo que rozó la antena derecha de Sebastián.

—¡SUÉLTAME, GATA TRAIDORA! —chilló Sebastián, huyendo hacia el interior de su torre de cerámica—. ¡Soy yo! ¡Tu dueño! ¡El que te da los filetes de salmón!

—¡Oh, qué tierno! —exclamó Rubí, dejando de llorar de golpe y observando a la gata con ojos brillantes—. ¡Tu gatita lo reconoce! ¡Mira cómo quiere jugar con él! ¡Incluso está intentando "pescarlo" para darle un abrazo con sus dientes! ¡Qué naturaleza tan hermosa!

—¡No es un abrazo, Rubí! ¡Está intentando filetearme! —bramó Sebastián.

La situación se volvió caótica en segundos. Sombra, frustrada por no poder alcanzar al cangrejo, comenzó a empujar la pesada pecera con su cabeza, tratando de tirarla al suelo para romper el cristal. Sus instintos estaban tan nublados por el aroma exquisito de la carne de Sebastián que ignoraba los gritos del Rey y los intentos de la Reina por apartarla.

—¡Sombra, baja de ahí ahora mismo! —ordenó el Rey, pero la gata le bufó, algo que jamás había hecho—. ¡Está fuera de sí! ¡Parece poseída!

—¡Es el aroma! —gritó Rubí, emocionada—. ¡Mi padre me dijo que los gatos de la superficie tienen un sentido del olfato divino! ¡Ella sabe que Sebastián es calidad premium! ¡QUIERO UNA GATA! ¡DEME ESTA GATA Y YO LE DOY AL CANGREJO! ¡NO, ESPERA, QUIERO LOS DOS! ¡Buaaaaaa, soy tan codiciosa!

Rubí agarró la pecera justo antes de que Sombra lograra volcarla. La gata, lejos de rendirse, se lanzó sobre los brazos de Rubí, escalando por su vestido de seda para llegar de nuevo a la boca del cristal. Fue una batalla de garras contra escamas ocultas.

—¡Fuera, pequeña bestia peluda! —Rubí empujó a Sombra con una fuerza sobrehumana, lanzándola con delicadeza pero firmeza hacia un cojín cercano—. ¡Él es MI mascota! ¡Y si alguien se lo va a comer, seré yo cuando tenga el aderezo adecuado!

Sebastián, temblando dentro de su torre de cerámica, veía cómo su mundo se desmoronaba. Su carcelera era una sirena bipolar que no sabía si besarlo o hervirlo, y su amada mascota lo veía como un buffet libre.

—¡Bienvenidos a casa, príncipe! —se burló a sí mismo Sebastián, mirando a Sombra, que lo acechaba desde la distancia con una mirada que decía claramente: no importa cuánto tardes en salir de ese cristal, yo tengo paciencia y mucha hambre.

El Rey de Helios suspiró, mirando la escena con una mano en la frente.

—Llévenlos a sus habitaciones. Por separado. Y por el amor de todos los dioses... ¡pongan un guardia en la puerta de la gata!

Mientras los criados se llevaban la pecera, Sebastián vio a Rubí guiñarle un ojo a Sombra. Una alianza de depredadores se había formado sin palabras. El aroma del príncipe era simplemente demasiado bueno para ser ignorado, y la primera noche en el castillo prometía ser una lucha constante entre la lealtad felina y un apetito insaciable.

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🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
atrévete!! y veras como te va knfeliz /Determined/ te vuelvo a arañar!! no por nada somos animales cazadores desgraciado!!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
esooo!!! 😭 pinche viejo feo!!! /Smug/ solo yo puedo amenazar la vida de mi dueño infeliz!!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
siento la frustración de sombra!! /Speechless/
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
ya veras tu dominación desgraciado!!! 🙊🤣
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
soberano mis polainas desgraciado!!! me dejaste con ese pulpo degenerado!!! 😭
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
por fin justicia!!!! 😭 por fin le clave los dientes ese infeliz abandonador de gatas!!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
el unico que se acuerda de mi!!!! /Smug/ después que todoooossss me dejaron con ese pulpo lujuriento!!! 😭
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
hijo de tu!!! /Smug/ me estas dejando que me manosee un pulpo!!! soy un gato por el amor de dios!!! 😭 que mezcla mas extraña 🤣 pero te comere en venganza sebastian!!! te hare pagar por esta maniseada innecesaria!! 😭
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
ala madre 😶 eso es acoso!!! me manosean 🤣
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
ay 🥺 estoy tan orgullosa de mi misma 🤧
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
velda que soy linda? 🥺 ese cangrejo feo que no se deja comer!!! que agradezca que lo quiero de cena!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
atrévete warro!! y veras como te va!! /Smug/ no sabrás ni quien te atropeyo infeliz!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
esoooo!! cometelo él lo pidió 🤣/Determined/
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
esooo tu unica dueña soy yo!! /Proud/ okno!!! como se te ocurre dejar que maltraten mi pelaje!!!
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
no seas chidmoso!!! /Smug/ dejenme comer en paz
scarlet
pobre cangrejo 🤣🤣🤣🤣
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esooo!! prefiere ser comido por mi!! 🤣
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
hasta que lo reconoces!!! me amas demasiado cangrejo 🤣🤣
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
espero que mientras me llevaban haya arañado las paredes!! 🤣
🔮✮⃝𝙰𝚕𝚒 𝙳' 𝚂𝚎𝚋𝚒𝚜᭄・🔮
te voy a comer sebastian /Curse//Curse/ no huyas!!! 🤣
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