Irene Blanch era una señorita proveniente de una familia tranquila, ella igual era alguien de muy bajo perfil, fue por eso por lo que Ezra Markov la eligió como su esposa luego de ser rechazada por su primer amor, Lina Lewel. Irene lo sabía, y acepto de todas formas, porque tampoco estaba enamorada de Ezra, solo vió los beneficios de ese matrimonio y los del divorcio en el que pensaba antes incluso de estar casada.
Irene nunca previo el cambio de actitud de su esposo ni tampoco los de ella misma. Menos aún que el primer amor de Ezra mostrara tanto interés en sus vidas.
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Capitulo 17
De algún modo Irene y Ezra consiguieron sobrellevar aquel momento incómodo, pero no tuvieron el valor de aclarar nada más. Y por eso mismo, enviaron verse durante un par de días.
En el transcurso de ese tiempo, otros acontecimientos importantes sucedieron, principalmente en el palacio real.
—Madre… he venido a hablar contigo.
Eliott inclinó ligeramente la cabeza en una reverencia formal al entrar en el despacho real.
La reina no levantó la vista de inmediato. Permanecía sentada detrás de su amplio escritorio de madera oscura, revisando varios documentos extendidos frente a ella. La pluma se movía con precisión sobre el papel, como si la presencia de su hijo no fuera más que un detalle menor.
Solo después de unos segundos alzó la mirada.
—Te estaba esperando.
Eliott frunció ligeramente el ceño.
No había solicitado audiencia ni avisado a ningún sirviente de su visita. Simplemente había decidido ir a verla.
—Parece que ya sabe por qué estoy aquí —dijo con un matiz de disgusto.
La reina lo observó en silencio durante un momento, estudiando su expresión.
Luego dejó la pluma sobre el escritorio.
—¿Cada vez que tu esposa haga un berrinche vas a venir corriendo?
La pregunta cayó en la habitación con una frialdad cortante.
Eliott se tensó.
—Madre… Lina es mi esposa y merece respeto.
La reina lo miró fijamente.
—¡Ella le falta el respeto a la corona todos los días desde que se casó contigo!
Su voz se elevó con una ira que rara vez dejaba ver.
El eco de sus palabras pareció llenar la estancia.
Eliott apretó los labios.
—¿Te molestan tanto sus orígenes?
Los ojos de la reina se endurecieron de inmediato.
—Sabes perfectamente que nunca se trató de sus orígenes —respondió con severidad—. Así que no uses esa carta conmigo, Eliott.
El príncipe se tensó ligeramente bajo aquella mirada cargada de desaprobación.
La reina se recostó contra el respaldo de su silla.
—Desde que se casó contigo vive como si estuviera en un cuento de hadas. No ha cumplido con ninguna de sus obligaciones, no ha mostrado el menor interés en aprender nada.
Su voz se volvió aún más fría.
—Dime, Eliott… ¿esa es la reina que quieres a tu lado?
Hizo una pausa.
—¿La mujer en la que deberás apoyarte y confiar para velar por el futuro de este reino?
Sus ojos no se apartaban de él.
—¿Qué tienes que decir al respecto?
Eliott permaneció en silencio.
Su mirada descendió ligeramente hacia el suelo.
Había algo en su postura que parecía, por primera vez, avergonzado.
La reina lo observó durante unos segundos antes de suspirar con cansancio.
—¿Silencio? —dijo con amargura—. ¿Esa es tu respuesta?
Eliott no dijo nada.
La reina entrelazó los dedos sobre el escritorio.
—Sabes que te equivocaste al casarte tan apresuradamente.
Su tono ya no era airado, sino duro y firme.
—Un grave error… especialmente cuando sabes que un matrimonio en la familia real solo termina cuando la muerte los separa.
Sus ojos se entrecerraron levemente.
—Estoy segura de que ni siquiera sabes con quién estás casado.
El silencio que siguió fue pesado.
—Tienes suerte de que tu padre esté retirado por cuestiones de salud —añadió finalmente—. Porque si viera todo esto… no sé de qué sería capaz.
