Cande, ceo de una gran empresa, muere y reencarna en Fiorella. Volviéndose la niñera del hijo del villano. El frívolo Giovanni. Tiene que proteger al niño para que no muera de una traición por parte de la corona. De lo contrario, ella es quien morirá. ¿lo malo a parte de que su vida depende de un niño? Es que nunca tuvo uno o cuido tan siquiera. Por eso, el joven amo le resulta tan estresante.
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Capitulo 24: Carta que no debería importar, pero si importa.
Habían pasado varios días desde la última vez que Fiorella había recibido noticias del castillo. No era algo que le molestara; desde que decidió vivir en la cabaña había aceptado que su vida ahora tenía otro ritmo, uno más tranquilo, lejos de la corte, de las responsabilidades que antes ocupaban cada hora de su día. Aun así, cuando escuchó el sonido de un caballo acercándose por el camino de tierra levantó la mirada desde la mesa donde estaba sentada.
El mensajero del pueblo detuvo el caballo frente a la casa. Fiorella salió y se acercó con paso tranquilo.
— Buenos días —dijo el hombre, extendiendo un sobre—. Traigo correspondencia para usted.
Fiorella tomó la carta con curiosidad.
— Gracias.
El mensajero asintió y regresó a su caballo sin detenerse mucho tiempo. El camino era largo y aún debía visitar otras casas del pueblo.
Fiorella se quedó un momento en la puerta observando el sobre. Reconocía ese tipo de papel, era el mismo que se utilizaba en el castillo para enviar correspondencia importante. Durante un instante pensó que podía ser una carta de Gabriel. Pero cuando giró el sobre notó algo diferente.
El sello no era el que usaban para las cartas de Gabriel.
Fiorella frunció ligeramente el ceño y entró a la cabaña. Se sentó frente a la mesa de madera y apoyó el sobre delante de ella. No lo abrió de inmediato. Primero sirvió un poco de té en su taza y respiró el aroma mientras observaba el papel.
— Esto es raro.
La frase salió en voz baja, casi como si hablara consigo misma.
Finalmente rompió el sello.
La letra que encontró dentro era clara, firme y muy ordenada. No necesitó más que una línea para reconocerla.
Era la letra de Giovanni.
Fiorella levantó las cejas con sorpresa. No esperaba eso.
Comenzó a leer.
La carta era breve. Giovanni preguntaba cómo estaba, si la cabaña seguía siendo un buen lugar para vivir, si el pueblo cercano era seguro. También mencionaba que esperaba que no tuviera problemas con el invierno que se acercaba y que confiaba en que los caminos de la zona no se volvieran demasiado difíciles cuando comenzaran las lluvias.
Nada más.
No había frases largas, tampoco palabras emocionales ni recuerdos compartidos. Era exactamente el tipo de carta que Giovanni escribiría.
Pero Fiorella notó algo desde la primera lectura.
Había preocupación en esas palabras. No estaba escrita de forma evidente, Giovanni nunca se expresaba así. Pero cada pregunta tenía un cuidado que no era casual.
Fiorella leyó la carta una vez más. Luego otra. Se reclinó un poco en la silla mientras sostenía el papel entre sus dedos.
— Giovanni… —murmuró con una pequeña exhalación.
No entendía del todo por qué le había escrito.
Con Gabriel era diferente. El niño tenía razones para buscarla. Ella lo cuidó, lo protegió en momentos complicados, pasaron mucho tiempo juntos dentro del castillo cuando las cosas eran inestables. Era lógico que Gabriel quisiera saber de ella.
Pero Giovanni no tenía ninguna obligación. Fiorella ya no trabajaba para él. No vivía en el castillo. No era parte de la corte.
Ni siquiera era oficialmente parte de su vida. Y aun así, él había escrito.
Fiorella apoyó el codo sobre la mesa y miró la ventana por unos segundos. El bosque alrededor de la cabaña estaba tranquilo como siempre; el viento movía suavemente las ramas de los árboles y el sonido lejano de algunos animales se mezclaba con el silencio del lugar.
