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Amarte No Estaba En Mi Venganza

Amarte No Estaba En Mi Venganza

Status: Terminada
Genre:Venganza de la protagonista / Reencarnación / Completas
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Amarte no estaba en mi venganza.
Eliana Morel murió traicionada por el hombre que amaba y abandonada por la familia que juró protegerla. Hasta su último aliento creyó que su desgracia había sido solo mala suerte… sin saber que todo había sido cuidadosamente planeado.
Cuando despierta en el pasado, con los recuerdos intactos y el corazón sellado, Eliana entiende que la vida le ha concedido una segunda oportunidad. No para amar. No para perdonar.
Sino para vengarse.
Fría, inteligente y decidida, comienza a mover las piezas con precisión, dejando que quienes la destruyeron caigan por su propio peso. Pero su plan perfecto se tambalea con la aparición de Adrien Valtier, un hombre que no pertenece a su pasado y que parece ver más allá de su máscara de hielo.
Mientras la venganza avanza y los secretos salen a la luz, Eliana deberá enfrentar la única batalla que no había previsto:
la de un corazón que juró no volver a sentir.
Porque en esta segunda vida, amar…
no estaba en su venganza.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lo que creen que murió

Despertó con un dolor punzante que le atravesaba el pecho, como si algo invisible la hubiera partido en dos desde dentro. Cada respiración era una batalla perdida; el aire le quemaba los pulmones y le raspaba la garganta como vidrio molido. Abrió los ojos de golpe.

Oscuridad.

No era oscuridad total. Era una luz tenue, artificial, parpadeante, que apenas conseguía dibujar contornos. El olor a desinfectante fuerte se mezclaba con el hedor persistente a humo viejo y plástico quemado, aún impregnado en su piel y en su cabello. Intentó moverse y un gemido ronco se le escapó sin permiso.

—Tranquila… no te muevas —dijo una voz femenina desconocida, suave pero firme.

Giró la cabeza lentamente. Una mujer de unos cuarenta años estaba sentada a su lado en una silla metálica. Tenía el rostro cansado, ojeras profundas y los ojos demasiado atentos, como si llevara horas vigilándola sin parpadear.

—¿Dónde… dónde estoy? —preguntó ella, con la garganta seca y la voz rasposa.

—Estás a salvo. Al menos por ahora.

La memoria regresó como un golpe brutal y repentino: la explosión ensordecedora, el fuego devorando todo, el caos de gritos y cristales rompiéndose… y su rostro. Él. De pie entre las llamas, sonriendo con esa calma resignada que le había partido el alma.

Se incorporó de golpe en la camilla, ignorando el dolor agudo que le atravesó las costillas.

—¿Dónde está él? —exigió, con la voz quebrándose—. ¿Está bien? Dime que está bien.

La mujer desvió la mirada hacia el suelo.

Ese silencio fue peor que cualquier respuesta.

—No… no —susurró ella, negando con la cabeza una y otra vez—. No me mientas. Por favor.

—No lo encontraron —dijo finalmente la mujer, con voz baja—. El lugar quedó reducido a escombros. Las autoridades dicen que no hubo sobrevivientes en el epicentro de la explosión.

Sintió cómo algo se rompía dentro de ella. No fue un llanto inmediato ni un grito desgarrador. Fue una quietud peligrosa. Una calma helada que se extendió por todo su cuerpo como escarcha.

—Entonces está muerto —dijo, sin ninguna emoción en la voz.

—Eso es lo que creen.

La miró por primera vez con verdadera atención. Había algo en esa frase… una grieta mínima, una posibilidad que colgaba en el aire como humo.

—¿“Creen”? —repitió, entrecerrando los ojos.

La mujer se levantó y caminó hasta la puerta antes de responder, como si necesitara poner distancia.

—Hay cosas que aún no entiendes. Lo que ocurrió anoche no fue un accidente. Y él… no era solo quien tú pensabas que era.

El corazón le dio un vuelco violento.

—Habla claro —exigió, intentando bajar de la camilla a pesar del dolor.

—No puedo. No aquí. No todavía.

Antes de que pudiera protestar, la puerta se abrió y dos hombres entraron en la habitación. Trajes oscuros impecables, miradas frías y calculadoras, presencia intimidante que llenaba el espacio.

—Señorita —dijo uno de ellos con voz neutra—, necesitamos hacerle unas preguntas.

—No sin un abogado —respondió ella automáticamente, aunque sabía que esa frase sonaba ridícula en ese contexto.

El hombre sonrió sin humor.

—Esto no es un interrogatorio oficial.

La mujer del principio intervino con rapidez:

—Déjenme a solas con ella cinco minutos más. Por favor.

Hubo un silencio tenso. Finalmente, los dos hombres asintieron y salieron, cerrando la puerta tras ellos.

—Escúchame bien —susurró la mujer, acercándose y bajando la voz hasta convertirla en un hilo casi inaudible—. A partir de ahora, tu vida tal como la conocías ha terminado. Hay personas poderosas que creen que tú también deberías haber muerto anoche.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

—¿Por qué?

—Porque estuviste demasiado cerca de él… y porque viste algo que no debías ver.

Cerró los ojos un instante. La imagen regresó con brutal claridad: su sonrisa entre las llamas, serena, casi serena, como si supiera exactamente lo que iba a ocurrir y lo hubiera aceptado.

—Él sabía —murmuró ella—. Sabía que iba a pasar.

La mujer asintió lentamente.

—Y aun así se quedó.

—Para salvarme.

—Para proteger algo mucho más grande que tú… aunque tú eras parte importante de ello.

La puerta volvió a abrirse. No hubo más tiempo para preguntas.

Horas después, la sacaron del lugar sin explicaciones adicionales. Un vehículo negro de vidrios polarizados la esperaba afuera. La metieron en el asiento trasero y el auto arrancó rumbo desconocido. La ciudad pasaba como un borrón de luces y sombras frente a sus ojos.

—¿A dónde me llevan? —preguntó, mirando el perfil de la mujer que iba sentada a su lado.

—A donde empezó todo —respondió ella—. Y donde descubrirás la verdad que él protegió con su vida.

El auto se detuvo finalmente frente a un edificio antiguo, casi oculto entre calles estrechas y poco iluminadas del centro histórico. Al entrar, un aire distinto la envolvió: antiguo, denso, cargado de un olor a madera vieja, incienso quemado y algo más que no supo nombrar. Algo que parecía vibrar bajo la piel.

En el centro de una sala amplia y poco iluminada, sobre una mesa de piedra oscura, había un objeto cubierto con una tela negra.

—¿Qué es eso? —preguntó ella, sintiendo cómo se le aceleraba el pulso.

La mujer retiró la tela con cuidado reverencial.

Ella retrocedió un paso, con el corazón desbocado.

Era suyo.

O al menos, llevaba su nombre grabado en letras antiguas y elegantes sobre la superficie metálica.

—Esto te pertenece desde antes de que nacieras —dijo la mujer con solemnidad—. Y ahora que él ya no está… tú eres la única que puede activarlo.

—¿Activarlo para qué? —preguntó, con la voz temblando ligeramente.

La mujer la miró fijamente, con una intensidad que parecía traspasarla.

—Para terminar lo que él empezó.

Y en ese instante, ella lo sintió.

Un calor antiguo despertando en su interior, extendiéndose desde el centro del pecho hacia las extremidades. Algo que había estado dormido durante años… esperando pacientemente su momento.

Algo que ya no podía seguir ignorando.

1
Claudia Kassar
Necesito las razones del porque esta pasando todo esto
Alondra BMY
me encanta esa trama
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