Renace en un mundo mágico, dispuesta a cambiar su destino, recuperar lo que le pertenece y vengarse de quienes la lastimaron.
*Esta novela pertenece a un mundo*
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Beso
Dos días pasaron.
Dos días demasiado largos.
Ophelia esperó.
Observó.
Escuchó cada pequeño movimiento en la mansión… cada rumor… cada visita…
Pero del duque Moriarty…
Nada.
Ni un mensaje.
Ni una señal.
Ni siquiera una sombra.
La noche del segundo día, recostada en su cama, soltó un suspiro largo.
—…quizás fui demasiado directa —murmuró.
Su mirada se perdió en el techo.
[O quizás no le interesó.]
La idea no le gustó.
Pero la consideró.
Porque tenía que hacerlo.
—Entonces… tendré que ir a Sunderland por mi cuenta…
No era su opción favorita.
Pero seguía siendo una opción.
Y si algo tenía claro…
Era que no se quedaría esperando a que otros decidieran su destino.
Pero al día siguiente…
La mansión Wright dejó de ser silenciosa.
El ruido comenzó temprano.
Carruajes.
Voces.
Sirvientes corriendo de un lado a otro.
Ophelia, aún en su habitación, frunció el ceño.
—¿Qué…?
La puerta se abrió de golpe.
—¡Mi lady!
Nanny entró casi sin aliento.
Otra vez.
Y eso solo podía significar una cosa.
Algo importante.
—Tiene visitas.. Un hombre… grande… y poderoso… está esperando por usted.
Silencio.
Un segundo.
Y luego..
Ophelia se levantó de golpe.
—¿Grande y poderoso?
Su corazón dio un pequeño salto.
[No puede ser… esta aquí]
Pero sí podía.
Y lo sabía.
—¡Nanny! Ayúdeme a arreglarme.
La mujer no necesitó más.
Manos rápidas.
Vestido correcto.
Cabello impecable.
Detalles cuidados.
—No quiero hacerlo esperar —añadió Ophelia, con una urgencia que no intentó disimular.
Nanny sonrió levemente.
—Claro, mi niña.
Cuando Ophelia bajó las escaleras…
Lo vio. Ahí.
Sentado en el salón principal.
El duque Moriarty.
Imponente incluso en reposo.
Como si el espacio mismo se ajustara a él.
Su padre estaba de pie, tenso.
Ivy a su lado, observando con atención.
Y Lord Owen…
Con una expresión difícil de ocultar.
Todos miraban al duque.
Pero cuando Ophelia apareció…
La atención cambió.
Caminó con elegancia.
Controlando cada paso.
Cada respiración.
Se detuvo frente a él.
Y sonrió.
—¿Cómo está, señor duque?
Ivy y Owen intercambiaron una mirada inmediata.
Sorprendidos.
Confundidos.
[¿Se conocen?]
El duque levantó la vista.
Y sonrió.
Esa sonrisa ladeada.
Familiar.
—He venido a verla.. Tenemos que hablar.
Lord Wright dio un paso adelante.
—¿Hablar? ¿Sobre qué desea hablar con mi hija? ¿Qué está sucediendo aquí?
Pero el duque…
Ni siquiera lo miró.
—Hablaré primero con Lady Ophelia.. Luego explicaré lo necesario.
El silencio que siguió fue pesado.
Tenso.
Lord Wright claramente no estaba acostumbrado a ser ignorado.
—Señor duque, yo exijo..
Pero no terminó la frase.
Porque el duque se puso de pie.
Y el simple gesto…
Fue suficiente.
La diferencia de presencia.
De autoridad.
De poder…
Se sintió.
Lord Wright se quedó en silencio.
No por falta de palabras.
Sino porque, por primera vez en mucho tiempo…
Se sintió superado.
Ophelia lo notó.
Y también lo notaron Ivy y Owen.
Pero Ophelia no dijo nada.
Solo giró levemente el rostro hacia el duque.
—Por aquí.
Su voz fue suave.
Natural.
Como si aquello fuera completamente normal.
Y comenzó a caminar.
Sin esperar.
Con la certeza de que él la seguiría.
Y así fue.
Lo guió hasta un salón más pequeño.
Más privado.
Cerró la puerta.
Y entonces..
El mundo exterior desapareció.
Solo quedaron ellos dos.
El silencio.
Y todo lo que aún estaba por decirse.
Cuando la puerta se cerró, el ambiente cambió de inmediato.
Más íntimo.
Más silencioso.
Más… peligroso.
Ophelia caminó hasta uno de los sillones y se sentó con elegancia, cruzando suavemente las manos sobre su regazo. Pero sus ojos… no dejaban de mirarlo.
—Ya pensaba que se había olvidado de mí… —dijo con una sonrisa coqueta, inclinando apenas la cabeza.
El duque no tardó en responder.
Sonrió.
Esa sonrisa ladeada que siempre parecía esconder algo.
—Tenía asuntos que resolver.. Pero ahora…
Hizo una breve pausa.
Sus ojos se fijaron en los de ella.
—Estoy listo para llevármela.
Silencio.
Pero no uno cualquiera.
Uno que se rompió en el instante en que Ophelia procesó sus palabras.
Sorpresa.
Alegría.
Alivio.
Todo cruzó su rostro de forma tan clara… tan genuina…
Que incluso el duque, que rara vez se sorprendía, se encontró ligeramente impresionado.
—¿De verdad? —susurró ella.
Y al siguiente segundo..
Saltó.
Literalmente.
Se lanzó hacia él sin pensarlo dos veces.
El duque reaccionó por instinto.
La atrapó con facilidad.
Como si no pesara nada.
Sus brazos la rodearon con firmeza… pero sin brusquedad.
[Ya caíste en mis brazos, pequeño conejo]
Pero no la soltó.
No de inmediato.
Esperó.
Quizás una queja.
Un comentario.
Algún gesto de vergüenza tardía.
Pero no.
Ophelia simplemente se acomodó.
Como si ese fuera su lugar.
Como si fuera natural estar ahí.
Eso…
Lo hizo sonreír.
Porque era cierto.
Podía rodearla con un solo brazo.
Y aun así…
Ella no parecía frágil.
No realmente.
—Quizás…
murmuró Ophelia, alzando el rostro hacia él con una sonrisa traviesa
—mi familia podría poner problemas…
El duque la miró.
Sus ojos brillaron con algo más oscuro.
Más directo.
—Si me da un beso… la sacaré de aquí esta misma noche.
Silencio.
No hubo duda.
No hubo titubeo.
Ophelia actuó.
Lo tomó de la chaqueta, intentando acercarlo hacia ella.
El movimiento fue pequeño.
Casi inútil frente a su tamaño.
Pero no importó.
Porque el duque sí se movió.
Se inclinó.
Y entonces..
Ella lo besó.
No fue un beso tímido.
No fue delicado.
Fue decidido.
Con intención.
Con estrategia.
Con la clara idea de avanzar… de ganar.
[Debo enamorarlo]
Porque ese era su plan.
Su mejor carta.
Su camino hacia la libertad.
Pero el duque…
Mientras respondía al beso, no pudo evitar sonreír apenas contra sus labios.
Porque lo entendía.
Porque veía la intención.
Y aun así…
No se apartaba.
[Un conejito travieso…]
Uno que creía estar cazando…
Sin darse cuenta de que ya estaba dentro del territorio del cazador.
Y aun así…
No hizo nada por detenerla.
Al contrario.
Dejó que continuara.
Porque, por alguna razón que no necesitaba explicar…
Quería ver hasta dónde llegaría.
Pobre Duque con sus hijos😂