— ¿Por qué me escribiste?
La pregunta salió en voz baja. Era curiosidad. Volvió a mirar la carta y se detuvo en la última línea.
“Espero que esté bien.”
Fiorella frunció levemente los labios.
— Eso no es muy propio de ti —dijo con una pequeña sonrisa.
Giovanni nunca había sido un hombre que hablara demasiado de sus emociones. Incluso cuando algo le importaba prefería decirlo con frases simples.
No era sentimental. Pero existía. Y eso era suficiente para que Fiorella pensara más de lo que esperaba.
Finalmente dejó el papel sobre la mesa y se levantó para buscar tinta y otro trozo de papel.
— Bueno —dijo mientras volvía a sentarse—. Supongo que debo responder.
Tomó la pluma y comenzó a escribir con calma.
No pensó demasiado en cada frase. Simplemente respondió con la misma naturalidad que Giovanni había usado. Le explicó que estaba bien, que la cabaña era cómoda y que el pueblo cercano era tranquilo. También mencionó que había encontrado una rutina sencilla que le permitía vivir en paz.
Mientras escribía agregó algunos detalles más.
Le contó que las personas del pueblo eran amables, que a veces la invitaban a beber té o a compartir comida. También mencionó que había comprado algunas herramientas para arreglar partes de la cabaña y que el invierno no parecía demasiado duro en esa región.
No escribió demasiado.
Pero tampoco fue distante. Cuando terminó dejó la pluma sobre la mesa y leyó lo que había escrito. No encontró nada extraño en sus propias palabras.
— Está bien así.
Doblando la carta con cuidado la guardó dentro del sobre.
Fue entonces cuando algo llamó su atención.
Una sensación en su pecho.bNo era dolor, tampoco incomodidad. Era simplemente algo diferente.
Fiorella apoyó la mano sobre la mesa y respiró lentamente.
— Qué extraño.
No sabía explicar qué era. No era emoción fuerte ni tampoco tristeza. Simplemente una sensación nueva.
Se quedó pensando unos segundos antes de entender algo.
Por primera vez en mucho tiempo se preguntó cómo la veía realmente Giovanni.
Durante meses pensó que su relación había sido clara. Ella fue una herramienta útil dentro de una situación complicada; lo ayudó a proteger a Gabriel, descubrió traiciones dentro del castillo y finalmente se marchó cuando todo terminó.
Eso era todo.
Pero si esa fuera la única verdad, Giovanni no habría escrito.
Un Gran duque no pierde tiempo preguntando cómo está alguien que ya no forma parte de su vida. Fiorella cruzó los brazos sobre la mesa mientras pensaba en eso.
— Así que no era solo trabajo.
La idea no la incomodaba. Tampoco la emocionaba demasiado. Pero cambiaba algo en su percepción.
Por primera vez consideró que Giovanni quizás no la veía solamente como alguien que cumplió una misión.
Tal vez la veía como algo más. No como una sustituta de su pasado. Sino como una persona diferente.
Fiorella tomó el sobre con la carta dentro y lo giró entre sus dedos.
— Bueno —murmuró—. Eso lo hace más interesante.
Se levantó de la silla para dejar la carta lista junto a la puerta. El mensajero del pueblo pasaría al día siguiente y podría enviarla entonces.
Antes de regresar a la mesa miró nuevamente la carta de Giovanni.
La dobló con cuidado y la guardó dentro de un pequeño cajón.
Luego se quedó unos segundos observando la madera de la mesa, pensando en lo extraño que era todo.
Cuando se dio cuenta de algo pequeño. Estaba sonriendo.
Fiorella soltó una pequeña risa por lo bajo.
— Qué cosa tan rara. Creo que prefiero odiarte porque se que es ese sentimiento. Pero esto... esto no lo sé.
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