Las palabras quedaron flotando en el aire.
Durante unos segundos ninguno habló.
Finalmente Eliott levantó la cabeza.
—No vine a esto, madre.
La reina lo miró con frialdad.
—Entonces… ¿a qué viniste?
Eliott se puso de pie bruscamente.
La frustración era evidente en su rostro.
—Solo quiero que ustedes se lleven bien.
Negó con la cabeza.
—Esto no tiene sentido.
Se giró hacia la puerta.
—Me voy.
Salió del despacho sin esperar respuesta.
La puerta se cerró con un golpe seco.
Dentro del despacho, la reina permaneció inmóvil durante unos segundos.
Luego, con un gesto brusco de frustración, tomó la pluma nuevamente.
Pero su mano se movió con demasiada fuerza.
El tintero se volcó.
La tinta negra se derramó lentamente sobre los documentos que estaba revisando, extendiéndose como una mancha oscura sobre el papel.
La reina observó aquello con el ceño profundamente fruncido.
Mientras tanto, Eliott avanzaba por los largos pasillos del palacio con pasos rápidos.
La discusión seguía resonando en su cabeza.
Sentía la frustración acumulándose en su pecho.
Necesitaba descargarla de alguna manera.
Sin pensarlo demasiado, tomó el pasillo que conducía hacia el cuartel.
El campo de entrenamiento del cuartel estaba lleno del sonido metálico de las espadas chocando.
Ezra se encontraba en medio del terreno, observando con atención a un pequeño grupo de nuevos caballeros que intentaban seguir sus indicaciones. Su postura era firme, las manos cruzadas detrás de la espalda mientras caminaba lentamente entre ellos.
—Mantengan la guardia alta —indicó con calma—. Si bajan la defensa de ese modo, cualquier oponente medianamente competente los desarmará en segundos.
Uno de los jóvenes intentó corregir su postura con evidente torpeza.
Ezra estaba a punto de decir algo más cuando, de repente, sintió el silbido de algo cortando el aire.
Una espada.
Venía directamente hacia él.
Sin siquiera apartarse, extendió el brazo y la atrapó en pleno vuelo con una facilidad casi insultante. La sostuvo por la empuñadura y el metal vibró levemente entre sus dedos.
Los jóvenes aspirantes se quedaron congelados.
Ezra alzó la vista.
No necesitó más de un segundo para encontrar al responsable.
El príncipe Eliott caminaba hacia él a paso firme, otra espada en la mano.
Su expresión estaba cargada de una irritación apenas contenida.
—Tengamos un pequeño duelo.
Ezra lo observó fijamente.
No era difícil adivinar lo que estaba ocurriendo.
El príncipe estaba furioso.
Y necesitaba descargarlo.
Ezra giró lentamente la espada que acababa de atrapar, probando el peso en su mano. Luego hizo un gesto hacia los jóvenes caballeros.
—Salgan del campo.
Los aspirantes no necesitaron una segunda orden.
Se apartaron rápidamente hacia los bordes del entrenamiento.
Ezra volvió a mirar al príncipe.
—Está bien.
Ni siquiera terminó de decirlo cuando Eliott ya se había abalanzado sobre él.
El primer ataque fue rápido y lleno de fuerza.
Pero también impulsivo.
Ezra bloqueó el golpe con calma, el sonido metálico resonó con fuerza cuando las espadas chocaron.
Durante un segundo sus miradas se encontraron a escasa distancia.
Los ojos de Eliott estaban encendidos por la irritación.
Ezra lo apartó con un movimiento firme, obligándolo a retroceder un paso.
—¿Sucede algo, alteza? —preguntó con frialdad.
Eliott lo miró fijamente.
Sin responder de inmediato, volvió a lanzarse al ataque.
Esta vez habló mientras avanzaba.
—¿Qué fue lo que sucedió con Lina? —exigió—. ¿Por qué la trataste tan injustamente la última vez que se vieron?
Sus golpes eran rápidos, pero cargados de frustración.
—Eso me extraña de ti, Ezra.
Ezra frunció el ceño.
Esta vez fue él quien atacó primero.
Su espada se movió con precisión.
El choque fue mucho más fuerte que los anteriores.
Eliott apenas alcanzó a bloquear el golpe, pero el impacto lo desestabilizó tanto que la espada casi se le escapó de las manos.
Retrocedió un paso, sorprendido.
Ezra habló mientras volvía a ponerse en guardia.
—¿Injustamente?
Su tono era duro.
—Qué estupidez.
Volvió a atacar.
Eliott logró bloquear, pero el impacto lo obligó a retroceder otra vez.
—Injusto fue lo que pasó con mi prometida —continuó Ezra—.
El metal chocó nuevamente.
—Que, por cierto, alteza…
Ezra hizo un movimiento rápido que obligó a Eliott a defenderse torpemente.
—Usted también le debe una disculpa apropiada.
Eliott frunció las cejas, claramente desconcertado.
Durante un momento bajó ligeramente la espada.
—Dime, Ezra… ¿qué cambió desde aquel día?
Respiró con fuerza.
—¿Por qué actúas así?
Ezra lo observó con frialdad.
—Reconocí mi error.
Sus ojos no se apartaron del príncipe.
—Y decidí actuar como es debido.
Levantó ligeramente la espada.
—Dar el lugar que corresponde a la mujer que será mi compañera de vida.
Durante unos segundos hubo silencio.
Luego Eliott comenzó a reír.
Una risa breve.
Casi burlona.
Ezra lo miró con desconcierto.
—Pero tú amas a Lina —dijo el príncipe sin dejar de sonreír—.
Ezra no respondió.
—Aun así —continuó Eliott—, ¿estás seguro de darle ese lugar a otra mujer?
Ezra se tensó.
Su expresión se volvió completamente seria.
—Su alteza… Lina es su esposa.
Hizo una pausa breve antes de añadir:
—Pero, príncipe… ¿no le molesta saber que otro hombre ama a su esposa?
—No.
La respuesta de Eliott fue inmediata.
Sin vacilar.
Durante un instante el silencio cayó sobre el campo de entrenamiento.
Entonces una leve sonrisa apareció en los labios de Ezra.
—Espero que tampoco le importe que gane este duelo.
Lo siguiente ocurrió en cuestión de segundos.
Ezra avanzó con rapidez.
Un golpe.
Eliott bloqueó.
Otro.
El príncipe perdió el equilibrio.
Un tercer movimiento rápido.
La espada de Eliott salió volando de su mano.
El príncipe cayó al suelo.
Antes de que pudiera reaccionar, la punta de la espada de Ezra ya estaba apuntando directamente hacia él.
Todo quedó en silencio.
Ezra habló con frialdad.
—Y solo para dejarlo claro…
Sus ojos se clavaron en los del príncipe.
—Los sentimientos que tuve por su alteza Lina serán enterrados.
La espada no se movió ni un centímetro.
—Le recomiendo, alteza, no volver a repetir algo así.
Su voz bajó ligeramente.
—Y mucho menos frente a mi prometida.
Ezra retiró la espada.
Luego la dejó caer al lado del príncipe con un sonido seco.
No le ofreció la mano para ayudarlo a levantarse.
Algo que siempre había hecho después de cada entrenamiento.
Simplemente se dio la vuelta y comenzó a alejarse.
Eliott permaneció en el suelo durante unos segundos, observando su espalda mientras se alejaba.
No estaba sorprendido por haber perdido.
Siempre había sabido que no podía vencer a Ezra.
Pero no era eso lo que lo dejaba perplejo.
Eran sus palabras.
Sus ojos siguieron a Ezra hasta que casi desapareció al final del campo de entrenamiento.
—Estás mintiendo… —susurró para sí mismo.— No hay manera de que tú... dejes de amar a Lina.
estos celos me hacen daño me enloqueceeeen~🤣🤣
pobre ezra la cara que debe de tener